viernes, noviembre 15, 2013

Yvor Winters / Al Espíritu Santo


                     








de un cementerio abandonado
                       en Valle Salinas

Inconmensurable bruma;
el desierto valle esparce
dorados lechos de ríos
como en otros tiempos.
Se alzan árboles afinados por la distancia,
y detrás de los árboles, las colinas,
una pura línea de polvo y sombra,
ofrecen un testimonio a nuestra voluntad:
nosotros podemos y debemos verlas;
allí están, calmas en el engaño.

El sol del mediodía devuelve la mente
a su lugar verdadero:
seca hierba y arena; no encontramos
ninguna visión que nos distraiga.
Abajo, en el ardor estival,
con los nombres de viejas tumbas,
se agrupan piedras aquí y allá,
sin sentido, y debajo, de igual modo,
están los huesos:
reliquias de hombres solitarios,
brutales y sin meta, irregulares
en su vida como ahora.

Estos son tus hijos caídos;
tú, a quien trato de alcanzar,
tú, a quien el ojo esquiva rápido,
tú, que eludes mi palabra.
Sin embargo, cuando me aparto de los sentidos
y te sigo con el pensamiento,
entonces te encuentro, intenso,
y te conozco como debo.
Pero tú sólo eres espíritu,
y yo, ay, como puro espíritu
estoy encadenado a la carne y a los huesos,
y la carne y los huesos están encadenados a la tierra.

Estos no tuvieron un pensamiento, a lo más
una oscura fe, y la tierra los cegaba.
¿Dónde está el espectro que los perturbaba?
¿Había un nuevo nacimiento?
Sólo una certeza,
fuera de tu ojo incorpóreo,
fuera del árbol espectral,
puedo distinguir: estos hombres mueren.
Todo este temblor del tiempo,
aunque eluda mi sentido sin saber
hacia qué herencia, parece caer
silencioso, sin posibilidad
de despertar, en la nada.

Yvor Winters (Chicago, 1900-Palo Alto, 1968), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974


To the Holy Spirit

Immeasurable haze:
The desert valley spreads
Up golden river-beds
As if in other days.
Trees rise and thin away,
And past the trees, the hills,
Pure line and shade of dust,
Bear witness to our wills:
We see them, for we must;
Calm in deceit, they stay.

High noon returns the mind
Upon its local fact:
Dry grass and sand; we find
No vision to distract.
Low in the summer heat,
Naming old graves, are stones
Pushed here and there, the seat
Of nothing, and the bones
Beneath are similar:
Relics of lonely men,
Brutal and aimless, then,
As now, irregular.

These are thy fallen sons,
Thou whom I try to reach.
Thou whom the quick eye shuns,
Thou dost elude my speech.
But when I go from sense
And trace thee down in thought,
I meet thee, then, intense
And know thee as I ought.
But thou art mind alone,
And I, alas, am bound
Pure mind to flesh and bone
And flesh and bone to ground.

These had no thought: at most
Dark faith and blinding earth.
Where is the trammeled ghost?
Was there another birth?
Only one certainty
Beside thine unfleshed eye,
Beside the spectral tree,
Can I discern: these die.
All of this stir of age,
Though it elude my sense
Into what heritage
I know not, seems to fall
Quiet beyond recall,
Into irrelevance. 

1 comentario:

  1. Alicia Silva Rey15 noviembre, 2013 11:50

    Este grave, magnífico poema es también un ensayo filosófico, una ontología desesperanzada. Mejor, porque ¿qué hubiera hecho semejante artista con la esperanza encapsulada en el fondo de una caja por siempre engañosa? ¿Los mamotretos nebulosos de un -en otra disciplina- Christian Boltanski? (y esto decirlo en voz baja porque si no sos una irredenta de cierto arte contemporáneo con más cultos adeptos). El poema que acabo de leer es, además, un tratado sobre la escritura, La Escritura.

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