miércoles, septiembre 25, 2013

Aldo Oliva / Dos poemas



* Pie de página

Sé que soy hijo de un aire pisoteado,
de un barro levantisco,
del borramiento
de númenes sombríos.
En el cuenco ofertorio
que mi nacer forjó
y llamaron mi mano,
un pétalo -que ahora
de nácar sueño-,
larga, gozosamente,
-una críptica
agitación evanescente-
marchitó
el aroma surgente
de su icor.
            Ausencia
geminal, que mis hijos,
surtiendo, colmarán
de barro pisoteado,
de aire levantisco:
conmovida,
irradiante corola
de ávida fragancia;
solidaria, alta cabriola;
tenacidad de ternura;
fintas solapadas de honda
insurgencia.
Un cosmos, en la palabra,
de la mutación floral,
que irrumpa.
Fisura,
lírica punción
en la entraña perpetrada
de la opacidad del ser.


Mazuleina

Dies irae -la leyenda
del tiempo en la memoria-
grabó la estampa de azúcares agriados:
la caída del azor desbañado
sobre el columbario;
la aspersión de las péñolas,
azoradas, desde lo alto;
el vano vuelo mustio, erosionando
por solapados gránulos de azufre.

Pero un gesto de gracia
giró el caleidoscopio:
lapislázuli, en ojos ofertorios;
tierna, temeraria entereza
cribando la violencia del mar,
para surcarlo.

Y así, derivando en la cresta
alucinada de las olas,
se tramó la insurgencia
del hálito floral de acariciantes
zalameas de azaleas,
tácitas renuencias,
en la sima,
de aquel naufragio azul,
en que se hundió esta mano.


Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "De fascinatione", 1997, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

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