lunes, octubre 24, 2022

Laura Klein / El poema de la leche




ningún aleteo propiamente en los occipitales : arrancada
la leche del vaso : no logra beber
el pequeño con pies en la arena dobla gasas
limpios pechos aguados por espinillas mal puestas
golpéanse : ningún rocío para la lengua
así creen calmar : por el vaso roto y la pulpa
sobre el maldito mosaico frío sin madre
ha hecho descendencia
así creen aplastar : la leche en la arena
ningún grito propiamente en el esfuerzo
agrega dolor : al esparcirse sobre tetillas secas
para los labios

la pesadumbre joven multiplica las arenas

creen callar : oh cosa ridícula
su temblor es una muletilla : desterrado el líquido
de la boca arrancado hacia el abandono corre
la leche fuera de los sacos ruines para labios
ninguna enfermedad propiamente : hinchados
de pequeños también sino se quedan solos : creen beber
cavan en la arena maestra una ubre llena
por los vidrios rotos vil de chupar
grita lo que grita : al volcarse sin éxito el alimento
se ve la mugre y atrás

dormidos y despiertos enloquecen las arenas

el músculo gris
ha hecho descendencia : ningún hijo propiamente
logra dormir : arrancados los lieder del aire guardado amargo
en pechos primerizos ineptos por curas de pie
en lugar de leche gasas blancas : así creen cobrar
el tiempo preso : de miedo de cervato : es el esfuerzo
mismo caldo de interiores? sobre tacañas tetas
ninguna risa exactamente enseña lo que da
hasta el dolor de encías : oh fina estulticia

si la promesa se cumple confunde las arenas

el diente del cabrito en el reparto
crea dolor : estropeada la leche : al servirse
de pechos coléricos en el esfuerzo
no provee : no logra ir : ningún alivio
para el pequeño con cabeza en la arena apila tazas
por el destete : así creen vengar
la decepción del cervato ante la cal nutricia
se llama leche propiamente : el líquido
insomne : pone en el yermo una voz : hacia el anidamiento
recupera lo que da : la impresión facial en la costura
ha hecho descendencia

el trigo falso multiplica las arenas

descarriada la leche de su taza : hacia el monte
por caerse de labios propiamente abiertos
vean lo que da : gasas grises
en lugar de blancas capaces de hartar
críanse : ningún pecho tutela el descanso
el ímpetu de amor influye : al menos si hubiera una barca
para quedarse absortos
oh cosa minúscula fecunda arriba de la arena
hasta que el líquido amanezca : sobrio y solo
repite lo que da : ningún lamento
al recoger la vigilia de los ojos

cuando la hierba crece imita las arenas

ningún placer de enanos
trenzando gasas escolares a la madrugada
logra reir : agriada la leche en su cuna
ha hecho descendencia
oh bonanza ciega : nadie apacigua
pueden echar su consuelo a las malezas : creen merecer
el cántaro y la fruta : en lugar del odre
encuentra : pechos narcóticos : al perdurar
el líquido en su bolsa
percude

también el tedio del sol en la rama llama a multiplicarse

así creen divertir : cayendo y empujando
tirándose arena en el plato limpio para el higo
escuchan : cómo tiembla el cervato
por el almíbar sin curso
pequeños labios rotos puestos juntos
ninguna alegría propiamente en el líquido bebido
a tiempo : ha hecho descendencia
así creen devolver : la leche a su pote original
al vaciar el balde
y rociar un poco la pesada carne
uno se maravilla

siempre que el mundo se arruina se multiplican las arenas

Laura Klein (Buenos Aires, 1958), La bruta luz, Casi Incendio la Casa, 2009; La comedia de los panes, Hilos Editora, 2011


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