viernes, marzo 06, 2015

Raúl Artola / Durante cinco años...












Durante cinco años cerré las puertas y ventanas de mi casa.
Entre persianas y vidrios se acumularon cartas, facturas
impagas, diarios y folletos, hojas secas, arañuelas y polvo
impalpable, condones, tapitas de cerveza y hasta un gorrión
muerto, entre otros regalos del tiempo.
El día que abrí el ventanal escuché una canción olvidada, la
luz entró crujiendo sobre los muebles, el aire se abrió paso
entre vaharadas de niebla, las moscas retrocedieron
arrepentidas de su intento y unos pibes se pararon a mirar y
comentaban por lo bajo.
Me quedé un rato observando el panorama con mis viejos
anteojos para sol. De pronto cruzó frente a la ventana una
muchacha de buen andar. Me acordé enseguida de mi profesor
de biología, de pistilos y gametos, la división cariocinética,
cigotos y blástulas, hasta que perdí la visión de esa grupa y su trote.
Después me cambié el piyama húmedo y salí a comprar
queso, salamín, maníes y una botella de fernet.

                                                               (a la memoria de Mario Levrero)

Raúl Artola (Las Flores, Argentina, 1947; vive en Viedma, Argentina), Registros de hora prima, Ediciones La Carta de Oliver, Vicente López, Argentina, 2014


Foto: Raúl Artola FB

1 comentario:

  1. Dios mío, cuántos vivimos como el protagonista de este poema. Me recordó el momento en que despierta Orlando, tres siglos después.

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