sábado, marzo 31, 2012

Gabriel Ferrater / Dos poemas




La vida furtiva

Seguramente será como ahora. Estaré despierto,
caminaré arriba y abajo por el pasillo. Como un minero
que surge de un pozo, me subirá
desde el silencio de toda la casa, brusco,
el ronquido del ascensor. Me detendré a escuchar
el abofetear de puertas de metal, y los pasos
en el rellano, y adivinaré el instante
en que empezará a temblar la angustia del timbre.
Sabré quiénes son. Les abriré enseguida. Todo perdido,
que entren estos, a quienes tendré que decirles todo.

Los aristócratas

¡Oh Borges, Lowell, oh patricios
americanos! Tenéis vuestra
historia tan cerca, y os vive el asco.
Tengo historia cerca. Tengo asco de ella.
No sabré escribir los detallados poemas
que os escribís. Mi asco
(envejecido porque nadie cuenta la historia),
como los tobillos de una niña gitana,
tal vez me deja ser piel y vida bajo la suciedad,
pero soy gris, y sólo hablo
de generalidades, como un plebeyo
que nunca oyó, frescos y lentos,
los recuerdos de las mujeres dentro de la casa
densa, y que ha vaciado: un pozo de miedo.

Gabriel Ferrater (Reus, Tarragona, 1922-Sant Cugat, Barcelona, 1972), Les dones i els dies, Edicions 62, Barcelona, 2010
Versiones de Jonio González


La vida furtiva

Segurament serà com ara. Estaré despert,
aniré amunt y avall pel corredor. Com un minador
que surt d'un pou, em pujará
des del silenci de tota la casa, brusc,
el ronc de l'ascensor. M'aturaré a escoltar
el bufeteig de portes de metall, i els passos
del replà, i endevinaré l'instant
que arrencarà a tremolar l'angúnia del timbre.
Sabré qui són. Els obriré de seguida. Tot perdut,
que entrin aquests, a qui ho hauré de dir tot.

Els aristòcrates

Oh Borges, Lowell, oh patricis
americans! Teniu la vostra
història tan prop, i us viu el fàstic.
Tinc història prop. En tinc el fàstic.
   No sabré escriure els detallats poemes
que us escriviu. El fàstic meu
(fet vell perquè ningú no en diu la història),
com els turmells d'una nena gitana,
potser em deixa ser pell i vida sota el brut,
però sóc agrisat, i només parlo
de generalitats, com un plebeu
que mai no va escoltar, frescos i lents,
els records de les dones dins la casa
densa, i que va buidat: un pou de por.





Ilustración: Autorretrato entre el reloj y la cama, 1942, Edvard Munch

viernes, marzo 30, 2012

Franco Fortini / Los árboles




Los árboles

Parecen idénticos los árboles
a los que veo desde la ventana.
Pero no es así. Uno, grandísimo,
se quebró, y ahora no recordamos
más la gran pared verde que era.
Otros están enfermos.
La tierra no respira lo suficiente.
Los setos apenas tienen tiempo
a dar algunas hojas nuevas
que ya agosto los ahoga de polvo
y octubre de humo.
La historia del jardín y de la ciudad
no interesa. No tenemos tiempo
para dibujar las hojas y los insectos
o sentarnos en la luz pura
a trabajar largas horas.
Los árboles parecen idénticos,
la especie parece fiel.
Y en cambio están muy lejos.
Ni siquiera un grito,
ni siquiera un silbido les llega.
No es el caso de desesperarse,
hija mía, sino de saberlo,
mientras miramos juntos los árboles
y tú aprendes quién es tu padre.

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Questo muro", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino

Gli alberi

Gli alberi sembrano identici
che vedo dalla finestra.
Ma non è vero. Uno grandissimo
si spezzò e ora non ricordiamo
più che grande parete verde era.
Altri hanno un male.
La terra non respira abbastanza.
Le siepi fanno appena in tempo
a metter fuori foglie nuove
che agosto le strozza di polvere
e ottobre di fumo.
La storia del giardino e della città
non interesa. Non abbiamo tempo
per disegnare le foglie e gli insetti
o sedere alla luce candida
lunghe ore a lavorare.
Gli alberi sembrano identici,
la specie pare fedele.
E sono invece portati via
molto lontano. Nemmeno un grido,
nemmeno un sibilo ne arriva.
Non è il caso di disperarsene,
figlia mia, ma di saperlo
mentre insieme guardiamo gli alberi
e tu impari chi è tuo padre.

Ilustración: Gli alberi, 1942, Bruno Cassinari

jueves, marzo 29, 2012

Franco Fortini / En memoria




En memoria I

Una vez me preguntabas que tenía
y no te contestaba.
Se ha hecho muy difícil
hablar de las últimas cosas, madre mía.

En las últimas horas
tenías los ojos cerrados.
Estabas aterrada de no poder
hablar más
ni siquiera para ti
de la única cosa.
Ahora el ruido es tan violento,
tan furiosa la sacudida de toda la realidad
que hasta allá abajo debe llegar el temblor
como a los sótanos en la guerra.
No tendré tiempo de hacer las cuentas, no hay
más tiempo ya.
Esto entonces es
aquello que aún no sabía.
Ahora lo sabes también tú
lo sabemos
mientras estamos por renacer.

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Questo muro", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino

In memoria I

Una volta mi chiedevi che cosa avevo
e non ti rispondevo.
Ma è divenuto molto difficile
parlare delle ultime cose, madre mia.

Nelle ultime ore
eri con gli occhi sbarrati.
Eri atterrita di non potere
parlare più
nemmeno dentro di te
della sola cosa.
Ora il rumore è così violento
così furioso lo scotimento di tutta la realtà
che perfino laggiù deve venirne il tremito
come nelle cantine della guerra.
Non farò a tempo a fare i conti, non c’è
più il tempo ormai.
Questo dunque è
quello che ancora non sapevo.
Ora lo sai anche tu
lo sappiamo
mentre stiamo per rinascere.

Ilustración: Concetto Spaziale, Attese, 1965, Lucio Fontana

martes, marzo 27, 2012

Diego L. García / Una novela



Una novela

Una novela.
El mundo que se revela fragmentario,
más sincero que de costumbre.
Noto cierta discontinuidad encantadora, la envidio.
Las figuras persisten inmutables
en un acto fundamental:
No hay sobras,
ni movimientos en falso que derrochen
la existencia.

Diego L. García (Berazategui, Buenos Aires, 1983), Fin del enigma, Editorial Municipal de Berazategui, 2011

Foto: Diego L. García en Facebook

lunes, marzo 26, 2012

Piero Bigongiari / Interior con fantasma




Interior con fantasma

Deseo de un beso en un cigarrillo
espirado con el azul de tu mirada,
no hay demora que no tenga prisa
de sí misma ni  tizón que no consuma
más allá de sí mismo todo el bosque. Ardo
en tus ligeros delirios; van y vienen
a tocar donde la transparencia es un límite
de tus ojos cerrados.

La rodilla ha curvado
todo el ardor del paso en un más pálido
tenderse del reposo. Mira, repaso
tu cuerpo indolente, lección no aprendida,
inaprendible. El vaso entre nosotros
es el círculo del universo: más allá,
en el sonido del silencio, urge la lumbre,
en desacuerdo, del fuego.

Piero Bigongiari (Navacchio, 1914–Florencia, 1997), Col dito in terra, 1986
Ni terre ni mer, edición bilingüe francés-italiano, Orphée-La Différence, Châtenois-les-Forges, 1994
Versión de J. Aulicino

Interno con fantasma

Desiderio d'un bacio in una sigaretta
espirata con l'azzurro del tuo sguardo,
non c'è ritardo che non abbia fretta
de se stesso né tizzo que non consumi
oltre se stesso tutto il bosco. Ardo
dei tuoi deliri leggeri: vanno e vengono
a toccare dove la trasparenza è un limite
dei tuoi occhi chiusi.

Il ginocchio ha curvato
tutto l'ardore del passo in un più cereo
tendersi del riposo. Vedi che ripasso
il tuo corpo indolente, lezione non appresa,
inapprendibile. Il bicchiere tra noi
è il cerchio dell'universo: al di là,
nel suono del silenzio, urge la vampa,
in disacordo, del fuoco.

Foto: Piero Bigongiari, por Fabio Lovino, en Società San Paolo

domingo, marzo 25, 2012

Basilio Uribe / De "La ballena"




Algunas decadencias

La pera comienza a deshacerse,
pierde los bordes, se vuelve transparente
y blanda en la carne
que debía resistir la lengua,
y en la zona de los límites,
donde fluía el agua dulce y nítida,
se adormila el gusto, híbrido ahora
de batata y papa que han estado
demasiado en el hervor.

Otra experiencia más que se degrada.
Es difícil retener el instante fugaz
de la madurez perfectamente joven.
E inútil aclararlo.
Cualquiera sería mirado con asombro
si en el almuerzo explicara
qué es un verso, y cómo puede
pasarse de punto en el pulido del oficio,
esa maldita cocina de la muerte.

5-III-75


La otra orilla

Cada día sentía el odio hecho de amor
entre zarzas y espinas que la ira
no lograba sofocar.
La vida provendría de un equivoco lejano
visto demasiado de cerca. Las espinas
serían hilos y hebras de ese nido.
Y canto sus chirridos.

9-IX-80

Basilio Uribe (Buenos Aires, 1916-1997), La ballena, Emecé, Buenos Aires, 1981

Foto: Basilio Uribe en Fundación Kónex

viernes, marzo 23, 2012

Cesare Pavese / Una generación




Una generación

Un muchacho venía a jugar en los prados
donde ahora llegan las avenidas. Encontraba en los prados
muchachones descalzos, y saltaba de alegría.
Era lindo descalzarse en el pasto con ellos.
Un atardecer de luces lejanas, resonaban disparos,
en la ciudad, y sobre el viento llegaba temeroso
un clamor interrumpido. Callaban todos.
Las colinas desgranaban puntos de luz
sobre las laderas, y el viento los avivaba. La noche
que caía terminaba por apagarlo todo,
y en el sueño quedaban sólo frescuras de viento.

(A la mañana, los muchachos vuelven a pasear
y ninguno recuerda el clamor. En la prisión
hay obreros silenciosos y alguno está ya muerto.
En las calles han cubierto las manchas de sangre.
La ciudad lejana se despierta en el sol
y la gente sale. Se mira en la cara).
Los muchachos imaginaban la oscuridad de los prados
y miraban a las mujeres a la cara. Hasta las mujeres
no decían nada y dejaban hacer.
Los muchachos pensaban en la oscuridad de los prados
donde iba alguna chica. Era lindo hacer llorar
a las chicas en la oscuridad. Éramos los muchachos.
La ciudad nos gustaba de día: a la noche, callar
y mirar las luces en la distancia y escuchar los clamores.
Vienen aún los muchachos a jugar en los prados
donde llegan las avenidas. Y la noche es la misma.
Al pasar se siente el olor de la hierba.
En prisión están los mismos. Y están las mujeres,
como antes, que hacen chicos y no dicen nada.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


Una generazione

Un ragazzo veniva a giocare nei prati
dove adesso s'allungano i corsi. Trovava nei prati
ragazzotti anche scalzi e saltava di gioia.
Era bello scalzarsi nell'erba con loro.
Una sera di luci lontane echeggiavano spari,
in città, e sopra il vento giungeva pauroso
un clamore interrotto. Tacevano tutti.
Le colline sgranavano punti di luce
sulle coste, avvivati dal vento. La notte
che oscurava finiva per spegnere tutto
e nel sonno duravano solo freschezze di vento.

(Domattina i ragazzi ritornano in giro
e nessuno ricorda il clamore. In prigione
c'è operai silenziosi e qualcuno e già morto.
Nelle strade han coperto le macchie di sangue.
La città di lontano si sveglia nel sole
e la gente esce fuori. Si guardano in faccia).
I ragazzi pensavano al buio dei prati
e guardavano in faccia le donne. Perfino le donne
non dicevano nulla e lasciavano fare.
I ragazzi pensavano al buio dei prati
dove qualche bambina veniva. Era bello far piangere
le bambine nel buio. Eravamo i ragazzi.
La città si piaceva di giorno: la sera, tacere
e guardare le luci in distanza e ascoltare i clamori. 
Vanno ancora ragazzi a giocare nei prati
dove giungono i corsi. E la notte è la stessa.
A passarci si sente l'odore dell'erba.
In prigione ci sono gli stessi. E ci sono le donne
come allora, che fano bambini e non dicono nulla.

Ilustración: Autoritratto con brocca blu, 1920, Achille Funi

jueves, marzo 22, 2012

Ricardo Zelarayán / Después del alboroto




Después del alboroto

Después del alboroto y la jarana,
la caballada asoma
entre las barbas espesas de la noche.
La meada que se quedó sin pared
se aleja, sumisa, llevada por el viento.
Una vez más el Diablo
no pudo atajar la madrugada.

(1983)

Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922-Buenos Aires, 2010), Ahora o nunca. Poesía reunida, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Domingo, 2011, Carlos Alonso

miércoles, marzo 21, 2012

Eduardo García Aguilar / Dos poemas




Respiración y otoño

Hay respiración, hay viento otra vez.
El devaluado crepúsculo vuelve a tener sentido.
Un primer halo de otoño asoma por la arboleda.

Mirada y hastío

¿Ha desaparecido el hastío?
¿Dónde se esconde ahora?
¿En algún pliegue de la carne
junto a sucias atarjeas?
¿Mira acaso desde el obelisco egipcio
o acecha en el Jardin des Tuileries?
El hastío está junto a los que se besan
o tras perfumadas mujeres cuyas faldas vuelan
seguidas de cabelleras negras
El hastío puede estar escondido en el sol
y en el estupor de palpitar y amar
cualquier tarde de otoño.

Eduardo García Aguilar (Manizales, Colombia, 1953), Animal sin tiempo, Editorial Praxis, México, 2006

Foto: García Aguilar en Projecto Banda Hispânica

martes, marzo 20, 2012

Emily Dickinson / No puedo avergonzarme...




914

No puedo avergonzarme
de no poder ver
el amor que ofreces --
magnitud
invierte modestia

y no puedo enorgullecerme de
que una altura tan alta
involucre alpinos
requerimientos
y oficios de nieve.

c. 1864

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886), Poemas, selección y traducción de Silvina Ocampo, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011

I cannot be ashamed
Because I cannot see
The love you offer --
Magnitude
Reverses Modesty

And I cannot be proud
Because a Height so high
Involves Alpine
Requirements
And Services of Snow.

American Poems, Complete Poems of Emily Dickinson, 1955


Ilustración: Vue de toits, effet de neige, 1878, Gustave Caillebotte

lunes, marzo 19, 2012

John Updike / Perfección desperdiciada




Perfección desperdiciada

Y otra cosa deplorable acerca de la muerte
es la desaparición de tu propia marca de magia,
que te llevó toda una vida desarrollar y comercializar:
las ocurrencias, los chistes, el punto de vista
amoldado a unos pocos, aquellos seres queridos más cercanos
al escenario, sus suaves rostros blanqueados
por el resplandor de las candilejas, su risa al borde de las lágrimas,
lágrimas que se confunden con sus pendientes de diamantes,
su cálido aliento compartido al compás de los latidos de tu corazón,
su respuesta y tu actuación hermanadas.
Las bromas por teléfono. Los recuerdos
comprimidos en el archivo de acceso rápido. El acto en su totalidad.
¿Quién lo representará de nuevo? Muy sencillo: nadie;
imitadores y descendientes no son lo mismo.


John Updike (Reading, 1932-Beverly Farms, 2009), Collected Poems: 1953-1993, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2001

Versión de Jonio González


Perfection Wasted

And another regrettable thing about death
is the ceasing of your own brand of magic,
which took a whole life to develop and market –
the quips, the witticisms, the slant
adjusted to a few, those loved ones nearest
the lip of the stage, their soft faces blanched
in the footlight glow, their laughter close to tears,
their tears confused with their diamond earrings,
their warm pooled breath in and out with your heartbeat,
their response and your performance twinned.
The jokes over the phone. The memories
packed in the rapid-access file. The whole act.
Who will do it again? That’s it: no one;
imitators and descendants aren’t the same.

Foto: Updike en Poetry Foundation

domingo, marzo 18, 2012

Raúl Gustavo Aguirre / Pembroke Bay




Pembroke Bay

Allá quedó: recóndita
entre el cielo y el mar y las colinas,
con sus arenas lúcidas, su propia eternidad,
en el azul fosforecente, sola
entre los élitros de la tormenta y el galeón estallado,
entre la piedra del coleóptero y el áspero versículo
del caracol, y el viento que vomita la nieve
y el cormorán que eleva sus ojos hechizados
en un edén de espumas y asfodelos
donde secretamente avanza el leviatán
hacia el fin de la noche, dios lejano,
hacia los grandes témpanos que han roído las olas
y la aurora boreal.

Reina de callados pensamientos
entre los horizontes y las rocas de Príapo,
oh, blanca tumba mía, preferida entre todas.

Port Stanley, Islas Malvinas, 1980

Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 1927-1983), La estrella fugaz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984

Ilustración: Sealers Crushed by Icebergs, 1866, William Bradford

sábado, marzo 17, 2012

Paul Muldoon / Por qué se fue Brownlee




Por qué se fue Brownlee

Por qué se fue Brownlee y a dónde iba,
sigue siendo aún hoy un misterio.
Pues si un hombre debía estar satisfecho
era él. Dos acres de cebada,
uno de papas, cuatro bueyes,
una vaca lechera, una casa de teja en el campo.
Fue visto por última vez saliendo a arar
una clara mañana de marzo, temprano.

Para el mediodía, Brownlee era famoso;
encontraron todo abandonado, el
último zurco sin abrir, su par de caballos
negros, como marido y mujer,
cambiando su peso de una pata
a otra, y mirando hacia el futuro.


de Why Brownlee left

Paul Muldoon (condado de Armagh, Irlanda del Norte, 1951), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000

Why Brownlee left

Why Brownlee left, and where he went,
Is a mistery even now.
For if man should have been content
It was him; two acres of berley,
One of a potatoes, four bullocks,
A milker, a slated farmhouse.
He was last a seen going out to plough
On a March morning, bright and early.

By noon Brownlee was famous;
They had found all abandoned, with
The last rig unbroken, his pair of black
Horses, like man and wife,
Shifting their weight from foot to
Foot, and gazing into the future.

Foto: Paul Muldoon en su sitio oficial

viernes, marzo 16, 2012

Ezra Pound / La Fraisne


La Fraisne

Pues era un grave y ceñudo consejero,
juicioso en todo y harto viejo.
Mas esta locura rechacé y el frío
que la vejez reviste como abrigo.

Era bastante fuerte -al menos lo decían-
los jóvenes con quienes practicaba la esgrima;
mas esta locura rechacé y estoy alegre
de otra manera que me va mejor.

Me enrosqué entre los troncos de los fresnos,
he escondido mi rostro donde el roble
extiende sobre mí sus hojas y dejé
el yugo de las viejas costumbres de los hombres.

Cerca del quieto lago Mar-nan-otha
encontréme una esposa
que era un cornejo antaño.
Me hizo abandonar mis viejos usos,
aplacó mi rencor de consejero
mandándome loar

tan solo al viento que entre las hojas suena.

Me ha hecho abandonar mis viejos usos
hasta que todos me reputan de loco;
pero he visto, y me alegra, el dolor de los hombres
pues sé que son locura, sollozos y amarguras.
¿Y yo? He apartado la locura, el pesar.
Mis lágrimas dejé dentro de una hoja de olmo
y las abandoné bajo una piedra
y ahora me llaman loco, porque aparté de mí
toda locura, abandonándola
para dejar atrás los viejos, yermos caminos de los hombres.

Porque mi desposada
es un lago del bosque
y aunque todos afirman que estoy loco
tan solo estoy contento,
muy contento, porque mi novia me ama
con un amor más dulce que el amor de mujer
que atormenta y abrasa y nos aparta.

¡Ay! Cierto es que estoy alegre
     muy alegre porque la tengo a solas
     y nadie nos molesta.

En otro tiempo cuando estaba entre jóvenes...
y decían que era bastante fuerte entre los jóvenes.
En otro tiempo había una mujer...
...pero me olvido... era...
...espero que no vuelva.

...No recuerdo...

Creo que me hirió un día, pero...
Eso hace mucho tiempo.

No quiero recordar ya nunca más.

Me gusta la caricia de los vientos que soplan
en los fresnos de aquí:
porque aquí estamos solos,
entre fresnos, aquí.

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972), "De Personae", Introducción a Ezra Pound. Antología general de textos, versiones de Carmen de Velasco y Jaime Ferrán, Barral Editores, Barcelona, 1973


La Fraisne

For I was a gaunt, grave councillor,
Being in all things wise, and very old;
But I have put aside this folly and the cold
That old age weareth for a cloak.

I was quite strong—at least they said so—        
The young men at the sword-play;
But I have put aside this folly, being gay
In another fashion that more suiteth me.

I have curled mid the boles of the ash wood,
I have hidden my face where the oak        
Spread his leaves over me, and the yoke
Of the old ways of men have I cast aside.

By the still pool of Mar-nan-otha
Have I found me a bride
That was a dog-wood tree some syne.        
She hath called me from mine old ways;
She hath hushed my rancor of council,
Bidding me praise

Naught but the wind that flutters in the leaves.

She hath drawn me from mine old ways,        
Till men say that I am mad;
But I have seen the sorrow of men, and am glad,
For I know that the wailing and bitterness are a folly.
And I? I have put aside all folly and all grief.
I wrapped my tears in an ellum leaf        
And left them under a stone;
And now men call me mad because I have thrown
All folly from me, putting it aside
To leave the old barren ways of men,
Because my bride        
Is a pool of the wood; and
Though all men say that I am mad
It is only that I am glad—
Very glad, for my bride hath toward me a great love
That is sweeter than the love of women        
That plague and burn and drive one away.

Aie-e! ’Tis true that I am gay,
  Quite gay, for I have her alone here
  And no man troubleth us.

Once when I was among the young men …        
And they said I was quite strong, among the young men …
Once there was a woman …
… but I forget … she was …
… I hope she will not come again.

… I do not remember …       
I think she hurt me once, but …
That was very long ago.

I do not like to remember things any more.

I like one little band of winds that blow
In the ash trees here:         
For we are quite alone,
Here mid the ash trees.

Ilustración: Femme assise dans un jardin, 1938, Pablo Picasso

jueves, marzo 15, 2012

Emily Dickinson / Mis guerras dejé en los libros




1549

Mis guerras dejé en los libros -
tengo una batalla más -
un enemigo que jamás he visto
pero frecuentemente me examinó -
vaciló entre mí
y otras personas a mi lado,
pero eligió lo mejor -descuidándome- hasta
que el resto, murió -
qué dulce si no soy olvidada
por compañeros que se fueron -
desde que compañeros de juego de setenta scores
son tan escasos -

c.1882

Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830 - 1886), Poemas, selección y traducción de Silvina Ocampo, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011


My Wars are laid away in Books --
I have one Battle more --
A Foe whom I have never seen
But oft has scanned me o'er --
And hesitated me between
And others at my side,
But chose the best -- Neglecting me -- till
All the rest, have died --
How sweet if I am not forgot
By Chums that passed away --
Since Playmates at threescore and ten
Are such a scarcity --

American Poems, Complete Poems of Emily Dickinson, 1955

Ilustración: L'amante dell'ingegnere, 1921, Carlo Carrà

miércoles, marzo 14, 2012

Joan Teixidor / Camaradería




Camaradería

Toda la vida seremos unos niños, toda la vida;
ahora mismo han caído copos de nieve que parecían los sueños de los ángeles,
y nos hemos estremecido.
                                            Permanecíamos distantes.
Unos entre las nieblas oscuras de sus pensamientos;
otros hurgando en los misterios de los libros de estudio.
Y ha caído un poco de nieve juguetona,
y nos hemos sentido como unidos, solidarios de cosas que ni conocemos;
y hemos reído, y hemos cantado y nos hemos golpeado brutalmente.

Hoy es la nieve la que une nuestros espíritus.
Mañana los amores abrazados en un pueblo lejano
y frutos entre estrellas y luces de entoldado.
Y más tarde, y más tarde, ¿quién lo sabe con certeza?
La sangre y la fiebre y la lucha y el fuego de una causa querida,
o tal vez la unión todavía más íntima de dos enemigos, de dos que se odian;
el roce de un cuerpo contra otro, de un corazón contra otro, ¡como el abrazo conyugal!

Amigos o enemigos, siempre juntos. Un corazón dentro de muchos.
Sé lo que es el contacto de los cuerpos enlazados.
Sé lo que es el contacto de los cuerpos hermanos
cuando se besan en la sombra del lugar solitario.

Joan Teixidor (Olot, 1913-Barcelona, 1992), Una veu et crida, Edicions 62, Barcelona, 1969
Versión de Jonio González

Camaraderia

Tota la vida serem uns infants, tota la vida;
ara mateix han caigut glops de neu que semblaven els somnis dels àngels,
i ens hem estremit.
                                Estàvem distants.
Uns dins les boires obscures dels seus pensaments;
els altres furgant els misteris dels llibres d'estudi.
I ha caigut una mica de neu juganera,
i ens hem trobat com units, solidaris de coses que ni coneixem;
i hem rigut, i hem cantat i ens hem copejat brutalment.

Avui és la neu que ens ajunta els esperits.
Demà els amors abraçats en un poble llunyà
i fruïts entre esteles i llums d'envelat.
I més tard, i més tard, qui sap de l'incert?
La sang i la febre i la lluita i el foc d'una causa volguda,
o potser la unió encar més íntima dels dos enemics, dels dos que s'odien;
el cos frec al cos, el cor frec al cor, com l'abraç conjugal!

Amics o enemics, sempre junts. Un cor dintre molts.
Sé el que és el contacte dels cossos llaçats.
Sé el que és el contacte dels cossos germans
quan es besen dins l'ombra del lloc solitari.

Foto: Joan Teixidor en Enciclopèdia Catalana

martes, marzo 13, 2012

James Lasdun / Palabras para Vindice




Palabras para Vindice

Paz, Vindice, el mármol tallado guarda
los mellados cascajos de tu amor; nada puede tocar
esa particular complexión deslavada. Los muertos
pocas veces traicionan a los vivos; no hay húmedo
abrazo masculino que derrita ese hielo
-y mira, ella no se resucita a sí misma
después de cada duelo, insolentemente viva,
insolente, andando por las mismas calles que tú,
inminente en cada esquina, una vacua mirada
ahogada en la ventana de un vagón al detenerte
a su lado en un túnel hasta que la elisión
del momento se estira hacia afuera, y como si
ella nunca hubiese tenido opción, desaparece.

de A Jump Star


James Lasdun (Londres, 1958), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Address to Vindice

Peace Vindice, the chiselled marble holds
Your loves's impacted shards; nothing can touch
That singular, effaced complexion. The dead
Seldom betray the living; no humid
Masculine embrace can thaw that ice -
And look, she does not resurrect herself
After each mourning, brazenly alive,
Brazenly, treading the same streets as you,
Imminent at corners, a blank stare
Drowned in a carriage window as you halt
Adjacent in a tunnel till the moment's
Elision stretches outward, and as if
She'd never had the choice, she disappears.

Foto: Lasdun en Notodo.com

lunes, marzo 12, 2012

Cesare Pavese / El carretero




El carretero

El chirrido del carro sacude el camino.
No hay cama más sola para quien, bajo el alba,
duerme aún extendido, soñando la oscuridad.
Bajo el carro se apagó -lo dice el cielo-
la linterna que se bambolea noche y día.

Va con el carro una tibieza que sabe a hostería,
a tetas apretadas y a noche clara,
de fatiga contenta, sin despertar.
Va con el carro, en el sueño, un recuerdo ya despierto
de palabras enronquecidas, calladas al alba.
El calor de la viva chimenea encendida
vuelve a encender el cuerpo, que siente el día.

El chirrido más ronco del carro que va
ha descubierto en el cielo, que pesa en lo alto,
una raya lejana de luz fría.
Es allá abajo que se enciende el recuerdo de ayer.
Es allá abajo que hoy será el calor
la hostería, la vigilia, las voces roncas,
la fatiga. Será sobre la plaza abierta.
Allí estarán aquellos ojos que sacuden la sangre.

También las bolsas, en el alba que se demora, sacuden
a quien está tendido y las oprime, con los ojos en el cielo
que se abre -se aprieta el recuerdo en las bolsas.
El recuerdo se hunde en la sombra de ayer,
allí salta la chimenea y la llama viva.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Il carrettiere

Lo stridore del carro scuote la strada.
Non c'è letto più solo per chi, sotto l'alba,
dorme ancora disteso, sognando il buio.
Sotto il carro s'è spenta -lo dice il cielo-
la lanterna che dondola notte e giorno.

Va col carro un tepore che sa d'osteria,
di mammelle premute e di notte chiara,
di fatica contenta senza resveglio.
Va col carro nel sonno un ricordo già desto
di parole arrochite, taciute all'alba.
Il calore del vivo camino acceso
si raccende nel corpo che sente il giorno.

Lo stridore più roco, del carro che va,
ha dischiuso nel cielo che pesa in alto
una riga lontana di luce fredda.
È laggiù che s'asccende il ricordo di ieri.
È laggiù che quest'oggi sarà il calore
l'osteria la veglia le voci roche
la fatica. Sarà sulla piazza aperta.
Ci saranno quegli occhi che scuotono il sangue.

Anche i sacchi, nell'alba che indugia, scuotono
chi è disteso e li preme, con glio occhi al cielo
che si schiude - il ricordo si stringe ai sacchi.
Il ricordo s'affonda nell'ombra di ieri
dove balza il camino e la fiamma viva. 

Ilustración: L'indolente, 1899, Pierre Bonnard

domingo, marzo 11, 2012

Rubén Reches / Resultó que...



Resultó que...

A Elvio Gandolfo

Resultó que cuando dejaron de protegerte tus viejos te protegió la ciudad.

Comiste de su frío.

Ahora subís a tejados y saltás a patios y bajás a sótanos
Y no hay zaguán, de los millones de la piedra fatigosa, donde no te haya
pasado nada,
Al que no te hayas deslizado, aunque más no fuera una vez y a hacer
algo a hurtadillas.

De recorrerla, la ciudad se te fue haciendo pequeña
Y cuando cupo en tus dos manos juntas la besaste.
(El cielo se había puesto de madera y todo lo que siguió pareció pasar en un arcón).

Desde entonces, la ciega sabe de vos por tus zapatos -caballos a los que,
como un cochero, martirizás y compadecés-,      
y por tu respiración que, entre todas, ella detecta,
y porque la transitás día y noche casi sin detenerte
cuando vas cubriendo sus barrios, cada uno con una lona de color distinto,
para que, así encintada, ella sea para siempre la tortuga de la que
                                                              un hombre se enamoró.

(inédito)

Rubén Reches (Buenos Aires, 1949)

Foto: Rubén Reches, 2010, por Guido Bonfiglio, Club de Traductores Literarios de Buenos Aires 

sábado, marzo 10, 2012

Giovanni Raboni / Sueño de la calle de las Serpientes



[De Nel grave sogno]

Sueño de la calle de las Serpientes

Muerto, creo, y deudo de muertos -pero también
utilero, guardián, camillero
interino, reportero
d'hôtel-Dieu y de morgue,
hurgaba, el Jesús en la boca, en el revoltijo
de ropa descolorida,
forros desgarrados, mantas militares,
por una extraña resaca arrojados sobre los mostradores.
¿Y los cuerpos? ¿Dónde estaban los cuerpos?
No se veían cuerpos en, por lo menos,
quince, veinte metros a la redonda...
Dices bien, es necesario
descender desnudos a la tierra:
pero aquellas blusas, aquellos
sacos abandonados para siempre, raídas
sandalias, mocasines
tal vez míos, agujereada la suela, aplastado
el empeine... Por ellos,
no por los desaparecidos propietarios, no por las
almas así pomposamente llamadas, me deshago,
a primera hora, en lágrimas en el sueño.

Giovanni Raboni (Milán, 1932-Fontanellato, 2004), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de Jorge Aulicino

[Da Nel grave sogno]

Sogno di via dei Serpenti

Morto, credo, e parente di morti - ma anche come
trovarobe, custode, barelliere
avventizio, reporter 
d'hôtel-Dieu e d'obitorio
frugavo a cuore stretto in un pattume
di indumenti slavati,
di fodere lacere, di coperte militari
da una strana risacca sbattuti sui banconi.
E i corpi, dov'erano i corpi?
Non si vedevano corpi per almeno
quindici, venti metri tutt'intorno...
Dici bene, bisogna
scendere nudi sottoterra:
ma quelle bluse, quei
giacconi smessi per sempre, spelacchati
sandali, mocassini
forse miei, bucata la suola, macerata
la tomaia... Per loro,
non per gli spariti proprietari, non per le
anime così pomposamente dette mi scioglievo
prima di giorno in lacrime nel sogno.

Foto: Giovanni Raboni, 1990, por Grazia Neri, en RaiNews Poesía, di Luigia Sorrentino

viernes, marzo 09, 2012

Pere Quart / Vacaciones pagadas


Vacaciones pagadas

He decidido irme para siempre.
Amén.

Mañana volveré
porque soy viejo
y tengo los pies muy doloridos
e hinchados por la gota.

Pero pasado mañana me iré de nuevo,
rejuvenecido por el asco.
Por siempre jamás. Amén.

Y el día siguiente a ése volveré,
paloma de raza mensajera,
como ella estúpido.
No tan recto,
ni blanco tampoco.

Envenenado de mitos,
con las alforjas llenas de blasfemias,
huesudo, encogido y legañoso,
príncipe desposeído hasta de su sueño,
Job insignificante,
con la lengua cortada, castrado,
pasto de los piojos.

Tomaré el tren de vacaciones pagadas.
Aferrado al tope.
La tierra que fue nuestra herencia
huye de mí.
Es un chorro entre las piernas
que me rechaza,
herbazal, pedregal:
señales de amor disueltas en la vergüenza.

¡Oh, tierra sin cielo!

Pero miradme:
aún he vuelto de nuevo.
Solo, casi ciego de tanta lepra.

Mañana me voy
-no os engaño esta vez.
Sí, sí, me voy a gatas
como el tatarabuelo,
por el atajo de los contrabandistas
hasta la raya negra de la muerte.

Salto entonces en la tiniebla ardiente
donde todo es extranjero.
Donde vive, exiliado,
el Dios antiguo de los padres.

Pere Quart (Joan Oliver, Sabadell, 1899 - Barcelona, 1986), Vacances pagades, Columna, Barcelona, 1992
Versión de Jonio González

Vacances pagades
  
 He decidit d'anar-me'n per sempre.
 Amén.

 L'endemà tornaré
 perquè sóc vell
 i tinc els peus molt consentits,
 amb inflors de poagre.

 Però me'n tornaré demà passat,
 rejovenit pel fàstic.
 Per sempre més. Amén.

 L'endemà passat l'altre tornaré,
 colom de raça missatgera,
 com ell estúpid.
 No pas tan dreturer,
 ni blanc tampoc.

 Emmetzinat de mites,
 amb les sàrries curulles de blasfèmies,
 ossut i rebegut, i lleganyós,
 príncep desposseït fins del seu somni,
 Job d'escaleta;
 llenguatallat, sanat,
 pastura de menjança.

 Prendré el tren de vacances pagades.
 Arrapat  al topall.
 La terra que va ser la nostra herència
 fuig de mi.
 És un doll entre cames
 que em rebutja.
 Herbei, pedram:
 senyals d'amor dissolts en la vergonya.

 Oh terra sense cel!

 Però mireu-me:
 he retornat encara.
 Tot sol, gairebé cec de tanta lepra.

 Demà me'n vaig
 -no us enganyo aquest cop.
 Sí, sí: me'n vaig de quatre grapes
 com el rebesavi,
 per la drecera dels contrabandistes
 fins a la ratlla negra de la mort.

 Salto llavors dins la tenebra encesa
 on tot és estranger.
 On viu, exiliat,
 el Déu antic dels pares.


Foto: Joan Oliver (Pere Quart) en Escritores.org

jueves, marzo 08, 2012

Michel Houellebecq / La larga ruta de Clifden




La larga ruta de Clifden

Al Oeste de Clifden, promontorio
Donde el cielo se vuelve agua
Donde el agua se vuelve memoria
Bien al borde de un nuevo mundo

A lo largo de las colinas de Clifden,
De las verdes colinas de Clifden,
Iré a dejar mi pena.

Para aceptar la muerte es necesario
Que la muerte se vuelva luz
Que la luz se vuelva agua
Y que el agua se vuelva memoria.

El Oeste de la entera humanidad
Se encuentra en la ruta de Clifden
En la larga ruta de Clifden
Adonde el hombre va a dejar su pena

Entre las olas y la luz.

Michel Houellebecq (isla de la Reunión, 1958), Le sens du combat, Editions Flammarion, 1996
Traducción de Jorge Fondebrider

La longue route de Clifden

À l’Ouest de Clifden, promontoire
Là où le ciel se change en eau
Là où l’eau se change en mémoire
Tout au bord d’un monde nouveau

Le long des collines de Clifden,
Des vertes collines de Clifden,
Je viendrai déposer ma peine.

Pour accepter la mort il faut
Que la mort se change en lumière
Que la lumière se change en eau
Et que l’eau se change en mémoire.

L’Ouest de l’humanité entière
Se trouve sur la route de Clifden
Sur la longue route de Clifden
Où l’homme vient déposer sa peine.

Entre les vagues et la lumière.



Foto: Houellebecq en Tablet

miércoles, marzo 07, 2012

Alberto Cisnero / De "El movimiento obrero granizado"




El movimiento obrero granizado (fragmentos)

1-
no hay prisa. allí permanece. todo iba a ser saqueado, destruido,
incendiado. y a partir de cuando ya no sabés qué profiere una palabra
simplemente quedate chito contemplando el tizne a través de un candil.
a que coman las moscas. nuestros muertos llamarán. quizá a nadie,
quizá a nosotros. qué lee, señor. cursiladas. una cifra. la enumeración
atareada de símbolos que desde su núcleo se pulverizan. y siempre
estaremos solos y a la misma distancia. sin patetismos, por favor.
el día es el día y la noche.
es la noche.

2-
sabemos que va ocurrir y lo hacemos exactamente así. estoy cierto entre
los cuatro márgenes. no ceja al reiterarse su curso. un grano de tierra
conteniendo el orbe. y venimos de tierras lejanas. un solo propósito
explícito. por los días en que creímos encontrar la salvación. un rancho.
un lugar subordinado, secundario y residual. frasecitas votivas e inútiles.
quien haya sido dijo sus oraciones, la verdad de su propia fábula, lejano
como una constelación, ligero como un copo. estamos los que estamos.
no hay víctimas aquí. sabemos qué va ocurrir y lo hacemos
exactamente así.

6-
se nos indujo a resolver un gran sortilegio. hicimos cuanto pudimos.
etcétera. tampoco había por qué demandarse merced. hoy escuché
discos, leí un libro, víde cómo se oscurecía la ciudad al salir del subte.
se modificaba la luz. los pantanos que junta la cabeza tienen que ser
muy dignos. si no, sobrás entre los cuatro márgenes. culbeibi, el monstruo
verdadero soy yo, revisá el corominas. qué creías. no sé de palabra
inmune. el contenido de un frasco de tinta sólo califica acumulaciones
anómicas. que te acontezca lo bello y lo terrible. que te sea concedido
un deseo.

20-
tengo treinta y seis años, un chumbo y acuatros. la remington a carretel
en el escritorio. segundo principio de la termodinámica. qué se podría hacer
en una comarca donde todos son genios. aprender francés y batir palmas
a los rusos y el amor. antes ebrio que moderno. que se curtan. nací entre
ezeiza y el golpe. soy ateo, me agrada el sol. ningún delito desconocido.
la cursiva es mía. y no socializo. hay demasiados socialistas. quiero
y soy querido. comparto el mismo pedazo de pan. veintidós es mi número
de la suerte. un epíteto y el negro. no me disparé en la boca porque
los muertos hablan. sabiduría pop.

Alberto Cisnero (La Matanza, 1975), El movimiento obrero granizado, inédito


Ilustración: Il gentiluomo ubriaco, 1916, Carlo Carrà

martes, marzo 06, 2012

Jorge Leonidas Escudero / Dos poemas inéditos




Ante la inmensidad

Fue alguna de esas noches en que miraba cielo
en lejanías sobre campo oscuro y vi
cruzárseme un relámpago lejano. Fue tal
como ver chispear una idea
en el umbral de otro mundo.

Es como si en el fondo del desierto hubiera
querido hacerse luz una verdad pero
pasó fugaz y quedé a oscuras.

Parece que la inmensidad
quiere decirme un secreto y al ver
que todavía falta mucho en mí
queda muda.


Contestación

Aquí estoy contestando tu carta, muchacho,
donde me dices que lea tus poemas y opine.
Y sí, veo que andás buscando
ver si decís la palabra única, esa
que a veces te parece ´stá ahí nomás
y cuando vas a agarrarla se te ´scapa.

Leeré tus versos con fatiga
porque estoy en edá de descansar
y no voy a decirte mi parecer más
que sí joven, siga, siga
porque no quiero engañarte y vos creer
que mi experiencia vale.

Yo también busco la palabra única
y ando a los tropezones por agarrarla,
así que andamos en la misma búsqueda
y el que cree que sabe no sabe
más que saber va a a a a…
quién sabe dónde.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), Atisbos, inédito. Publicará Ediciones en Danza

Ilustración: Paisaje con cinco casas, 1932, Kasimir Malevich

lunes, marzo 05, 2012

William Carlos Williams / Paterson, 2



La primera parte de este poema aquí

Libro 1

Los delineamientos de los gigantes

I (Continuación)

Agitados como las aguas al acercarse
a la orilla, sus pensamientos
se entrelazan, repelen y debilitan allí abajo,
se elevan obstruidos por las rocas y giran
pero siempre tiran hacia delante — o chocan contra
un remolino y se enredan, señalados por una
hoja o la espesa espuma, pareciendo
olvidar.
Más tarde retoman la marcha y
son reemplazados por hordas sucesivas
que empujan hacia delante — con su ligereza
se unen ahora, lisos como el vidrio,
serenos o al parecer serenos ya que al final
se lanzan a una conclusión y
¡caen, caen al aire! como si
flotaran, lazos liberados de su peso,
divididos; aturdidos, ebrios
por la catástrofe de la caída
flotando sin sostén
para golpearse contra las rocas; contra un trueno
como si los hubiera partido un rayo

Perdida toda ingravidez, el peso es recuperado en
la repulsa, la furia de
la huida los lleva a rebotar
contra los que vienen después—
siguiendo la corriente de todos modos, ellos
retoman su curso, el aire lleno
de confusión y de espuma
connotativos del mismo aire, coetáneo,
llenando el vacío.

Y allí, ante él se extiende el monte.
El Parque es su cabeza, tallada, por encima de las Cataratas, junto al manso
río; Cristales de colores, el secreto de esas rocas;
granjas y estanques, el laurel y el austero cactus salvaje
de flores amarillas   .   .   . frente a él, su
brazo sosteniéndola, en el Valle de las Rocas, dormida.
Perlas en sus tobillos, su monstruoso cabello
adornado con flores de manzano se desparrama sobre
la tierra remota, reavivando sus sueños —allí donde los ciervos corren
y los nidos de los patos joyuyos protegiendo su imponente plumaje.

En febrero 1857, David Hower, un zapatero pobre con una familia numerosa, sin trabajo ni dinero, recogió una gran cantidad de almejas en Notch Brook, cerca de la ciudad de Paterson. Al comerlas encontró gran cantidad de sustancias duras. Al principio las tiró, pero finalmente las entregó a un joyero que le dio entre veinticinco y treinta dólares por el lote. Luego encontró más. Una perla de fino brillo fue vendida a Tiffany por u$s 900 y más tarde a la emperatriz Eugenia for u$s 2000, conocida posteriormente como la «Perla Reina», la mejor de su clase en el mundo hasta el día de hoy. 
La noticia de esta venta provocó tal alboroto que se lanzaron a la búsqueda de perlas a lo largo del país. Los Unios (almejas) de Notch Brook y de otros lugares fueron recolectados por millares y destruidos, a menudo, con poco o ningún resultado. Una perla grande y redonda, que pesaba más de 400 gramos, que hubiera sido la más fina perla de todos los tiempos, se arruinó al hervir la almeja para abrirla.


Dos veces al mes, Paterson recibe
                comunicados del Papa y de Jacques Barzun
(Isocrates). Sus trabajos
fueron traducidos al francés
y al portugués. Y los empleados de la oficina
de correos despegan las estampillas raras
                de los paquetes y las roban para los
                álbumes de sus hijos.


¡Dilo! No hay ideas sino en las cosas. El señor
Paterson se ha ido
a descansar y escribir. Uno puede ver sus pensamientos
sentados y parados en el autobús. Sus
pensamientos se bajan y se dispersan —

¿Quiénes son estas personas (qué complicada
matemática) entre las que me veo
en la vidriera regularmente ordenada
de sus pensamientos, brillando frente a zapatos y bicicletas?


William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto

The delineaments of the giants
Jostled as are the water approaching /the brink, his thoughts /interlace, repel and cut under, /rise rock-thwarted and turn aside /but forever strain forward —or strike /an eddy and whirl, marked by a /leaf or curdy spume, seeming /to forget . /Retake later the advance and /are replaced  by succeeding hordes  /pushing forward —they coalesce now /glass-smooth with their swiftness, /quiet or seem to quiet as at the close /they leap to the conclusion and /fall, fall in air! as if /floating, relieved of their weight, /split apart, ribbons; dazed, drunk /with the catastrophe of the descent /floating unsupported /to hit the rocks: to a thunder, /as if lightning had struck //All lightness lost, weight regained in /the repulse, a fury of /escape driving them to rebound /upon those coming after— /keeping nevertheless to the stream, they /retake their course, the air full /of the tumult and of spray /connotative of the equal air, coeval, /filling the void //And there, against him, stretches the low mountain. /The Park’s her head, carved, above the Falls, by the quiet river; Colored crystals the /secret of those rocks; /farms and ponds, laurel and the temperate wild cactus, /yellow flowered  . . .  facing him, his /arm supporting her, by the Valley of the Rocks, asleep. /Pearls at her ankles, her monstrous hair /spangled with apple-blossoms is scattered about into /the back country, waking their dreams —where the deer run /and the wood-duck nests protecting his gallant plumage. //In February 1857, David Hower, a poor shoemaker with a large family, out of work and money, collected a lot of mussels from Notch Brook near the City of Paterson. He found in eating them many hard substances. At first he threw them away but at last submitted some of them to a jeweler who gave him twenty-five to thirty dollars for the lot. Later he found others. One pearl of fine luster was sold to Tiffany for $900 and later to the Empress Eugenie for $2,000 to be known thenceforth as the “Queen Pearl”, the finest of the sort in the world today. //News of this sale created such excitement that search for the pearls was started throughout the country. The Unios (mussels) at Notch Brook and elsewhere were gathered by the millions and destroyed often with little or no result. A large round pearl, weighing 400 grains which would have been the fines pearl of modern times, was ruined by boiling open the shell. //Twice a month Paterson receives /Communications from the Pope and Jacques Barzun /(Isocrates). His works /have been done into French /and Portuguese. And clerks in the post- /office ungum rare stamps from /his packages and steal them for their /children’s albums. //Say it! No ideas but in things. Mr. /Paterson has gone away /to rest and write. Inside the bus one sees /his thoughts sitting and standing. His /thoughts alight and scatter— //Who are these people (how complex /the mathematic) among whom I see myself /in the regularly ordered plateglass of /his thoughts, glimmering before shoes and bicycles?

Ilustración: Ambroise Vollard, 1910, Pablo Picasso

domingo, marzo 04, 2012

Tiziano Rossi / Tres poemas



[De Pare che il Paradiso]

Insuficiencia

En una modorra -extravagante aparición-
toc toc, mi padre escapado de una guerra,
inclinado sobre el umbral, repetía: "Por favor",
y como herido general que a nadie
más comandaba,

con sus cabellos ralos agitados de aquí para allá,
hablaba de un gran sentimiento, el justo
y el injusto confundiendo; y nosotros,
dele burlarnos de su capote dado vuelta...

Por la boca escupía palabras apagadas:
"Debo confesarles mi enorme mezquindad,
protéjanse solos en esta hora terrible".

¡Oh inconexo paladín nuestro
que sin armas de aquí desertabas!
Era la insuficiencia lo que amábamos en ti,
y nosotros más fuertes florecimos finalmente...


Variedad

Amerita pasión la variedad del mundo
y es grande el encanto
de la cantidad de las aptitudes;
e incluso la nieve -por ejemplo- se deja caer
en imprevisible ballet.
Por lo tanto, querríamos
estar a la altura de la pluralidad
y ser capaces de más voces:
un hablar escandido, precipitado,
agudo, lúcido, ronco o flojo; y aun
mirar de muchos modos esta
plaza en confusión:
interrogativos, temerosos, estupefactos,
hostiles o venerantes.

Pero casi todo es ya de humo:
pin pin uselín, así ha corrido el tiempo, *
y muchos son los caminos no podidos.

Ahora he sabido que mi hijo
se adentra en la región
admirable de las montañas
y allá sube y sube
despacio con sus por qué;
así que él sabrá, no yo,
-respondiendo a una centésima pregunta-
decir sí a otra conmoción.
Y entonces me voy a la cama muy contento.


Parece que el Paraíso

Parece que el Paraíso es el presente
con sus 'de todos modos' y 'poco más o menos'; y de hecho
incluso este andar mal tuyo
emite claridad.

Ahora escuchas la pelota que retumba conta un muro
y mientas la nariz te gotea -cosa de chicos-
vas gorgoteando algún sonido oscuro.
Pero numerosos
son los estratos del pensar
y sabes reconocer al menos la grandeza
de aquella pasada polvareda,
aquel prolongar el ritmo, mantener
la andadura de los años; y ahora,

como esqueleto de soldado, marcialmente
saludas tantos rostros que fueron respetables,
custodios de noticias sepultadas (¡cuántas
te las contarán en un soplo!). Cierto,
la cuestión queda sin resolver, pero fantástica
se te presenta la escuadra de difuntos.

Se espera en una nueva historia, nuevos dolores.


Tiziano Rossi (Milán, 1935), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versiones de Jorge Aulicino

* Pin pin, uselín: expresión dialectal. Uselín: pajarito (uccellino)


[Da Pare che il Paradiso]

Insufficienza

Dentro un assopirsi - bislacca apparizione -
toc toc, mio padre scappato da una guerra
chino sulla soglia ripeteva: "Per favore"
e come ferito generale che a nessuno
già non comandava

coi radi capelli qua e là sventolanti
parlava di un grande sentimiento, insieme
il giusto e l'ingiusto confondendo; e noi
a deridere il suo rovesciato cappotto...

Dalla bocca salivava parole striminzite:
"Devo confessarvi la mia enorme meschinità,
proteggetevi da soli in quest'ora terribile".

O sconclusionato nostro paladino
che senza armi di qua disertavi!
Era l'insufficienza che in te amavamo
e noi più forti a sbocciare finalmente...

*

Varietà

Merita passione le varietà del mondo
e grande è il fascino
dalla quantità delle attitudini:
ed anche la neve - ad esempio- si cala
con imprevidibile balletto.
Pertanto si vorrebbe
essere all'altezza della pluralità
e di più voci essere capaci
parlando scandito, precipitoso,
squillante, roco o fioco; ed anche
in tanti modo guardare a questa
piazza in confusione:
interrogativi, timorosi, stupefatti,
ostili o veneranti.

Però quasi tutto è già di fumo:
pin pin, uselín, così è corso il tempo
e molte sono le strade non potute.

Ora ho saputto che il mio figlio
s'addentra nella regione
mirabile delle montagne,
e là sale e poi sale
piano coi suoi perché;
e dunque non io ma lui saprà
- rispondendo a una centesima domanda -
dire di sí ad un'altra commozione.
E allora vado a letto tutto contento. 

*


Pare che il Paradiso

Pare che il Paradiso sia il presente
con i suoi comunque e i pressappoco; e infatti
anche questo tuo malandare
manda chiarore.

Ora ascolti la palla che rimbomba contro un muro
e mentre il naso ti cola - roba da bambini -
vai gorgogliando qualche suono oscuro.
Però numerosi 
sono gli strati del pensare
e sai riconoscere almeno la grandezza
di quel trapassato polverone,
quell'allungare il ritmo, il mantenere
l'andatura degli anni; e adesso

come soldato di ossa sull'attenti
saluti tanti volti che furono rispettabili,
custodi di notizie seppellite (quante
te ne racconteranno con un soffio!) Certo
la questione rimane irrisolta, ma fantastica
ti se prospetta la schiera dei defunti.

Si spera in nuova storia, nuove doglie.



Foto: Tiziano Rossi Festivaletteratura

sábado, marzo 03, 2012

Gerard Woodward / Domestos




Domestos

Fue el rector del Real
Colegio de Ingeniería Sanitaria

el que dictó ese año la conferencia.
Dibujó sus desagües. Habló

por un rato de cómo
las coladeras del West End

se estaban tapando con
la grasa de los restaurantes, en donde

él vio una bonita analogía
de las enfermedades coronarias en los hombres

de edad madura, lo que le hizo pensar
en el escultor alemán

que había hecho una estatua
de grasa humana llamada "La libertad

derrama su luz sobre algunos
dilemas políticos", cosa que a su vez

lo llevó a discutir
la moralidad de la lejía

que, nos dijo, como las lágrimas
de Rapunzel, tiene un efecto purificador

pero no devuelve la vista. De hecho
si los líquidos tuvieran tendencia

política, entonces la lejía
sería fascista de cabo a rabo,

y quienes la usan serían discriminadores
por naturaleza, que piensan que el mundo

natural es meramente una idea
que se repite ad nauseam,

y que desprecian la idea misma
de eso que él llamó Gesellschaft

de la mugre, la asociación
de gérmenes que en esta comunidad

se encontrarían
como en la Edad de Oro

en la que todos eran
banquete de todos. La lejía, dijo,

es de la cepa del Diablo mismo
y finalizó con la triste historia

de una recepcionista que había bebido un poco.
Se hicieron votos de reconocimiento

y el rector agradeció nuestro aplauso
levantando una copa de Château Latour.


de After the Deafening

Gerard Woodward (Londres, 1961), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Domestos

It was the provost of the Royal
College of Sanitary Engineering

Who gave the lecture that year.
He drew his drains. He spoke

For a while on how
The West End's sewers

Were becoming clogged with
Restauran fat, in which

He saw a pretty analogy
With heart disease in middle -

Aged men, which made him think
Of the German sculptor

Who'd made a statue out of
Human fat called'Liberty

Sheds Light on Some
Political Conundrums', which in turn

Led him on to a discussion
On the morality of bleach

Which, he said, like Rapunzel's
Tears, has a purifying effect,

Though won't restore sight. Indeed,
If liquids had a political

Leaning the bleach would be
A fascist through and through,

Its users were discriminators
In nature, who thought the natural

World merely an idea
Repeating itself ad nauseam,

Who despised the very idea
Of what he called the Gesellschaft

Of dirt, the association
Of germs who would

In this commonwealth
Live as in the Golden Age

When everyone was everyone
Else's banquet. Bleach, he said,

It is Devil's own vintage
And concluded with a sad tale

Of a parlour maid who drank some.
A vote of thanks was given

And the provost acknowledged our applause
By raising a glass Château Latour.

Foto: Gerard Woodward Charles Hopkinson / The New York Times
Woodward Facebook

viernes, marzo 02, 2012

Franco Fortini / Volante




 Volante

"Es necesario dedicar
una particular
atención
a la extensión
del cultivo
de la remolacha azucarera",
dice el compañero Nicolai Bulgarin.*
Y dice bien.

¿Donde había gloria había también vileza?
¿Y donde traición, fidelidad?
¿Los del Diecisiete
nos han explicado el mundo
y nos toca ahora explicárselo a ellos?
Regresaban: "¿Cómo la has pasado
estos años, Fadeiev?

Quizá por no responder
han mandado los soldados,
los rosados jóvenes siberianos
a defender la nada.

Y nosotros, estos años,
silabeando nuestra verdad
que ya no bastaba.

En tanto, por unanimidad,
ahorcaban a Rajk,**
entre aclamaciones estrepitosas
desgarraban el seno a su mujer,
por una vida mejor
cambiaban el nombre a su hijo.
Se desmentían en el corazón,
se mentían a coro,
a quien pedía la verdad mostraban
estatuas de bronce, a quien
quería hablar le explicaban
la virtud del silencio,
Y sus cómplices están entre nosotros:
con el dedo levantado a sí mismos
dictan a Marx y a Lenin
indican el camino.
El camino que haremos sin ellos.

Entonces un poco más de atención,
dice muy bien el compañero Bulgarin,
cuidado por dónde pasan,
miren a quiénes pisotean

cremados en los carros estrellados de rojo
sepultados en los parques deshojados de rojo.
No los vuestros sino nuestros compañeros.

1956

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Poesia e errore", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino

* Nicolai o Nikolai Bulgarin: promimente dirigente soviético, miembro del Estado Mayor del Ejército Rojo, ministro de Defensa durante el estalinismo, fue asimismo presidente del Consejo de Ministros en la etapa del "deshielo" iniciada por Nikita Krushchov tras la muerte de Stalin.

** László Rajk: ministro de Interior en Hungría durante la posguerra, organizó la policía secreta que persiguió a los partidos no comunistas. En 1949, durante las purgas dentro y fuera del Partido Comunista, fue él mismo juzgado sumariamente y ahorcado.

Foglio volante

"Bisogna dedicare
una particolare
attenzione
all'estensione
della coltivazione
della barbabietola da zucchero"
dice il compagno Nicolài Bulgàrin.
E dice bene.

Dov'era gloria era anche viltà?
E dove tradimento, fedeltà?
Quelli del Diciassette
ci hanno spiegato il mondo
e tocca ora a noi spiegarlo a loro?
Ritornavano: "Come li hai vissuti
questi anni, Fadèev?"

Forse per non rispondere
hanno mandato i soldati
i giovani rosati siberiani
a difendere il nulla.

E noi, questi anni
sillabando la nostra verità
che non bastava mai.

E intanto all'unanimità
impicavanno Rajk,
tra aclamazioni scrocianti
straziavano il seno a sua moglie,
per una vita migliore
mutavano nome a suo figlio.
Si smentivano in cuore
si mentivano in coro
a che chiedeva verità mostravano
statue di bronzo, a chi
voleva parlate spiegavano
la virtú del silenzio.
E i loro complici sono fra noi:
col dito levato a se stessi
dettano Marx e Lenin
indicano la via.
La via che senza di loro faremo.

Dunque un po'più d'attenzione,
dice bene il compagno Bulgàrin,
badate dove passate
state attenti a chi calpestate:

cremati nei carri stellati di rosso
sepolti nei parchi sfogliati di rosso
non i vostri ma i nostri compagni.

1956

Ilustración: Carros de guerra, 1488, Leonardo Da Vinci

Josep Palau i Fabre / Despedida






Despedida

Ya no sé escribir, ya no sé escribir más.
La tinta me embadurna los dedos, las venas…
–He dejado en el papel toda la sangre.

¿Dónde podré decir, dónde podré dejar dicho, dónde podré inscribir
la pulpa del  fruto de oro sino en el fruto,
la tempestad en la sangre sino en la sangre,
el árbol y el viento sino en el viento de un árbol?

¿Dónde podré decir la muerte sino en mi muerte,
muriéndome?
Lo demás son palabras…
No sabré ya escribir nada mejor.
Demasiado cerca de la vida vivo.
Las palabras se me mueren dentro
y yo vivo en las cosas.
 
Josep Palau i Fabre (Barcelona, 1917-2008), Poemes de l'Alquimiste, Proa, Barcelona, 2008
Versión de Jonio González
  
Comiat

Ja no sé escriure, ja no sé escriure més.
La tinta m'empastifa el dits, les venes...
-He deixat al paper tota la sang.
¿On podré dir, on podré deixar dit, on podré inscriure
la polpa del fruit d'or sinó en el fruit,
la tempesta en la sang sinó en la sang,
l'arbre i el vent sinó en el vent d'un arbre?
¿On podré dir la mort sinó en la meva mort,
morint-me?
La resta són paraules...
Res no sabré ja escriure de millor.
Massa a prop de la vida visc.
Els mots se'm moren a dins
i jo visc en les coses.

Foto: Josep Palau i Fabre, 2004 El País, Madrid

jueves, marzo 01, 2012

Raúl Gustavo Aguirre / La trinchera del Rin



La trinchera del Rin

Yo, Martin
Heidegger, el filósofo
que pensó lo Impensable
y que anunció la pérdida del Ser
en razón de la ciencia y del olvido,
fui declarado por mis pares
"persona totalmente prescindible"
y enviado a cavar esta trinchera
a lo largo del Rin.

Bajo mis pies se ahonda la tierra venerable.
Cae el azul crepúsculo de Georg Trakl. Tengo frío.
Y en el bosque cercano suena otra vez, oscura,
la risa del idiota que asistía a mis clases.

1980


Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 1927-1983), La estrella fugaz, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984

Ilustración: Claro de luna, 1895, Edvard Munch