miércoles, enero 19, 2011

W. H. Auden / Alunizaje



Alunizaje

Es natural que los Muchachos griten de alegría por
un triunfo fálico tan enorme, una aventura
que a las mujeres no se les habría ocurrido
pensar que valiera la pena, hecho posible sólo

porque nos gusta juntarnos en pandillas y saber
la hora exacta: sí, nuestro sexo puede con justicia,
gritar "¡hurra!" por la hazaña, aunque los motivos
que lo impulsaron fueran algo menos que menschlich.

Un gesto grandioso. Pero ¿a qué pone término?
¿Qué pronostica? Siempre fuimos más diestros
con los objetos que con las vidas, y más indulgentes
con el coraje que con la bondad: desde el momento

en que se encendió el primer pedernal este alunizaje era sólo
cuestión de tiempo. Pero nuestro yo, como el de Adán,
aún no nos sienta a la perfección. Es moderno
sólo en esta falta nuestra de decoro.

Los héroes de Homero no eran, por cierto, más valientes
que nuestro Trío, aunque sí más afortunados. Héctor
se libró del insulto de ver
su valor con cobertura de televisión.

¿Que si vale la pena ir a verlo? Puedo creer que sí.
¿Si vale la pena verlo? ¡Bah! Una vez atravesé un desierto
y no me quedé maravillado: prefiero un bullicioso jardín
bien regado, lejos de tanta tontería

alrededor de lo Nuevo, los von Braum y su laya, donde
en las mañanas de agosto pueda contar los dondiegos,
donde morir tenga un significado
y ninguna máquina pueda alterar mi perspectiva.

Sin manchas, gracias a Dios, mi Luna sigue siendo la reina del Cielo,
menguante o llena, una presencia que admirar;
su Viejo hecho de arenisca y no de proteínas,
aún visita mi terruño austríaco

con su antigua indiferencia, y las viejas advertencias
aún tienen el poder de asustarme: la hybris siempre tiene
un final atroz, la Irreverencia
es más imbécil que la Superstición.

Nuestros aparatejos seguirán haciendo
la acostumbrada, sórdida mescolanza llamada Historia:
sólo podemos rezar que los artistas,
los chefs y los santos puedan aún aparentar alegrarla.

Agosto de 1969

W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009



Moon Landing

It's natural the Boys should whoop it up for
so huge a phallic triumph, an adventure
it would not have occurred to women
to think worth while, made possible only

because we like huddling in gangs and knowing
the exact time: yes, our sex may in fairness
hurrah the deed, although the motives
that primed it were somewhat less than
menschlich.

A grand gesture. But what does it period?
What does it osse? We were always adroiter
with objects than lives, and more facile
at courage than kindness: from the moment

the first flint was flaked this landing was merely
a matter of time. But our selves, like Adam's,
still don't fit us exactly, modern
only in this---our lack of decorum.

Homer's heroes were certainly no braver
than our Trio, but more fortunate: Hector
was excused the insult of having
his valor covered by television.

Worth going
to see? I can well believe it.
Worth
seeing? Mneh! I once rode through a desert
and was not charmed: give me a watered
lively garden, remote from blatherers

about the New, the von Brauns and their ilk, where
on August mornings I can count the morning
glories where to die has a meaning,
and no engine can shift my perspective.

Unsmudged, thank God, my Moon still queens the Heavens
as She ebbs and fulls, a Presence to glop at,
Her Old Man, made of grit not protein,
still visits my Austrian several

with His old detachment, and the old warnings
still have power to scare me:
Hybris comes to
an ugly finish, Irreverence
is a greater oaf than Superstition.

Our apparatniks will continue making
the usual squalid mess called History:
all we can pray for is that artists,
chefs and saints may still appear to blithe it.



Ilustración: The First Balloon Crossing of the English Channel: Dover, c.1840, E. W. Cocks
Nota: la pintura evoca el hecho acaecido en 1795, cuando Jean-Pierre Blanchard y John Jeffries unieron Dover y Calais en globo.

3 comentarios:

  1. A que se refiere el autor cuando dice LOS VON BRAUM Y SU LAYA?

    ResponderEliminar
  2. A un señor von Braum, ex SS, creador de los primeros misiles de largo alcance durante la llamada Segunda Guerra Mundial, y luego diseñador de cohetes en la NASA, quien diseñó el cohete que llevó a los hombres a la Luna

    ResponderEliminar