sábado, noviembre 16, 2013

Ágnes Nemes Nagy / Dos poemas















Árboles

Hay que aprender. Los árboles de invierno.
Ese cubrirse hasta los pies de escarcha.
Inmóviles cortinajes.
Hay que aprender la franja
donde el cristal ya humea,
y el árbol va cruzando la neblina
como los cuerpos la memoria.
Y tras los árboles el río,
las alas silenciosas de los ánades,
la cegadora noche azul y blanca
donde hay paradas cosas con capuchas.
Hay que aprender aquí los gestos
inenarrables de los árboles.


De las metáforas

¡Cuánto amé las metáforas!
Dios, cuánto disfrutaba
su resoplido en torno a mí,
su piafar de caballos agitados -
Les ponía la brida y ¡adelante!
Les soltaba la rienda, y sólo a punto
de desbocarse ya, la recogía,
tirando y refrenando, con el doble
placer en ambos brazos,
de galopar y detener.
Hoy les vuelvo la espalda.
Voy pateando las piedras de la plaza.
Sólo un músculo tiembla con el ruido
De una que otra que viene por la espalda
Y me apoya su testa nervuda sobre el hombro.

Ágnes Nemes Nagy (Budapest, 1922-1991), El reverso de la luz: Cuatro poetas húngaros, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2000. Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Vía Jonio González

1 comentario:

  1. ¿Describe los umbrales de la muerte; describe los estadios de la vejez, del frío, del olvido? En todo caso y sin duda me describe a mí y a los de mi generación.

    ResponderEliminar