domingo, marzo 15, 2015

Coral Bracho / Aquello que entró un día










Aquello que entró un día como el viento,
feroz y suave, y lamió los objetos. El envés,
el rastro
que abría las puertas. Entraba
la tempestad y crecía entre los muebles,
luego, en sus voces, como un dibujo
natural, se callaba. Nuevamente
follaje. Nuevamente costuras,
líneas. Entró
con su embozada furia, con su miel.
Por detrás de las hojas, por los respaldos.
Entre los bordes de los crisantemos.


Coral Bracho (Ciudad de México, 1951), Rosa Cúbica, nº 23-24, Barcelona, invierno 2002-2003
Envío de Jonio González

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