miércoles, noviembre 13, 2013

Mario Benedetti / De "Tersa morte"















Voy a abril del dos mil diez...

Voy a abril del dos mil diez
cuando era nuestra la casa, y el asfalto,
los hilos de la luz, las montañas, el sol.

Nadie nos veía y veíamos todo.
Era el secreto de cada uno para vivir.

Cae aquella primavera sobre las suelas de nieve,
con el peso de todos mis años:
un blanco pisoteado en una amarga sal gris
la única imagen, mi cuerpo de ahora.


En las conversaciones se pierde...

En las conversaciones se pierde
la primera cosa que el niño ha mirado.
Él juega silencioso y los ojos no mueve.
Han cortado el árbol, el tronco ha caído,
no mueve los ojos, oye lo necesario.
Aprende a vivir pobremente.


Ver la vida desnuda...

Ver la vida desnuda
mientras se habla una lengua por decir algo.
Salir a la tarde hace más bella la tarde
pero es el poco sol oblicuo la tarde sin palabras.
Ver desnuda la vida cuando estabas con tus cosas.
Ahora las cosas están solas,
no está la promesa de tu despertar
y continuar con las pantuflas, las tazas, las cucharas.
No vale la pena preocuparse.
El juego de los días es la promesa que no sabías
perder siempre antes.

Mario Benedetti (Udine, 1955), Tersa morte, Mondadori, Milán, 2013
Versiones de Jorge Aulicino

Vado nell’aprile del duemila e dieci
quando la casa era nostra, e l’asfalto,
i fili della luce, le montagne, il sole.

Nessuno ci vedeva e noi vedevamo tutto.
Era il segreto di ognuno per vivere.

Cade quella primavera sulle suole di neve
con il peso di tutti i miei anni:
un bianco pestato in un amaro sale grigio
la sola immagine, il mio corpo di adesso.

*

Dentro i discorsi si perde 
la prima cosa che il bambino ha guardato.
Lui gioca silenzioso e gli occhi non muove.
Hanno tagliato l’albero, il tronco è caduto,
lui non muove gli occhi, ascolta il da farsi.
Impara a vivere poveramente.

*

Vedere  nuda la vita
mentre si parla una lingua per dire qualcosa.
Uscire di sera rende la sera più bella 
ma è il poco sole obliquo la sera senza parole.
Vedere nuda la vita quando c’eri con le tue cose.
Adesso le cose sono sole, 
non c’è la promessa del tuo svegliarti
e continuare con le ciabatte, le tazze, i cucchiai.
Non è valsa la pena affaccendarsi.
Il gioco dei giorni è la promessa che non sapevi
a perdere sempre da prima.

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