martes, junio 14, 2011

Fabio Morábito / Dos poemas




YO, QUE he olvidado las palabras
de los rezos,
enciendo el purificador de aire
por la noche
y su zumbido
da un toque lírico a los muros de mi cuarto.
También quien reza,
me imagino,
reforma el aire de su cuarto con su rezo,
lo pasa por un filtro,
pero prefiero este zumbido neutro,
que es fe en estado puro,
a las palabras de los rezos,
que circunscriben una fe
y estrechan el espíritu.
Porque rezamos para recrear
la combustión del fuego
alrededor del cual nacieron
los primeros círculos
y las palabras con apenas un pretexto,
un vehículo.
Con el murmullo de los labios
regresa otro murmullo
que le dio forma a nuestro oído.
Nuestras plegarias son el eco
del trabajo de las llamas
que levantaban de la nada un muro,
un muro vivo, el único
capaz de hacer a nuestro alrededor un templo.
Enciendo el purificador de aire
con el mismo desamparo de esas noches,
de esas cuevas,
enciendo mi plegaria absurda, atea,
porque los labios ya no me responden.


BENDITAS puertas, creadoras
de la penumbra
y del habla en voz baja,
que fue la creadora a su vez
de la escritura.
Benditos goznes que nos separan
de las bestias.
Es fácil hoy decir malditas puertas,
malditos libros,
maldita la postura erguida.
Haber bajado de los árboles
fue la primera puerta que se abrió
y se nos olvidó cerrarla.
¿Fue una omisión o una genialidad
dejarla abierta por las dudas?
El bosque nos persigue
en nuestra prosa y nuestros versos,
y toda puerta que abrimos,
la abrimos todavía sobre un claro,
y cada puerta que cerramos,
aun la más inocua,
pergeña una penumbra y un secreto.
No terminamos de bajar al suelo,
nuestra mayor herida,
y a base de puertas lentamente
nos curamos.

Fabio Morábito (Alejandría, 1955), Delante de un prado una vaca, Ediciones Era, México D.F., 2011

Ilustración: La grotta azzurra, 1958, Emilio Pettoruti

1 comentario:

  1. Me gustaron mucho estos versos, este autor que no conocía, gracias, por este acercamiento continuo a la poesía.

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