jueves, diciembre 01, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 41


Luis Bacigalupo

No es fácil caracterizar qué se escribe hoy sin pecar de un reduccionismo acrítico. De mis lecturas surge un espectro de una diversidad tan amplia como en décadas inmediatamente anteriores, aunque con la imprecisión que impone la extrema cercanía. Se trataría entonces de tentar unas pocas impresiones en la niebla. Observo un escenario donde tiene lugar la representación de la poesía argentina, que no es sino la porción módica de mis lecturas. Es un espacio notoriamente público, histriónico, narcisista, teatral. La poesía hoy responde a esta demanda, que es también una urgencia. La institución opera solidariamente, es parte de esta producción escénica: editoriales, ciclos de lecturas, festivales, blogs, redes sociales, talleres, crítica periodística –académica, incluso– y universidades de escritura. Y un público lector joven, ávido de esta oferta, que no quiere quedar fuera de este paradójico “negocio del ocio” (¿creativo?).
Aquí hay una economía y una eficacia que se traducen en el conjunto de recursos y procedimientos. La base de todos ellos reside en el lenguaje: necesario, delgado y transparente. Su eficacia, en su economía. Ausencia de metáforas, de lirismo, de ampulosidad, de barroquismo, de cultismo, de parodia, de una sintaxis que no asimile el texto a cierta ilusión conversacional, actos de habla, familiaridad y cercanía con lo cotidiano, con una subjetividad que atraviese el breve, ilusorio puente que se tiende entre el yo lírico y el empírico. El registro confesional es, también, un pasaje eficaz de la subjetividad, en ocasiones sobreactuada, de un yo autobiográfico a la de un lector tentado a poner la oreja en la base de un vaso pegado a la pared.
En contrapunto a la melodía un tanto monocorde que se tañe en esta lira yoica, se puede oír una tímida insistencia en la apuesta al trabajo con la lengua, resituando el texto en ese viejo territorio de autonomía y resistencia respecto a la exigencia de referencialidad. Aquí respiro un aire renovado, diviso una luz, me convierto en un hombre de fe... Los nombres propios echan sombras en las tendencias, por lo que prefiero omitirlos y hablar de un corpus de afinidades de alguna complejidad impulsado por un determinado flujo de factores estéticos, políticos, ideológicos e institucionales, en un tiempo y lugar también determinados. Esta escena formal por “resistente” es a su vez resistida, y las salas donde despliega sus artes cuentan con un bajo número de asistentes.
Luego se oye lo que nunca falta y ha sido parte del repertorio canónico de la lira nacional de los años cuarenta a esta parte: sencillismo, hermetismo, neo-romanticismo, coloquialismo, conceptualismo y una clara renuncia al experimentalismo en sus expresiones más extremas. Sin mayores innovaciones, apartada del riesgo que comporta ensayar nuevas partituras, la música que se pulsa en esta lira tiene algo de incidental respecto a la monotonía de los tiempos que corren. Lo mejor siempre está por venir, vendrá de los que vendrán. Es de esperar.

Luis Bacigalupo (Buenos Aires, 1958). Poeta, narrador y editor. Libros publicados en poesía: Trogloditas (1987), Yo escribía un poemita (1988), El relumbrón de la claraboya (1989), Madagascar (1989), Las purpurinas (1989), El océano (1992), Elíptica del espíritu (1995) y Mixtión (2014); en narrativa, La novela Los excomulgados (2000).




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