martes, junio 23, 2009

Wallace Stevens / Peter Quince


Peter Quince en el clave

I
Así como mis dedos en estas teclas
Hacen música, así también esos mismos
Sonidos en mi espíritu hacen una música.

La música es sensación, entonces, no sonido;
Y eso es lo que siento,
Aquí, en este cuarto, deseándote;

Pensar en tu seda sombreada de azul,
Es música. Es como la melodía
Que despertaba en los viejos Susana;

En un verde atardecer, claro y cálido,
La joven se bañaba en su tranquilo jardín, mientras
Los viejos de ojos inyectados, mirándola, sentían

Los bajos de su ser latir
En hechizantes acordes, y su sangre floja
Pulsar pizzicati de Hosannas.


II
En el agua verde, clara y cálida,
Susana se bañaba.
Buscaba
El toque de los manantiales,
Y encontró
Ocultas fantasías.
Suspiró,
Ante tanta melodía.

Sobre la orilla, se paró
En el fresco
De pasadas emociones,
Entre las hojas sintió
El rocío
De viejas devociones.

Caminó sobre la hierba,
Aún temblorosa.
Los vientos eran como sus doncellas,
Sobre tímidos pies,
Trayéndole sus chales tejidos,
Todavía flotantes.

Un soplo sobre su mano
Acalló la noche.
Giró -
Un címbalo sonó,
Y rugientes cuernos.


III
Enseguida, con un ruido de mazurcas,
Llegaron sus sirvientas turcas.

Se preguntaban por qué Susana lloraba
Mientras aquellos ancianos la rodeaban;

Y el estribillo de sus susurros sonaba
Como sauce al que la lluvia castigara.

Entonces, sus lámparas de elevada llama
Revelaron la vergüenza de Susana.

Y luego, entre tontas risitas, las turcas
Se fueron, con un ruido de mazurcas.


IV
La belleza es momentánea en la mente.
El calco discontinuo de un portal.
Pero, en persona, es inmortal.

El cuerpo muere; la belleza del cuerpo vive.
Así mueren las tardes, en su verde pasar,
Una ola que fluye interminable.
Así mueren los jardines, perfumando con su manso aliento
La capucha del invierno, hecha de arrepentimiento.
Así mueren las doncellas, a la celebración
Matinal de un coral de doncellas.

La música de Susana tocaba las procaces cuerdas
De esos blancos ancianos; pero, al escapar,
Dejaba el irónico rasguido de la muerte.
Ahora, en su inmortalidad, la música suena
En la clara viola de su memoria,
Y hace un constante sacramento de alabanza.


Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), “Harmonium”, 1923, Collected Poetry & Prose, The Library of America, Nueva York, 1997

Versión: Salvetti & Aulicino
Ver versión anterior de la parte IV, por J. Aulicino


Enciclopedia:

Peter Quince: personaje secundario de Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare

Susana: en la Biblia católica, mujer difamada y calumniada como adúltera que fue librada de la muerte por el joven profeta Daniel. Tras repudiar a dos ancianos que la intentaron seducir, Susana fue acusada de infidelidad por aquéllos. Resultó condenada, pero Daniel la salvó del castigo al dejar en evidencia las discrepancias que existían en los testimonios de los denunciantes, los cuales, acto seguido, fueron ejecutados.

Peter Quince at the Clavier
I
JUST as my fingers on these keys/ Make music, so the self-same sounds/ On my spirit make a music, too.// Music is feeling, then, not sound; /And thus it is that what I feel,/ Here in this room, desiring you,// Thinking of your blue-shadowed silk,/ Is music. It is like the strain/ Waked in the elders by Susanna:// Of a green evening, clear and warm,/ She bathed in her still garden, while/ The red-eyed elders, watching, felt/ The basses of their beings throb/ In witching chords, and their thin blood/ Pulse pizzicati of Hosanna.
II
In the green water, clear and warm,/ Susanna lay./ She searched/ The torch of Springs,/ And found /Concealed imaginings./ She sighed,/ For so much melody.// Upon the bank, she stood/ In the cool/ Of spent emotions./ She felt, among the leaves,/ The dew/ Of old devotions.// She walked upon the grass,/ Still quavering./ The winds were like her maids,/ On timid feet,/ Fetching her woven scarves,/ Yet wavering.// A breath upon her hand/ Muted the night./ She turned-/ A cymbal crashed,/ And roaring horns.
III
Soon, with a noise like tambourines,/ Came her attendant Byzantines.// They wondered why Susanna cried/ Against the elders by her side;// And as they whispered, the refrain/ Was like a willow swept by rain.// Anon, their lamps' uplifted flame/ Revealed Susanna and her shame.// And then, the simpering Byzantines,/ Fled, with a noise like tambourines.
IV
Beauty is momentary in the mind -/The fitful tracing of a portal;/ But in the flesh it is immortal.// The body dies; the body's beauty lives,/ So evenings die, in their green going,/A wave, interminably flowing./ So gardens die, their meek breath scenting/ The cowl of Winter, done repenting./ So maidens die, to the auroral/ Celebration of a maiden's choral.// Susanna's music touched the bawdy strings/ Of those white elders; but, escaping,/ Left only Death's ironic scrapings./ Now, in its immortality, it plays/ On the clear viol of her memory,/ And makes a constant sacrament of praise.


Ilustración: El manantial, Gustav Courbet, 1868 Museo de Orsay, París

3 comentarios:

  1. A mí que me interesó leer la historia de Susana, y me encontré con que en mi Biblia preferida Daniel llega hasta el capítulo 12... y claro! es una King James! :)
    Por suerte tengo a mano La Biblia de Jerusalén, que tiene a Daniel con 14 capítulos, incluída la historia de la famosa Susi.
    Cuestión de Cánones! ;)

    Saludos!

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  2. Es que con "King James" ya estamos en la tachadura puritana.

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