sábado, agosto 20, 2011

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 14




Harry Williams

Recién cumplía veintiuno
y Henry Phipps, el director de la escuela dominical,
dio un discurso en el teatro Bindle.
“El honor de la bandera debe ser defendido —dijo—
aunque lo agreda una tribu bárbara de tagalos
o la primera potencia de Europa.”
Y nosotros aclamamos y aclamamos el discurso y la bandera
que agitaba al hablar.
Y yo fui a la guerra a despecho de mi padre,
y seguí la bandera hasta verla flamear en nuestro campamento
en un arrozal cerca de Manila,
y todos nosotros la aclamamos, la aclamamos.
Pero allí había insectos y criaturas venenosas;
y estaban las aguas mortíferas,
y el calor cruel,
y la comida podrida, nauseabunda,
y el olor de los fosos detrás de las tiendas de campaña
donde iban los soldados a evacuar;
y estaban las putas que nos seguían, llenas de sífilis,
y los actos bestiales entre nosotros o solos,
y prepotencia, odio, degradación entre nosotros,
y días repugnantes y noches de miedo
hasta la hora de la carga por el pantano vaporoso,
siguiendo la bandera,
hasta que caí con un grito, un tiro en las tripas.
¡Ahora hay una bandera sobre mí en Spoon River!
¡Una bandera! ¡Una bandera!


Lois Spears

Aquí yace el cuerpo de Lois Spears,
nacida Lois Fluke, hija de Willard Fluke,
esposa de Cyrus Spears,
madre de Myrtle y Virgil Spears,
niños de ojos brillantes y cuerpo saludable
(yo nací ciega).
Fui la más feliz de las mujeres
como esposa, madre y ama de casa,
cuidando a los que amaba
y haciendo de mi hogar
un lugar de orden y generosa hospitalidad:
porque andaba por los cuartos
y el jardín
con un instinto seguro como la vista,
como si hubiera ojos en la punta de mis dedos;
gloria a Dios en las alturas.


Willard Fluke

Mi esposa perdió la salud
y se fue consumiendo hasta pesar apenas cuarenta kilos.
Entonces apareció esa mujer,
a quien los hombres llamaron Cleopatra.
Y todos nosotros, los casados,
rompimos nuestros votos, yo con los demás.
Pasaron los años, y uno por uno
la muerte los fue reclamando a todos de alguna manera espantosa,
y yo me dejé llevar por el sueño
de una gracia particular de Dios para conmigo,
y comencé a escribir, escribir, escribir, resmas y resmas,
de la segunda venida de Cristo.
Entonces Cristo vino a mí y me dijo:
“Ve a la iglesia y párate delante de los fieles
y confiesa tu pecado.”
Pero justo al levantarme y comenzar a hablar
vi a mi hijita, sentada en el primero de los bancos,
¡mi hijita que había nacido ciega!
¡Después de aquello, todo es tinieblas!

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini


Harry Wilmans

I was just turned twenty-one,
And Henry Phipps, the Sunday-school superintendent,
Made a speech in Bindle's Opera House.
"The honor of the flag must be upheld," he said,
"Whether it be assailed by a barbarous tribe of Tagalogs
Or the greatest power in Europe."
And we cheered and cheered the speech and the flag he waved
As he spoke.
And I went to the war in spite of my father,
And followed the flag till I saw it raised
By our camp in a rice field near Manila,
And all of us cheered and cheered it.
But there were flies and poisonous things;
And there was the deadly water,
And the cruel heat,
And the sickening, putrid food;
And the smell of the trench just back of the tents
Where the soldiers went to empty themselves;
And there were the whores who followed us, full of syphilis;
And beastly acts between ourselves or alone,
With bullying, hatred, degradation among us,
And days of loathing and nights of fear
To the hour of the charge through the steaming swamp,
Following the flag,
Till I fell with a scream, shot through the guts.
Now there's a flag over me in Spoon River.
A flag! A flag!


Lois Spears

Here lies the body of Lois Spears,
Born Lois Fluke, daughter of Willard Fluke,
Wife of Cyrus Spears,
Mother of Myrtle and Virgil Spears,
Children with clear eyes and sound limbs —
(I was born blind).
I was the happiest of women
As wife, mother and housekeeper,
Caring for my loved ones,
And making my home
A place of order and bounteous hospitality:
For I went about the rooms,
And about the garden
With an instinct as sure as sight,
As though there were eyes in my finger tips —
Glory to God in the highest.

Willard Fluke

My wife lost her health,
And dwindled until she weighed scarce ninety pounds.
Then that woman, whom the men
Styled Cleopatra, came along.
And we — we married ones
All broke our vows, myself among the rest.
Years passed and one by one
Death claimed them all in some hideous form
And I was borne along by dreams
Of God's particular grace for me,
And I began to write, write, write, reams on reams
Of the second coming of Christ.
Then Christ came to me and said,
"Go into the church and stand before the congregation
And confess your sin."
But just as I stood up and began to speak
I saw my little girl, who was sitting in the front seat —
My little girl who was born blind!
After that, all is blackness.


Ilustración: American Progress, c.1872, John Gast

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