miércoles, agosto 05, 2009

Georg Trakl / Cuervos y bosques


Los cuervos

Sobre el negro rincón se precipitan
al mediodía los cuervos con duro grito.
Sus sombras rozando pasan a una cierva
y a veces se la ve paciendo hoscamente.

Oh cómo perturban el pardo sosiego
en el que un sembrado se embelesa,
como una mujer hechizada por un barrunto grave,
y a veces se los oye refunfuñado
en torno a una carroña que husmean por cualquier sitio

y de improviso al norte el vuelo orientan
y cual cortejo fúnebre se desvanecen,
en aires que tiemblan voluptuosos.


Grodek
Al atardecer resuenan los bosques otoñales
con mortíferas armas, las áureas llanuras
y lagos azules, encima el sol
rueda más lúgubremente. La noche abraza
a guerreros moribundos, la queja feroz
de sus destrozadas bocas.
Mas quietamente se acumula en el fondo de los prados
una nube roja, en la que un dios airado habita,
la sangre derramada, frescura lunar;
todos las calles confluyen en negra podredumbre.
Bajo el aúreo ramaje de la noche y las estrellas
vacila la sombra de la hermana por la callada floresta,
para saludar a los espíritus de los héroes, las cabezas sangrantes;
y quedas suenan en los juncos las oscuras flautas del otoño.
¡Ay, orgullosa aflicción! altares de hierro,
la ardiente llama del espíritu alimenta hoy un inmenso dolor,
los nietos no nacidos.


Georg Trakl (Salzburgo, 1887- Cracovia, 1914), Obra poética, Traducción Rodolfo Modern, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1992 (edición no bilingüe)


Die Raben
Über den schwarzen Winkel hasten/ Am Mittag die Raben mit hartem Schrei./ Ihr Schatten streift an der Hirschkuh vorbei/ Und manchmal sieht man sie mürrisch rasten.// O wie sie die braune Stille stören,/ In der ein Acker sich verzückt,/ Wie ein Weib, das schwere Ahnung berückt,/ Und manchmal kann man sie keifen hören// Um ein Aas, das sie irgendwo wittern,/ Und plötzlich richten nach Nord sie den Flug/ Und schwinden wie ein Leichenzug/ In Lüften, die von Wollust zittern



Grodek
Am Abend tönen die herbstlichen Wälder/ Von tödlichen Waffen, die goldnen Ebenen/ Und blauen Seen, darüber die Sonne/ Düstrer hinrollt; umfängt die Nacht/ Sterbende Krieger, die wilde Klage/ Ihrer zerbrochenen Münder./ Doch stille sammelt im Weidengrund/ Rotes Gewölk, darin ein zürnender Gott wohnt / Das vergoßne Blut sich, mondne Kühle;/ Alle Straßen münden in schwarze Verwesung./ Unter goldnem Gezweig der Nacht und Sternen/ Es schwankt der Schwester Schatten durch den schweigenden Hain,/ Zu grüßen die Geister der Helden, die blutenden Häupter;/ Und leise tönen im Rohr die dunkeln Flöten des Herbstes./ O stolzere Trauer! ihr ehernen Altäre/ Die heiße Flamme des Geistes nährt heute ein gewaltiger Schmerz, / Die ungebornen Enkel.


Ilustración: Arbol de los cuervos, Caspar David Friedrich, 1822. Louvre, París


Del autor en este blog:

Canción de la noche / Al anochecer, mi corazón...
En el parque / Clarines

1 comentario:

  1. Me gustaron los dos poemas. En especial el de los cuervos, es genial! Los describe de una manera realmente admirable.

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