domingo, septiembre 08, 2013

Jane Kenyon / Dos poemas












Bizcocho

El perro ha limpiado su bol
y su recompensa es un bizcocho,
que pongo en su boca
igual que un cura ofrece la hostia.

¡No soporto esa actitud confiada!  
Pide pan, espera
pan, y mi poder es tal que
podría darle una piedra.


El bol azul

Como los primitivos enterramos el gato
con su bol. Con las manos desnudas
arrastramos la arena y la grava
hasta el agujero.

Caían con un siseo sordo
a su lado,
sobre la larga y roja piel, las blancas plumas
entre los dedos y la larga,
por no decir aquilina, nariz.

Nos incorporamos y nos sacudimos el polvo el uno al otro.
Hay penas más profundas que ésta.

Guardamos silencio el resto del día, trabajamos,
comimos, miramos fijamente y dormimos. Se desató una tormenta
que duró toda la noche; ahora está despejado y en un arbusto que gotea
parlotea un petirrojo
como el vecino que tiene buenas intenciones
pero siempre dice lo que no debe.


Jane Kenyon (Ann Arbor, 1947-New Hampshire, 1995), Otherwise: New and Selected Poems, Graywolf Press, St.Paul, Minnesota, 1996
Versiones de Jonio González


Biscuit

The dog has cleaned his bowl
and his reward is a biscuit,
which I put in his mouth
like a priest offering the host.

I can't bear that trusting face!
He asks for bread, expects
bread, and I in my power
might have given him a stone.


The Blue Bowl

Like primitives we buried the cat
with his bowl. Bare-handed
we scraped sand and gravel
back into the hole.
                              They fell with a hiss
and thud on his side,
on his long red fur, the white feathers
between his toes, and his
long, not to say aquiline, nose.

We stood and brushed each other off.
There are sorrows keener than these.

Silent the rest of the day, we worked,
ate, stared, and slept. It stormed
all night; now it clears, and a robin
burbles from a dripping bush
like the neighbor who means well
but always says the wrong thing.



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