viernes, enero 07, 2011

Russell Edson / Tres poemas, 2



El piloto

En lo alto, una ventana sucia en una habitación oscura es una estrella que un anciano puede ver. La mira. Puede verla. Es la estrella de la habitación; una peca eléctrica que ha caído de su cabeza y se ha clavado en la suciedad de la ventana.
El anciano piensa que esa estrella puede guiarlo. Piensa que puede usar el respaldo de una silla como el timón de una nave y conducir su habitación a través de la noche.
Se dice a sí mismo ¿tienes miedo, valiente capitán?
Sí, tengo miedo; no soy tan valiente.
Sé valiente, mi capitán.
Y toda la noche el anciano conduce su habitación a través de la oscuridad.


Tarde solitaria

Desde que el helecho puede ir al fregadero a beber agua, de buena gana me he impuesto la tarea de llevar dos vasos al fregadero.
Y así nos sentamos, mi helecho y yo, bebiendo juntos agua a pequeños sorbos.

Por supuesto, soy más complejo que un helecho, tan lleno de profundos pensamientos estoy, pero los arrincono a favor de la agradable compañía de una amistad vespertina.

No me importa beber agua con un helecho, es más, si por mí fuera cruzaría el cielo hasta Estocolmo bebiendo un bloody mary con un chorrito de lima.

Y así nos sentamos, bebiendo agua juntos en una tarde solitaria. El helecho contemplando sus frondas, y yo las mías.


La razón por la que el hombre armario nunca está triste

Ésta es la casa del hombre armario. No hay habitaciones en ella, sólo pasillos y armarios.
Las cosas ocurren en habitaciones. A él no le gusta que ocurran cosas… Armarios… se saca cosas de ellos, se guarda cosas en ellos, y no pasa nada.

¿Por qué tienes una casa tan rara?

Soy el hombre armario, puedo ir y venir, y nunca estoy triste.

Pero ¿por qué tienes una casa tan rara?

Nunca estoy triste…


Russell Edson (Connecticut, 1935)
Versiones de Jonio González para este blog


The Pilot

Up in a dirty window in a dark room is a star which an old man can see. He looks at it. He can see it. It is the star of the room; an electrical freckle that has fallen out of his head and gotten stuck in the dirt on the window.
He thinks he can steer by that star. He thinks he can use the back of a chair as a ship's wheel to pilot his room through the night.
He says to himself, brave Captain, are you afraid?
Yes, I am afraid; I am not so brave.
Be brave, my Captain.
And all night the old man steers his room through the dark...


One Lonely Afternoon

Since the fern can't go to the sink for a drink of water, I graciously submit myself to the task, bringing two glasses from the sink.
And so we sit, the fern and I, sipping water together.

Of course I'm more complex than a fern, full of deep thoughts as I am. But I lay this aside for the easy company of an afternoon friendship.

I don't mind sipping water with a fern, even though,had I my druthers, I'd be speeding through the sky for Stockholm, sipping a bloody mary with a wedge of lime.
And so we sit one lonely afternoon sipping water together. The fern looking out of its fronds, and I, looking out of mine...


The Reason Why The Closet-Man Is Never Sad

This is the house of the closet-man. There are no rooms,just hallways and closets.
Things happen in rooms. He does not like things to happen...
Closets, you take things out of closets, you put things into closets, and nothing happens...

Why do you have such a strange house?

I am the closet-man, I am either going or coming, and I am never sad.

But why do you have such a strange house?

I am never sad...


Ilustración: La casa, 1913, Ludwig Meidner

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