miércoles, septiembre 11, 2013

Bruno Di Benedetto / De "Crónicas de muertes dudosas"

Cayetano Murature
Trelew, Chubut, 14 de enero de 1944

Cayetano Murature
albañil jubilado
siciliano de profesión
está mirando los tomates que se achicharran
en esas plantitas
crucificadas dulcemente
sobre andamios de caña
y paja brava.

Con apenas dos dedos acaricia
la piel triste de un tomate.
Con los mismos apenas dos dedos
se toca las mejillas:
triste la piel, arrugada,
curtida de sal,
como si el Mediterráneo se hubiera evaporado
de un soplido de Dios,
desnudando los tristes acantilados
de Sicilia y de Cerdeña.

Triste la piel,
tristes los tomates.
A Cayetano Murature las sequías de la piel
no le molestan
pero las arrugas de los tomates lo enfurecen.
Dos meses sin lluvia.

Allá lejos
el río se ha vuelto un barro chirle.
De la canilla caen
de tanto en tanto
dos gotas
como para probar que el agua existe.

Cayetano le da vueltas a la cruz
y se agacha hasta el pico para mirar
y ver
cómo una gota le apaga el pucho
y otra le entra en el ojo:
-Porca miseria -dice Cayetano Murature-, porca yuvia,
porca caniya e la puta que lo parió al Duce.

Cayetano Murature le tira una patada al cañito oxidado
y le erra
y le da al aire
entonces
tremendo patadón,
con tan mala suerte
que el aire se raja en un zigzag celestial.

Cayetano ve cómo la rajadura se va para arriba,
cómo la atmósfera se parte en dos
hasta las nubes.

Mira a un costado,
mira al otro.
Cayetano Murature mira.
Y piensa.
Y mira otra vez
la rajadura del aire.

Toca con un dedo.
Piensa.
Toca con otro dedo.
Piensa.
Calza un pie.
Piensa otro poco.

Y después
sonríe
feroz.

Cayetano Murature
se dejó un par de cosas
allá abajo:
unos anteojos de carey
una cajita de rapé
vencido
una mandolina
que trajo de Ragusa.
Nada más.

Dicen algunos
que Cayetano Murature
se murió.

Dicen otros
que se fue trepando
por el aire hecho de vidrio.

Que se fue.

Y que todavía le anda peleando la lluvia al cielo.


Bruno Di Benedetto (Avellaneda, 1955 -vive en Puerto Madryn desde 1979-), Crónicas de muertes dudosas, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

1 comentario:

  1. Algún griego loco pasado por la pasión latina que escribía en el latín mal hablado de los castillos, se embarcó en un viaje subterráneo por debajo del océano para reaparecer en ideas nuevas como esa de pelearle la lluvia al cielo.
    Por suerte la red nos lo devuelve al instante.

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