lunes, septiembre 22, 2008

Wallace Stevens / Un conejo Rey de los Fantasmas


La dificultad de pensar, al finalizar el día
Cuando la sombra amorfa cubre al sol
Y nada queda, excepto la luz sobre tu pelaje—

Había un gato que se pasaba el día derramando su leche,
Un gordo gato de lengua roja, mente verde, blanca leche
Y era Agosto el mes más tranquilo.

Permanecer, sobre el pasto, en la hora más calma,
Sin el monumental gato,
El gato olvidado en la luna;

Y sentir que la luz es la luz de un conejo,
En la que todo ha sido hecho a tu medida
Y nada requiere de explicación;

Entonces, no queda nada en que pensar. Viene de sí mismo
Y el este huye al oeste y el oeste corre hacia abajo,
Sin materia. El pasto está pleno

Y tú estás pleno. Los árboles a tu alrededor,
La profunda oscuridad de la noche es para ti,
Un sí mismo que toca cada borde,

Te conviertes en un sí mismo que completa los cuatro vértices de la noche.
El gato rojo se esconde detrás de la luz peluda
Y entonces te elevas alto, muy alto

Eres elevado cada vez más alto, negro como piedra—
Te sientas como si tu cabeza hubiese sido tallada en el espacio
Y un diminuto gato verde es como una chinche en el pasto.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), "A Rabbit as the King of Ghosts",  Collected Poems. Copyright 1923, 1951, 1954 , Alfred A. Knopf, Random House, Inc.
Traducción de Silvia Camerotto


A Rabbit as King of the Ghosts
The difficulty to think at the end of day,  /When the shapeless shadow covers the sun /And nothing is left except light on your fur— //There was the cat slopping its milk all day, / Fat cat, red tongue, green mind, white milk / And August the most peaceful month. //To be, in the grass, in the peacefullest time, /Without that monument of cat, /The cat forgotten in the moon; //And to feel that the light is a rabbit-light, /In which everything is meant for you /And nothing need be explained; //Then there is nothing to think of. It comes of itself; /And east rushes west and west rushes down, /No matter. The grass is full //And full of yourself. The trees around are for you, /The whole of the wideness of night is for you, /A self that touches all edges, // You become a self that fills the four corners of night. /The red cat hides away in the fur-light  /And there you are humped high, humped up, // You are humped higher and higher, black as stone— /You sit with your head like a carving in space /And the little green cat is a bug in the grass.

Otras versiones de textos de Stevens en este blog:

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domingo, septiembre 21, 2008

Marianne Moore / Poesía

























A mí también me digusta: hay cosas que son importantes
    más allá de todo este desatino.
Empero, leyéndola con perfecto desprecio, uno
    descubre en ella
después de todo, un lugar para lo auténtico.

   Manos que pueden agarrar
   ojos que pueden dilatarse, cabellos que puede erizarse
   si fuera necesario, estas cosas son importantes no porque

pueda dárseles una interpretación altisonante sino porque
   son
últiles. Cuando se vuelven tan secundarias que hasta
    llegan a ser ininteligibles,
puede decirse lo mismo de todos nosotros
    que no admiramos lo que
    no podemos entender: el murciélago
    sosteniéndose patas arriba o en busca de algo
    para

comer, elefantes que empujan, un caballo salvaje dando un rodeo, un incansable
    lobo debajo
de un árbol, el impasible crítico crispando su piel como un
     caballo que siente una pulga, el aficionado
al béisbol, el estadígrafo...
     tampoco es válido 
     tener prejuicios contra los "documentos comerciales
y los textos escolares": todos estos fenómenos son importantes.
      Sin embargo uno debe hacer una distinción:
cuando poetas a medias los arrastran para destacarlos
       el resultado no es poesía,
        ni la tendremos
hasta que nuestros poetas puedan ser
        "literalistas de
         la imaginación"... por encima
         de la insolencia y la trivialidad y puedan presentar,
para ser inspeccionados, jardines imaginarios con sapos reales.

Entretanto, si por una parte exiges
la materia prima de la poesía en
          toda su crudeza y
          por la otra lo que es auténtico,
          entonces estás interesado en la poesía.
     
Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), Alberto Girri, William Shand, Poesía norteamericana contemporánea, Distribuidora Mexicana de Libros, México DF, 1976

Poetry

 I, too, dislike it: there are things that are important beyond
      all this fiddle.
   Reading it, however, with a perfect contempt for it, one
      discovers in
   it after all, a place for the genuine.
      Hands that can grasp, eyes
      that can dilate, hair that can rise
         if it must, these things are important not because a

high-sounding interpretation can be put upon them but because
      they are
   useful. When they become so derivative as to become
      unintelligible,
   the same thing may be said for all of us, that we
      do not admire what
      we cannot understand: the bat
         holding on upside down or in quest of something to

eat, elephants pushing, a wild horse taking a roll, a tireless
      wolf under
   a tree, the immovable critic twitching his skin like a horse
      that feels a flea, the base-
   ball fan, the statistician--
      nor is it valid
         to discriminate against "business documents and

school-books"; all these phenomena are important. One must make
      a distinction
   however: when dragged into prominence by half poets, the
      result is not poetry,
   nor till the poets among us can be
     "literalists of
      the imagination"--above
         insolence and triviality and can present

for inspection, imaginary gardens with real toads in them,
      shall we have
   it. In the meantime, if you demand on the one hand,
   the raw material of poetry in
      all its rawness and
      that which is on the other hand
         genuine, you are interested in poetry.
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Foto: Marianne Moore por Carl Van Vechten, 1948

Irene Gruss / El tocador de la marquesa De Merteuil*

El tocador de la marquesa De Merteuil*

Frente al espejo, con mis dedos que tiemblan,
¿así, he temblado?,
esparzo la crema de limpieza sobre el rictus.
Los que me abuchearon no saben, no conocen.
Ahora que el pote salta contra el espejo,
que podría ser tan veraz como un muerto,
mi amor ha muerto
(no grito, no llamo)
pero yo respiro.

*personaje de Relaciones peligrosas

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), inédito

Otros poemas de Irene Gruss en este blog

sábado, septiembre 20, 2008

Marosa Di Giorgio / Dos poemas













02

En el vaso, las moras dejaban correr su vino dulce y negro, y más abajo, las hojas, como papel seco y pálido, caían y caían, y más moras y más hojas. No sé por qué, ellas invocaban, y convocaban, a casi todas las primas y amigas de mi madre: a Virginia y a Rosaura, a Isabel; a Ana y Flor de Lis. Éstas aparecían en persona o en retrato, toda vez que hubiera moras en los vasos.

de Clavel y tenebrario, 1979


23

Papá.
Cuando nos llevabas alzadas!
A Nidia y mí.
Con vestidos rojos, granates, recién hechos; los rostros, casi iguales, bajo el plumón castaño.
No sé qué habrán dicho los vecinos, las magnolias, la lluvia del sur que volaba lejos. La celeste tarde nos miró pasar abrazados.
Todas las estrellas del porvenir brillando juntas.
Pero yo ví esconderse una cosa. Y nada dije.
Un signo en el horizonte.
Unas orejas entre las hojas.
Un gallo volaba al revés, la espalda para abajo.

de Mesa de esmeralda, 1985

Marosa di Giorgio (Salto, 1932- Montevideo, 2004), Los papeles salvajes. Edición definitiva de la obra poética reunida, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2008

viernes, septiembre 19, 2008

Robert Graves / El jarrón de Hung Wu


Con mujeres como María, todo juicio es estéril.
¿De dónde sacan su descaro, cómo pueden hacerlo?

Salió furiosa, dando un portazo tan fuerte
que un jarrón sobre un estante dorado de arriba
-tú lo conoces, del saqueo en el Palacio de Verano de Pekín
y más valioso que cuanto hay en mi apartamento-,
se derribó y cayó...
Yo me serví una ginebra
apurándola de un golpe. "¡Nada qué hacerle!".

Nuevamente, el timbre... María entró calmada,
observó sobre la tierra la rota porcelana roja,
alzó la vista, miró otra vez hacia abajo con condescendencia,
luego, deslizándose a mi lado para recoger un guante
(su pobre excusa por esa inoportuna llamada),
refunfuñó: "Y algo que olvidé mencionar:
¡tu jarrón Hung Wu era tan falso como tu amor!"

¿Cómo pueden hacerlo? ¿De dónde sacan su descaro?

 (Wimbledon, Londres, 1895- Dejà, Mallorca, España, 1985), Poems about love, 1968
Alberto Girri, Monodias, "Robert Graves: cinco poemas", Sudamericana, Buenos Aires, 1985

Otro poema de Graves traducido por Girri, en este blog: In Broken Images

jueves, septiembre 18, 2008

Bei Dao / Fondo

el fondo necesita ajustes
puedes volver a tu ciudad natal

unas pocas palabras sacudidas por el tiempo
alzan el vuelo, caen nuevamente
sin difundir ni una sola noticia
una cadena de derrotas es el atajo
para pasar las graderías rodeadas de nieve
que aprietan el reloj de la vejez

pero en la fiesta familiar, la marea alta
está directamente vinculada al grado etílico
la mujer a tu lado
lleva siempre puesto el traje preocupado de la historia
mira la nieve, doble espacio

en el que los ratones creen a ojos cerrados

Bei Dao (Pekín, 1949), en Letrasenlínea
Versión de Fernando Pérez Villalón


















Irene Gruss / La esclava del amor















¿Sabéis lo que sois? Unas bestias,
desde aquí os veo. ¿Adónde llevan estos rieles,
qué he hecho yo sino aburrirme, decir mi parte
en esa tonta película? Al llegar a Moscú
cargaba miles de flores en mis brazos.
¿Sabe lo que es usted?,
dije aquel día en que lo balearon, ah, su rubio mechón al viento,
¡un bolchevique! Y él rió,
y lo amé.

(inédito)

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950)
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Foto: Valentina Rebasa

miércoles, septiembre 17, 2008

Alberto Vanasco / Muerte de la poesía
















                                                                     A Enrique Molina

Oigo caer la lluvia
y es sólo el agua que se precipita en la luz vacía del amanecer.

Toco la claridad del día que nace
y es sólo la mañana y aquello que la mañana aún no ha vencido.

Miro tu piel, tus manos
y hallo sólo la soledad más cruda de la tierra.

Huelo el aire difuso del otoño
y es sólo la opresión, el peso de una atmósfera gastada.

Palpo los objetos, las ropas, los vidrios transpirados
y es nada más que la fatiga de la materia, la desolación del tiempo.

Todo todo ha sido arrasado para siempre
por la ciega porfía de este diluvio irreparable.

Alberto Vanasco (Buenos Aires, 1925-1993), de Canto rodado, 1970. Daniel Freidemberg, La poesía de los cincuenta, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1981

Foto: Infobae

Actualizado jul. 2020

martes, septiembre 16, 2008

Cintio Vitier / Dos poemas
















Piedra de rayos


¿Existe una praxis última de la poesía donde el hecho es
la imagen y el progreso científico-económico suficiente hermosura?

(Imagen de Rimbaud, 1951)

Eso pensé sacándole el último jugo
a las piedra de rayos de Rimbaud.
Ahora vuelvo a pensarlo,
mas no desde la noche de la imagen,
sino, precisamente, desde el sol de los hechos.
Ese sol da en la mar que parece
una tierra alucinada.
La tarde, en sol azafrán, es un hecho.
Este mundo, ¿será, ya, el otro?


Confesión

Aunque no sé historia, o muy poca, yo soy
el autor de estas páginas.

Todo me ha ocurrido a mí desde el principio.

Yo soy el protagonista,
la víctima, el culpable y el verdugo.

Soy el que mira y el que actúa.
Las edades en mí han descansado.
Los días han sido mi alimento.
Las ideas, mis alas,
mis puñales.

Por el hueco de mis manos ha pasado
el río de las armas.

Mis ojos son los hornos en que ha ardido
la creación entera.

Mi canto es el silencio.

Hombre, mujer, niño, anciano,
cada gesto mío tiembla en las estrellas
atravesando el tiempo irrepetible.

Yo soy. No busquen a otro,
no torturen a otro,
no amen a otro.

No tengo escapatoria.

Cintio Vitier (Cayo Hueso, Estados Unidos, 1921-La Habana, 2009), Antología de poesía hispanoamericana (1915-1980). Selección y estudio preliminar de Jorge Rodríguez Padrón. Selecciones Espasa-Calpe, Madrid, 1984
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act. 2020

lunes, septiembre 15, 2008

Lo que ha bastardeado la poesía es la obviedad, el coloquialismo recurrente y extremoso, el ninguneo ontológico, la falta de cuestionamiento

La teoría del glamour

por Silvia Camerotto
en de sibilas y pitias


todo empezó con el comentario sobre un libro del que no estaba segura, aún no estoy segura, (si es que hay algo que sea en realidad seguro), sobre cuánto me gusta. entonces, mi interlocutor, en un salto, pensando en el lenguaje, me dijo que los que establecen el canon habían arruinado la poesía, que la habían degradado, que produjeron la renuncia a una poesía elevada, fomentado el coloquialismo, agregando: porque el poeta es un ser diferente, porque estos son todos burgueses, porque mirá a fijman, mirá a bustos... ellos se encontraron en el borda.
primera in-conclusión: todo poeta que así se precie, ha de ser un border.
si mal no recuerdo, no todos los grandes poetas han terminado en el punto de encuentro 'borda'. algunos zafaron. si mal no recuerdo, algunos grandes poetas pactaron con el fascismo, el catolicismo, y con cualquier otro ismo que estuviera a mano. si mal no recuerdo, algunos canónicos medios publicaron a celan, (vaya, con el canon oficialista. se puede escribir poesía después de auschwitz? ), y a surrealistas, y a dadaístas, y sí, también a objetivistas y publicaron mucha y variada poesía. si mal no recuerdo, algunos poetas, además de respirar, comen, se visten y duermen, aunque sea muy de vez en cuando. incluso pessoa trabajaba,en una oficina, traduciendo correspondencia comercial.
el poeta: es un pequeño dios? es el intermediario entre dios y el hombre? es el visionario? un ser oracular?
primera conclusión: sea como fuere, el poeta también es un hombre.
lo que ha bastardeado la poesía es otra cosa. no es un grupo de personas a cargo de una revista. ni siquiera es un grupo de personas. ni el canon. lo que ha bastardeado la poesía es la obviedad, el coloquialismo recurrente y extremoso, el ninguneo ontológico, la falta de cuestionamiento, el fast life y las modas. sí, las modas
hoy, aquí, alguna (mucha) gente de la cultura no asiste a la casa del escritor porque es macrista. si se rinde homenaje a giannuzzi o a monguzzi, da igual. no vamos, porque el lugar del evento es macrista y además, no es cool. hoy, aquí, se buscan los quince minutos de fama, proliferan los talleres literarios donde todo se mezcla, se infortuna y los alumnos pasan del extremo del discurso cotidiano del tacho de basura a la ampulosidad de las palabras carentes de significado.
hoy, aquí, los conceptos se confunden y se alteran, como la biblia y el calefón.
no importa el escritor, importa el lugar.
no importa la escritura, importa el diseño de tapa.
no importa la lectura, importa la performance.
no importa si hay algo para decir, ni si hay cómo decirlo. se dice lo que viene en gana, como sea.
segunda conclusión: no se dice. no se está diciendo.
se vive en definiciones, en inclusiones que excluyen, en cegueras monocordes que marcan a dedo, que castigan y, a veces, premian.
lo que bastardea la poesía es la futilidad con que se escribe, una poética del vacío que se convierte en profuso llenado y nunca silencio.
no, no es el canon, ni un grupo de gente, ni un diario, ni una revista.
lo que bastardea la poesía es el olvido de la poesía misma.
tercera y última conclusión: el pensamiento encerrado, es pensamiento inútil.


Todo placer es virtual


Unabomber

Te escribí
o creo
haber visto tu sonrisa
melancólica
leyendo.
Tu silencio no sería
silencio
si no es en relación con esas cartas.
Te desespera esa distancia,
yo sé,
de milímiteros,
cuando los labios se buscan
me alejo,
espero que me digas.
Te llamé
y no estabas,
te llamé y estabas
en reunión,
en off,
te deje en el contestador,
en minitel,
CD.
Vi tu rostro de ángel desterrado
de toda fiesta,
el cuerpo también miente.
Tus ojos entrecerrados,
la boca a punto de decir
esperá,
no es el momento de alejarte.
Paso los dedos con saliva,
las uñas por la espalda,
como una descarga eléctrica paso
el cuerpo contra tu cuerpo
contra la pared.
Camino hasta la puerta,
giro y te veo
las palmas hacia arriba
entregándote a una ley
más fuerte que el sentido.
Ese vacío de un segundo,
un centímetro,
lo suficiente.
No hay presencia que conjure,
no hay fusión
que colme lo que es
completamente
soledad.
Todo placer es virtual,
objeto por sí mismo
distante
del cuerpo que se vive
como fuera
del cuerpo que desea.
Todo vale
sólo por comprobar
que más
y más adentro
es más el desamparo.
Y aunque digas así,
deforme tu sonrisa la humedad.
No sé qué murmurás,
tu aliento me quema
el oído,
una ráfaga de lucidez
te vuelve indescifrable.
Yo quería un romance
inolvidable,
buscar noticias de tu pueblo
en los diarios,
nevó
se hundió un pesquero
frente al muelle.
Quería escribir cartas.
Y aunque miremos
como si fuéramos nosotros el video
que vimos en un cuarto de hotel,
uno lejos del otro
tocándose
mientras el otro pasa
los dedos por la boca
como quien dice se hace agua,
tragar,
atragantar,
llename.
Desde lejos acaricio
la ilusión de postergar
la indiferencia
posterior.
Sudor, disolución
de la frontera que es uno.
Rodeame, apretá,
rodamos
y el piso era madera áspera.
Alcohol
que vaya derramando entre las piernas
hasta olvidar para qué entramos
en esa habitación
Esperá
las gotas con la lengua
como un reloj de sal,
un plazo más agónico
por su morosidad.
Esa acritud de las axilas
que marca la escena con su olor
como quien dice se trata de animales
y goza de pensarlo.
Se enreda,
me enredo entre tus piernas
o en tu cuello,
nos desmembramos,
rearmamos en el techo espejado
una medusa,
algo resbala, siempre
algo se escapa.
Te ato
y tu caricia permanece,
ángel mío,
no se te hace justicia.
Te vendo los ojos,
no sabés por dónde
vendrá el ataque,
la caricia,
tenés escalofríos, gemís,
decís que ya no soportás
ni siquiera acabar.
Es poco
lo que queda
en pocas horas, al día siguiente
te vas mientras yo duermo.
Te escribí
a mano incluso,
con la otra mano me tocaba,
impregnaba el papel con ese olor
que ahora es tuyo, digo,
pero no es cierto.
Tengo la propiedad
de imaginarte
en cualquier situación.
Tengo grabados tus gestos,
tu voz,
los puedo insertar,
interactuar.
Pero no sé qué pensás
ahora,
si tomás café en la mañana,
si alguien duerme con vos.
No conozco tu cama,
tu mesa,
si está ante una ventana.
No conozco tu puerta, por ejemplo
abrís
y allí estoy
o el cartero.
No sabés quién soy,
sólo eso,
Unabomber,
un relámpago,
un flash.
Ese instante
en que rugimos o gritamos,
gemimos.
No hay forma de olvidar
la distancia de un cuerpo
a otro,
del otro al universo
prometido,
una luz que se fragmenta
en su espectro
al estallaar el cuarzo.
Tus ojos en blanco
Mientras decís así,
así
matame.
Matame.

Susana Villalba (Buenos Aires, 1953)

Manuel bandeira / El cactus




Aquel cactus recordaba los desesperados gestos de la escultura:
Laocoonte oprimido por las serpientes,
Ugolino y los hijos hambrientos.
Evocaba también el seco nordeste, palmeras, pobres matorrales...
Era enorme aun para esa tierra de grandezas excepcionales.

Un día, un huracán furibundo lo arrancó de cuajo.
El cactus cayó a lo ancho de la calle.
Rompió las cercas de las casas.
Impidió el tránsito de tranvías, automóviles, carros.
Arrancó los cables eléctricos y durante veinticuatro horas privó a la ciudad de
iluminación y energía:
Era bello, áspero, intratable.

Manuel Bandeira (Recife, Brasil, 1886 -Río de Janeiro, Brasil, 1968)

Versión de Santiago Kovadloff - http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?

O cacto
Aquele cacto lembrava os gestos desesperados da estatuária: / Laocoonte constrangido pelas serpentes, / Ugolino e os filhos esfaimados. / Evocava também o seco nordeste, carnaubais, caatingas... / Era enorme, mesmo para esta terra de feracidades excepcionais. // Um dia um tufão furibundo abateu-o pela raiz. / O cacto tombou atravessado na rua,/ Quebrou os beirais do casario fronteiro, / Impediu o trânsito de bonde, automóveis, carroças, / Arrebentou os cabos elétricos e durante vinte e quatro horas privou a cidade de iluminação e energia: // - Era belo, áspero, intratável.

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domingo, septiembre 14, 2008

Patrick Galvin / The Lord pardon the people of this town


Mensaje para el editor

Señor -

Que Dios perdone a la gente de este pueblo
porque yo no puedo.
Cuando me caí muerto en la calle
hace tres semanas
pensé que me enterrarían con pompa.
Un ceremonia oficial era lo menos
con los Jefes de Gobierno y la Nobleza en el séquito.
Incluso esperaba ansioso la oración fúnebre en irlandés
con algunas palabras sobre mis logros pasados:
Nuestro mayor poeta, un sitio en el cielo para el hombre
y cuánto más hubiera merecido.
¿Pero lo tuve acaso?
Mi cuerpo estuvo tirado en Baggot Street
una quincena
antes de que alguien lo notara.
Y cuando finalmente fue llevado
a la morgue
fui profanado por un estudiante de medicina
incapaz de abrir un paquete de papas fritas
mucho menos el cuerpo de vuestro mayor poeta.

Después, para añadir indignidad
fui metido en un nicho refrigerado
y algún tarado pegó una etiqueta en mi pie
que decía: bardo desconocido - probablemente extranjero.
Si no hubiera sido
por un borracho de Cork
que pensó que yo era su hermano muerto
todavía estaría allí sin reclamar.
Al menos
el hombre tuvo la decencia de enterrarme.
¿Pero dónde estoy?
En algún cementerio común en un cajón
rodeado de campesinos
y gente sin ningún antecedente.
Cuando pienso en los poemas que escribí
y en las grandes profecías que hice
me dan ganas de ahogarme.
No puedo escribir ahora
porque el ataúd es demasiado estrecho
y no hay luz.
Estoy tratando de mandar esto a través de un medium
pero ya sabe cómo son –
bastardos que golpean la mesa
apestando a ectoplasma.
Si se las arregla para recibir esto
me alegraría que lo publique.
No tiene caso pedirle que
me mande un ejemplar –
ni siquiera conozco mi dirección.

Patrick Galvin (Cork, 1927), Poesía irlandesa contemporánea, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Traducción de Jorge Fondebrider


Message to the Editor
Sir -/ The Lord pardon the people of this town/ Because I can't./ When I dropped dead in the street/ Three weeks ago/ I thought they'd bury me in style./ A state funeral was the least of it/ With heads of Government and the Nobility/ In attendance./ I even looked forward to the funeral oration/ In Irish/ With a few words on my past achievements:/ Our greatest poet, a seat in heaven to the man/ And how I deserved better.// But did I get it?/ My corpse lay in Baggot Street/ For a fortnight/ Before anyone noticed it./ And when I was finally removed/ To the mortuary/ I was abused by a medical student/ Who couldn't open a bag of chips/ Let alone the body of your greatest poet./ Then, to add to the indignity/ I was pushed into an ice-box/ And some clod stuck a label on my foot/ Saying: unknown bard - proablby foreing. / / If it wasri t/ For a drunken Corkman/ Who thought I was his dead brother/ I'd still be lying there unclaimed./ At least/ The man had the decency to bury me. / But where am I?/ Boxed in some common graveyard/ Surrounded by peasants/ And people of no background./ When I think of the poems I wrote/ And the great prophecies I made/ I could choke.// I can't write now/ Because the coffin is too narrow/ And there's no light./ I'm trying to send this/ Through a medium/ But you know what they're like -/ Table-tapping bastards/ Reeking of ectoplasm./ If you manage to receive this/ I'd be glad if you'd print it./ There's no point in asking you/ To send me a copy - / I doe t even know my address.

sábado, septiembre 13, 2008

Leonard cohen / Todo lo que hay que saber sobre Adolfo Eichmann





















OJOS: Medianos
PELO: Normal
PESO: Medio
ESTATURA: Media
SEÑAS PARTICULARES: Ninguna
NUMERO DE DEDOS DE LAS MANOS: Diez
NUMERO DE DEDOS DE LOS PIES: Diez
INTELIGENCIA: Media

¿Qué esperaban?

¿Garras?

¿Colmillos enormes?

¿Baba verde?

¿Locura?

Leonard Cohen (Montreal, 1934), Flowers for Hitler, 1964
Versión de J. Aulicino

All There Is to Know about Adolph Eichmann
EYES ...... Medium /HAIR ...... Medium /WEIGHT ...... Medium /HEIGHT ...... Medium/ DISTINGUISHING FEATURES ...... None /NUMBER OF FINGERS ...... Ten /NUMBER OF TOES ...... Ten/INTELLIGENCE ...... Medium //What did you expect? // Talons? //Oversize incisors? //Green saliva? //Madness?

Foto: El País Madrid, 2001

Ricardo Zelarayán / Dos (segunda versión)























La calavera florece. Inútil vadear la noche.
Tanto silencio amontonado se arma solo nomás,
descalzo y a los tumbos.

El grito se hace esqueleto en la sombra espesa, pasos lentos
en el aire negro. Ladrido escarba animoso. Una grieta avanza.
¡Vamos!

Cuestión de esperar, yendo y viniendo, filtrado en la sombra
y el silencio. Madera blanca rezongando anegada.

Los a veces de antes salen de las órbitas secas. Una silla
arrimada y solitaria. Las tabas en la sombra con el lado
de la suerte hacia el cielo.

Adelante la mesa se parte en dos.
El humo del arroz calavereando.

Enseguida se viene encima la pared carcomida. El fuego le
anda escapando a la madrugada.

Al rato la noche negra curiosea con toda la mano abierta por los
rincones, pegajosa como un tábano.

Ricardo Zelarayán (Paraná, Argentina, , 1922-Buenos Aires, 2010), Roña criolla, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1991
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Ilustración: Zelarayán por Hermenegildo Sábat en la tapa de Roña criolla

Negra en la lechería


La negra olvidada en la lechería

Vaya... ¿Una negra olvidada en una lechería?
Si será chusca esta ocurrencia mía:
¡una negra en una lechería!

Tenía dos ojos lacrimosos, borrosos, fastidiosos
-quizá hambre, frío y ganas de llorar-.
El cráneo puntiagudo, el cuero motoso,
¿no serías, ¡oh, tú!, Juana Durval?

(Putativo hermano Baudelaire, el de los cabellos verdes
y la boca tumular.
Mi sitio te corresponde: viernes
tu día, y éste es tu lugar...)

Pobre cosita negruzca y exótica,
-bibelot de fango en mi gran ciudad-
púrpura en retazos de mi regia manía erótica,
amorosa insalubridad.

La lengua de mis ojos lame tus reproches,
tu nebuloso mirar de antílope cegado,
recoge la lengua de mis ojos, ¿a tu costado
sientes mi solidaridad de desplazado
esta noche?

¿Vamos? ¿Vienes? El festín será para los dos,
la solitaria, muda, espantosa orgía,
del fondo de los días,
¿no oyes el reclamo del tambor?

Tu abuelo, bronce tenebroso, alza su clava
destrozando los huecos cráneos de las mesnadas;
tú tienes a una blanca, ¡tan bella!, como esclava,
púnzale los ojos con tus uñas anilladas.

¿Oyes? Nos reclama el tambor
con insistencias de Historia:
... tum... turumtumtum... tum... tumtumrum...
Civilizó a tu abuelo el Civilizador,
con la elegante trayectoria
de la bala dum-dum...

Dame tu lengua ofídica y palpitante
-lanza del deseo entre el escudo
de tus dientes rutilantes...
¡ah, tu bello cuerpo desnudo!

Mientras la flámula del "primurs" dora
los muslos blancos de las bellas presas,
apréstate al festín, ya es la hora
de devorarnos la civilización burguesa.

Para desalar los hipogrifos de mi torturada sensibilidad,
ha bastado tan solo, ¡oh! injerto del Congo
en mi gran ciudad,
tu presencia en la lechería,
donde mi hipocondría
entreabre el paraguas de enhiesta soledad de hongo,
de hongo de humedad.

Por diez minutos y a tu gran conjuro,
-¡oh, miserable negra de mi ciudad!-
fui dichoso, ¡te lo juro!
escapando de la realidad.

(Ha venido un ciudadano, alto, desgarbado,
y dejó caer en tu oreja la clásica palabra,
vete con él, negra, esto ha terminado.
La vida, negrita, no tiene abracadabra.)

Nicolás Olivari (Buenos Aires, 1900-1966), La musa de la mala pata. El gato escaldado, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982. Primera edición de La musa de la mala pata: Editorial Martín Fierro, Buenos Aires, 1926; El gato escaldado, 1930

viernes, septiembre 12, 2008

El perdón es la mácula de cieno

El misionero
Fragmento

XIII

“Pero no quiero yo, de ningún modo,
que me perdonen teólogos ateos…
¡A quien se absuelve, al absolver los reos,
es al sublime Artífice de Todo!
“Prefiero que los sabios, casi estetas,
que llaman al dolor “idiosincrasias”,
pongan motes en griego a mis desgracias…
para cobrar más caro sus recetas.
“El perdón es la mácula de cieno
puesta sobre la clámide de un nombre…
¡Porque tengo amarguras, ya soy hombre;
y porque soy un hombre, ya soy bueno!
“Hablen los impecados, a porfía;
desescamen la red de sus escamas…
¡Digan si saben, al dejar sus camas,
cuál será la belleza de aquel día!
“Cuando el hijo de Dios, el Inefable,
perdonó desde el Gólgota al perverso…
¡puso sobre la faz del Universo,
la más horrible injuria imaginable!
“Sepa por primera vez, el presidiario,
y alce su frente mustia y lapidada:
el más vil… es un alma destinada,
como el propio Jesús, a su Calvario!
“Somos los anunciados, los Previstos,
si hay un Dios, si hay un Punto Onmisapiente…
Antes de ser, ya son, en esa Mente,
los Judas, los Pilatos y los Cristos”.

Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte (San Justo, 1854- La Plata, 1917), Cien poesías rioplatenses. 1800-1950. Antología. Ordenación, prólogo y notas por Roy Bartholomew. Editorial Raigal, Buenos Aires, 1954

Imagen: sin datos