domingo, octubre 31, 2010

Paul Valéry / "El cementerio marino" en castellano e inglés




El cementerio marino

¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,
pero agota toda la extensión de lo posible!

Pindaro, Píticas III

Calmo techo surcado de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas;
mediodía puntual arma sus fuegos
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!

¡Qué obra pura consume de relámpagos
vario diamante de invisible espuma,
y cuánta paz parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
trabajos puros de una eterna causa,
el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.

Tesoro estable, templo de Minerva,
quietud masiva y visible reserva;
agua parpadeante, Ojo que en ti guardas
tanto sueño bajo un velo de llamas,
¡silencio mío!... ¡Edificio en el alma,
mas lleno de mil tejas de oro. Techo!

Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,
subo a ese punto puro y me acostumbro
de mi mirar marino todo envuelto;
tal a los dioses mi suprema ofrenda,
el destellar sereno va sembrando
soberano desdén sobre la altura.

Como en deleite el fruto se deslíe,
como en delicia truécase su ausencia
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo,
y al alma consumida el cielo canta
la mudanza en rumor de las orillas.

¡Bello cielo real, mírame que cambio!
Después de tanto orgullo, y de tanto
extraño ocio, mas pleno de poderes,
a ese brillante espacio me abandono,
sobre casas de muertos va mi sombra
que a su frágil moverse me acostumbra.

A teas del solsticio expuesta el alma,
sosteniéndote estoy, ¡oh admirable
justicia de la luz de crudas armas!
Pura te tomo a tu lugar primero:
¡mírate!... Devolver la luz supone
taciturna mitad sumida en sombra.

Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,
un corazón, en fuentes del poema,
entre el vacío y el suceso puro,
de mi íntima grandeza el eco aguardo,
cisterna amarga, oscura y resonante,
¡hueco en el alma, son siempre futuro!

Sabes, falso cautivo de follajes,
golfo devorador de enjutas rejas,
en mis cerrados ojos, deslumbrantes
secretos, ¿qué cuerpo hálame a su término
y qué frente lo gana a esta tierra ósea?
Una chispa allí pienso en mis ausentes.

Sacro, pleno de un fuego sin materia;
ofrecido a la luz terrestre trozo,
me place este lugar alto de teas,
hecho de oro, piedra, árboles oscuros,
mármol temblando sobre tantas sombras;
¡allí la mar leal duerme en mis tumbas!

¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando con sonrisa de pastor, solo,
apaciento carneros misteriosos,
rebaño blanco de mis quietas tumbas,
¡las discretas palomas de allí aléjalas,
los vanos sueños y ángeles curiosos!

Llegado aquí pereza es el futuro,
rasca la sequedad nítido insecto;
todo ardido, deshecho, recibido
en quién sabe qué esencia rigurosa...
La vida es vasta estando ebrio de ausencia,
y dulce el amargor, claro el espíritu.

Los muertos se hallan bien en esta tierra
cuyo misterio seca y los abriga.
Encima el Mediodía reposando
se piensa y a sí mismo se concilia...
Testa cabal, diadema irreprochable,
yo soy en tu interior secreto cambio.

¡A tus temores, sólo yo domino!
Mis arrepentimientos y mis dudas,
son el efecto de tu gran diamante...
Pero en su noche grávida de mármoles,
en la raíz del árbol, vago pueblo
ha asumido tu causa lentamente.

En una densa ausencia se han disuelto,
roja arcilla absorbió la blanca especie,
¡la gracia de vivir pasó a las flores!
¿Dónde del muerto frases familiares,
el arte personal, el alma propia?
En la fuente del llanto larvas hilan.

Agudo gritos de exaltadas jóvenes,
ojos, dientes, humedecidos párpados,
el hechicero seno que se arriesga,
la sangre viva en labios que se rinden,
los dedos que defienden dones últimos,
¡va todo bajo tierra y entra al juego!

Y tú, gran alma, ¿un sueño acaso esperas
libre ya de colores del engaño
que al ojo camal fingen onda y oro?
¿Cuando seas vapor tendrás el canto?
¡Ve! ¡Todo huye! Mi presencia es porosa, ¡
la sagrada impaciencia también muere!

¡Magra inmortalidad negra y dorada,
consoladora de horroroso lauro
que matemal seno haces de la muerte,
el bello engaño y la piadosa argucia!
¡Quién no conoce, quién no los rechaza,
al hueco cráneo y a la risa eterna!

Deshabitadas testas, hondos padres,
que bajo el peso de tantas paladas,
sois la tierra y mezcláis nuestras pisadas,
el roedor gusano irrebatible
para vosotros no es que bajo tablas
dormís, ¡de vida vive y no me deja!

¿Amor quizás u odio de mí mismo?
¡Tan cerca tengo su secreto diente
que cualquier nombre puede convenirle!
¡Qué importa! ¡Mira, quiere, piensa, toca!
¡Agrádale mi carne, aun en mi lecho,
de este viviente vivo de ser suyo!

¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!
¡Me has traspasado con tu flecha alada
que vibra, vuela y no obstante no vuela!
¡Su son me engendra y mátame la flecha!
¡Ah! el sol... ¡Y qué sombra de tortuga
para el alma, veloz y quieto Aquiles!

¡No! ¡No!... ¡De pie! ¡En la era sucesiva!
¡Cuerpo mío, esta forma absorta quiebra!
¡Pecho mío, el naciente viento bebe!
Una frescura que la mar exhala,
ríndeme el alma... ¡Oh vigor salado!
¡Ganemos la onda en rebotar viviente!

¡Sí! Inmenso mar dotado de delirios,
piel de pantera, clámide horadada
por los mil y mil ídolos solares,
hidra absoluta, ebria de carne azul,
que te muerdes la cola destellante
en un tumulto símil al silencio.

¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!
¡Cierra y abre mi libro el aire inmenso,
brota audaz la ola en polvo de las rocas!
¡Volad páginas todas deslumbradas!
¡Olas, romped con vuestra agua gozosa
calmo techo que foques merodean!


The Graveyard By The Sea

This quiet roof, where dove-sails saunter by,
Between the pines, the tombs, throbs visibly.
Impartial noon patterns the sea in flame --
That sea forever starting and re-starting.
When thought has had its hour, oh how rewarding
Are the long vistas of celestial calm!

What grace of light, what pure toil goes to form
The manifold diamond of the elusive foam!
What peace I feel begotten at that source!
When sunlight rests upon a profound sea,
Time's air is sparkling, dream is certainty --
Pure artifice both of an eternal Cause.

Sure treasure, simple shrine to intelligence,
Palpable calm, visible reticence,
Proud-lidded water, Eye wherein there wells
Under a film of fire such depth of sleep --
O silence! . . . Mansion in my soul, you slope
Of gold, roof of a myriad golden tiles.

Temple of time, within a brief sigh bounded,
To this rare height inured I climb, surrounded
By the horizons of a sea-girt eye.
And, like my supreme offering to the gods,
That peaceful coruscation only breeds
A loftier indifference on the sky.

Even as a fruit's absorbed in the enjoying,
Even as within the mouth its body dying
Changes into delight through dissolution,
So to my melted soul the heavens declare
All bounds transfigured into a boundless air,
And I breathe now my future's emanation.

Beautiful heaven, true heaven, look how I change!
After such arrogance, after so much strange
Idleness -- strange, yet full of potency --
I am all open to these shining spaces;
Over the homes of the dead my shadow passes,
Ghosting along -- a ghost subduing me.

My soul laid bare to your midsummer fire,
O just, impartial light whom I admire,
Whose arms are merciless, you have I stayed
And give back, pure, to your original place.
Look at yourself . . . But to give light implies
No less a somber moiety of shade.

Oh, for myself alone, mine, deep within
At the heart's quick, the poem's fount, between
The void and its pure issue, I beseech
The intimations of my secret power.
O bitter, dark, and echoing reservoir
Speaking of depths always beyond my reach.

But know you -- feigning prisoner of the boughs,
Gulf which cats up their slender prison-bars,
Secret which dazzles though mine eyes are closed --
What body drags me to its lingering end,
What mind draws it to this bone-peopled ground?
A star broods there on all that I have lost.

Closed, hallowed, full of insubstantial fire,
Morsel of earth to heaven's light given o'er --
This plot, ruled by its flambeaux, pleases me --
A place all gold, stone, and dark wood, where shudders
So much marble above so many shadows:
And on my tombs, asleep, the faithful sea.

Keep off the idolaters, bright watch-dog, while --
A solitary with the shepherd's smile --
I pasture long my sheep, my mysteries,
My snow-white flock of undisturbed graves!
Drive far away from here the careful doves,
The vain daydreams, the angels' questioning eyes!

Now present here, the future takes its time.
The brittle insect scrapes at the dry loam;
All is burnt up, used up, drawn up in air
To some ineffably rarefied solution . . .
Life is enlarged, drunk with annihilation,
And bitterness is sweet, and the spirit clear.

The dead lie easy, hidden in earth where they
Are warmed and have their mysteries burnt away.
Motionless noon, noon aloft in the blue
Broods on itself -- a self-sufficient theme.
O rounded dome and perfect diadem,
I am what's changing secretly in you.

I am the only medium for your fears.
My penitence, my doubts, my baulked desires --
These are the flaw within your diamond pride . . .
But in their heavy night, cumbered with marble,
Under the roots of trees a shadow people
Has slowly now come over to your side.

To an impervious nothingness they're thinned,
For the red clay has swallowed the white kind;
Into the flowers that gift of life has passed.
Where are the dead? -- their homely turns of speech,
The personal grace, the soul informing each?
Grubs thread their way where tears were once composed.

The bird-sharp cries of girls whom love is teasing,
The eyes, the teeth, the eyelids moistly closing,
The pretty breast that gambles with the flame,
The crimson blood shining when lips are yielded,
The last gift, and the fingers that would shield it --
All go to earth, go back into the game.

And you, great soul, is there yet hope in you
To find some dream without the lying hue
That gold or wave offers to fleshly eyes?
Will you be singing still when you're thin air?
All perishes. A thing of flesh and pore
Am I. Divine impatience also dies.

Lean immortality, all crêpe and gold,
Laurelled consoler frightening to behold,
Death is a womb, a mother's breast, you feign
The fine illusion, oh the pious trick!
Who does not know them, and is not made sick
That empty skull, that everlasting grin?

Ancestors deep down there, O derelict heads
Whom such a weight of spaded earth o'erspreads,
Who are the earth, in whom our steps are lost,
The real flesh-eater, worm unanswerable
Is not for you that sleep under the table:
Life is his meat, and I am still his host.

'Love,' shall we call him? 'Hatred of self,' maybe?
His secret tooth is so intimate with me
That any name would suit him well enough,
Enough that he can see, will, daydream, touch --
My flesh delights him, even upon my couch
I live but as a morsel of his life.

Zeno, Zeno, cruel philosopher Zeno,
Have you then pierced me with your feathered arrow
That hums and flies, yet does not fly! The sounding
Shaft gives me life, the arrow kills. Oh, sun! --
Oh, what a tortoise-shadow to outrun
My soul, Achilles' giant stride left standing!

No, no! Arise! The future years unfold.
Shatter, O body, meditation's mould!
And, O my breast, drink in the wind's reviving!
A freshness, exhalation of the sea,
Restores my soul . . . Salt-breathing potency!
Let's run at the waves and be hurled back to living!

Yes, mighty sea with such wild frenzies gifted
(The panther skin and the rent chlamys), sifted
All over with sun-images that glisten,
Creature supreme, drunk on your own blue flesh,
Who in a tumult like the deepest hush
Bite at your sequin-glittering tail -- yes, listen!

The wind is rising! . . . We must try to live!
The huge air opens and shuts my book: the wave
Dares to explode out of the rocks in reeking
Spray. Fly away, my sun-bewildered pages!
Break, waves! Break up with your rejoicing surges
This quiet roof where sails like doves were pecking.

Paul Valéry (Sète, 1871-París, 1945), Charmes, 1922

Versiones: Javier Sologuren (Lima, 1921-2004) La Máquina del Tiempo
Cecil Day Lewis (Ballintogher, 1904-Hadley Wood, 1972) Seamus Cooney/Western Michigan University


Le cimetière marin

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencee
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.

Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
O mon silence! . . . Édifice dans l'ame,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!

Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.

Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.

Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.

L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi! . . . Mais rendre la lumière
Suppose d'ombre une morne moitié.

O pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!

Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.

Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!

Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!

Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence . . .
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.

Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.

Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant! . . .
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.

Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.

Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!

Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!

Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!

Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irréfutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!

Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil . . . Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!

Non, non! . . . Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme . . . O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.

Oui! grande mer de delires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil

Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux rejouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!



Foto: Valéry s/d

sábado, octubre 30, 2010

Pablo Neruda / El fantasma del buque de carga




El fantasma del buque de carga

Distancia refugiada sobre tubos de espuma,
sal en rituales olas y órdenes definidos,
y un olor y rumor de buque viejo,
de podridas maderas y hierros averiados,
y fatigadas máquinas que aúllan y lloran
empujando la proa, pateando los costados,
mascando lamentos, tragando y tragando distancias,
haciendo un ruido de agrias aguas sobre las agrias aguas,
moviendo el viejo buque sobre las viejas aguas.

Bodegas interiores, túneles crepusculares
que el día intermitente de los puertos visita:
sacos, sacos que un dios sombrío ha acumulado
como animales grises, redondos y sin ojos,
con dulces orejas grises,
y vientres estimables llenos de trigo o copra,
sensitivas barrigas de mujeres encinta,
pobremente vestidas de gris, pacientemente
esperando en la sombra de un doloroso cine.

Las aguas exteriores de repente
se oyen pasar, corriendo como un caballo opaco,
con un ruido de pies de caballo en el agua,
rápidas, sumergiéndose otra vez en las aguas.
Nada más hay entonces que el tiempo en las cabinas:
el tiempo en el desventurado comedor solitario,
inmóvil y visible como una gran desgracia.
Olor de cuero y tela densamente gastados,
y cebollas, y aceite, y aún más,
olor de alguien flotando en los rincones del buque,
olor de alguien sin nombre
que baja como una ola de aire las escalas,
y cruza corredores con su cuerpo ausente,
y observa con sus ojos que la muerte preserva.

Observa con sus ojos sin color, sin mirada,
lento, y pasa temblando, sin presencia ni sombra:
los sonidos lo arrugan, las cosas lo traspasan,
su transparencia hace brillar las sillas sucias.
Quién es ese fantasma sin cuerpo de fantasma,
con sus pasos livianos como harina nocturna
y su voz que sólo las cosas patrocinan?
Los muebles viajan llenos de su ser silencioso
como pequeños barcos dentro del viejo barco,
cargados de su ser desvanecido y vago:
los roperos, las verdes carpetas de las mesas,
el color de las cortinas y del suelo,
todo ha sufrido el lento vacío de sus manos,
y su respiración ha gastado las cosas.

Se desliza y resbala, desciende, transparente,
aire en el aire frío que corre sobre el buque,
con sus manos ocultas se apoya en las barandas
y mira el mar amargo que huye detrás del buque.
Solamente las aguas rechazan su influencia,
su color y su olor de olvidado fantasma,
y frescas y profundas desarrollan su baile
como vidas de fuego, como sangre o perfume,
nuevas y fuertes surgen, unidas y reunidas.

Sin gastarse las aguas, sin costumbre ni tiempo,
verdes de cantidad, eficaces y frías,
tocan el negro estómago del buque y su materia
lavan, sus costras rotas, sus arrugas de hierro:
roen las aguas vivas la cáscara del buque,
traficando sus largas banderas de espuma
y sus dientes de sal volando en gotas.

Mira el mar el fantasma con su rostro sin ojos:
el círculo del día, la tos del buque, un pájaro
en la ecuación redonda y sola del espacio,
y desciende de nuevo a la vida del buque
cayendo sobre el tiempo muerto y la madera,
resbalando en las negras cocinas y cabinas,
lento de aire y atmósfera y desolado espacio.

Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973), Residencia en la tierra, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969

Foto: Neruda, s/d Neruda/Universidad de Chile

viernes, octubre 29, 2010

Jude Nutter / El curador del silencio




El curador del silencio

Hail to thee, blithe Spirit!
Bird thou never wert,
That from heaven, or near it,
Pourest thy full heart
In profuse strains of unpremeditated art.

—P. B. Shelley

En súbita explosión creativa se inclinan sobre sus escritorios,
la corona de cada cabeza brilla como piedra húmeda, enamorada

del poeta, del pájaro que permanece oculto, como un poeta,
a la luz del pensamiento. Y qué
difícil, cuando la única lengua que tienen

está en los cortos y gordos dedos de los doce
crayones que tienen delante; y qué
bello es que se nieguen a que su visión del mundo

se limite a aquello que está al alcance de sus manos o no;
que lleguen, uno a uno
hasta el frente del cuarto con sus grandes visiones—

escaleras de canciones, grandes melodías y tramos de canto
y los diminutos cuerpos de las alondras
ascendiendo, y Shelley, concentrado en su trabajo, con una blanca

frase de encaje en sus muñecas; y alguien,
cautivado con el modo en que una canción
se libera del guante del cuerpo, ha interpretado

este momento como el momento en que el badajo
y enorme campana cuelgan ingrávidos y una larga
resonancia se agita en libertad. Y después

de que todas hayan avanzado ella se levanta
de atrás de la fortaleza de su escritorio, con su fotografía
alzada frente a ella, como un escudo, su piel

tan pálida que pensarías que es la luz misma
escapando, lentamente, como el aire, desde su interior. Aquí,
ella dice, está la canción que el pájaro quiere cantar

pero no puede. Y en lugar de ausencia, y en lugar del
silencio que esperamos, ella ha dibujado
un aro de amarillo resplandeciente. Como el aliento

que del que el cuerpo se desnuda y abandona.
Como la quimera de un nombre que escapa, libre
de la cubierta de lo que significa.

No se trata de la muerte: la muerte
es un actor secundario. Allí cerca, la brillante
cera amarilla de la canción que el pájaro no puede cantar

es tan gruesa que se frunce y se levanta como una cicatriz
y mi pensamiento se desplaza sobre ella como la luz
sobre el agua mientras ella se queda allí — una pequeña

soledad, llena de riqueza, el cuarto radiante
ahora con una carencia de canto. A través de la ventana,
en el viento, las hojas de las lilas discuten

como lenguas, pero estas son las únicas
lecciones que necesitarán aprender: que la vida
no es un artefacto, pero sí una abertura — un entrar

y un caerse, que cantar es levantarse
de la tumba del cuerpo. Y aún así
decir menos que nada.


Jude Nutter, nacida en North Yorkshire, Inglaterra, vive en los Estados Unidos desde 1980, The Curator of silence, University of Notre Dame Press, 2006
Versión de Silvia Camerotto

The curator of silence

Hail to thee, blithe Spirit!/ Bird thou never wert,/That from heaven, or near it,/Pourest thy full heart/In profuse strains of unpremeditated art./—P. B. Shelley
Over their desks they curve in a burst of sudden creation,/the crown of each head glossy as wet stone, in love //with the poet, with the bird that is hidden, like a poet, /in the light of thought. And how /difficult, when the only language they are given //is in the short, fat fingers of the twelve /waxy crayons before them; and how /beautiful that they refuse to let their visions//of the world be limited by whatever is, or is not, /on hand; that they come, one by one, /to the front of the room with their great visions—//ladders of song, great strains and stretches of singing /and the tiny bodies of the skylarks /ascending, and Shelley, hard at work, with a white //exclamation of lace at his wrists; and someone, /enthralled with how a song /peels free from the glove of a body, has rendered //this moment as the moment when the clapper /and the cup of the great bell both hang weightless and a long /resonance floats free. And after //they have all come forward she rises /up behind the fortress of her desk, her picture /held out before her like a shield, her skin //so pale you’d think it was light itself /escaping, slowly, like air, from inside her. Here, /she says, is the song the bird wants to sing //but cannot. And instead of absence, and instead /of the blankness we expect, she’s drawn /a hoop of resplendent yellow. Like the breath //undressed from and abandoned by a body. /Like the chimera of a name slipped free /from the sheath of its meaning. //This is not about death: death /is a minor player. Up close, the bright /yellow wax of the song that the bird cannot sing //is so thick it is puckered and raised like a scar /and my mind moves over it like light /over water while she stands there —a small //loneliness, full of riches, the room radiant /now with a lack of singing. Through the window, /in the wind, the leaves of the lilac haggle //like tongues, but these are the only /lessons they will ever need to learn: that life /is not artifact, but aperture —a stepping into //and a falling away; that to sing is to rise /from the grave of the body. And still /say less than nothing.


Ilustración: El tocador de laúd (detalle), 1595, Caravaggio

miércoles, octubre 27, 2010

Héctor Viel Temperley / David




David

David me aprieta el brazo
como un bondadoso pastor negro
y me pregunta qué quiero
escuchar esta noche
en su trompeta.

Siempre quiero esuchar lo mismo, David,
siempre creo en el mismo Jesucristo,
todas las semanas cometo los mismos pecados,
sigo crucificado en el mismo y destemplado aire.

(De Plaza Batallón 40)


Héctor Viel Temperley (Buenos Aires, 1933-1987), Mario Campaña, Antología de poesía argentina de hoy, Editorial Bruguera, Barcelona, 2010

Ilustración: Eight Poles, 1987, Miquel Barceló

Dante Alighieri / Divina Comedia, Paraíso, 18




Paraíso, Canto decimoctavo

Ya se gozaba sólo de su verbo
aquel espejo beato, y yo el mío gustaba,
templando con lo dulce lo acerbo;

y la dama que a Dios me conducía
dijo: "Cambia el pensamiento, que estoy
cerca de aquel que todo error alivia".

Me volví al amoroso sonido
de mi consuelo, y cómo entonces vi
en los ojos santos amor, lo omito:

no sólo porque de mi hablar desconfíe,
sino porque la mente no puede recordar
lo que la rebasa, si otro no la guía.

Sólo puedo decir acerca de este punto
que, mirándola de nuevo, mi afecto
fue libre de cualquier otro deseo,

mientras el placer eterno que directo
irradiaba Beatriz, del bello rostro
me contentaba con el segundo aspecto.

Venciéndome con la luz de una sonrisa,
ella me dijo: "Vuélvete y escucha;
que no solo en mis ojos hay paraíso".

Como se ve aquí algunas veces
el afecto en la vista, si es tanto
que por él sea el alma arrebatada,

así en el llamear del fulgor santo,
al que me volví, conocí el deseo
de hablarme aún un poco de algo.

Y comenzó: "En esta quinta grada
del árbol que vive en la cima,
da siempre fruta y no pierde hoja,

"espíritus son beatos, que antes
de subir al cielo, fueron de renombre
tal que toda musa se sentiría plena.

"Mira los brazos de la cruz:
los que nombre, harán cómo
hace en la nube el veloz fuego".

Vi por la cruz un luminoso trazo
al nombrarse Josué, como lo hizo;
no noté el decir antes que el acto.

Y al nombre del alto Macabeo
vi moverse a otro rotando:
la delicia era cuerda de ese trompo.

Así por Carlomagno y por Orlando
a dos siguió atenta mi mirada,
como se sigue al halcón volando.

Luego fue a Guillermo y Reonardo
y al duque Godofredo mi vista
por esa cruz, y a Roberto Guiscardo. *

De allí, entre otras luces mixta,
me mostró el alma que me había hablado
cómo era entre cantores un artista.

Me volví hacia el derecho lado
para ver en Beatriz qué hacer,
con palabras o gestos señalado,

y las luces de su ojos vi tan puras,
tan gozosas, que su apariencia
vencía las que tuvo, hasta la última.

Y como, al sentir mayor deleite
obrando bien, un hombre día a día
contempla que su virtud avanza,

así supe que con el girar en torno
junto al cielo, creció mi arco,
al ver más adornado ese milagro.

Y como el trasmutar en corto paso
de tiempo en blanca dama, si su rostro
se deshace de vergüenza el cargo,

tal los ojos míos, cuando fui vuelto,
por el candor de la temperada estrella
sexta, que en su seno me había recibido. **

Yo vi en aquella jovial candela
centellear el amor que la habitaba,
mostrando signos del habla nuestra.

Y como aves que surgen en la orilla,
casi congratulando sus pasturas,
hacen de sí redonda y franca hilera,

así en las luces santas criaturas
revoloteando cantaban, y se hacían
ora D, ora I, ora L en sus figuras.

Cantando, a sus notas se movieron;
luego, haciéndose uno de los signos,
un poco se detenían acallándose.

¡Oh deidad Pegasea, que a los ingenios ***
haces gloriosos y longevos,
y ellos, contigo, las ciudades y los reinos,

ilústrame de ti, tal que releve
sus figuras, como las he pensado:
venga tu fuerza en este verso breve!

Se mostraron pues en cinco veces siete
vocales y consonantes; y yo yo anoté,
tal como me parecieron dichas esas partes.

DILIGITE IUSTITIAM, las primeras, ****
fueron verbo de todo lo allí pintado;
QUI IUDICATIS TERRAM, las últimas.

Luego, en la eme del vocablo quinto
quedaron ordenadas; tal que Júpiter
parecía plateado con oro distinguido.

Y vi descender otras luces donde
era el colmo de la eme, y aquietarse
cantando el bien que allá las mueve.

Y como al golpear el tronco ardiente
surgen innumerables chispas,
donde los estólidos suelen augurarse,

resurgir parecieron allí, de a miles,
las luces, y subir, unas mucho, otras poco,
como las enciende el sol que las produce;

y aquietada cada una en su sitio,
testa y cuello vi de un águila
representada en tal distinto fuego.

Quien pinte allí, no precisa guía;
aquello lo guía, y de él recuerda
la virtud que es forma de la cría.

Las de la otra hilera, que contenta
parecía primero hacer lirio la eme,
con poco esfuerzo siguieron la figura.

¡Oh dulce estrella, cuáles y cuántas gemas
me demostraron que nuestra justicia
efecto es del cielo, que tú enjoyas!

Pido a la mente en que se inicia
tu movimiento y tu virtud que mire
de dónde sale el humo que tu rayo vicia;

para que una vez más aún se irrite
por el comerciar dentro del templo
que se amuró con signos y mártires.

¡Oh milicia del cielo que contemplo,
ruega por aquellos que en la tierra
van desviados tras el mal ejemplo!

Antes solían con espada hacer la guerra;
ahora se hace quitando, aquí y allí,
el pan que el pío Padre a nadie niega.

Tú, que sólo para tachar escribes,
piensa que Pedro y Pablo, que murieron
por la viña que corrompes, viven.

Bien puedes decir: "Firme es mi deseo
aún de aquel que vivió solo, *****
y por danzas llevaron a martirio,
que no conozco al pescador ni a Polo".


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* Guillermo de Orange, caballero cristiano, héroe de los romances franceses medievales y monje del siglo IX; Reonardo, uno de sus paladines, de origen árabe, dotado de fuerza descomunal; Godofredo de Bouillon, activo jefe de la Primera Cruzada, en el siglo XI, y el primero en entrar en Jerusalén, provenía de la baja Lorena; Roberto de Hauteville, llamado el Guiscardo (atrevido), noble normando, en el siglo XI ocupó Sicilia, que durante dos siglos estuvo en poder de los musulmanes.

** Júpiter, regente de la justicia.

*** Calíope u otra de las Musas, imaginadas como deidades vinculadas a Pegaso, que de una patada hizo surgir Hipocrene, la fuente consagrada a las Musas.

**** "Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan en la tierra" (Sabiduría, 1:1).

***** San Juan el Bautista. Estos versos son irónicos: la imagen de Juan estaba sellada sobre la moneda florentina. De igual modo, Pablo será nombrado con el familiar "Polo".


Ilustración: Paraíso, 18. Beatriz conforta al poeta, Salvador Dalí

martes, octubre 26, 2010

Roberto Juarroz / Una vida paralela...




3

Una vida paralela a la otra,
jugando de nuevo las partidas perdidas,
reviviendo a la inversa cada alternativa,
sosteniendo con los pies lo que antes sostuvimos con las manos,
reconociendo en las treguas del agua
la solidez que no supimos encontrar.

Una vida paralela a lo que no fue,
al ciervo que no encontró el bosque,
al itinerario descartado de un verano,
a las manos de una mujer interrumpida,
al señuelo de morir en la alta noche
en que todo parecía una torre de reconocimientos.

Una vida paralela al retroceso real o hipotético de la vida,
para explicarnos la caída que nunca llegó al suelo,
para tocar el punto hacia el cual regresan los abrazos,
para acostumbrarnos a la espalda de las palabras,
para aprender a abrir los ojos sin mirar,
para ubicar el signo del que se cuelgan las llaves
que no entran en ninguna cerradura.

Una vida paralela a la copia de la vida,
al hecho radicalmente autónomo de lo que no vive,
a la imprudente enredadera de los pensamientos interrumpidos,
a la congestión desconcertada de las ventanas de la tierra,
al hecho público y lamentable de tener que vivir,
junto al largo cansancio de tener que morir.

O ya que no existe nada que no sea paralelo de algo,
una vida simple y sencillamente paralela,
aunque no sepamos de qué.

(De Quinta poesía vertical)

Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, 1925-Temperley, 1995), Mario Campaña, Antología de poesía argentina de hoy, Editorial Bruguera, Barcelona, 2010

Foto: Juarroz Laura Cerrato/Página oficial de Roberto Juarroz

Pier Paolo Pasolini / 1945




Anochecer

Es la hora muerta y arcana en que el anochecer
renueva la lluvia
en el aire oscuro, y los campos
reposan infinitos.
Ya sonó el Angelus,
han gritado los chicos.
Ahora un breve silencio
precede al inmenso de la noche;
un silencio que encierra
las voces bajo los techos,
en el rubor de un fuego,
y deja apenas, por una puerta entreabierta,
paso a un cálido canto.
Con la lluvia ligera,
ese canto parece cercano;
y es en cambio infinito
en el tiempo que he pasado en esta tierra,
con estas vidas alrededor, y esta luz
de la luna que nace.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "Raccolte minori e inedite. Poesie (1945)", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino (in memorian P.P.P., muerto hace casi 35 años)


La sera

È l'ora morta e arcana in cui la sera
rinnovella la pioggia
per l'aria oscura, e i campi
riposano infiniti.
È già suonata l'Ave,
han gridato i fanciulli.
Ora un breve silenzio
precede quello immenso della notte;
un silenzio che chiude
le voci sotto i tetti,
al rossore di un fuoco,
e lascia appena, da una porta schiusa,
il varco ad un caldo canto.
Con la pioggia leggera
quel canto par vicino;
ed è invece infinito
nel tempo che ho passato in questa terra
con queste vite intorno, e questa luce
della luna che nasce.

Ilustración: Soir: paysage avec un aqueduc, 1818, Jean-Louis-André-Théodore Géricault

domingo, octubre 24, 2010

Giordano Bruno / de "La expulsión de la bestia triunfante"




Deja las sombras, abraza lo cierto.



Deja las sombras, abraza lo cierto.
No cambies presente por el futuro.
Eres el lebrel que a correr se lanza,
tras la sombra de lo que está en su panza.
No fue dogma de sabio iluminado
perder un bien por otro más preciado.
¿A qué te mueves por lejano aviso
si llevas en ti mismo el paraíso?
Aquel que pierde un bien en este mundo,
no espere, tras la muerte, mejor bien:
el cielo no concederá el segundo
a quien, el otro, no ha querido bien.
crees subir, pero dirás "me hundo";
te diriges al tormento, no al edén,
del placer abjurando. Engaño eterno,
por el cielo estarás en el infierno.


Giordano Bruno (Nola, 1548-Roma, 1600), Lo spaccio della bestia trionfante, "Dialogo Terzo", 1584, texto armado por Bruno con distintos versos del Il vendemmiatore, de Luigi Tansillo (1510-1568)
Versión: Jorge Aulicino

Nota: La expulsión de la bestia triunfante imagina un reordenamiento del cielo astrológico, en el que Júpiter decide que los males sean arrojados de cada casa estelar, dejando en su lugar a las virtudes. Procede a esto ante los dioses, y la acción es narrada a través de distintos diálogos. Quien acude a los versos de Tansillo es el Ocio, denostando a la Fatiga o Diligencia y defendiendo su posición en el cielo de Júpiter, en el nombre de la "edad dorada", cuando la especie humana no conocía el esfuerzo. Antes de exponer su defensa en versos, alega (versión de este editor): "Ésta (la Diligencia), envidiosa de la calma y la beatitud, o bien sombra de placer que en nuestro ser podamos tomar, habiendo puesto ley al coito, al alimento, al dormir, para que no sólo menos nos podamos deleitar, sino para que más a menudo nos aflijamos y atormentemos, hace que sea hurto aquel don de la naturaleza, y quiere que se desprecie lo bello, lo dulce, lo bueno, y del mal, amargo y ruin, hagamos estima. Ésta seduce al mundo a dejar el cierto y presente bien que aquello tiene, y ocuparse y ponerse en todo tormento por la sombra de futura gloria. Yo a aquél que con tantos espejos, cuantas son las estrellas en el cielo, la verdad demuestra, y a aquél que con tantas voces y lenguas, cuantos son los bellos objetos, la naturaleza exterior entona, vengo de todos los sitios del interno edificio a exhortarlo".



Lascia l'ombre ed abbraccia il vero.
Non cangiare il presente col futuro.
Tu sei il veltro che nel rio trabocca,
mentre l'ombra desia di quel c'ha in bocca.
Aviso non fu mai di saggio o scaltro
perdere un bene per acquistarne un altro.
A che cerchi si lungi diviso
se in te stesso trovi il paradiso?
Anzi, chi perde l'un mentre e' nel mondo,
non speri dopo morto l'altro bene.
Perche' si sdegna il ciel dare il secondo
a chi il primiero don caro non tenne;
cosi', credendo alzarti, vai a fondo;
ed ai piacer togliendoti, a le pene
ti condanni; e con inganno eterno,
bramando il ciel, stai ne l'inferno.

Letteratura Italiana.net

Ilustración: Monumento a Bruno en Campo di Fiori, Roma, donde fue quemado por la Inquisición

Cesare Pavese / Los gatos lo sabrán




The cats will know

Aún caerá la lluvia
sobre dulces empedrados,
una lluvia ligera
como un hálito o un paso.
Aún la brisa y el alba
florecerán ligeras
como bajo tu paso,
y tú regresarás.
Entre flores y alfeizares,
los gatos lo sabrán.

Llegarán otros días,
llegarán otras voces.
Sonreirás sola.
Los gatos lo sabrán.
Oirás viejas palabras,
vanas y cansadas
como vestidos usados
de las fiestas pasadas.

Tú también harás gestos.
Responderás palabras;
rostro de primavera,
tú también harás gestos.

Los gatos lo sabrán,
rostro de primavera,
y la lluvia ligera,
el alba de jacinto,
que el corazón lacera
de quien no te espera,
son la triste sonrisa
que tú sonríes sola,
Llegarán otros días,
voces y despertares.
Sufriremos al alba,
rostro de primavera.

10 de abril 1950

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Verrà la morte e avrà i tuoi occhi", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión: Jorge Aulicino

The cats will know

Ancora cadrà la pioggia
sui tuoi dolci selciati,
una pioggia leggera
come un alito o un passo.
Ancora la brezza e l'alba
fioriranno leggere
come sotto il tuo passo,
quando tu rientrerai.
Tra fiori e davanzali
i gatti lo sapranno.

Ci saranno altri giorni,
si saranno altre voci.
Sorriderai da sola.
I gatti lo sapranno.
Udrai parole antiche,
parole stanche e vane
come i costumi smessi
delle feste di ieri.

Farai gesti anche tu.
Risponderai parole -
viso di primavera,
farai gesti anche tu.

I gatti lo sapranno,
viso di primavera;
e la pioggia leggera,
l'alba color giacinto,
che dilaniano il cuore
di chi più non ti spera,
sono il triste sorriso
che sorridi da sola.
Ci saranno altri giorni,
altre voci e risvegli.
Soffrieremo nell'alba,
viso di primavera.

10 aprile 1950


Ilustración: La maisonnette, 1924, Juan Gris

sábado, octubre 23, 2010

Coral Bracho / ¿Dónde está el sujeto que propicia...?




Voltea los signos por su revés

¿Dónde está el sujeto que propicia
y que nombra?
Detrás de la puerta blanca. Habla
al oído
y en la sombra, al amanecer, o tarde
en el imán del miedo
que siempre está. En la mesa,
en la contraesquina. Voltea los signos
por su revés, los guantes, el filo de A
a B. Lo hostil,
el riesgo de A
a B; de B a A, junto al ropero,
al fondo; o en la casa contigua.

Coral Bracho (Ciudad de México, 1951), El Poeta y su Trabajo, 35, Invierno 2010, México

Foto: Coral Bracho, Zoland Poetry

viernes, octubre 22, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Paraíso, 17




Canto decimoseptimo

Como el que fue a Climena, para asegurarse *
de aquello que contra él había oído,
lo que ante el hijo hace prudente al padre;

tal estaba yo, y tal era sentido
por Beatriz, y por la santa lámpara
que antes por mí había mudado sitio.

A lo que mi señora: "Manda fuera la llama
de tu deseo", dijo, "para que venga
bien signada por la interna estampa;

"no por que nuestra conciencia crezca
por tu hablar, sino para que te hagas
a decir la sed que otros apagan".

"Oh cara planta, tanto te elevas
que, como ven las mentes terrenales
no caber en triángulo dos obtusos,

"así ves las cosas contingentes
tal como son en sí, mirando el punto
donde todos los tiempos son presentes;

"mientras iba con Virgilio junto,
subiendo el monte que las almas cura,
y descendiendo aquel mundo difunto,

"dichas me fueron de mi vida futura **
palabras graves, y aunque me sienta
tetrágono a golpes de la ventura, ***

"mi voluntad sería contenta
de entender qué fortuna se me acerca:
la saeta prevista es la más lenta".

Así dije a aquella luz misma
que antes había hablado, y como quiso
Beatriz, mi confesión estuvo hecha.

No con ambage en que el necio
se enviscaba antes que fuese muerto
el Cordero que quita el pecado,

sino con claras palabras y preciso
latín respondió el amor paterno, ****
en su sonrisa oculto y manifiesto:

"La contigencia que fuera de cuaderno
de tu materia no se extiende,
está pintada en el presente eterno:

"necesidad, empero, allí no entiende
sino como en la mirada se refleja
la nave, aguas abajo en el torrente.

"De allí, tal como llega a oreja
dulce armonía de órgano, me viene
a la vista el tiempo que te llega.

"Como se fue Hipólito de Atenas
por la despiadada y pérfida madrastra,
tal de Florencia tu partir se aviene.

"Esto se quiere y esto lo buscan;
y pronto lo habrá hecho quien lo piensa,
donde a Cristo día y noche transan.

"La culpa seguirá a la parte ofensa
gritando, como suele; pero venganza
dará testimonio al ver quien la reclama.

"Tú dejarás cada cosa dilecta
y tan querida; esta es la flecha
que el arco de exilio antes lanza.

"Tú probarás cómo sabe a sal
el pan ajeno, y cómo duro cala
bajar y subir otras escaleras.

"Y lo que más te gravará la espalda
será la compañía tonta y malvada
con la que caerás por esa cuesta;

"que será ingrata, loca e impía
contra ti; pero enseguida,
ella, no tú, tendrá roja la sien. *****

"De su bestialidad, su procedimiento
será la prueba; así te sabrá bueno
haber hecho partido de ti mismo.

"Tu primer protector y posadero
será la cortesía del gran Lombardo ******
que en su escala lleva el santo pájaro;

"él te dará tan buen resguardo,
que en el hacer y pedir, entre los dos,
será pronto lo que entre otros tardo.

"Con él verás a quien fue sellado
al nacer por tan fuerte estrella,
que notables serán todos sus actos.

"No está la gente aún despierta
por la corta edad, que sólo nueve años
han girado en su torno estas esferas;

"mas antes que el Gascón engañe a Enrique,
se verán las chispas de sus virtudes
que no se cuida de plata ni de afanes.

"Su magnificencia conocida
será también, y sus enemigos
no podrán tener la lengua muda.

"A él espera, y sus beneficios;
por él será cambiada mucha gente:
mudarán condición ricos y mendigos;

"y te llevarás en la mente
esto de él, y no lo dirás"; y dijo cosas
increíbles a quien lo oyese.

Y agregó: "Hijo, estas son las glosas
de lo que te fue dicho; esta es la insidia
que tras de pocos giros está oculta.

"Pero no quiero que a tu vecino envidies,
pues cuando se infuture tu vida
llegarás a ver el castigo a sus perfidias".

Luego que, callando, se mostró expedita
el alma santa de tejer la trama
en aquella tela que le tendí urdida,

yo comencé, como el que anhela,
dudando, consejo de persona
que ve y quiere derechamente y ama:

"Veo bien, padre mío, que espolea
el tiempo hacia mí, para golpearme
gravemente, como al que más se entrega;

"de precaución es bueno que me arme,
tal que si quitan el sitio más querido,
yo no pierda otros, por mi canto.

"Abajo por el mundo sin fin amargo,
y por el monte a cuya cumbre
los ojos de mi dama me elevaron,

"y luego por el cielo, de lumbre a lumbre,
he aprendido aquello que si lo repito,
a muchos les dará sabor muy agrio;

y si de la verdad soy tímido amigo,
temo no pervivir entre los hombres
que a este tiempo llamarán antiguo".

La luz en que reía mi tesoro
y halle en tal sitio, se hizo corusca,
como al rayo de sol espejo de oro,

y respondió: "Conciencia obtusa
de la propia o de otra vergüenza,
encontraría tu palabra brusca.

"Y sin embargo remueve la mentira,
toda tu visión haz manifiesta
y que se rasquen donde hay sarna.

"Que si tu voz se hace molesta
al primer gusto, vital alimento
dejará luego, digerida.

"Este, tu grito, hará como el viento,
que las altas cimas más golpea;
y no será, para honor, poco argumento.

"Por eso te mostraron en estas ruedas,
en el monte y la sima dolorosa,
sólo las ánimas que son más afamadas,

"que el ánimo del que oye no se posa
ni pondría fe en ejemplo que tuviera
su raíz escondida o ignorada
ni en razón alguna que no sea clara".


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* Como le dijeron que no era el hijo de Apolo, Faetón se lo preguntó a su madre, Climena. Era hijo de Helios, de los segundos titanes en la primitiva mitología griega, que devino en Apolo, o cuyo nombre fue uno de los epítetos de Apolo.

** En el Canto Décimo del Infierno, Dante ha escuchado, de boca de Farinata degli Uberti, la más clara de las profecías acerca de su destierro. Allí, Virgilio le ha aconsejado que sólo crea lo que le vaticine Beatriz; Dante prefiere interrogar en cambio a su antepasado, Cacciaguida. Este le revela que su penuria está siendo tramada en Roma, "donde a Cristo día y noche transan". Los güelfos negros, de Donati, le impusieron el destierro en 1302, mientras esperaba en Roma ser recibido por el Papa. El vaticinio de Farinata decía que el aciago "arte" se realizaría antes de que la Luna cumpliese cincuenta ciclos, es decir, antes de cincuenta meses, que, contando desde abril de 1300 -tiempo de ficción de la Comedia-, son los que transcurrieron hasta que Dante comenzó su exilio.

*** Firme como un cuerpo de cuatro caras.

**** Cacciaguida comenzó hablando en latín en el Canto Decimoquinto, pero en el Canto Duodécimo Dante usa la expresión latino para referirse al lenguaje preciso y llano. Los comentaristas dividen, por consiguiente, sus opiniones sobre el significado del término en este verso. Parece claro que en un caso aludía al modo de hablar del Lacio, y, en el otro, a la lengua culta, del mismo origen, pero convertida en lengua paneuropea.

***** La sangre de los gilbelinos durante su frustrada campaña contra Florencia, en 1304.

****** La familia della Scala, de Verona, aludida enseguida por su escudo, que mostraba el águila sobre gradas, y anteriormente en el "subir y bajar otras escaleras", dio protección a Dante. La mención del águila es anacrónica: los della Scala no la tuvieron hasta 1311 y la Comedia está situada en 1300. El comentario canónico dice que el aludido como gran Lombardo es Bartolomeo. El nacido bajo gran estrella (se entiende que Marte), que se menciona luego, es Can Grande, hermano de Bartolomeo, de nueve años en el tiempo de ficción de la Comedia. Sus virtudes se hicieron evidentes antes que el Gascón, el papa Clemente V, cuya llegada se espera en el infierno (Canto Decimonono), engañara a Enrique VII -en quien Dante depositó esperanzas durante su exilio-, mostrándose primero benevolente y luego adverso. Can Grande fue vicario del emperador, y la familia incorporó entonces a su insignia el águila.

Ilustración: Paraíso, 17. Cacciaguida ve el exilio de Dante en Dios, Salvador Dalí

Juan Manuel Inchauspe / Dos poemas




Azaleas…

Azaleas
begonias
helechos moros
sandalias de hojas caladas y palmiformes conviven
en una armonía espontánea en el patio de esta pensión.
Las paredes blancas proyectan el silencioso contraste.
Verde sobre blanco.
La trepadora conduce la mirada a los altos de la vieja casa.
La hora o la deshora del día dominical apaga y tritura
los ruidos de la ciudad.
¿Y qué hace este hombre detrás de la ventana?
¿Pensará que la armonía exterior es aparente?
¿Real?



Había estado…

Había estado
buscando una casa, un lugar
donde poder vivir,
paredes alquiladas
cualquier cosa.

Al volver
desde el centro de una plaza vacía
alcancé a ver ese frío y lejano sol
que siempre se apaga detrás de la grandes ciudades.


Juan Manuel Inchauspe (Santa Fe, 1940-1991), "Poemas inéditos", Trabajo nocturno -Poemas completos-, :e(m)r; y Ediciones UNL, 2010

Ilustración: Patio de una casa en Delft, 1658, Pieter de Hooch

jueves, octubre 21, 2010

Roberto Malatesta / Un hombre escribe...




Un hombre escribe la palabra amanecer

Un hombre escribe la palabra amanecer,
una voz pura para su cuaderno raído,
y el peso de una vida gravitando en su espalda.
¿Qué nos quieren decir este hombre y su palabra?
No parece enmarcar un tiempo culminante,
no luce ropas nuevas, siquiera se ha afeitado,
ningún indicio externo, tan solo ante él, la hoja última
en la cual se destaca: amanecer.
¿Cuáles son las razones que impulsaron
la fe de este hombre viejo a un sonido
que al parecer ya no le viene al uso?
¿Quizás un amuleto palpable en su pecho?
¿Un signo más allá de sus propias palabras
escrito cuando todo parece derrumbarse?

Roberto Malatesta (Santa Fe, 1961), La nada que nos viste, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2010

Ilustración: Pennsylvania Coal Town, 1947, Edward Hopper

Estela Figueroa / Primero fue...




La mosca

Primero fue como la intromisión de una mosca en invierno.
Algo tan raro. Los ojos siguen el vuelo.
El oído trata de percibir el zumbido.
La mosca se detiene en la mesa
en la bombilla de luz. Desconcierta.

Después -esto se sabe-
una mosca en invierno puede anunciar tormenta.
Es peligro. Es
como un frío repentino en el pecho.
-Voy a enfermarme -se piensa.

Y el primer trueno es un escándalo.
No queda un vidrio sano. No hay
espejo donde mirarse.

Hay que cerrar la casa como cuando llega la noche.
Que sentarse como para abrir una carta.
Que acostarse como para recibir una enfermedad.
Que levantarse como para ir hacia la puerta
como si se hubiera escuchado que golpean.


Estela Figueroa (Santa Fe, 1946), Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009

Ilustración: Nocturn matinal, 1970 Antoni Tàpies

miércoles, octubre 20, 2010

Alfonso Gatto / Tres poemas




Invierno en Roma

Los chicos que piensan en los ojos
tienen el invierno, el largo invierno. Solos,
se apoyan en las rodillas para ver
en la mirada iluminarse el sol.
Más allá de ellos, en el cielo, las chicas
en los hilos luminosos de la lluvia
se tocan los cabellos, caminan solas,
riendo con los labios agrietados.
Han pasado con los siglos palabras
de amor y de piedad, pero las chicas
apretando el chalcito, caminan solas
solas en el cielo y en la lluvia. El techo
gotea sobre los pajaros desde el alero.


Hostería flegrea *

¡Qué constante de nada a la nada absorta
la luz en el polvo! La puerta
al verde oscila, la imprevista llama
del soplo es breve.

Mira fijo el búho
la envidia de la vida,
el despreocupado que bebe
en el emparrado azul en su lava
y al sereno de la muerte invita.


El Dios pobre

El Dios pobre en el ala de la noche
al impetuoso grito alzaba el rostro,
al pensamiento remoto que lo llama.
Y sonriendo creyéndose sutil
sin rumor con su paso igual
en la dulzura de ser creía.
Parecía de sí mismo enamorado, bueno,
por amar con palabras que las manos
acompañan largamente, las palabras
comunes que no parecen nunca dichas.
Pobre Dios de los pobres de Milán.



* De Campi Flegrei: zona de origen volcánico al noroeste de Nápoles.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909– Capalbio, 1976), Osteria flegrea, Mondadori, Milán, 1962
Versiones de Jorge Aulicino


Inverno a Roma

I bambini che pensano negli occhi
hanno l' inverno, il lungo inverno. Soli
s' appoggiano ai ginocchi per vedere
dentro lo sguardo illuminarsi il sole.
Di là da sé, nel cielo, le bambine
ai fili luminosi della pioggia
si toccano i capelli, vanno sole
ridendo con le labbra screpolate.
Son passate nei secoli parole
d' amore e di pietà, ma le bambine
stringendo lo scialletto vanno sole
sole nel cielo e nella pioggia. Il tetto
gocciola sugli uccelli della gronda.


Osteria Flegrea

Come assidua di nulla al nulla assorta
la luce della polvere! La porta
al verde oscilla, l' improvvisa vampa
del soffio è breve.

Fissa il gufo
l' invidia della vita,
l' immemore che beve
nella pergola azzurra del suo tufo
ed al sereno della morte invita.


Il Dio povero

Il Dio povero all’ala della sera
al rapinoso grido alzava il volto,
al pensiero remoto che lo chiama.
E sorridendo a credersi sottile
senza rumore col suo passo eguale
alla dolcezza d’essere credeva.
Parve a se stesso innamorato, buono,
da amare con parole che le mani
accompagnano a lungo, le parole
comuni che non sembrano mai dette.
Povero Dio dei poveri a Milano.

Imagen: Océano, 1911, Piet Mondrian

martes, octubre 19, 2010

Fermín Chávez / Dos poemas




Megara

... oyd' eridánteo Eukleídeo, Magareusin
os embale lússam erísmou
. Timón *


El caserío blanquea
bajo la cima verde de la sierra,
sin rastros del peleador Euclídes,
ni del porfiado Eubúlides.
Sólo el rosado y el blanco del laurel
florecido,
sólo una ladera geométricamente gris,
sólo el mar azul y el olivo y la higuera.
¿Quién debe llamarse calvo?
¿Por qué diez granos han de ser un montón?
El tabaco negro se seca al sol en ristras.
Los sauces lloran igual que en mi pisoteada
Argentina.
Nada de nominalismo.
Nada de nominalismo.

Istmo de Corinto, 4-VIII-1979

* ...ni el pendeciero Euclides, que trajo a Megara el furor de la bronca.


Kerkyra

... atar jeíressi neon epimaíeo nóstu
gaíes Phaiékon, oto toi moir estin alyxaí
. La Odisea, V, 344/345 *


Homero no conoció Corfú
pero yo sí.

Uno puede pasearse
bajo los ramos de laurel rosado
de la Spianada
o por las encajonadas callejuelas
que inauguró San Spyridón,
y la ropa tendida arriba
como si le pusieran velas a Kerkyra.

Lástima que el Poeta se perdió lo mejor:
este sauce llorón junto al Palacio Inglés.

Mar Jónico, 12-VIII-19179


*... procura, nadando con tus manos, alcanzar el país de los Feacios,
donde está el destino de tu salvación.


Fermín Chávez (Nogoyá, 1924-Buenos Aires, 2006), Epigramas del gato amarillo echado junto al fuego y otros poemas, Archivo Núñez Acuña, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Paisaje de Grecia, Augusto Torres

lunes, octubre 18, 2010

Vincenzo Cardarelli / A menudo me parece verlo al Sueño...





Insomnio

A veces me parece verlo al Sueño
Monstruo enorme, impalpable,
Estarme encima, ya pronto a engullirme,
Y soy su presa en aquel mismo instante.
Qué tremenda y desventurada guerra
Es aquella que yo a menudo
Con él voy llevando.
Con el sueño, digo. Y delirando huyo
De las horas que le pertenecen.
Larva inquieta, durmiente que camina
Y va soñando y estima estar despierto.

Vincenzo Cardarelli (Corneto Tarquinia, 1887–Roma, 1959)
Versión de Angel Faretta


Insonnia
Talvolta a me par di vederlo il Sonno,
Mostro enorme, impalpabile,
Starmi sopra già pronto ad inghiottirmi,
E son sua preda in quello stesso istante.
Quale tremenda e sciagurata guerra
È quella ch’io piú spesso
Con lui vo conducendo.
Col Sonno dico. E delirando fuggo
L’ore che gli apartengono.
Larva inquieta, dormente che cammina
E va sognando e stima d’esser desto.


Ilustración: Mobili nella valle, Giorgio de Chirico

Santiago Sylvester / Anoche, a eso de las doce...




(el eclipse)


Anoche, a eso de las doce,
un espectáculo crujiente metió a la luna en ese ceibo
y comenzó el eclipse: el primero del milenio, ahora
que todo se menciona así.
El
primer eclipse para verlo con cautela y premonición: así
ha empezado este año y nada dice que cambiará.
Cautela
para mirar la luna y olvidar que no es sino una piedra seca
dando vueltas por pura obstinación: cautela
que tiene algo de cauterio, ya que el año a olvidar dejó sus heridas
y ya ha empezado el ritual de lamerlas largamente para que se vayan
por la cicatriz.
Premonición
porque todo es premonitorio en el tiempo en que estoy: el
viento en las tejas, la llamada urgente a medianoche, el
saludo en la calle,
esa luna que se esconde: premonición
en cara y contracara,
desde los años que llevo contados hasta
los que faltan por contar
que una vez sumados serán todos.

Y aquí queda este apunte del veintidós de enero, sin tiempo
para el arrepentimiento,
cuando de tanta emoción con espectáculo incluido solo queda
un milenio por delante
y estas pocas palabras que, entre tanto, irán llenando el agujero.


Santiago Sylvester (Salta, 1942), El reloj biológico, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

Ilustración: Negro y violeta, 1923, Vassily Kandinsky

domingo, octubre 17, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Paraíso, 16




Paraíso, Canto decimosexto

Oh nuestra poca nobleza de sangre,
si glorificarse de ti la gente hace
acá abajo, donde el afecto languidece,

admirable cosa no me será jamás:
que donde el apetito no se tuerce,
digo en el cielo, me glorifiqué.

Eres manto que pronto encoge:
si no se añade día a día en él,
con tijeras el tiempo lo recoge.

Con el usted que en Roma se ofrecía,
y que su familia no preserva,
recomenzaron las palabras mías;

por lo que Beatriz, algo apartada,
riendo, hizo como la que tosió
al primer fallo escrito de Ginebra. *

Yo comencé: "Usted es el padre mío;
usted me dio al hablar confianza plena;
usted tanto me eleva, que soy más que yo.

"Con tantos ríos se colma de alegría
mi mente, que por sí se hace leticia
porque puede sostenerla sin fatiga.

"Dígame entonces, cara primicia,
sobre los antiguos, sobre los años
que dejaron huellas en su infancia;

"dígame del redil de Juan Bautista **
cómo eran entonces, y cuál la gente
que era digna de las altas sillas".

Como se aviva al hálito del viento
el carbón encendido, así aquella
luz resplandeció ante mi encomio;

y cuanto ante mis ojos era más bella,
así con voz más dulce y suave,
no con esa moderna frangollera,

dijo: "Desde el día que fue dicho Ave
hasta el parto en que mi madre, ahora santa,
se alivió de mí cuando era grave,

"a su León quinientos cincuenta
más treinta veces vino este fuego ***
para reencender bajo su planta.

"Mis antiguos y yo somos del lugar
donde encuentra el último barrio
aquel que corre en el juego anual. ****

"Basta de mis mayores oír esto:
quiénes fueron y de dónde vinieron,
más es callar que decirlo necesario.

"Todos los que en aquel tiempo podían
cargar armas entre Marte y el Bautista,
eran un quinto de los que ahora viven.

"Pero la ciudadanía, que hoy es mixta
de Campi, de Certaldo y de Fegghine, *****
pura se hallaba en el último artista.

"¡Oh cuánto mejor sería ser vecino
de esta gente que digo, y en Galluzzo
y en Trespiano tener vuestros confines,

"que estar dentro y sostener el tufo
del villano de Aguglión, y el de Signa,
que para traficar tiene el ojo agudo!

"Si la gente que al mundo degenera
no hubiese sido madrastra para César,
sino madre para su hijo más benigna,

"quien hoy, florentino, cambia y merca
se hubiese vuelto a Simifonti
donde su abuelo andaba puerta a puerta; ******

"sería Montemurlo aún de los Condes,
los Cerchi estarían en Ancona,
y tal vez en Valdigrieve los Buondelmonti.

"Siempre la confusión de las personas
fue principio del mal de las ciudades,
como para ustedes la comida exagerada;

"y el toro ciego más abajo cae
que el ciego cordero; y a veces talla
más y mejor uno que cincos aceros.

"Si tú contemplas Luni y Orbisaglia
cómo se han ido, y cómo se marchan
detrás de ellas Chiusi y Sinigaglia,

"oír cómo los linajes se desmadran
no te parecerá nuevo ni fuerte,
puesto que las ciudades tienen final.

"Las cosas todas tienen su muerte,
como ustedes; no se ve en alguna
que dura mucho, pero la vida es breve.

"Y como el girar del cielo de la luna
cubre y descubre las playas sin parar,
así hace con Florencia la Fortuna:

"no debe parecer admirable cosa
lo que diré de los altos florentinos
cuyas famas el tiempo las oculta.

"Yo vi los Ughi y vi los Catellini, *******
Filippi, Greci, Ormanni y Alberichi,
aun decayendo, ilustres citadinos;

" y vi a tan grandes como antiguos,
con los de Sannella, con los de Arca,
y Soldanieri y Ardinghi y Bostichi.

"Sobre la puerta que ahora carga
con nueva felonía de tanto peso
que pronto hará desgracia de la barca, ********

"estaban los Ravignani, ancestros
del conde Guido, y cualquiera del nombre
del alto Bellincione se hizo dueño.

"Los de la Pressa sabían antes cómo
reinar se debe, y tenía Galigaio
dorada en su casa la guarnición y el pomo.

"Grande era ya la columna del Vaio,
Sacchetti, Giuochi, Fifanti y Barucci
y Galli y los que enrojecen por el peso. *********

"La cepa de que nacieron los Calfucci
era ya grande, y fueron llevados
a los curules Sizii y Arrigucci.

"¡Oh cuáles yo vi a los deshechos
por la soberbia! Y las bolas de oro **********
floreaban Florencia en sus grandes hechos.

"Así hacían los padres de aquellos
que, siempre que la Iglesia vaca,
engordan estando en consistorio.

"La arrogante estirpe que se endraga
tras el que huye, y le muestra el diente,
o bien con la bolsa, como cordero aplaca,

"ya se elevaba, mas de humilde gente,
tanto que no le gustó a Ubertín Donato
que por el suegro se hizo su pariente.

"Ya estaba Caposancco en el mercado
descendido desde Fiésole, y ya era
buen ciudadano Giuda con Infangato.

"Diré cosa increíble y verdadera:
el antiguo muro se pasaba por la puerta
que se llamaba como los de Pera.

"Cada uno que la bella insignia porta ***********
del gran barón con cuyo nombre y precio
la fiesta de Tomás se reconforta,

"de aquél tuvo milicia y privilegio;
si bien con el pueblo se reúne
hoy el que lleva la faja con adorno.

"Ya estaban Gualterotti e Importuni;
y estaría el burgo más tranquilo
si de nuevos vecinos fuese ayuno.

"La casa donde nace el llanto ************
por el justo desdén que te dio muerte,
y puso fin a tu vivir dichoso,

"era honrada, ella y su corte:
¡oh Buondelmonte, cuando mal huiste
de casar con ella por otro consorte!

"Muchos se alegrarían, que están tristes,
si Dios te hubiese entregado al Ema
la primera vez que a la ciudad viniste.

"Pero convino a la trunca piedra
sobre el puente, que Florencia hiciese
alguna ofrenda en su paz postrera.

"Con esta gente, y otras con ella,
vi yo a Florencia en tan gran reposo
que no había ocasión en que llorara:

"con esa gente vi yo glorioso
y justo el pueblo, tal que el lirio
nunca en el asta fue invertido,
ni por división se volvió rojo.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* La dama de Malehaut tose cuando la reina Ginebra dice palabras inconvenientes antes de que la bese Lanzarote, en los relatos de la llamada Vulgata o Lancelot en prosa, de autoría no probada, que se escribieron en romance y circularon en el siglo XIII, cuyo tomo tercero es "Lancelot du Lac", el mismo que leen Paolo y Francesca en el Canto Quinto del Infierno.

** Juan el Bautista era el patrono cristiano de la ciudad. Antes lo había sido Marte. A ambos se aludirá más adelante y, en el final, a la estatua del dios grecolatino, sobre el Arno.

*** Quinientas ochenta veces el cielo de Marte cruzó la constelación del León. Desde antiguo, se ha hecho esta inferencia: dado que según el Almagesto, de Claudio Ptolomeo, Marte cumple su órbita en cerca de 687 días terrestres, Dante sugiere que se multiplique esta cifra por 580, para dividirla por 365, con lo que se obtiene 1091 años terrestres desde la Anunciación (cuando "fue dicho Ave") hasta el día en que parió la madre de Cacciaguida ("se alivió de mí"), es decir, el año de nacimiento del tatarabuelo de Dante. Otros comentaristas leyeron antiguamente "tres" donde dice "treinta", y tomaron en cuenta otro cálculo de las revoluciones de Marte, de manera que situaron el nacimiento en 1106. El primer caso, Caccaguida hubiese tenido alrededor de 56 años cuando murió en la Segunda Cruzada, hecho sugerido en el Canto Decimoquinto, y 41, en el segundo cálculo. La edición normalizada de la Comedia consigna siempre cinquecento cinquanta e trenta.

**** Los comentaristas señalan que el barrio es el cercano a la puerta de San Pedro. Suponen que Dante ha querido establecer que sus ancestros vivían en la zona más antigua de la ciudad.

***** Cita primero tres burgos próximos a Florencia, de los que provenían algunos ciudadanos, y luego otros dos, más distantes donde Dante al parecer hubiese querido vivir para evitarse respirar el mismo aire que dos personajes de su tiempo -Baldo d'Aguglione y Fazio da Signa-, acusado el uno de adulteración de registros públicos; el otro, de fraude.

****** Se entiende que si la curia, "madrastra" para el emperador germano (nombrado como César), no se hubiese metido en Florencia, ésta no estaría llena de advenedizos.

******* Aquí el canto rinde tributo a antiguas familias, a la manera de la célebre enumeración de los reyes y las naves, en la Ilíada. Una suerte de génesis de interés histórico y patriótico.

******** Alude a los Cerchi, que "pronto" -es decir, en el tiempo de Dante- causarían la división de los güelfos.

********* Los Chiaramontesi, uno de cuyos descendientes en tiempos de Dante adulteró las medidas en la Aduana, cometiendo un fraude del que se avergüenza la familia.

********** Bolas de oro en campo azul era el escudo de los Lamberti.

*********** Las familias que llevan en sus escudos las franjas rojas y blancas de Hugo de Brandeburgo , muerto el día de Santo Tomás.

*********** La casa de los Amidei. Buondelmonte fue asesinado por haber renunciado a su compromiso con una hija de la casa. El crimen, cometido por el Mosca Lamberti (ver Infierno, Canto Vigesimoctavo), desató graves discordias civiles. El Ema, pequeño río toscano, debería haber ahogado al causante, que fue muerto junto a la estatua de Marte.

Ilustración: Paraíso, 16. Los dos círculos de los espíritus, Salvador Dalí

Santiago Sylvester / Dos poemas




(perseverancia del halcón)

Tiene nombre ilustre
y lo protege la serenidad: vuela sin inmutarse por el espanto
de esos pequeños alborotadores que resguardan huevos y pichones:
él
con alzada majestuosa
y ojo directo
busca comida.

Por estas quebradas
pasó la historia: él
vio todo: gente a manotazos, escapando o persiguiendo: el
murmullo de muertos que se escucha promediando
enero: una partida de gauchos al acecho, la cabalgata
heroica de pobre gente
obligada al heroísmo:
y vio también el merodeo, el desplazamiento: los restos de una
civilización que ha prescrito: piedras y cantos con alguna
ceremonia:
él
vio todo desde su vuelo impertérrito: no juzga, no invoca,
no confía: tiene
hambre.

Vuela, aterra, y todas las tardes
organiza ese escándalo; desde aquí
lo veo, sabio, sin prisas, esperando
que todos nos volvamos comida: historia, huesos, animales,
persona.


(como la niebla alrededor de un aeropuerto)

Una mujer, joven y demacrada, como era y
por lo tanto como siempre ha sido, me dice sin sonreír, sin
ninguna carga de emoción: sí, soy yo.
El amigo que se mató
salta por encima de los treinta años
y también me dice que está aquí.
La casa al borde del
río espeso del verano, con la higuera
y las chirimoyas que siguen dando sombra,
me hace saber que es inmortal.
El
perro que me mordió
me sigue mordiendo: y
¿quién es el que trae los libros de mi padre, los apila sobre el
escritorio, y abre la ventana hacia la calle para que
charlemos en paz? ¿quién se lanza temporal abajo y sigue
llegando con el pelo en desorden, sin nombrarme pero
intensamente reclamando por mí? ¿quién se distrae un
instante y luego deja que pasen los años para recordarme
que los años han pasado?

Restos de memoria: materia intangible con se arma y desarma
como la niebla alrededor de un aeropuerto: unas veces
para dar consistencia a una cara, otras para saber
algo más de lo que ya sabía.
Y sin embargo
no es esto lo que quiero decir: siempre hay algo de vida propia,
algo
de vida que no es nuestra; y ya no se sabe qué es recuerdo,
engaño de la memoria o
como se llame el agua removida que se junta cuando
conocemos demasiadas cosas
con las que no sabemos qué hacer.

Santiago Sylvester (Salta, 1942), El reloj biológico, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

Ilustración: El Neva con neblina, Félix Vallotton

sábado, octubre 16, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Paraíso, 15




Paraíso, Canto decimoquinto

Benigna voluntad en que se manifiesta
el amor que derechamente alienta,
como codicia lo hace en la iniquidad,

silencio puso a aquella dulce lira,
e hizo aquietar las santas cuerdas
que la diestra del cielo suelta y tira.

¿Cómo serían a justas plegarias sordas
aquellas sustancias que, para darme deseo
de que les rogase, fueron en callar concordes?

Bien está que sin término se duela
quien, por amor de cosa que no dura,
eternamente de tal amor se priva.

Cual por cielos tranquilos y puros
discurre de aquí allá súbito fuego,
moviendo los ojos más seguros,

y parece estrella que se muda,
sólo que allá donde se enciende
no se pierde nada y ella poco dura:

tal del brazo tendido hacia la diestra
al pie de aquella cruz se movió un astro
de la constelación que allí relumbra;

no se apartó la gema de su lazo
pero por la lista radial corrió,
como fuego detrás del alabastro.

Así la pía sombra de Anquises se mostró, *
si fe merece nuestra mayor musa,
cuando en el Elíseo reconoció a su hijo.

"O sanguis meus, o superinfusa
gratia Dei, sicut tibi cui
bis unquam celi ianüa reclusa
?" **

Así aquella luz, y a ella quedé atento;
luego volví a mi señora el rostro,
y quedé mudo ante aquello y esto;

que iluminaba una sonrisa el viso
tal que pensé con mis ojos ver el fondo
de mi entera gloria y de mi paraíso.

Luego de oírla y verla jocundo,
agregó el alma a lo dicho cosas
que no entendí, si habló profundo;

no por elección se me ocultaba
sino por necesidad, pues su concepto
al límite de un mortal sobrepasaba.

Y cuando el arco del ardiente afecto
se desfogó, y descendió su habla
hasta el alcance de nuestro intelecto,

la primera cosa por mí comprendida,
"¡Bendito seas tú", fue, "trino y uno,
que eres tan cortés con mi semilla!"

Y siguió: "Grato y lejano ayuno,
trascurrido leyendo el magno volumen ***
donde jamás se cambia blanco en negro,

satisfecho has, hijo, en esta lumbre
donde te hablo, merced a aquella
que te dio plumas para este vuelo.

"Tú crees que llegó a mí tu pensamiento
de aquel primero, así como se irradia
del uno, conocido, el cinco y el seis;

"y quién soy y por qué parezco
más alegre para tí, no me preguntes,
que algún otro en esta turba gaya.

"Tú estás en la verdad; que chico y grande
en esta vida miran hacia el espejo
que, antes que sea, el pensamiento expande.

"¡Para que el sacro amor en el que veo
con perpetua vista y que me asaeta
de dulce desear, mejor se colme,

"tu voz segura, dichosa y franca,
cante la voluntad, cante el anhelo,
para los que está lista mi respuesta!"

Me volví a Beatriz, y ella oyó
antes que hablase, y sonrió de forma
que hizo crecer alas al deseo.

Comencé así: "La cordura y el afecto,
cuando vieron la primera equidad,
tomaron para ustedes igual peso,

"porque el sol que alumbró y arde,
en el calor y la luz es tan igual
que huelga cualquiera semejanza.

"Pero deseo y razón en los mortales,
por la causa que parece manifiesta,
diversamente empluman a sus alas;

"por lo que yo, mortal, me siento en esta
desigualdad, y por lo tanto no agradezco
sino en el corazón esta paterna fiesta.

"Mucho te suplico a ti, vivo topacio
que esta dicha preciosa enjoyas,
que me hagas de tu nombre estar saciado".

"¡Oh fronda en que me he complacido
sólo esperando, yo he sido tu raíz",
de este modo, respondiendo, dijo.

Luego agregó: "Aquel del cual proviene
tu linaje, y que cien años y más
rodeó la primera cornisa de aquel monte,

"mi hijo fue, y fue tu bisabuelo:
conviene pues que la larga fatiga
tú se la mitigues con tus obras.

"Florencia dentro de la cerca antigua,
donde oye todavía tercia y nona,
se estaba en paz, púdica y sobria.

"No tenía gargantilla, no corona,
no faldas adornadas, no fajas
que suelen atraer más que la persona.

"No causaba, al nacer, aún pavura
la hija al padre, que tiempo y dote
no faltaban respeto a la mesura.

"No había casas de familia grandes;
no había llegado Sardanápalo ****
a mostrar lo que en un tálamo se puede.

"No estaba vencido todavía Montemalo *****
por vuestro Uccellatoio, que vencido
como fue subiendo, así lo será bajando.

"A Bellinción Berti vi andar ceñido ******
de cuero y hueso, y mirándose al espejo,
a su mujer, con el rostro sin pintura;

"y vi a los Nerli, y a los del Vecchio,
contentos con sus pieles no forradas,
y a sus mujeres al huso y a la rueda.

"¡Oh afortunadas! Cada una cierta
de su sepultura, y aún ninguna
por Francia en el lecho abandonada.

"Una velaba, atenta a la cuna,
y, para consolar, usaba el idioma
que de antiguo a los padres divertía;

"otra, llevando los copos a la rueca,
charlaba con su familia entera
de los troyanos, de Fiésole y de Roma.

"Hubiesen sido tenidos como maravilla
una Chianghella, un Lapo Salterello, *******
como hoy sería un Cincinato, una Cordelia.

"A tan reposado, a tan bello
vivir de los citadinos, a tan fiel
ciudadanía, a tan dulce suelo,

"María me entregó, invocada a gritos;
y en nuestro antiguo baptisterio
juntamente fui cristiano y Cacciaguida.

"Moronto fue mi hermano, y Eliseo;
del valle del Po llegó mi esposa
y a ella le debes tu apellido. ********

"Luego seguí al emperador Conrado;*********
y me ciñó el hierro de su milicia:
tanto por obrar bien le caí grato.

"Marché tras él contra la malicia
de aquella ley que del pueblo usurpa,
por culpa del pastor, vuestra justicia.

"Allá fui yo por aquella gente torva
desvinculado de aquel mundo falaz,
cuyo amor tantas ánimas trastoca;
y vine del martirio hasta esta paz.



Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* Anquises: padre de Eneas, a quien éste rescató del incendio de Troya y abrazó en los Campos Elíseos cuando visitó el Hades, según Virgilio, "nuestra mayor musa".

** "Oh sangre mía, oh sin medida infusa gracia de Dios, ¿a quién como a ti fue dos veces abierta la puerta del cielo?" (de la anotación en italiano en la edición de la Sociedad Dantesca Italiana).

*** "Magno volumen": los designios del Cielo, o el poder de precognición que tienen las almas tanto en el paraíso como en el infierno.

**** Rey asirio, a quien los antiguos griegos dieron fama de licencioso.

***** Montemalo: Monte Mario, de Roma. Uccellatoio: monte junto a Florencia.

****** Este, como los que se mencionan luego, fueron antiguos vecinos de Florencia.

******* Una mujer a la que se atribuía vida disipada y un picapleitos, comparados con Cordelia, madre de los Gracos, y modelo de matrona romana, y con el dictador Quinto Cincinato, un labrador que condujo a los romanos en la guerra contra los ecuos en el V a.C., para volver luego a su arado.

******** Según los comentaristas, la familia adoptó el apellido Aldighieri, luego Alighieri, a partir de uno de los descendientes de Cacciaguida, que llevó el de la esposa de éste, proveniente de Ferrara o de Parma. Boccaccio sostuvo en cambio que la mujer de Caccaguida quiso que uno de sus hijos fuera bautizado como Aldighieri, en homenaje a sus antepasados, y la familia terminó recibiendo ese apellido, suavizado luego como Alighieri.

********* Conrado III, a quien el antepasado de Dante siguió a la Segunda Cruzada, donde murió c. 1148. "Por culpa del Pastor": segura alusión a que el islam ocupaba los Santos Lugares por falta de diligencia del Papa. La Cruzada concluyó en un fracaso tras el frustrado sitio de Damasco. Los cristianos mantuvieron sin embargo su control de Jerusalén, de la que se habían apoderado en 1099, durante casi cuatro décadas más.

Ilustración: Paraíso, 15. La lección de historia de Cacciaguida, Salvador Dalí

viernes, octubre 15, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Paraíso, 14




Paraíso, Canto decimocuarto

Del centro al borde y del borde al centro,
se mueve el agua en un redondo vaso,
según se percute fuera o dentro:

en mi mente fue de súbito ocurrido
esto que narro, tan pronto hizo silencio
el glorioso espíritu de Aquino,

por la similitud que nació entonces
entre su hablar y este de Beatriz
el cual, luego de él, comenzar quiso:

"Le es preciso a éste, aunque no lo dice,
ni con la voz, ni pensando apenas,
de otra verdad llegar a la raíz.

"Dile si la luz con que se adorna
vuestra sustancia estará presente
eternamente como ocurre ahora,

"y si quedará, dile cómo, luego
que los cuerpos vuelvan a ser visibles
podrá ser que la vista no les ciegue". *

Como por mayor dicha brillantes e incitados,
a veces los que andan en la rueda
elevan la voz y alegran a sus actos,

así, en la oración pronta y devota,
los santos círculos mostraron nueva gloria
en su rotar y en la admirable nota.

Quien se lamenta pues le llegó la hora
de vivir arriba, no ha visto allí
el refrigerio de la eterna lluvia.

Aquel uno y dos y tres que siempre vive
y reina siempre en tres en dos y en uno,
no circunscrito y que todo circunscribe,

tres veces fue cantado por cada uno
de aquellos espíritus, con tal melodía,
que de todo mérito sería premio justo.

Y oí yo, en la luz más divina
del cerco menor una voz modesta,
tal vez como la del ángel a María,

responder: "Cuan larga sea la fiesta,
del paraíso, tanto nuestro amor
irradiará en torno a esta apariencia.

"Su claridad procede del ardor;
el ardor, de la visión, y ésta es tanta
cuanto la gracia le otorga su valor.

"Cuando la carne gloriosa y santa
sea devuelta, nuestra persona
más agradecerá por estar completa:

"porque se acrecentará lo que nos dona
de gratuita luz el sumo bien,
luz que a su visión nos condiciona;

"así entonces a la visión crecer conviene,
crecer el ardor que a ella enciende,
crecer el rayo que de ella viene.

"Tal como carbón que llama rinde,
y cuyo propio candor la sobrepasa,
así ocurre que la apariencia se defiende;

así este fulgor que ya nos cerca
será ganado por la apariencia de la carne
que yace bajo la tierra recubierta;

no podrá fatigarnos luz tan grande:
los órganos del cuerpo serán fuertes
para tomar lo que pueda deleitarnos".

Tal me parecieron súbitos y acordes
un coro y otro para decir amén,
como si desearan ya ser cuerpos muertos:

tal vez no por ellos como por las madres,
por los padres y por los otros que amaron,
antes de hacerse sempiternas llamas.

Y he aquí en torno, de claridad pareja,
nació un resplandor sobre el que estaba,
a modo de horizonte que se aclara,

Y así como al subir la primera noche
comienzan por el cielo nuevas apariencias,
que a la vista parecen y no ser verdaderas,

así me pareció allí nuevas subsistencias
comenzar a ver, y hacer un círculo
por fuera de las dos circunferencias.

¡Oh veraz centellear del Santo Aliento!
¡Cómo se hizo súbito y candente
ante mis ojos que no lo toleraron!

Pero Beatriz, tan bella, tan riente,
se mostró, que entre aquellas visones
debo dejarla, pues no ataja la mente.

Aquí los ojos recobraron su virtud
para elevarse, y me vi portado,
sólo con mi dueña, en salud más alta.

Me di cuenta que era levantado
por la encendida risa de la estrella,
de color más rojo que lo acostumbrado.

Con todo el corazón y con la plegaria
que es una y común, a Dios hice holocausto,
cual convenía a aquella gracia nueva.

Y no estaba aún en mi pecho agotado
el ardor del sacrificio, que yo supe
que mi litar era fausto y aceptado;

porque con tanto fulgor y tanto rojo
apareció esplendor entre dos rayos
que dije: "¡Oh Helios, que lo adornas!" **

Como distante entre menores y mayores
luces blanquea entre los polos del mundo
la Galaxia, que hace dudar a los sapientes;

"así constelados hacían en el profundo
Marte aquellos rayos el venerable signo
que los cuadrantes siguen en redondo.

Aquí vence la memoria mía al ingenio;
que en esa cruz relampagueaba Cristo,
tal que no sé encontrar ejemplo digno;

pero quien toma su cruz y sigue a Cristo,
me excusará ahora lo que me callo,
viendo en aquel albor centellar a Cristo.

De un brazo a otro y de arriba a abajo,
se movían luces, cintilando fuerte,
tanto al unirse como al pasar de largo:

así se ven aquí derechas o torcidas,
veloces y tardas, con renovadas vistas,
minucias de los cuerpos, largas y cortas,

moverse por el rayo en donde éste hiende
a veces la sombra que, por su defensa,
la gente, con ingenio y arte, tiende.

Y como giga y arpa, templadas y tensas
de muchas cuerdas, hacen dulce tintineo,
de modo tal que la nota no es intensa,

así de las luces que allí aparecieron
se acogía a la cruz una melodía
que me embelesaba, sin entender el himno.

Pronto supe que eran altas preces,
pues me llegaban Resurge y Vence,
como a aquel que no entiende y oye.

Me enamoraba tanto todo aquello,
que hasta allí no hubo alguna cosa
que me ligara con tan dulce vínculo.

Tal vez mi palabra parezca muy osada,
posponiendo el placer de los ojos bellos,
en los que mirando mi deseo se reposa;

pero quien se percata que los vivos sellos
de toda belleza más bellos son cuanto más altos,
si yo me había vuelto a aquellos,

excusarme puede de lo que yo me acuso
para excusarme, y puede dar por cierto
que tal placer santo no es aquí olvidado,
pues que se hace, subiendo, más sincero.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* La pregunta que Beatriz propone que aún se haga a Tomás de Aquino es apenas teológica; más bien sugiere el contraste entre el brillo de las almas y los cuerpos que resurgirán de sus sepulcros para el Juicio Final: cómo, pregunta Beatriz, la luminosidad de los justos será tal que no impida a éstos la visión. Parece un interrogante o demasiado sutil o bizantino. Pero la curiosidad es satisfecha de manera razonada en los versos siguientes, salvando la arquitectura del canon hasta en sus detalles más materiales, de ese modo aristotélico que asume muchas veces el discurso dantesco.

** Resulta casi absurdo consignar las indicaciones de los comentaristas canónicos ante la simple anotación de los llamados "agnósticos": Helios, el Sol. Lo cierto es que las modernas ediciones de la Comedia insisten en ignorar el hecho de que Eliòs sólo puede entenderse como Helios, y asimismo traducirse. Sin embargo, se han vuelto a recordar incluso las Derivationes de Uguiccione da Pisa para probar que etimológicamente el nombre griego contiene la expresion hebrea Eli, mi Dios: Ab ely, quod est deus, dictus est sol elyios..." Aunque consigna primero que se trata de una nueva "cristianización" del nombre de un numen pagano, Battistessa se siente obligado a consignar que Dante pudo haber usado el diccionario de Uguiccione, como se conjetura de antiguo.

Ilustración: Paraíso, 14. La cruz de Marte, Salvador Dalí