domingo, septiembre 18, 2011

Geoffrey Hill / Dos poemas






Ovidio en el Tercer Reich

Non peccat, quaecumque potest peccasse negare,
solaque famosam culpa professa facit.
                           Amores, III, xiv

Amo mi creación y a mis hijos. Dios
es arcano y difícil. Suceden cosas.
Próximos están los antiguos abrevaderos de sangre;
la inocencia no es un arma terrenal.

Pero he aprendido algo. A no mirar
a los condenados. Ellos, en su esfera,
armonizan misteriosamente con el amor
de la divinidad. Yo, en la mía, celebro esa unión.


El humanista

Ese retrato veneciano:
un extraño erudito medita
y arroja su palabra
en la mesa de las musas.

La virtud es virtú. Esos
labios debaten y elogian
algún ingenioso aforismo,
carne blanca y delicada.

Esas manos vulgares que alguna vez
se tiñeron con la sangre de Platón
(rancia, sosa) ahora yacen
áridamente bajo la toga.

Geoffrey Hill (Bromsgrove, Reino Unido, 1932-Cambridge, Reino Unido, 2016), Covers, 36 poetas en lengua inglesa, traducción de Armando Roa, Uqbar Editores, Santiago de Chile, 2010



Ovid in the Third Reich
Non peccat, quaecumque potest peccasse negare, / solaque famosam culpa professa facit. / Amores, III, xiv // I love my work and my children. God / Is distant, difficult. Things happen. / Too near the ancient troughs of blood / Innocence is no earthly weapon. // I have learned one thing: not to look down / So much upon the damned. They, in they sphere, / Harmonize strangely with the divine / Love. I, in mine, celebrate the love-choir.

The humanist
The Venice portrait: he / Broods, the achieved guest / Tired and wordperfect / At the Muses' table. // Virtue is virtú. These / Lips debate and praise / Some rich aphorism, / A delicate white meat. // The commonplace hands once / Thick with Plato's blood / (Tasteless! tasteless!) are laid / Dryly against the robes.

Ilustración: Infierno, Canto XXXI, 1480, Sandro Botticelli

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