jueves, agosto 22, 2013

Cesare Pavese / Leña verde

(A Massimo)

El hombre quieto tiene delante colinas en la oscuridad.
Mientras estas colinas sean de tierra, los aldeanos
deberán zaparlas. Las mira fijo, y no ve,
como el que cierra los ojos en prisión, bien despierto.
El hombre quieto -que estuvo en prisión- mañana regresa
al trabajo con algunos compañeros. Esta noche, está él solo.

Las colinas le saben a lluvia: es el olor remoto
que a veces llegaba a la prisión con el viento.
A veces, llovía en la ciudad: un abrirse de par en par,
del aliento y la sangre, a la calle liberada.
La prisión bebía la lluvia, en prisión la vida
no terminaba, a veces se filtraba también el sol:
los compañeros esperaban y el futuro esperaba.

Ahora está solo. El olor increíble de tierra
le parece salido de su propio cuerpo, y recuerdos remotos
-él conoce la tierra- lo atan al suelo,
a ese suelo real. No sirve pensar
que la zapa, los aldeanos, la clavan en la tierra
como en un enemigo, y que se odian a muerte,
como muchos enemigos. Tienen, sin embargo, una dicha
los aldeanos: ese pedazo de tierra labrado.
¿Qué importan los otros? Mañana, las colinas
estarán bajo el sol, y cada uno en la suya.

Los compañeros no viven en las colinas,
nacieron en la ciudad, donde en vez de hierba
hay rieles. A veces, lo olvida también él.
Pero el olor de tierra que llega a la ciudad
ya no sabe a aldeanos. Es una larga caricia
que hace cerrar los ojos y pensar en los compañeros
en prisión, en la larga prisión que espera.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Lavorare stanca", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino



Legna verde

(a Massimo)

L'uomo fermo ha davanti colline nel buio.
Fin che queste colline saranno di terra,
i villani dovrano zapparle. Le fissa e non vede,
come chi serra gli occhi in prigione ben sveglio.
L'uomo fermo -che è stato in prigione- domani riprende
il lavoro coi pochi compagni. Stanotte è lui solo.

Le colline gli sanno di pioggia: è l'odore remoto
che talvolta giungeva in prigione nel vento.
Qualche volta pioveva in città: spalancarsi
del respiro e del sangue alla libera strada.
La prigione pigliava la pioggia, in prigione la vita
non finiva, talvolta filtrava anche il sole:
i compagni attendevano e il futuro attendeva.

Ora è solo. L'odore inaudito di terra
gli par sorto del suo stesso corpo, e ricordi remoti
-lui conosce la terra- constringerlo al suolo,
a quel suolo reale. Non serve pensare
che la zappa i villani la picchiano in terra
como sopra un nemico e che si odiano a morte
come tanti nemici. Hanno pure una gioia
i villani: quel pezzo di terra divelto.
Cosa importano gli altri? Domani nel sole
le colline saranno distese, ciascuno la sua.

I compagni non vivono nelle colline,
sono nati in città dove invece dell'erba
c'è rotaie. Talvolta lo scorda anche lui.
Ma l'odore di terra che giunge in città
non sa piú di villani. È una lunga carezza
che fa chiudire gli occhi e pensare ai compagni
in prigione, alla lunga prigione che attende.

1 comentario:

  1. Gracias por esta hermosísima versión; Irene

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