domingo, agosto 09, 2009

Juana Bignozzi / Los hombres de mi familia y su ideología trasplantada



los hombres de mi familia y su ideología trasplantada

todos tenemos sombras y fantasmas
pero los nombres son un privilegio
el partido de acción los Amendola Lussu
los pobres conscientes o los proletariados lúcidos
tarde nací para las ideas en las que nací
los dulces inmigrantes de la pampa gringa
seráficos en su ignorancia en ambos mundos
tenían el hambre y la necesidad como destino
y engendraron poetas seráficas
con gran cultura exclusivamente poética
que es la forma suprema de la incultura
para las casas donde aún canta Ebe Stignani
las ideas fueron el retrato moral
y el destierro del ascenso social
su permanente pago.

Juana Bignozzi (Buenos Aires, 1937)

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

sábado, agosto 08, 2009

Hugo Padeletti / Gato



Sube el gato hasta el techo

y halla gatos. ¡Laurel,
escarmiento de los poetas!
Dejar el gato abajo y escalar
el techo de la noche. Los gatos
no son alpinistas.

¡Oh noche,
pensamiento callado,
oh noche de la noche
pensamiento
no pensado!

Dice el gato a la noche:
-¡Oh Pensamiento,
piensa (en mí)
cuando no pienso!

Hugo Padeletti (Alcorta, 1928), El libro de los gatos, selección y prólogo de Liliana García del Carril, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2008

viernes, agosto 07, 2009

José Watanabe / Tres poemas


Free run
En medio de la limpia llanura, el cerro.
Sus enormes volutas de piedras encimadas
parecen hervores del infierno.

Llego hasta él
por una senda de cabras. Vengo a ver
sus petroglifos, esa persistencia del hombre en la piedra.

De pronto, precediendo una estela de polvo,
llega una camioneta
inexplicable en estos lugares desolados.
Todo empieza a ser insólito: dos muchachos,
como apariciones, bajan en pantaloneras
y comienzan a trepar ágilmente el cerro. Al parecer
sólo los mueve la alegría de sus musculos.

Saltan de una saliente de piedra a otra,
a las sucesivas otras, la escala
de su alegría. Pienso
en la difícil armonía entre el obstáculo y el cuerpo,
tal el diestro frente al toro
o el poeta frente al poema: se muere
por la disonancia de un pie en falso.

Los muchachos desaparecen en las alturas.
Yo permanezco feliz
en mi lenta esfera
donde respirar es una acción tan intensa
como el impulso
de cualquier bella máquina en movimiento.


El pan

Perdonen que lo diga sin pudor,
pero mi madre y yo vivíamos en un pueblo
de hambrunas.
Las carencias
nos llevaban a todos a una especie de inocencia,
a un vivir
en el centro puro de nosotros mismos.
Así es cuando ya no queda nada, salvo
la postura orgullosa de mi madre
que dormía como saciada.

Cada cierto tiempo pasaban profetas
que repetían monsergas en nombre de un dios
prometedor, pero cruel.
Ninguno trajo lluvia sobre los campos yermos
ni hizo el milagro de una simple lechuga.

Una tarde se asomó a nuestra puerta
un extranjero de mirada llameante, otro agorero,
pero no supimos quién ardía en él, si su dios o su demonio.
Dijo llamarse Elías y tenía gran hambre como nosotros.
Se quedó mirando a mi madre
que en la artesa mezclaba un puñado de harina Santa Rosa
con una cucharada de manteca sin nombre.
Estoy haciendo un pan para mi hijo y yo. Lo comeremos
y después, con la dignidad de los pobres satisfechos,
nos moriremos de hambre, dijo mi madre
en Reyes 17:12


Vivero
La luz del sol atraviesa las cañas de la ramada
y cae moteada
sobre los helechos muertos.

Más allá la luz es atmósfera. Aquí
es una lluvia de círculos intensos
que se hunden
entre el humus y las plantas pútridas.

Amo esa luz
porque es el albor enterrado y fértil
que tiene toda serena corrupción.

José Watanabe (Laredo, 1945-Lima, 2007), La piedra alada, Pre-Textos y Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009

Foto: Watanabe El País, Madrid

jueves, agosto 06, 2009

Rudyard Kipling / Resumen



Un resumen general

Estamos muy ligeramente modificados
respecto de los semi-monos que vagaban
por la arcilla de la India Prehistórica;
el que tensaba el arco más grande
derribaba a su hermano, ya saben,
tal como derribamos hombres hoy.

"Dowb" , el primero de su raza,
enfrentó al Mamut cara a cara
en el lago o la caverna:
se apropió de la canoa mejor hecha,
comió la presa que otros mataron,
murió -y tomó la tumba más fina.

Cuando tallaban huesos de reno,
alguien hizo suyo el bosquejo,
se lo birló al artista - y así,
aun en aquellos tempranos días,
ganó un simple elogio del Virrey
mediante el esfuerzo de los demás.
Antes que labraran el rostro de la Esfinge,
el favoritismo gobernaba el besamanos,
como en nuestra época, tal cual.

¿Quién pondría en duda que
"el secreto oculto
bajo la pirámide de Keops"
es que el contratista le sacó
varios millones a Keops?
¿O que el súbito ascenso de José
a Controlador de Suministros
fue un fraude de monstruosa dimensión
a los morenos súbditos del Faraón?

Así, los simples cantos que canto hoy
no tratan de ninguna novedad
o cosa que no se haya dicho ya.
Tal como fue al comenzar
hoy el pecado es oficial,
¡y lo será por siempre jamás!

Rudyard Kipling (Bombay, 1865-Londres, 1936)
Versión J. Aulicino

A General Summary
We are very slightly changed/ From the semi-apes who ranged/ India's Prehistoric clay;/ He that drew the longest bow/ Ran his brother down, you know,/ As we run men down to-day.// "Dowb," the first of all his race,/ Met the Mammoth face to face/ On the lake or in the cave:/ Stole the steadiest canoe,/ Ate the quarry others slew,/ Died -- and took the finest grave.// When they scratched the reindeer-bone,/ Some one made the sketch his own,/ Filched it from the artist -- then,/ Even in those early days/ Won a simple Viceroy's praise/ Through the toil of other men./ Ere they hewed the Sphinx's visage/ Favouritism governed kissage,/ Even as it does in this age.// Who shall doubt "the secret hid/ Under Cheops' pyramid"/ Was that the contractor did/ Cheops out of several millions?/ Or that Joseph's sudden rise/ To comptroller of Supplies/ Was a fraud of monstrous size/ On King Pharaoh's swart Civilians?// Thus, the artless songs I sing/ Do not deal with anything /New or never said before./ As it was in the beginning/ Is to-day official sinning,/ And shall be for evermore!
PoemHunter

Foto: Kipling Old Pictures

Harold Alvarado Tenorio / Un hombre me vendió una silla



Un hombre me vendió una silla

La he comprado
Para ver su mundo: cartas,
Plantas, lámparas, alfombras,
Vajillas, miradores, caperuzas, telas,
Máquinas de escribir, bombillos, espejos,
Tocadiscos, sobres de correo,
Libros, voces, mesas,
Voluntades, hojas,
Montañas de segundas, de terceras,
Quizá de cuartas manos.
Objetos que sobreviven a sus arrendatarios
Y nos sobrevivirán.
La caoba es más perdurable que la carne,
El ciprés, más vivo que unos ojos,
El cedro más negro que la piel
Y también los metales.

Estas basuras
Cambian de anciano cada semana.

Harold Alvarado Tenorio (Buga, 1945), Colombia: poesía contemporánea, Cooperativa Editorial Magisterio (Bogotá), Libros deTierra Firme (Buenos Aires), Bogotá, 1998

Foto: Alvarado Tenorio Centro Virtual Isaacs

miércoles, agosto 05, 2009

Marcelo Leites / Arboles y casa


Arboles

Planté tres árboles en el frente
y la casa siempre tiene sombra.
Adentro se respira el aire puro
que entra en rodajas verdes.
Todavía no vi el aura de Juan,
aunque a veces el sauce
se inclina más de lo habitual.

Vale

II

Sólo vas a encender el fuego
en la casa
pero elegir y apilar la madera
puede llevarte años.
Además, sólo lo vas a encender
si podés cantar desde el fondo
alguna canción de amor
fuera de la casa.

La casa, la madera, el fuego
serán la materia para sostenerte.

Marcelo Leites (Concordia, 1963), Resonancia de las cosas, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Sauces a la puesta del sol, Vincent Van Gogh, 1888. Museo Kröller Müller, Otterlo, Holanda

De Leites en este blog:

VI / Boutade

Georg Trakl / Cuervos y bosques


Los cuervos

Sobre el negro rincón se precipitan
al mediodía los cuervos con duro grito.
Sus sombras rozando pasan a una cierva
y a veces se la ve paciendo hoscamente.

Oh cómo perturban el pardo sosiego
en el que un sembrado se embelesa,
como una mujer hechizada por un barrunto grave,
y a veces se los oye refunfuñando
en torno a una carroña que husmean por cualquier sitio

y de improviso al norte el vuelo orientan
y cual cortejo fúnebre se desvanecen,
en aires que tiemblan voluptuosos.


Grodek

Al atardecer resuenan los bosques otoñales
con mortíferas armas, las áureas llanuras
y lagos azules, encima el sol
rueda más lúgubremente. La noche abraza
a guerreros moribundos, la queja feroz
de sus destrozadas bocas.
Mas quietamente se acumula en el fondo de los prados
una nube roja, en la que un dios airado habita,
la sangre derramada, frescura lunar;
todos las calles confluyen en negra podredumbre.
Bajo el áureo ramaje de la noche y las estrellas
vacila la sombra de la hermana por la callada floresta,
para saludar a los espíritus de los héroes, las cabezas sangrantes;
y quedas suenan en los juncos las oscuras flautas del otoño.
¡Ay, orgullosa aflicción! altares de hierro,
la ardiente llama del espíritu alimenta hoy un inmenso dolor,
los nietos no nacidos.

Georg Trakl (Salzburgo, 1887 - Cracovia, 1914), Obra poética, traducción de Rodolfo Modern, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1992 


Die Raben
Über den schwarzen Winkel hasten/ Am Mittag die Raben mit hartem Schrei./ Ihr Schatten streift an der Hirschkuh vorbei/ Und manchmal sieht man sie mürrisch rasten.// O wie sie die braune Stille stören,/ In der ein Acker sich verzückt,/ Wie ein Weib, das schwere Ahnung berückt,/ Und manchmal kann man sie keifen hören// Um ein Aas, das sie irgendwo wittern,/ Und plötzlich richten nach Nord sie den Flug/ Und schwinden wie ein Leichenzug/ In Lüften, die von Wollust zittern



Grodek
Am Abend tönen die herbstlichen Wälder/ Von tödlichen Waffen, die goldnen Ebenen/ Und blauen Seen, darüber die Sonne/ Düstrer hinrollt; umfängt die Nacht/ Sterbende Krieger, die wilde Klage/ Ihrer zerbrochenen Münder./ Doch stille sammelt im Weidengrund/ Rotes Gewölk, darin ein zürnender Gott wohnt / Das vergoßne Blut sich, mondne Kühle;/ Alle Straßen münden in schwarze Verwesung./ Unter goldnem Gezweig der Nacht und Sternen/ Es schwankt der Schwester Schatten durch den schweigenden Hain,/ Zu grüßen die Geister der Helden, die blutenden Häupter;/ Und leise tönen im Rohr die dunkeln Flöten des Herbstes./ O stolzere Trauer! ihr ehernen Altäre/ Die heiße Flamme des Geistes nährt heute ein gewaltiger Schmerz, / Die ungebornen Enkel.


---
Ilustración: Árbol de los cuervos, Caspar David Friedrich, 1822. Louvre, París

Del autor en este blog:

Canción de la noche / Al anochecer, mi corazón...
En el parque / Clarines

martes, agosto 04, 2009

Héctor A. Murena / Tres poemas

















Paisaje detrás del paisaje


La bella
copa
hipnótica.

Déjala caer
serenamente
rómpela
contra
el suelo.

Soplo
del
gran misterio
llenará
entonces
tus ojos.


Naturaleza del fin

Diálogo
somos
entre
una corza
oscura
y
el secreto
claro.

Así
el fin
nunca
en el fin
fenece.


Como un jardín abandonado

¿Por
mis amores
con el viento
del este?

Tiniebla
crece
en mi corazón.
Pero tiniebla
no es
mi corazón.

Pasa él
ella pasa
solamente
lo otro
siempre
y nunca
queda.

Héctor A. Murena (Buenos Aires, 1923-1975), La Danza del Ratón, número 20; Buenos Aires, noviembre de 2001. De El águila que desaparece, Ed. Alfa Argentina, Buenos Aires, 1975

Foto: Murena Letralia

lunes, agosto 03, 2009

Elvira Hernández / De "La Bandera de Chile"


En otros tiempos
representa la Bandera de Chile
un 15% allí donde brilla la estrella para el 10%
representa
de blancos un 20% de muy pálidos
representa la Bandera de Chle en rojos La Bandera de Chile

nunca 100% nunca
el 100% del blanrrozul compacto
hoy

A la Bandera de Chile la tiran por la ventana
la ponen para lágrimas en televisión
clavada en la parte más alta de un Empire Chilean
en el mástil centro del Estadio Nacional
pasa un orfeón pasa un escalón
dos tres cuatro
La Bandera de Chile sale a la cancha
en una cancha de fútbol se levanta la Bandera de Chile
la rodea un cordón policial como a un estadio olímpico
(todo es estrictamente deportivo)
La Bandera de Chile vuela por los aires
echada a su suerte

Pierden sus anuarios los combates de la Bandera de Chile
lo ganado y lo perdido lo pierden en la letra
parecen de tinta invisible sus abanderados
más Cancha Rayada se subraya más de sorpresas
roturas remiendos sangre salpicada de parches
han borrado del mapa a la Bandera de Chile
en cuclillas
banderilleada pierde sangre en una carpa de plástico

Elvira Hernández (Lebu, 1951), La bandera de Chile, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1991
---
Foto: Elvira Hernández La Calle Passy 061

viernes, julio 31, 2009

Patrick Kavanagh / Una épica














He vivido en sitios importantes, tiempos
en que grandes cuestiones se dirimían, de quién era
aquel octavo de acre pedregoso, una tierra de nadie
rodeada por reclamos defendidos con horquetas.
“Maldita sea tu alma” —escuché gritar a los Duffy—
y vi al viejo McCabe, desnudo hasta la cintura
pisar el terreno desafiando el acero:
“La marca son estas piedras rojizas”.
Ese era el año del asunto de Munich *. ¿Cuál era más trascendente?
Me inclinaba a perder la fe en Ballyrush y Gortin **
cuando llegó el espectro de Homero, susurrando a mi conciencia.
“Hice la Ilíada de una riña local
como esa”, me dijo. Los dioses crean su propia importancia.

Patrick Kavanagh (Inniskeen, condado de Monaghan, 1904-Dublin, 1967), Poesía Irlandesa Contemporánea, selección, prólogo, traducción y notas: Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Traducción: Gerardo Gambolini

* En la semana del 24 al 30 de septiembre de 1938, Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier se reunieron en Munich para considerar las pretensiones alemanas de anexión del territorio de los Sudetes, región perteneciente a la antigua Checoslovaquia.
** Dos pueblos de la parroquia de Inniskeen.

Epic
I have lived in important places, times/ When great events were decided, who owned/ That half a rood of rock, a no-man’s land/ Surrounded by our pitchfork-armed claims./ I heard th Duffy’s shouting ‘Damn your soul’/ And old McCabe Stripped to the waist, seen/ Step the Plot defying blue-cast steel-/’Here is the marcha long these iron stones’./ That was the year of the Munich bother. Which/ Was more important? I inclined/ To lose my faith in Ballyrush and Gortin/ Till Homer’s ghost came whispering to my mind./ He said: I made the Iliad from such/ A local row. Gods make their own importance.

---
Foto: Kavanagh, 1951 Irish Independent

jueves, julio 30, 2009

Camillo Sbarbaro / Pianissimo
















Siempre absorto...

Siempre absorto en mí mismo y en mi mundo,
como en sueño me muevo entre los hombres.
En quien me choca con el brazo no me fijo,
y si alguna cosa miro agudamente
casi nunca veo lo que miro.
Cólera me toma contra quien me saca
de mí mismo. Toda voz me importuna.
Amo sólo las voces de las cosas.
Me irrita todo lo que es necesario
y habitual, todo lo que es vida,
como irrita la brizna al caracol
y como él, en mí mismo me repliego.

Porque la vida que basta a los otros hombres
no me bastaría a mí.
Y realmente
si otro mundo no tuviese, mío,
en el cual refugiarme de la vida,
si más allá de mis miserias y las tristezas
y las necesidades y las costumbres
a mí mismo no quedara yo mismo,
¡oh como querría no existir!
Pero una impresión extraña me acompaña
siempre en cada paso y me consuela:
me parece pasar como al acaso
por este mundo...

Camillo Sbàrbaro (Santa Margherita Ligure, 1888-Savona, 1967), Pianissimo, 1914, Neri Pozza, Venecia, 1954
Versión de J. Aulicino

Sempre assorto in me stesso e nel mio mondo/ come in sonno tra gli uomini mi muovo./ Di chi m'urta col braccio non m'accorgo,/ e se ogni cosa guardo acutamente/ quasi sempre non vedo ciò che guardo./ Stizza mi prende contro chi mi toglie/ a me stesso. Ogni voce m'importuna./ Amo solo la voce delle cose./ M'irrita tutto ciò che è necessario/ e consueto, tutto ciò che è vita,/ com'irrita il fuscello la lumaca/ e com'essa in me stesso mi ritiro.// Ché la vita che basta agli altri uomini/ non basterebbe a me./ E veramente/ se un altro mondo non avessi, mio,/ nel quale dalla vita rifugiarmi,/ se oltre me miserie e le tristezze/ e le necessità e le consuetudini/ a me stesso non rimanessi io stesso,/ oh come non esistere vorrei!/ Ma un'impressione strana m'accompagna/ sempre in ogni mio passo e mi conforta:/ mi pare di passar come per caso/ da questo mondo...


Foto: Sbàrbaro Comune di Spotorno
Del autor en este blog:

Padre, aunque no fueses... / A veces, mientras camino...

miércoles, julio 29, 2009

Rafael Felipe Oteriño / Corredor


Yo corría

Era el delicioso '83,
claro que en él no tenía
esta tendencia barrosa
a volver sobre los pasos; yo corría,
y la mañana corría conmigo: perros en la plaza,
un chico y su bicicleta,
la señora que se apartó para que yo pasara.

Como una música ordenada,
todo tendría que haber continuado su marcha
hasta la consumación:
cada perro encontrar a su amo,
el chico llegar a grande,
y el árbol, que nos cubría a todos,
perder su flor azul y ser un bosque.

Pero ninguno se ha movido: aún no.
Suspendidos en su arrobo,
los hechos pierden una cualidad
que les es propia: la transitoriedad;
vistos al trasluz, persisten como cristales:
son punzaduras, caligrafías,
dorado sílex en tierra carpida.

Y como la fotografía
sólo captó que yo corría,
esa mañana no miente ni ha cesado:
los perros husmean papeles en el viento,
el chico cruza veloz entre las hojas,
la señora apura el paso,
y yo, más liviano que el aire,
no he dejado de correr y tampoco he llegado.

Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945), "Agora", 2005, En la mesa desnuda. Poemas escogidos 1966-2008, Ediciones al Margen, La Plata, 2008

Ilustración: Antonio Seguí, Personaje, 1961 Centro Pompidou, París

De Oteriño en este blog:
Ahab

martes, julio 28, 2009

A.E. Housman / Campo


Mis sueños son de un campo muy lejano

Mis sueños son de un campo muy lejano
entre la sangre, el humo y los disparos:
allí están mis amigos en sus tumbas
pero yo en mi sepulcro no me encuentro.

Conocí los oficios de los hombres,
Yo también aprendí la lección simple:
Mas cuando olvidé y corrí, ellos
rememoraron y permanecieron.

A.E. Housman (Bromsgrove, 1859-Cambridge, 1936), versión de Silvina Ocampo en Antología de Poetas Ingleses Modernos, introducción de Dámaso Alonso, Antología Hispánica, Editorial Gredos, Madrid, 1962

My dreams are of a field afar
My dreams are of a field afar/ And blood and smoke and shot./ There in their graves my cofrades are,/ In my grave I am not.// I too was taught the trade of man/ And spelt the lesson plain:/ But they, when I forgot and ran,/ Remembered and remain.

Foto: Housman EO Hoppe/Corbis/The Guardian

lunes, julio 27, 2009

Laura Witner / Lluvias


Paseo
Buscando recuperar el estado de flotación
que existió una, dos veces como mucho
en cada relación o actividad
la persona sale de su casa,
testea el aire, elige la postura y se lanza hacia delante
para un rato después encontrarse circulando
entre escenarios de los que espera demasiado:
muy verdes hojas de hiedra sobrecrecida
como trapos colgando de un alambrado de uno treinta,
luces amarillas de un fulgor desconcertante
que en su disposición son molde
de lo que se llama planetario,
graffitis modernos con pintura plateada
y el tren que justo entonces pasa por encima,
en fin,
todo tipo de cosas sugerentes
que algo tendrían que entregar
si el cable de este razonamiento
no se hubiera cortado en algún punto.


Respondiéndole a Carver diez años después

El cuerpo no pesa lo suficiente sobre el colchón
y el deseo de dormir se diluye
en el deseo de todo. Este hartazgo
no se puede glosar.
Ni siquiera es hartazgo.
Para que el cuerpo logre algún reposo
la mente tiene que salir al aire gélido
en estampida, pero estampida silenciosa
como todo lo iluminado por la luna.

Laura Wittner (Buenos Aires, 1967), Lluvias, Editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009

Foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

domingo, julio 26, 2009

Ezra Pound / El jardín



El jardín
En robe de parade. 
Samain

Como madeja de seda suelta que el viento arrastra rozando un muro
camina junto a la barandilla de un sendero en Kensington Gardens,
y se muere poco a poco
de una especie de anemia emocional.

Y por ahí anda una chusma
de los hijos mugrientos, robustos, indestructibles de los muy pobres.
Ellos heredarán la tierra.

En ella se termina la estirpe.
Su aburrimiento es exquisito y excesivo.
Le gustaría que alguien le hablase,
Y casi teme que yo
cometa esa indiscreción.

Ezra Pound (Hailey, 1885-Venecia, 1972), versión de Jorge Fondebrider en Argentarium. Antología de los poemas cortos de Ezra Loomis Pound, traducidos por autores argentinos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

The Garden En robe de parade. Samain
Like a skein of loose silk blown against a wall/ She walks by the railing of a path in Kensington Gardens,/ And she is dying piece-meal of a sort /of emotion anaemia.// And round about there is a rabble/ Of the filthy, sturdy, unkillable infants of the very poor./ They shall inherit the earth.// In her is the end of breeding./ Her boredom is exquisite and excessive./ She would like some one to speak to her,/ And is almost afraid that I/ will commit that indiscretion.

de Lustra, 1916-1917
---
Ilustración: Safo y Erina en un jardín de Mitilene, Simeon Solomon, 1864

Víctor Manuel Gaviria / Pensamientos


A ustedes pensamientos…

A ustedes pensamientos, agradezco
que no me hayan traicionado,
y que se hayan escondido tan hondo
detrás de mi cara,
que yo haya estado con tanta gente
en las fiestas y en la reuniones de trabajo,
y ustedes hayan permanecido silenciosos,
sin hacer huir a nadie de mí,
y no hayan hecho ruido involuntario como
lo hacen algunos vasos o sillas que se caen
de extraña inquietud...
A ustedes, pensamientos, agradezco
haber esperado tanto tiempo en la última pieza honda
de mi vida,
sobre todo porque han hecho que algunos me amen
por escucharlos sin decirles nada,
por estar ahí como una compañía
que tanto necesitan las cosas,
por estar ahí en las largas noches
en que no éramos nadie, por favor, no éramos
nadie,
y el viento nos barría...

Víctor Manuel Gaviria (Medellín, 1955), Palabra rodante, inédito

Texto y foto: XVII Festival Internacional de Poesía Rosario

sábado, julio 25, 2009

Miguel Gaya /De "Lo efímero y otros poemas inestables"


Lo clásico

Abierto a la mañana el hombre distingue
en el canto de los pájaros la armonía,
y la atribuye a esa parcela afable
de la naturaleza que arbitrario demarca.

Así descansa del áspero desconcierto
de escucharlo todo. Y sin embargo
algo repta en él, acaso el registro
del corrosivo tiempo que puntúa,

entre uno y otro canto del ave
oculta en la espesura,
el transcurrir del bosque

que acaba en el silencio.
Nadie escucha inocente,
luminoso u oscuro el vivir.

Miguel Gaya (Ayacucho,  Argentina, 1953), Lo efímero y otros poemas inestables, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

Foto: Gaya, 1996 Daniel Grad/AutorExus

viernes, julio 24, 2009

Olga Orozco / Ventana


Mujer en su ventana

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el humo y el polvo de otra casa.
Inhóspito este mundo.
Aspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.

Olga Orozco (Toay, 1920-Buenos Aires, 1999), "Con esta boca en este mundo", 1994, Relámpagos de lo invisible. Antología, selección y prólogo de Horacio Zabaljáuregui, Fondo de Cultura Económica, segunda edición, Buenos Aires, 2009

Foto: Orozco, 1997 Graciela García Romero / Fondo de Cultura Económica

De Olga Orozco en este blog:
Para hacer un talismán / Quiero pensar que no eras la cría repudiada...

jueves, julio 23, 2009

Wallace Stevens / Nieve
















El hombre de nieve

Uno debe tener un ánimo de invierno
Para considerar la escarcha y las ramas
De los pinos encostrados por la nieve;

Y haber tenido frío un largo tiempo
Para contemplar los enebros enmarañados con hielo,
Los abetos, agrestes en el brillo lejano

Del sol de enero; y no pensar
En ninguna aflicción en el sonido del viento,
En el sonido de unas pocas hojas,

Que es el sonido de la tierra
Llena de ese mismo viento
Que sopla en el mismo desnudo lugar

Para el oyente, el que escucha en la nieve,
Y, en sí mismo nada, contempla
La nada que no está allí y la nada que está.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), “Harmonium”, 1923, Collected Poetry & Prose, The Library of America, Nueva York, 1997
Versión de J. Aulicino

The Snow Man
One must have a mind of winter/ To regard the frost and the boughs / Of the pine-trees crusted with snow; // And have been cold a long time/ To behold the junipers shagged with ice, /The spruces rough in the distant glitter // Of the January sun; and not to think / Of any misery in the sound of the wind, /In the sound of a few leaves, /Which is the sound of the land /Full of the same wind /That is blowing in the same bare place // For the listener, who listens in the snow,/ And, nothing himself, beholds /Nothing that is not there and the nothing that is.

---
Ilustración: Paisaje de nieve, también llamado Gran invierno, Cuno Amiet, 1904 Museo de Orsay, París

Manuel Rivas / de "La desaparición de la nieve"


Hierba de ciego

A Pussin, el normando,
le pidieron el regalo más hermoso
del mundo antiguo
para un museo de Roma.
No perdió ni una hora.
Eligió un puñado de tierra.
Esa materia extraña,
esa masa de sombras
que fermenta con la aurora.
Un puñado de tierra,
una costra de sangre,
una pútrida alma
salada
con el polvo de mármol de las estatuas.
Un puñado de tierra,
rescoldo de los inviernos,
un mundo antiguo soñando
con la elevación de la ortiga,
de la hierba de ciego,
en el molde de una mano.

Cántiga de amor

Se moverán los cuerpos
como maquis
por lo límites de la noche.
Entrarán nadando el uno en el otro,
Ma Senhor,
como entraba el hambre en Galicia.

Manuel Rivas (A Coruña, 1957), La desaparición de la nieve (A desaparición da neve / La desaparició de la neu / Elurraren urtzea); versión al castellano: Manuel Rivas; al catalán, Biel Mesquida; al euskera: Jon Cortazar; Alfaguara, Madrid, 2009

Herba do cego

A Pussin, o normando,
pedíronlle o agasallo máis fermoso
do mundo antigo
para un museo de Roma.
Non perdeu unha hora.
Elixiu unha presa de terra.
Esa materia estraña,
esa masa de sombras
que leveda coa aurora.
Un puñado de terra,
unha cotra de sangue,
unha pútrida alma
salgada
co po de mármore das estatuas.
Unha presa de terra,
un rescaldo de invernos,
o mundo antigo a soñar
na elevación da estruga,
da herba de cego,
no molde dunha man.

Cantiga de amor

Moveranse os corpos
como maquis
polos lindes da noite.
Entrarán nadando o un no outro,
Mia Senhor,
como outrora entrou a fame na Galiza.

Foto: Rivas, 2007 Gabriel Tizón / El País, Madrid

martes, julio 21, 2009

Ricardo Zelarayán / El hombre de poncho blanco


El hombre de poncho blanco se asoma
el día que rompieron el espejo
cuando yo estaba buscando
los gérmenes del olvido
las huellas de tu ausencia
El hombre de poncho blanco
piropea
baja descolorido
y sube con la siesta deslumbrante sobre los hombros
Las topadoras engullen su ración de escombros, y enormes
terrones de tierra negra
Pero el hombre de poncho blanco dice que vive en las nubes
y siempre demora en asomarse
ausente, descolorido
presente, descuajeringado
armado y desarmado al mismo tiempo
Los fósforos se acorralan en la sombra de la caja
y las patas del catre fabrican monedas de sombra
monedas de rostros para la demora
Pero una cara se borra
comenzando por los ojos
que traen como gotas de lluvia en la boca del tiempo
El tiempo desvanece luego los labios y el resto
y todo queda blanco
y flotante
sobre los hombros
sobre el rostro descolorido
del hombre de poncho blanco
Las oleadas de silencio mienten un tiempo dormido
El hombre de poncho blanco se asoma
Trizas
trazas
rumores
La subida para abajo
La bajada para arriba
el hombre cabeza abajo
Y los diarios vuelan con sus noticias por los cerros de cobre.

El hombre de poncho blanco
(segunda versión)

La subida para abajo se hace a pulso blanco
La bajada para arriba a pulso negro
El hombre de poncho blanco
acecha la sombra negra
Las oleadas de silencio chocan con blanco estrépito
El hombre de poncho blanco vive sobre el gran rostro,
el gran rostro de sombra,
gotas secas,
llamas apagadas,
miradas muertas
Las oleadas de silencio chocan con blanco estrépito.

El hombre de poncho blanco
(tercera versión)

Los fósforos acorralados,
dormían la noche de la caja cerrada,
y de la bomba olvidada
el olvido es el tiempo que estalla continuamente
y los gérmenes de la ausencia devoran todos
todos los espejos
Las oleadas de silencio chocan con blanco estrépito
Y los diarios de la mañana volaban con el viento silencioso
sobre las verdes solapas de la siesta
El hombre de poncho blanco vive asomado...
El hombre de poncho blanco
ausente descolorido
mira volar los diarios de la mañana en el viento
El hombre de poncho blanco
se posa en la Gran Sombra
el gran rostro inmenso y aplanado
que se desvanece de noche
el rostro de gotas secas,
de llama apagada
de miradas muertas
enorme y calcinado.

El hombre de poncho blanco
(cuarta versión)

La subida para abajo se hace a pulso negro
La bajada para arriba a pulso blanco
Los ojos, caen, los primeros,
como dos gotas de agua sobre la ardiente plancha del tiempo.
Las oleadas de silencio chocan con blanco estrépito.
Los diarios de la mañana vuelan en el viento silencioso
sobre las verdes solapas de la siesta.
Y los fósforos duermen la noche de la caja cerrada,
y de la bomba olvidada.
Los gérmenes de la ausencia, siguen devorando el espejo.
El hombre de poncho blanco camina sobre la Gran Sombra
La Gran Sombra acostada, interminable.
El hombre de poncho blanco vive posado en la gran
sombra que muere de noche y renace de día.
El hombre de poncho blanco busca el límite
pero la sombra se ennegrece
para unirse con la noche.
¡Oh inmensa sombra del gran rostro apagado!

Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922-Buenos Aires, 2010), "Poesía inédita", Ahora o nunca. Poesía reunida, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009

De Zelarayán en este blog:

Dos (segunda versión)
La Gran Salina, en Antología votada de poesía argentina

Leer y escuchar a Zelarayán en Autores de Concordia
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Foto: Bécquer Casaballe / Editorial Argonauta