jueves, marzo 12, 2015

Stefan Hertmans / Orlando di Lasso










Tal vez su padre, que le arrojó a los perros;
tal vez su deformado nombre, con las sedientas
letras finales llenas de confusión;
tal vez sencillamente la parra florida
en el muro de su casa paterna
o, tal vez, la terrible arpa llena de cromatismos
en su cabeza, la cascada entre ojo y sien,
el fermentado borboteo de contrapunto a
calderón.

En todo caso algo como un eco de una
ha tiempo vagamente oída misa temprana,
una voz que a su cumbre sube
y así su parodia comienza:
la gamba con su voz de queja,
la paloma que empolla en agujeros de resonancia.

Lluvia, lluvia sobre una ciudad del siglo dieciséis.
Hay mucho silencio en la escribiente mano,
pero mucho más inaudible sonido.

Extraño que el sangrar cesa cuando la
voz lo quiere; extraño que en villanelas
y moriscas siempre muere uno

mientras que el otro vive; este permanente
recomenzar es lo que en el lejano presentimiento
de las primeras fugas tiembla, un poco viejo
y, oh Dios, y cada vez los primeros contrapuntos
se tocan vertiginosamente, llenándose de juventud.

Stefan Hertmans (Gante, Bélgica, 1951), Antología de poemas, Calima Ediciones, Palma de Mallorca, 2002
Traducción del flamenco: José Luis Reina Palazón
Envío de Jonio González 

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