sábado, agosto 14, 2021

Michael O'Loughlin / Un poeta letón escribe una oda al capitalismo



Estuvo muy bien que Pablo Neruda,
Mayakovsky y todos esos camaradas
escribieran sus Odas al Trabajo: tenían
obreros siderúrgicos stajanovistas,
choferes de tractores rojos arando suelo virgen.
Pero, ¿y yo? ¿Cómo voy a elogiar
al operador telefónico,
al mozo del hotel boutique,
al agente inmobiliario que le alquila cuartos a eslovacos? 

Me siento aquí ocho horas al día con mi uniforme azul
en la caja registradora del Tesco’s
tratando de pensar en un nombre
para lo que hago en realidad.
Mis compañeros de trabajo se llaman Mariska o Muhummad
no sé dónde viven
no sé lo que comen. 

Lo único que sé es que somos sacerdotes de la casta inferior
en la iglesia más grande que la historia ha visto alguna vez.
La gente viene hasta el altar,
ponemos las manos sobre los frutos de la tierra
y se los damos a la gente que los hizo,
bendecidos, santificados, pagados. 

No, no tengo ganas de escribir una oda a la gente como yo.
De todos modos, hay una fiesta en un departamento en Baggot Street
y el tipo de Brasil tiene porros de los buenos.

Michael O'Loughlin (Dublín, 1958), Poems:1980-2015, New Island Books, Dublín, 2016
Traducción de Jorge Fondebrider



A Latvian Poet Writes an Ode To Capitalism

It was all very well for Pablo Neruda,
Mayakovsky and all those comrades
To write their Odes to Labour: they had
Stakhanovite steelworkers,
Drivers of red  tractors breaking virgin soil.
But what about me? How am I to praise
The call-centre operative,
The barista in the boutique hotel,
The estate agent renting out boxes to Slovaks? 

I sit here eight hours a day in my blue uniform
At the cash register in Tesco’s
Trying to think of a name
For what I actually do.
My co-workers are called Mariska or Muhummad
I do not know where they live
I do not know what they eat. 

All I know is we are low-caste priests
In the greatest church that history has ever seen.
The people come to the altar rail,
We lay our hands on the fruits of the earth
And give them back to the people who made them
Blessed, sanctified, paid for. 
No, I don’t feel up to writing and ode to people like myself.
Anyway, theres a party in a flat in Baggot Street
And the guy from Brazil has some really good dope.