sábado, agosto 25, 2012

Sharon Olds / De "El padre"



El nadador

Así como la semilla que me creó avanzaba
delante de las demás, brazos a los lados,
cabeza redonda y vigorosa, la cola
dando latigazos, así me gusta arrojarme
al mar: una mano gigante,
helada, envuelve mi cráneo,
abro los ojos, me dejo llevar por el agua
que envuelve la tierra, estoy suspendida en ella
como un esperma. Nado despacio,
estoy en el centro de la vida,
dentro de Dios, hay madejas de acederas
como sangre junto a mi cabeza. Desde la playa
sólo se ve el océano, un mar
rizado. Aquí soy como un ser verdadero,
invisible, una ameba que galopa en el rocío,
como esos elementos en los que se transformó mi padre,
humo, hueso, sal.
Es una de las únicas cosas que aún me gusta hacer,
sumergirme en el horizonte
y descubrir un atisbo de su nueva vida,
limpia, en blanco, indolora, sin error:
el éxtasis de la materia.


El barquero

Tres años después de su muerte, mi padre
vuelve a trabajar. Después de veinticinco años
desempleado, está muy contento
de haber sido contratado, llega puntual,
trabajador incansable. Se sienta
en la proa de la barca, dulce timonel,
de espalda a los pasajeros. Está muerto,
pero se arrodilla erguido, mirando hacia delante,
a la otra orilla. Alguien ha cerrado
su boca, de modo que se lo ve más cómodo
—ni sediento, ni necesitado— los ojos        
abiertos, bajo el iris la línea negra
que apareció con su muerte. Está tranquilo.
Su nuevo empleo es una broma entre los dos,
le encanta bromear conmigo, no ha perdido
su cara de póquer. Mascarón de proa de marfil,
hombre alto, demacrado, costillas, pezones, labios,
cada vez que traigo a alguien
y lo pongo en el barco y lo empujo,
mi padre lo lleva remando a través del río
hacia la lejana orilla. No hablamos:
él sabe que se trata de alguien
de quien me quiero deshacer, alguien
que me hace sentir fea y asustada. No le digo
como lo hacías tú. Él conoce el oficio
y lo disfruta. Cuando arrojo a alguien dentro
él no mira hacia atrás: lo lleva directamente
al infierno. Quiere trabajar para mí
hasta que yo muera. Sabe que entonces
iré hasta él, subiré a su barca
y me dejaré llevar, estiraré mi mano amplia
hacia la suya, lo ayudaré a desembarcar,
nos abrazaremos como dos que nunca nacieron,
desnudos, sin respirar, nos cubriremos
hasta los labios con el oscuro manto de la tierra
y descansaremos juntos al final de la jornada.

Sharon Olds (San Francisco, 1942), El padre, traducción de Mori Ponsowy, Bartleby Editores, Madrid, 2004


THE SWIMMER
The way the seed that made me raced / ahead of the others, arms held to her sides, / round head humming, spine / whipping, I love to throw myself / into the sea—cold fresh / enormous palm around my scalp, / I open my eyes, and drift through the water that lies / heavy on the earth, I am suspended in it / like a sperm. Then I love to swim slowly, / I feel I am at the center of life, I am / inside God, there is sourweed in skeins like / blood beside my head. From the beach / you would see only the ocean, the swellvcurling—so I am like a real being, / invisible, an amoeba that rides in spit, I am like those elements my father turned into, / smoke, bone, salt. It is one of / the only things I like to do / anymore, get down inside the horizon / and feel what his new life is like, how / clean, how blank, how griefless, how without error— / the trance of matter.

THE FERRYER
Three years after my father’s death / he goes back to work. Unemployed / for twenty-five years, he’s very glad / to be taken on again, shows up / on time, tireless worker. He sits / in the prow of the boat, sweet cox, turned / with his back to the carried. He is dead, but able / to kneel upright, facing forward / toward the other shore. Someone has closed / his mouth, so he looks more comfortable, not / thirsty or calling out, and his eyes / are open, there under the iris the black / line that appeared there in death. He is calm, / he is happy to be hired, he’s in business again, / his new job is a joke between us and he / loves to have a joke with me, he keeps / a straight face. He waits, naked, / ivory bow figurehead, / ribs, nipples, lips, a gaunt / tall man, and when I bring people / and set them in the boat and push them off / my father poles them across the river / to the far bank. We don’t speak, // he knows that this is simply someone / I want to get rid of, who makes me feel / ugly and afraid. I do not say / the way you did. He knows the labor / and loves it. When I dump someone in / he does not look back, he takes them straight / to hell. He wants to work for me / until I die. Then, he knows, I will / come to him, get in his boat / and be taken across, then hold out my broad / hand to his, help him ashore, we will / embrace like two who were never born, / naked, not breathing, then up to our chins we will / pull the dark blanket of earth and / rest together at the end of the working day

Ilustración: Tutto si muove, 1914, Giacomo Balla

1 comentario:

  1. "nos abrazaremos como dos que nunca nacieron,
    desnudos, sin respirar, nos cubriremos
    hasta los labios con el oscuro manto de la tierra
    y descansaremos juntos al final de la jornada."

    Uh, tremendo final. Muy emotivo.
    Saludos desde las ondulantes calles de Carmen de Patagones.
    Adalberto.

    ResponderEliminar