sábado, marzo 03, 2012

Gerard Woodward / Domestos




Domestos

Fue el rector del Real
Colegio de Ingeniería Sanitaria

el que dictó ese año la conferencia.
Dibujó sus desagües. Habló

por un rato de cómo
las coladeras del West End

se estaban tapando con
la grasa de los restaurantes, en donde

él vio una bonita analogía
de las enfermedades coronarias en los hombres

de edad madura, lo que le hizo pensar
en el escultor alemán

que había hecho una estatua
de grasa humana llamada "La libertad

derrama su luz sobre algunos
dilemas políticos", cosa que a su vez

lo llevó a discutir
la moralidad de la lejía

que, nos dijo, como las lágrimas
de Rapunzel, tiene un efecto purificador

pero no devuelve la vista. De hecho
si los líquidos tuvieran tendencia

política, entonces la lejía
sería fascista de cabo a rabo,

y quienes la usan serían discriminadores
por naturaleza, que piensan que el mundo

natural es meramente una idea
que se repite ad nauseam,

y que desprecian la idea misma
de eso que él llamó Gesellschaft

de la mugre, la asociación
de gérmenes que en esta comunidad

se encontrarían
como en la Edad de Oro

en la que todos eran
banquete de todos. La lejía, dijo,

es de la cepa del Diablo mismo
y finalizó con la triste historia

de una recepcionista que había bebido un poco.
Se hicieron votos de reconocimiento

y el rector agradeció nuestro aplauso
levantando una copa de Château Latour.


de After the Deafening

Gerard Woodward (Londres, 1961), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Domestos

It was the provost of the Royal
College of Sanitary Engineering

Who gave the lecture that year.
He drew his drains. He spoke

For a while on how
The West End's sewers

Were becoming clogged with
Restauran fat, in which

He saw a pretty analogy
With heart disease in middle -

Aged men, which made him think
Of the German sculptor

Who'd made a statue out of
Human fat called'Liberty

Sheds Light on Some
Political Conundrums', which in turn

Led him on to a discussion
On the morality of bleach

Which, he said, like Rapunzel's
Tears, has a purifying effect,

Though won't restore sight. Indeed,
If liquids had a political

Leaning the bleach would be
A fascist through and through,

Its users were discriminators
In nature, who thought the natural

World merely an idea
Repeating itself ad nauseam,

Who despised the very idea
Of what he called the Gesellschaft

Of dirt, the association
Of germs who would

In this commonwealth
Live as in the Golden Age

When everyone was everyone
Else's banquet. Bleach, he said,

It is Devil's own vintage
And concluded with a sad tale

Of a parlour maid who drank some.
A vote of thanks was given

And the provost acknowledged our applause
By raising a glass Château Latour.

Foto: Gerard Woodward Charles Hopkinson / The New York Times
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