jueves, agosto 01, 2013

Poemas elegidos, 95


Romina Freschi
(Buenos Aires, 1974)

Primero Sueño, de Sor Juana Inés de la Cruz
Elijo a Sor Juana y su sueño porque es un texto que no sé si me es posible terminar de leer, y porque por eso mismo me permite siempre hablar de abandonar la pretensión de “entender” la poesía, o simplemente la de “entender” el mundo. La primera vez que lo leí, en la Facultad, hace unos dieciocho o veinte años, me llené de pasmo, frustración, miedito y admiración. No podía unir una palabra con otra, y esa imposibilidad me resultaba más inquebrantable que las Soledades de  Góngora o cualquier otro texto barroco.
Abandonando esa pretensión, abandono que me sirve para leer cualquier poema, pude simplemente leerlo, como quien se saca anteojos que no necesita. Claro que leí mucho más de Sor Juana, porque su figura me fascina. Su poesía entera, sus cartas, sus obras de teatro. También leí mucho acerca de ella e interpretaciones de su obra.  Creo, como los poetas concretos, que es la iniciadora de la poesía latinoamericana (mal que les pese a tantos con o), y para mí ha sido un punto de ida y vuelta. Vuelvo, con los años, vuelvo y vuelvo a ella. A las cartas, la atenagórica y su brillo prepotente, y la respuesta a Sor Filotea, defensa ajustadísima, desesperada, exhaustiva y por todo eso, luminosísima. Y al Sueño, muralla increíble. Como con muchos otros sueños, olvido sus versos con frecuencia, por eso, cada vez que lo leo, es siempre nuevo.
Hace unos años escribí un texto que se llama "Todas Cuerdas", y se editó en un volumen en colaboración (con E. Solinas, M.Arancet y V. Melchiorre)  llamado Invocaciones, 4 poetas en la voz del mito (Ruinas Circulares, Bs.As. 2012). Al principio y al final de mi parte hay citas de Sor Juana, anillos perfectos para mis dedos. Lo cierto es que siempre estoy incluyendo algo de ella en mis poemas, y del Sueño, en particular, el principio o el final, por ejemplo, o  teniendo en mente alguna otra frase magistral como aquella que dice  “cuanto más se implican combinadas/tanto más se disuelven desunidas,/de diversidad llenas”, declaración que me parece define al poema, al conocimiento y a todas las cosas de la vida.
Han tachado ese poema de intelectual, y muchas veces me parece un sinónimo de “difícil” en sentido peyorativo –y es que eso vuelve a la pretensión de “entender” un poema, además de que clausura su lectura. A mí me parece un poema lleno de pasión por la vida, y Juana misma lo define como el único papel que ha escrito “para sí misma”. En ese atisbo de romanticismo en una época barroca –y en una tierra colonizada y colonial, poblada por inquisidores y cuando no había destino intelectual para las mujeres- hay para mí un camino de luz y de libertad, o al menos un sueño de ello.
Este año, volví a leer el Sueño, esta vez pensando en hacer conscientes y manifiestas mis referencias recurrentes a Sor Juana en un poema que creo, terminé de escribir hace unos días. Se llama “Eco del Parque”. No es una reescritura, aunque por momentos puede parecerlo. Sí hay un diálogo constante, incluso apelaciones directas a la obra de Sor Juana o de otros que la han leído y escrito a partir de ella, como Margaret Atwood o Roberto Echavarren.
Como el Sueño tiene casi 1000 versos, seleccióné solo algunos, aquellos con los que termina (la noche, el sueño y el poema. Además de ser una de las partes que retomo en mi nuevo poema,  creo que es una de las más bellas y transparentes.




Primero Sueño

[Fragmento]

Llegó, en efecto, el Sol cerrando el giro
que esculpió de oro sobre azul zafiro:
de mil multiplicados                      
mil veces puntos, flujos mil dorados
--líneas, digo, de luz clara--, salían
de su circunferencia luminosa,
pautando al Cielo la cerúlea plana;
y a la que antes funesta fue tirana        
de su imperio, atropadas embestían:
que sin concierto huyendo presurosa
--en sus mismos horrores tropezando--
su sombra iba pisando,
y llegar al Ocaso pretendía                
con el (sin orden ya) desbaratado
ejército de sombras, acosado
de la luz que el alcance le seguía.

  Consiguió, al fin, la vista del Ocaso
el fugitivo paso,                          
y --en su mismo despeño recobrada
esforzando el aliento en la rüina--,
en la mitad del globo que ha dejado
el Sol desamparada,
segunda vez rebelde determina              
mirarse coronada,
mientras nuestro Hemisferio la dorada
ilustraba del Sol madeja hermosa,
que con luz judiciosa
de orden distributivo, repartiendo        
a las cosas visibles sus colores
iba, y restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a luz más cierta
el mundo iluminado y yo despierta.        

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel
de Nepantla, 1651- Ciudad de México, 1695)




Foto: Romina Freschi en FB

3 comentarios:

  1. Alicia Silva Rey01 agosto, 2013 09:28

    Ah, qué felicidad el texto esclarecido de Romina Freschi sobre "Primero Sueño"! Qué bueno enterarse, a causa de esta Iglesia, que sus recientes escrituras rondan la lectura de Poema tan grande y extraño.
    Habría que publicar, seleccionando, esta magnífica colección de POEMAS ELEGIDOS, panorama crucial de época.
    Gracias.Gracias también a Romina Freschi.

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  2. "y porque por eso mismo me permite siempre hablar de abandonar la pretensión de “entender” la poesía, o simplemente la de “entender” el mundo."

    Que hermosa nota !!

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  3. Respuesta a Sor Juana

    Soneto de Juan Cu


    “...porque a mis brazos duermes en mi lecho
    tu voz callada encuentra que no había
    quien te amara de amores satisfecho.

    Soy tu deseo Juana que en mi ardía,
    y en tu cabal mirada, yo sospecho
    que no será amor, tu bizarría.
    --De uno que sí te quería—Juan Cu


    Cuanto fatal veneno, mía Adhara,
    los buenos libros dejan su contexto
    a los pobres lectores so pretexto
    de escribirlos a quién se los pensara.

    Y no habría porqué la queja clara
    de aquéllos sus lecturas en el texto,
    escribir con la mano al año sexto
    las memorias que en mi yo preguntara…

    Libros fueron impresos, dos, no más:
    los que se escriben unos a los otros,
    y los que se publican los demás.

    Nuestra vida es un libro que jamás
    muriendo está, sí el tiempo de nosotros,
    escribe uno sólo, y nunca más.

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