domingo, octubre 31, 2010

Paul Valéry / "El cementerio marino" en castellano e inglés




El cementerio marino

¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,
pero agota toda la extensión de lo posible!

Pindaro, Píticas III

Calmo techo surcado de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas;
mediodía puntual arma sus fuegos
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!

¡Qué obra pura consume de relámpagos
vario diamante de invisible espuma,
y cuánta paz parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
trabajos puros de una eterna causa,
el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.

Tesoro estable, templo de Minerva,
quietud masiva y visible reserva;
agua parpadeante, Ojo que en ti guardas
tanto sueño bajo un velo de llamas,
¡silencio mío!... ¡Edificio en el alma,
mas lleno de mil tejas de oro. Techo!

Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,
subo a ese punto puro y me acostumbro
de mi mirar marino todo envuelto;
tal a los dioses mi suprema ofrenda,
el destellar sereno va sembrando
soberano desdén sobre la altura.

Como en deleite el fruto se deslíe,
como en delicia truécase su ausencia
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo,
y al alma consumida el cielo canta
la mudanza en rumor de las orillas.

¡Bello cielo real, mírame que cambio!
Después de tanto orgullo, y de tanto
extraño ocio, mas pleno de poderes,
a ese brillante espacio me abandono,
sobre casas de muertos va mi sombra
que a su frágil moverse me acostumbra.

A teas del solsticio expuesta el alma,
sosteniéndote estoy, ¡oh admirable
justicia de la luz de crudas armas!
Pura te tomo a tu lugar primero:
¡mírate!... Devolver la luz supone
taciturna mitad sumida en sombra.

Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,
un corazón, en fuentes del poema,
entre el vacío y el suceso puro,
de mi íntima grandeza el eco aguardo,
cisterna amarga, oscura y resonante,
¡hueco en el alma, son siempre futuro!

Sabes, falso cautivo de follajes,
golfo devorador de enjutas rejas,
en mis cerrados ojos, deslumbrantes
secretos, ¿qué cuerpo hálame a su término
y qué frente lo gana a esta tierra ósea?
Una chispa allí pienso en mis ausentes.

Sacro, pleno de un fuego sin materia;
ofrecido a la luz terrestre trozo,
me place este lugar alto de teas,
hecho de oro, piedra, árboles oscuros,
mármol temblando sobre tantas sombras;
¡allí la mar leal duerme en mis tumbas!

¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando con sonrisa de pastor, solo,
apaciento carneros misteriosos,
rebaño blanco de mis quietas tumbas,
¡las discretas palomas de allí aléjalas,
los vanos sueños y ángeles curiosos!

Llegado aquí pereza es el futuro,
rasca la sequedad nítido insecto;
todo ardido, deshecho, recibido
en quién sabe qué esencia rigurosa...
La vida es vasta estando ebrio de ausencia,
y dulce el amargor, claro el espíritu.

Los muertos se hallan bien en esta tierra
cuyo misterio seca y los abriga.
Encima el Mediodía reposando
se piensa y a sí mismo se concilia...
Testa cabal, diadema irreprochable,
yo soy en tu interior secreto cambio.

¡A tus temores, sólo yo domino!
Mis arrepentimientos y mis dudas,
son el efecto de tu gran diamante...
Pero en su noche grávida de mármoles,
en la raíz del árbol, vago pueblo
ha asumido tu causa lentamente.

En una densa ausencia se han disuelto,
roja arcilla absorbió la blanca especie,
¡la gracia de vivir pasó a las flores!
¿Dónde del muerto frases familiares,
el arte personal, el alma propia?
En la fuente del llanto larvas hilan.

Agudo gritos de exaltadas jóvenes,
ojos, dientes, humedecidos párpados,
el hechicero seno que se arriesga,
la sangre viva en labios que se rinden,
los dedos que defienden dones últimos,
¡va todo bajo tierra y entra al juego!

Y tú, gran alma, ¿un sueño acaso esperas
libre ya de colores del engaño
que al ojo camal fingen onda y oro?
¿Cuando seas vapor tendrás el canto?
¡Ve! ¡Todo huye! Mi presencia es porosa, ¡
la sagrada impaciencia también muere!

¡Magra inmortalidad negra y dorada,
consoladora de horroroso lauro
que matemal seno haces de la muerte,
el bello engaño y la piadosa argucia!
¡Quién no conoce, quién no los rechaza,
al hueco cráneo y a la risa eterna!

Deshabitadas testas, hondos padres,
que bajo el peso de tantas paladas,
sois la tierra y mezcláis nuestras pisadas,
el roedor gusano irrebatible
para vosotros no es que bajo tablas
dormís, ¡de vida vive y no me deja!

¿Amor quizás u odio de mí mismo?
¡Tan cerca tengo su secreto diente
que cualquier nombre puede convenirle!
¡Qué importa! ¡Mira, quiere, piensa, toca!
¡Agrádale mi carne, aun en mi lecho,
de este viviente vivo de ser suyo!

¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!
¡Me has traspasado con tu flecha alada
que vibra, vuela y no obstante no vuela!
¡Su son me engendra y mátame la flecha!
¡Ah! el sol... ¡Y qué sombra de tortuga
para el alma, veloz y quieto Aquiles!

¡No! ¡No!... ¡De pie! ¡En la era sucesiva!
¡Cuerpo mío, esta forma absorta quiebra!
¡Pecho mío, el naciente viento bebe!
Una frescura que la mar exhala,
ríndeme el alma... ¡Oh vigor salado!
¡Ganemos la onda en rebotar viviente!

¡Sí! Inmenso mar dotado de delirios,
piel de pantera, clámide horadada
por los mil y mil ídolos solares,
hidra absoluta, ebria de carne azul,
que te muerdes la cola destellante
en un tumulto símil al silencio.

¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!
¡Cierra y abre mi libro el aire inmenso,
brota audaz la ola en polvo de las rocas!
¡Volad páginas todas deslumbradas!
¡Olas, romped con vuestra agua gozosa
calmo techo que foques merodean!


The Graveyard By The Sea

This quiet roof, where dove-sails saunter by,
Between the pines, the tombs, throbs visibly.
Impartial noon patterns the sea in flame --
That sea forever starting and re-starting.
When thought has had its hour, oh how rewarding
Are the long vistas of celestial calm!

What grace of light, what pure toil goes to form
The manifold diamond of the elusive foam!
What peace I feel begotten at that source!
When sunlight rests upon a profound sea,
Time's air is sparkling, dream is certainty --
Pure artifice both of an eternal Cause.

Sure treasure, simple shrine to intelligence,
Palpable calm, visible reticence,
Proud-lidded water, Eye wherein there wells
Under a film of fire such depth of sleep --
O silence! . . . Mansion in my soul, you slope
Of gold, roof of a myriad golden tiles.

Temple of time, within a brief sigh bounded,
To this rare height inured I climb, surrounded
By the horizons of a sea-girt eye.
And, like my supreme offering to the gods,
That peaceful coruscation only breeds
A loftier indifference on the sky.

Even as a fruit's absorbed in the enjoying,
Even as within the mouth its body dying
Changes into delight through dissolution,
So to my melted soul the heavens declare
All bounds transfigured into a boundless air,
And I breathe now my future's emanation.

Beautiful heaven, true heaven, look how I change!
After such arrogance, after so much strange
Idleness -- strange, yet full of potency --
I am all open to these shining spaces;
Over the homes of the dead my shadow passes,
Ghosting along -- a ghost subduing me.

My soul laid bare to your midsummer fire,
O just, impartial light whom I admire,
Whose arms are merciless, you have I stayed
And give back, pure, to your original place.
Look at yourself . . . But to give light implies
No less a somber moiety of shade.

Oh, for myself alone, mine, deep within
At the heart's quick, the poem's fount, between
The void and its pure issue, I beseech
The intimations of my secret power.
O bitter, dark, and echoing reservoir
Speaking of depths always beyond my reach.

But know you -- feigning prisoner of the boughs,
Gulf which cats up their slender prison-bars,
Secret which dazzles though mine eyes are closed --
What body drags me to its lingering end,
What mind draws it to this bone-peopled ground?
A star broods there on all that I have lost.

Closed, hallowed, full of insubstantial fire,
Morsel of earth to heaven's light given o'er --
This plot, ruled by its flambeaux, pleases me --
A place all gold, stone, and dark wood, where shudders
So much marble above so many shadows:
And on my tombs, asleep, the faithful sea.

Keep off the idolaters, bright watch-dog, while --
A solitary with the shepherd's smile --
I pasture long my sheep, my mysteries,
My snow-white flock of undisturbed graves!
Drive far away from here the careful doves,
The vain daydreams, the angels' questioning eyes!

Now present here, the future takes its time.
The brittle insect scrapes at the dry loam;
All is burnt up, used up, drawn up in air
To some ineffably rarefied solution . . .
Life is enlarged, drunk with annihilation,
And bitterness is sweet, and the spirit clear.

The dead lie easy, hidden in earth where they
Are warmed and have their mysteries burnt away.
Motionless noon, noon aloft in the blue
Broods on itself -- a self-sufficient theme.
O rounded dome and perfect diadem,
I am what's changing secretly in you.

I am the only medium for your fears.
My penitence, my doubts, my baulked desires --
These are the flaw within your diamond pride . . .
But in their heavy night, cumbered with marble,
Under the roots of trees a shadow people
Has slowly now come over to your side.

To an impervious nothingness they're thinned,
For the red clay has swallowed the white kind;
Into the flowers that gift of life has passed.
Where are the dead? -- their homely turns of speech,
The personal grace, the soul informing each?
Grubs thread their way where tears were once composed.

The bird-sharp cries of girls whom love is teasing,
The eyes, the teeth, the eyelids moistly closing,
The pretty breast that gambles with the flame,
The crimson blood shining when lips are yielded,
The last gift, and the fingers that would shield it --
All go to earth, go back into the game.

And you, great soul, is there yet hope in you
To find some dream without the lying hue
That gold or wave offers to fleshly eyes?
Will you be singing still when you're thin air?
All perishes. A thing of flesh and pore
Am I. Divine impatience also dies.

Lean immortality, all crêpe and gold,
Laurelled consoler frightening to behold,
Death is a womb, a mother's breast, you feign
The fine illusion, oh the pious trick!
Who does not know them, and is not made sick
That empty skull, that everlasting grin?

Ancestors deep down there, O derelict heads
Whom such a weight of spaded earth o'erspreads,
Who are the earth, in whom our steps are lost,
The real flesh-eater, worm unanswerable
Is not for you that sleep under the table:
Life is his meat, and I am still his host.

'Love,' shall we call him? 'Hatred of self,' maybe?
His secret tooth is so intimate with me
That any name would suit him well enough,
Enough that he can see, will, daydream, touch --
My flesh delights him, even upon my couch
I live but as a morsel of his life.

Zeno, Zeno, cruel philosopher Zeno,
Have you then pierced me with your feathered arrow
That hums and flies, yet does not fly! The sounding
Shaft gives me life, the arrow kills. Oh, sun! --
Oh, what a tortoise-shadow to outrun
My soul, Achilles' giant stride left standing!

No, no! Arise! The future years unfold.
Shatter, O body, meditation's mould!
And, O my breast, drink in the wind's reviving!
A freshness, exhalation of the sea,
Restores my soul . . . Salt-breathing potency!
Let's run at the waves and be hurled back to living!

Yes, mighty sea with such wild frenzies gifted
(The panther skin and the rent chlamys), sifted
All over with sun-images that glisten,
Creature supreme, drunk on your own blue flesh,
Who in a tumult like the deepest hush
Bite at your sequin-glittering tail -- yes, listen!

The wind is rising! . . . We must try to live!
The huge air opens and shuts my book: the wave
Dares to explode out of the rocks in reeking
Spray. Fly away, my sun-bewildered pages!
Break, waves! Break up with your rejoicing surges
This quiet roof where sails like doves were pecking.

Paul Valéry (Sète, 1871-París, 1945), Charmes, 1922

Versiones: Javier Sologuren (Lima, 1921-2004) La Máquina del Tiempo
Cecil Day Lewis (Ballintogher, 1904-Hadley Wood, 1972) Seamus Cooney/Western Michigan University


Le cimetière marin

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencee
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.

Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
O mon silence! . . . Édifice dans l'ame,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!

Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.

Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.

Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.

L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi! . . . Mais rendre la lumière
Suppose d'ombre une morne moitié.

O pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!

Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.

Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!

Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!

Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence . . .
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.

Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.

Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant! . . .
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.

Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.

Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!

Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!

Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!

Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irréfutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!

Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil . . . Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!

Non, non! . . . Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme . . . O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.

Oui! grande mer de delires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil

Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux rejouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!



Foto: Valéry s/d

sábado, octubre 30, 2010

Pablo Neruda / El fantasma del buque de carga




El fantasma del buque de carga

Distancia refugiada sobre tubos de espuma,
sal en rituales olas y órdenes definidos,
y un olor y rumor de buque viejo,
de podridas maderas y hierros averiados,
y fatigadas máquinas que aúllan y lloran
empujando la proa, pateando los costados,
mascando lamentos, tragando y tragando distancias,
haciendo un ruido de agrias aguas sobre las agrias aguas,
moviendo el viejo buque sobre las viejas aguas.

Bodegas interiores, túneles crepusculares
que el día intermitente de los puertos visita:
sacos, sacos que un dios sombrío ha acumulado
como animales grises, redondos y sin ojos,
con dulces orejas grises,
y vientres estimables llenos de trigo o copra,
sensitivas barrigas de mujeres encinta,
pobremente vestidas de gris, pacientemente
esperando en la sombra de un doloroso cine.

Las aguas exteriores de repente
se oyen pasar, corriendo como un caballo opaco,
con un ruido de pies de caballo en el agua,
rápidas, sumergiéndose otra vez en las aguas.
Nada más hay entonces que el tiempo en las cabinas:
el tiempo en el desventurado comedor solitario,
inmóvil y visible como una gran desgracia.
Olor de cuero y tela densamente gastados,
y cebollas, y aceite, y aún más,
olor de alguien flotando en los rincones del buque,
olor de alguien sin nombre
que baja como una ola de aire las escalas,
y cruza corredores con su cuerpo ausente,
y observa con sus ojos que la muerte preserva.

Observa con sus ojos sin color, sin mirada,
lento, y pasa temblando, sin presencia ni sombra:
los sonidos lo arrugan, las cosas lo traspasan,
su transparencia hace brillar las sillas sucias.
Quién es ese fantasma sin cuerpo de fantasma,
con sus pasos livianos como harina nocturna
y su voz que sólo las cosas patrocinan?
Los muebles viajan llenos de su ser silencioso
como pequeños barcos dentro del viejo barco,
cargados de su ser desvanecido y vago:
los roperos, las verdes carpetas de las mesas,
el color de las cortinas y del suelo,
todo ha sufrido el lento vacío de sus manos,
y su respiración ha gastado las cosas.

Se desliza y resbala, desciende, transparente,
aire en el aire frío que corre sobre el buque,
con sus manos ocultas se apoya en las barandas
y mira el mar amargo que huye detrás del buque.
Solamente las aguas rechazan su influencia,
su color y su olor de olvidado fantasma,
y frescas y profundas desarrollan su baile
como vidas de fuego, como sangre o perfume,
nuevas y fuertes surgen, unidas y reunidas.

Sin gastarse las aguas, sin costumbre ni tiempo,
verdes de cantidad, eficaces y frías,
tocan el negro estómago del buque y su materia
lavan, sus costras rotas, sus arrugas de hierro:
roen las aguas vivas la cáscara del buque,
traficando sus largas banderas de espuma
y sus dientes de sal volando en gotas.

Mira el mar el fantasma con su rostro sin ojos:
el círculo del día, la tos del buque, un pájaro
en la ecuación redonda y sola del espacio,
y desciende de nuevo a la vida del buque
cayendo sobre el tiempo muerto y la madera,
resbalando en las negras cocinas y cabinas,
lento de aire y atmósfera y desolado espacio.

Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973), Residencia en la tierra, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969

Foto: Neruda, s/d Neruda/Universidad de Chile

viernes, octubre 29, 2010

Jude Nutter / El curador del silencio




El curador del silencio

Hail to thee, blithe Spirit!
Bird thou never wert,
That from heaven, or near it,
Pourest thy full heart
In profuse strains of unpremeditated art.

—P. B. Shelley

En súbita explosión creativa se inclinan sobre sus escritorios,
la corona de cada cabeza brilla como piedra húmeda, enamorada

del poeta, del pájaro que permanece oculto, como un poeta,
a la luz del pensamiento. Y qué
difícil, cuando la única lengua que tienen

está en los cortos y gordos dedos de los doce
crayones que tienen delante; y qué
bello es que se nieguen a que su visión del mundo

se limite a aquello que está al alcance de sus manos o no;
que lleguen, uno a uno
hasta el frente del cuarto con sus grandes visiones—

escaleras de canciones, grandes melodías y tramos de canto
y los diminutos cuerpos de las alondras
ascendiendo, y Shelley, concentrado en su trabajo, con una blanca

frase de encaje en sus muñecas; y alguien,
cautivado con el modo en que una canción
se libera del guante del cuerpo, ha interpretado

este momento como el momento en que el badajo
y enorme campana cuelgan ingrávidos y una larga
resonancia se agita en libertad. Y después

de que todas hayan avanzado ella se levanta
de atrás de la fortaleza de su escritorio, con su fotografía
alzada frente a ella, como un escudo, su piel

tan pálida que pensarías que es la luz misma
escapando, lentamente, como el aire, desde su interior. Aquí,
ella dice, está la canción que el pájaro quiere cantar

pero no puede. Y en lugar de ausencia, y en lugar del
silencio que esperamos, ella ha dibujado
un aro de amarillo resplandeciente. Como el aliento

que del que el cuerpo se desnuda y abandona.
Como la quimera de un nombre que escapa, libre
de la cubierta de lo que significa.

No se trata de la muerte: la muerte
es un actor secundario. Allí cerca, la brillante
cera amarilla de la canción que el pájaro no puede cantar

es tan gruesa que se frunce y se levanta como una cicatriz
y mi pensamiento se desplaza sobre ella como la luz
sobre el agua mientras ella se queda allí — una pequeña

soledad, llena de riqueza, el cuarto radiante
ahora con una carencia de canto. A través de la ventana,
en el viento, las hojas de las lilas discuten

como lenguas, pero estas son las únicas
lecciones que necesitarán aprender: que la vida
no es un artefacto, pero sí una abertura — un entrar

y un caerse, que cantar es levantarse
de la tumba del cuerpo. Y aún así
decir menos que nada.


Jude Nutter, nacida en North Yorkshire, Inglaterra, vive en los Estados Unidos desde 1980, The Curator of silence, University of Notre Dame Press, 2006
Versión de Silvia Camerotto

The curator of silence

Hail to thee, blithe Spirit!/ Bird thou never wert,/That from heaven, or near it,/Pourest thy full heart/In profuse strains of unpremeditated art./—P. B. Shelley
Over their desks they curve in a burst of sudden creation,/the crown of each head glossy as wet stone, in love //with the poet, with the bird that is hidden, like a poet, /in the light of thought. And how /difficult, when the only language they are given //is in the short, fat fingers of the twelve /waxy crayons before them; and how /beautiful that they refuse to let their visions//of the world be limited by whatever is, or is not, /on hand; that they come, one by one, /to the front of the room with their great visions—//ladders of song, great strains and stretches of singing /and the tiny bodies of the skylarks /ascending, and Shelley, hard at work, with a white //exclamation of lace at his wrists; and someone, /enthralled with how a song /peels free from the glove of a body, has rendered //this moment as the moment when the clapper /and the cup of the great bell both hang weightless and a long /resonance floats free. And after //they have all come forward she rises /up behind the fortress of her desk, her picture /held out before her like a shield, her skin //so pale you’d think it was light itself /escaping, slowly, like air, from inside her. Here, /she says, is the song the bird wants to sing //but cannot. And instead of absence, and instead /of the blankness we expect, she’s drawn /a hoop of resplendent yellow. Like the breath //undressed from and abandoned by a body. /Like the chimera of a name slipped free /from the sheath of its meaning. //This is not about death: death /is a minor player. Up close, the bright /yellow wax of the song that the bird cannot sing //is so thick it is puckered and raised like a scar /and my mind moves over it like light /over water while she stands there —a small //loneliness, full of riches, the room radiant /now with a lack of singing. Through the window, /in the wind, the leaves of the lilac haggle //like tongues, but these are the only /lessons they will ever need to learn: that life /is not artifact, but aperture —a stepping into //and a falling away; that to sing is to rise /from the grave of the body. And still /say less than nothing.


Ilustración: El tocador de laúd (detalle), 1595, Caravaggio

miércoles, octubre 27, 2010

Héctor Viel Temperley / David




David

David me aprieta el brazo
como un bondadoso pastor negro
y me pregunta qué quiero
escuchar esta noche
en su trompeta.

Siempre quiero esuchar lo mismo, David,
siempre creo en el mismo Jesucristo,
todas las semanas cometo los mismos pecados,
sigo crucificado en el mismo y destemplado aire.

(De Plaza Batallón 40)


Héctor Viel Temperley (Buenos Aires, 1933-1987), Mario Campaña, Antología de poesía argentina de hoy, Editorial Bruguera, Barcelona, 2010

Ilustración: Eight Poles, 1987, Miquel Barceló

martes, octubre 26, 2010

Roberto Juarroz / Una vida paralela...




3

Una vida paralela a la otra,
jugando de nuevo las partidas perdidas,
reviviendo a la inversa cada alternativa,
sosteniendo con los pies lo que antes sostuvimos con las manos,
reconociendo en las treguas del agua
la solidez que no supimos encontrar.

Una vida paralela a lo que no fue,
al ciervo que no encontró el bosque,
al itinerario descartado de un verano,
a las manos de una mujer interrumpida,
al señuelo de morir en la alta noche
en que todo parecía una torre de reconocimientos.

Una vida paralela al retroceso real o hipotético de la vida,
para explicarnos la caída que nunca llegó al suelo,
para tocar el punto hacia el cual regresan los abrazos,
para acostumbrarnos a la espalda de las palabras,
para aprender a abrir los ojos sin mirar,
para ubicar el signo del que se cuelgan las llaves
que no entran en ninguna cerradura.

Una vida paralela a la copia de la vida,
al hecho radicalmente autónomo de lo que no vive,
a la imprudente enredadera de los pensamientos interrumpidos,
a la congestión desconcertada de las ventanas de la tierra,
al hecho público y lamentable de tener que vivir,
junto al largo cansancio de tener que morir.

O ya que no existe nada que no sea paralelo de algo,
una vida simple y sencillamente paralela,
aunque no sepamos de qué.

(De Quinta poesía vertical)

Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, 1925-Temperley, 1995), Mario Campaña, Antología de poesía argentina de hoy, Editorial Bruguera, Barcelona, 2010

Foto: Juarroz Laura Cerrato/Página oficial de Roberto Juarroz

Pier Paolo Pasolini / 1945




Anochecer

Es la hora muerta y arcana en que el anochecer
renueva la lluvia
en el aire oscuro, y los campos
reposan infinitos.
Ya sonó el Angelus,
han gritado los chicos.
Ahora un breve silencio
precede al inmenso de la noche;
un silencio que encierra
las voces bajo los techos,
en el rubor de un fuego,
y deja apenas, por una puerta entreabierta,
paso a un cálido canto.
Con la lluvia ligera,
ese canto parece cercano;
y es en cambio infinito
en el tiempo que he pasado en esta tierra,
con estas vidas alrededor, y esta luz
de la luna que nace.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "Raccolte minori e inedite. Poesie (1945)", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino (in memorian P.P.P., muerto hace casi 35 años)


La sera

È l'ora morta e arcana in cui la sera
rinnovella la pioggia
per l'aria oscura, e i campi
riposano infiniti.
È già suonata l'Ave,
han gridato i fanciulli.
Ora un breve silenzio
precede quello immenso della notte;
un silenzio che chiude
le voci sotto i tetti,
al rossore di un fuoco,
e lascia appena, da una porta schiusa,
il varco ad un caldo canto.
Con la pioggia leggera
quel canto par vicino;
ed è invece infinito
nel tempo che ho passato in questa terra
con queste vite intorno, e questa luce
della luna che nasce.

Ilustración: Soir: paysage avec un aqueduc, 1818, Jean-Louis-André-Théodore Géricault

domingo, octubre 24, 2010

Giordano Bruno / de "La expulsión de la bestia triunfante"




Deja las sombras, abraza lo cierto.



Deja las sombras, abraza lo cierto.
No cambies presente por el futuro.
Eres el lebrel que a correr se lanza,
tras la sombra de lo que está en su panza.
No fue dogma de sabio iluminado
perder un bien por otro más preciado.
¿A qué te mueves por lejano aviso
si llevas en ti mismo el paraíso?
Aquel que pierde un bien en este mundo,
no espere, tras la muerte, mejor bien:
el cielo no concederá el segundo
a quien, el otro, no ha querido bien.
crees subir, pero dirás "me hundo";
te diriges al tormento, no al edén,
del placer abjurando. Engaño eterno,
por el cielo estarás en el infierno.


Giordano Bruno (Nola, 1548-Roma, 1600), Lo spaccio della bestia trionfante, "Dialogo Terzo", 1584, texto armado por Bruno con distintos versos del Il vendemmiatore, de Luigi Tansillo (1510-1568)
Versión: Jorge Aulicino

Nota: La expulsión de la bestia triunfante imagina un reordenamiento del cielo astrológico, en el que Júpiter decide que los males sean arrojados de cada casa estelar, dejando en su lugar a las virtudes. Procede a esto ante los dioses, y la acción es narrada a través de distintos diálogos. Quien acude a los versos de Tansillo es el Ocio, denostando a la Fatiga o Diligencia y defendiendo su posición en el cielo de Júpiter, en el nombre de la "edad dorada", cuando la especie humana no conocía el esfuerzo. Antes de exponer su defensa en versos, alega (versión de este editor): "Ésta (la Diligencia), envidiosa de la calma y la beatitud, o bien sombra de placer que en nuestro ser podamos tomar, habiendo puesto ley al coito, al alimento, al dormir, para que no sólo menos nos podamos deleitar, sino para que más a menudo nos aflijamos y atormentemos, hace que sea hurto aquel don de la naturaleza, y quiere que se desprecie lo bello, lo dulce, lo bueno, y del mal, amargo y ruin, hagamos estima. Ésta seduce al mundo a dejar el cierto y presente bien que aquello tiene, y ocuparse y ponerse en todo tormento por la sombra de futura gloria. Yo a aquél que con tantos espejos, cuantas son las estrellas en el cielo, la verdad demuestra, y a aquél que con tantas voces y lenguas, cuantos son los bellos objetos, la naturaleza exterior entona, vengo de todos los sitios del interno edificio a exhortarlo".



Lascia l'ombre ed abbraccia il vero.
Non cangiare il presente col futuro.
Tu sei il veltro che nel rio trabocca,
mentre l'ombra desia di quel c'ha in bocca.
Aviso non fu mai di saggio o scaltro
perdere un bene per acquistarne un altro.
A che cerchi si lungi diviso
se in te stesso trovi il paradiso?
Anzi, chi perde l'un mentre e' nel mondo,
non speri dopo morto l'altro bene.
Perche' si sdegna il ciel dare il secondo
a chi il primiero don caro non tenne;
cosi', credendo alzarti, vai a fondo;
ed ai piacer togliendoti, a le pene
ti condanni; e con inganno eterno,
bramando il ciel, stai ne l'inferno.

Letteratura Italiana.net

Ilustración: Monumento a Bruno en Campo di Fiori, Roma, donde fue quemado por la Inquisición

Cesare Pavese / Los gatos lo sabrán




The cats will know

Aún caerá la lluvia
sobre dulces empedrados,
una lluvia ligera
como un hálito o un paso.
Aún la brisa y el alba
florecerán ligeras
como bajo tu paso,
y tú regresarás.
Entre flores y alfeizares,
los gatos lo sabrán.

Llegarán otros días,
llegarán otras voces.
Sonreirás sola.
Los gatos lo sabrán.
Oirás viejas palabras,
vanas y cansadas
como vestidos usados
de las fiestas pasadas.

Tú también harás gestos.
Responderás palabras;
rostro de primavera,
tú también harás gestos.

Los gatos lo sabrán,
rostro de primavera,
y la lluvia ligera,
el alba de jacinto,
que el corazón lacera
de quien no te espera,
son la triste sonrisa
que tú sonríes sola,
Llegarán otros días,
voces y despertares.
Sufriremos al alba,
rostro de primavera.

10 de abril 1950

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Verrà la morte e avrà i tuoi occhi", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión: Jorge Aulicino

The cats will know

Ancora cadrà la pioggia
sui tuoi dolci selciati,
una pioggia leggera
come un alito o un passo.
Ancora la brezza e l'alba
fioriranno leggere
come sotto il tuo passo,
quando tu rientrerai.
Tra fiori e davanzali
i gatti lo sapranno.

Ci saranno altri giorni,
si saranno altre voci.
Sorriderai da sola.
I gatti lo sapranno.
Udrai parole antiche,
parole stanche e vane
come i costumi smessi
delle feste di ieri.

Farai gesti anche tu.
Risponderai parole -
viso di primavera,
farai gesti anche tu.

I gatti lo sapranno,
viso di primavera;
e la pioggia leggera,
l'alba color giacinto,
che dilaniano il cuore
di chi più non ti spera,
sono il triste sorriso
che sorridi da sola.
Ci saranno altri giorni,
altre voci e risvegli.
Soffrieremo nell'alba,
viso di primavera.

10 aprile 1950


Ilustración: La maisonnette, 1924, Juan Gris

sábado, octubre 23, 2010

Coral Bracho / ¿Dónde está el sujeto que propicia...?




Voltea los signos por su revés

¿Dónde está el sujeto que propicia
y que nombra?
Detrás de la puerta blanca. Habla
al oído
y en la sombra, al amanecer, o tarde
en el imán del miedo
que siempre está. En la mesa,
en la contraesquina. Voltea los signos
por su revés, los guantes, el filo de A
a B. Lo hostil,
el riesgo de A
a B; de B a A, junto al ropero,
al fondo; o en la casa contigua.

Coral Bracho (Ciudad de México, 1951), El Poeta y su Trabajo, 35, Invierno 2010, México

Foto: Coral Bracho, Zoland Poetry

viernes, octubre 22, 2010

Juan Manuel Inchauspe / Dos poemas




Azaleas…

Azaleas
begonias
helechos moros
sandalias de hojas caladas y palmiformes conviven
en una armonía espontánea en el patio de esta pensión.
Las paredes blancas proyectan el silencioso contraste.
Verde sobre blanco.
La trepadora conduce la mirada a los altos de la vieja casa.
La hora o la deshora del día dominical apaga y tritura
los ruidos de la ciudad.
¿Y qué hace este hombre detrás de la ventana?
¿Pensará que la armonía exterior es aparente?
¿Real?



Había estado…

Había estado
buscando una casa, un lugar
donde poder vivir,
paredes alquiladas
cualquier cosa.

Al volver
desde el centro de una plaza vacía
alcancé a ver ese frío y lejano sol
que siempre se apaga detrás de la grandes ciudades.


Juan Manuel Inchauspe (Santa Fe, 1940-1991), "Poemas inéditos", Trabajo nocturno -Poemas completos-, :e(m)r; y Ediciones UNL, 2010

Ilustración: Patio de una casa en Delft, 1658, Pieter de Hooch

jueves, octubre 21, 2010

Roberto Malatesta / Un hombre escribe...




Un hombre escribe la palabra amanecer

Un hombre escribe la palabra amanecer,
una voz pura para su cuaderno raído,
y el peso de una vida gravitando en su espalda.
¿Qué nos quieren decir este hombre y su palabra?
No parece enmarcar un tiempo culminante,
no luce ropas nuevas, siquiera se ha afeitado,
ningún indicio externo, tan solo ante él, la hoja última
en la cual se destaca: amanecer.
¿Cuáles son las razones que impulsaron
la fe de este hombre viejo a un sonido
que al parecer ya no le viene al uso?
¿Quizás un amuleto palpable en su pecho?
¿Un signo más allá de sus propias palabras
escrito cuando todo parece derrumbarse?

Roberto Malatesta (Santa Fe, 1961), La nada que nos viste, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2010

Ilustración: Pennsylvania Coal Town, 1947, Edward Hopper

Estela Figueroa / Primero fue...




La mosca

Primero fue como la intromisión de una mosca en invierno.
Algo tan raro. Los ojos siguen el vuelo.
El oído trata de percibir el zumbido.
La mosca se detiene en la mesa
en la bombilla de luz. Desconcierta.

Después -esto se sabe-
una mosca en invierno puede anunciar tormenta.
Es peligro. Es
como un frío repentino en el pecho.
-Voy a enfermarme -se piensa.

Y el primer trueno es un escándalo.
No queda un vidrio sano. No hay
espejo donde mirarse.

Hay que cerrar la casa como cuando llega la noche.
Que sentarse como para abrir una carta.
Que acostarse como para recibir una enfermedad.
Que levantarse como para ir hacia la puerta
como si se hubiera escuchado que golpean.


Estela Figueroa (Santa Fe, 1946), Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009

Ilustración: Nocturn matinal, 1970 Antoni Tàpies

miércoles, octubre 20, 2010

Alfonso Gatto / Tres poemas




Invierno en Roma

Los chicos que piensan en los ojos
tienen el invierno, el largo invierno. Solos,
se apoyan en las rodillas para ver
en la mirada iluminarse el sol.
Más allá de ellos, en el cielo, las chicas
en los hilos luminosos de la lluvia
se tocan los cabellos, caminan solas,
riendo con los labios agrietados.
Han pasado con los siglos palabras
de amor y de piedad, pero las chicas
apretando el chalcito, caminan solas
solas en el cielo y en la lluvia. El techo
gotea sobre los pajaros desde el alero.


Hostería flegrea *

¡Qué constante de nada a la nada absorta
la luz en el polvo! La puerta
al verde oscila, la imprevista llama
del soplo es breve.

Mira fijo el búho
la envidia de la vida,
el despreocupado que bebe
en el emparrado azul en su lava
y al sereno de la muerte invita.


El Dios pobre

El Dios pobre en el ala de la noche
al impetuoso grito alzaba el rostro,
al pensamiento remoto que lo llama.
Y sonriendo creyéndose sutil
sin rumor con su paso igual
en la dulzura de ser creía.
Parecía de sí mismo enamorado, bueno,
por amar con palabras que las manos
acompañan largamente, las palabras
comunes que no parecen nunca dichas.
Pobre Dios de los pobres de Milán.



* De Campi Flegrei: zona de origen volcánico al noroeste de Nápoles.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909– Capalbio, 1976), Osteria flegrea, Mondadori, Milán, 1962
Versiones de Jorge Aulicino


Inverno a Roma

I bambini che pensano negli occhi
hanno l' inverno, il lungo inverno. Soli
s' appoggiano ai ginocchi per vedere
dentro lo sguardo illuminarsi il sole.
Di là da sé, nel cielo, le bambine
ai fili luminosi della pioggia
si toccano i capelli, vanno sole
ridendo con le labbra screpolate.
Son passate nei secoli parole
d' amore e di pietà, ma le bambine
stringendo lo scialletto vanno sole
sole nel cielo e nella pioggia. Il tetto
gocciola sugli uccelli della gronda.


Osteria Flegrea

Come assidua di nulla al nulla assorta
la luce della polvere! La porta
al verde oscilla, l' improvvisa vampa
del soffio è breve.

Fissa il gufo
l' invidia della vita,
l' immemore che beve
nella pergola azzurra del suo tufo
ed al sereno della morte invita.


Il Dio povero

Il Dio povero all’ala della sera
al rapinoso grido alzava il volto,
al pensiero remoto che lo chiama.
E sorridendo a credersi sottile
senza rumore col suo passo eguale
alla dolcezza d’essere credeva.
Parve a se stesso innamorato, buono,
da amare con parole che le mani
accompagnano a lungo, le parole
comuni che non sembrano mai dette.
Povero Dio dei poveri a Milano.

Imagen: Océano, 1911, Piet Mondrian

martes, octubre 19, 2010

Fermín Chávez / Dos poemas




Megara

... oyd' eridánteo Eukleídeo, Magareusin
os embale lússam erísmou
. Timón *


El caserío blanquea
bajo la cima verde de la sierra,
sin rastros del peleador Euclídes,
ni del porfiado Eubúlides.
Sólo el rosado y el blanco del laurel
florecido,
sólo una ladera geométricamente gris,
sólo el mar azul y el olivo y la higuera.
¿Quién debe llamarse calvo?
¿Por qué diez granos han de ser un montón?
El tabaco negro se seca al sol en ristras.
Los sauces lloran igual que en mi pisoteada
Argentina.
Nada de nominalismo.
Nada de nominalismo.

Istmo de Corinto, 4-VIII-1979

* ...ni el pendeciero Euclides, que trajo a Megara el furor de la bronca.


Kerkyra

... atar jeíressi neon epimaíeo nóstu
gaíes Phaiékon, oto toi moir estin alyxaí
. La Odisea, V, 344/345 *


Homero no conoció Corfú
pero yo sí.

Uno puede pasearse
bajo los ramos de laurel rosado
de la Spianada
o por las encajonadas callejuelas
que inauguró San Spyridón,
y la ropa tendida arriba
como si le pusieran velas a Kerkyra.

Lástima que el Poeta se perdió lo mejor:
este sauce llorón junto al Palacio Inglés.

Mar Jónico, 12-VIII-19179


*... procura, nadando con tus manos, alcanzar el país de los Feacios,
donde está el destino de tu salvación.


Fermín Chávez (Nogoyá, 1924-Buenos Aires, 2006), Epigramas del gato amarillo echado junto al fuego y otros poemas, Archivo Núñez Acuña, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Paisaje de Grecia, Augusto Torres

lunes, octubre 18, 2010

Vincenzo Cardarelli / A menudo me parece verlo al Sueño...





Insomnio

A veces me parece verlo al Sueño
Monstruo enorme, impalpable,
Estarme encima, ya pronto a engullirme,
Y soy su presa en aquel mismo instante.
Qué tremenda y desventurada guerra
Es aquella que yo a menudo
Con él voy llevando.
Con el sueño, digo. Y delirando huyo
De las horas que le pertenecen.
Larva inquieta, durmiente que camina
Y va soñando y estima estar despierto.

Vincenzo Cardarelli (Corneto Tarquinia, 1887–Roma, 1959)
Versión de Angel Faretta


Insonnia
Talvolta a me par di vederlo il Sonno,
Mostro enorme, impalpabile,
Starmi sopra già pronto ad inghiottirmi,
E son sua preda in quello stesso istante.
Quale tremenda e sciagurata guerra
È quella ch’io piú spesso
Con lui vo conducendo.
Col Sonno dico. E delirando fuggo
L’ore che gli apartengono.
Larva inquieta, dormente che cammina
E va sognando e stima d’esser desto.


Ilustración: Mobili nella valle, Giorgio de Chirico

Santiago Sylvester / Anoche, a eso de las doce...




(el eclipse)


Anoche, a eso de las doce,
un espectáculo crujiente metió a la luna en ese ceibo
y comenzó el eclipse: el primero del milenio, ahora
que todo se menciona así.
El
primer eclipse para verlo con cautela y premonición: así
ha empezado este año y nada dice que cambiará.
Cautela
para mirar la luna y olvidar que no es sino una piedra seca
dando vueltas por pura obstinación: cautela
que tiene algo de cauterio, ya que el año a olvidar dejó sus heridas
y ya ha empezado el ritual de lamerlas largamente para que se vayan
por la cicatriz.
Premonición
porque todo es premonitorio en el tiempo en que estoy: el
viento en las tejas, la llamada urgente a medianoche, el
saludo en la calle,
esa luna que se esconde: premonición
en cara y contracara,
desde los años que llevo contados hasta
los que faltan por contar
que una vez sumados serán todos.

Y aquí queda este apunte del veintidós de enero, sin tiempo
para el arrepentimiento,
cuando de tanta emoción con espectáculo incluido solo queda
un milenio por delante
y estas pocas palabras que, entre tanto, irán llenando el agujero.


Santiago Sylvester (Salta, 1942), El reloj biológico, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

Ilustración: Negro y violeta, 1923, Vassily Kandinsky

domingo, octubre 17, 2010

Santiago Sylvester / Dos poemas




(perseverancia del halcón)

Tiene nombre ilustre
y lo protege la serenidad: vuela sin inmutarse por el espanto
de esos pequeños alborotadores que resguardan huevos y pichones:
él
con alzada majestuosa
y ojo directo
busca comida.

Por estas quebradas
pasó la historia: él
vio todo: gente a manotazos, escapando o persiguiendo: el
murmullo de muertos que se escucha promediando
enero: una partida de gauchos al acecho, la cabalgata
heroica de pobre gente
obligada al heroísmo:
y vio también el merodeo, el desplazamiento: los restos de una
civilización que ha prescrito: piedras y cantos con alguna
ceremonia:
él
vio todo desde su vuelo impertérrito: no juzga, no invoca,
no confía: tiene
hambre.

Vuela, aterra, y todas las tardes
organiza ese escándalo; desde aquí
lo veo, sabio, sin prisas, esperando
que todos nos volvamos comida: historia, huesos, animales,
persona.


(como la niebla alrededor de un aeropuerto)

Una mujer, joven y demacrada, como era y
por lo tanto como siempre ha sido, me dice sin sonreír, sin
ninguna carga de emoción: sí, soy yo.
El amigo que se mató
salta por encima de los treinta años
y también me dice que está aquí.
La casa al borde del
río espeso del verano, con la higuera
y las chirimoyas que siguen dando sombra,
me hace saber que es inmortal.
El
perro que me mordió
me sigue mordiendo: y
¿quién es el que trae los libros de mi padre, los apila sobre el
escritorio, y abre la ventana hacia la calle para que
charlemos en paz? ¿quién se lanza temporal abajo y sigue
llegando con el pelo en desorden, sin nombrarme pero
intensamente reclamando por mí? ¿quién se distrae un
instante y luego deja que pasen los años para recordarme
que los años han pasado?

Restos de memoria: materia intangible con se arma y desarma
como la niebla alrededor de un aeropuerto: unas veces
para dar consistencia a una cara, otras para saber
algo más de lo que ya sabía.
Y sin embargo
no es esto lo que quiero decir: siempre hay algo de vida propia,
algo
de vida que no es nuestra; y ya no se sabe qué es recuerdo,
engaño de la memoria o
como se llame el agua removida que se junta cuando
conocemos demasiadas cosas
con las que no sabemos qué hacer.

Santiago Sylvester (Salta, 1942), El reloj biológico, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007

Ilustración: El Neva con neblina, Félix Vallotton

viernes, octubre 15, 2010

Estela Figueroa / El poema malo




El poema malo

Amortajado por una red de palabras
tachaduras y manchas
conservo del poema malo
su esqueleto precario.

Digo que la idea no era mala
así como puedo decir de otra mujer
-No es fea.
Pero si una buena idea
no es perfectamente desarrollada...
Pero si una mujer hermosa
no lleva un hermoso vestido...

En el cajón de la mesa lo escondí
junto con remedios, resultados de análisis y facturas.
¡Y pensar que lo escribí creyendo
que lo llevaría sobre la frente
incrustado como una perla
o un pequeño ojo perfecto
que reflejaría el mundo!

Estela Figueroa (Santa Fe, 1946), Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009

Ilustración: Sín título, 1967, Ernesto Deira

jueves, octubre 14, 2010

Raúl Artola / Dos poemas




Fabla viril

Pasolini me ha hecho leer y yo lo quiero
como al padre que nos señalaba la página perfecta
los canales venecianos y el capitel corintio
la belleza de la rama de gilicinas
que cae sobre el muro y evocamos
una mañana neblinosa al ir a clase
sin saber la lección
las manos ateridas y los pies mudos
sobre las baldosas húmedas, desparejas.
Me hace leer Pasolini esa página
y yo le agradezco en silencio
acompañado por su sombra
y su mirada de padre que no quiso ser patrón
pero voló por olímpicas alturas.
Me contagia un ensalmo envolvente
para soportar el recuerdo
de aquellas mañanas impiadosas
y los atardeceres turbios
de regreso a la casa del amor arrinconado.
Y Pasolini no estaba todavía
para decirme: muchacho
esto pasará, ya tendrás
tus horas de sueño y de vigilia ensoñada,
aguanta el invierno de la infancia,
yo te miro y a mi modo te cuido.
Y aunque no lo dijera aún
yo oía su voz en otras bocas,
en el aire adverso
se abría un canal amistoso
con el piano que me devolvía
una paz ignorada,
rescoldo que siento en mi pecho
tantos años después.


Salón de té

Hay lágrimas que se secan
en el aire
y sonrisas que marcan
rictus de bronce.
El que mira
supone una pena fugaz
y la dura felicidad
de cada uno.
Ninguno acierta.
El que lloró
no sabe que soñaba
una escena de cine.
La que sonríe
dibujaba flores
con su dedo
en el mantel.
El que mira
buscaba motivos
para salir
de sí
mismo.


Raúl Artola (Las Flores, 1947, vive en Viedma), Teclados, Ediciones El Suri Porfiado, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Raíces, 1882, Vincent Van Gogh

Más de Artola en Aromito

miércoles, octubre 13, 2010

Macdara Woods / En mayo el parque...




En mayo el parque y yo vueltos a visitar

Los marginados en el parque
Beben Bud y Efes
Leo las tapitas de las botellas
Y les arranco las etiquetas a las latas
Entre tubos de plástico delgado
Y cucarachas delatoras
Mayo
El verde está por todos lados
Y la comunidad de las carpas
Monjes franciscanos del lago
Son una única cosa con los niños
Y sus espectadores
Y todos los niveles que hay entre ellos
Y yo
Con esos espectros engañosos
De la soledad y el fracaso
Todos los espacios vacíos de los años
Abandonados irredentos
Y toda la gente perdida
Yo entre ellos
Cuando
De pronto estando del todo aquí
Entre los tristes detritus
De tapitas de botella y recuerdos
Debajo de mis pies
De algún modo todo esto me pareció aún –
Demasiado bello para irme

2010

Macdara Woods (Dublin, 1942), inédito
Versión de Jorge Fondebrider


In May The Park And Me Revisited

The dropouts in the park
Are drinking Bud and Efes
I read the bottle caps
And pull-off tags from cans
Among thin plastic tubes
And tell-tale roaches
May
Green is all about
And the community of carp
The grey friars of the lake
Are one with children
And their watchers
And all the levels in between
And I
With those delusive ghosts
Of loneliness and failure
All the empty spaces of the years
Left unredeemed
And all the missing people
Myself among them
When
Suddenly being here at all
Amid the sad detritus
Of bottle caps and memories
Beneath my feet
It somehow all feels yet –
Too beautiful to leave

martes, octubre 12, 2010

Alfonso Gatto / Bulevar




Amor de la vida

Veo los grandes árboles de la noche
que elevan los cielos de los bulevares,
las carrozas de Roma que a las tumbas
de la antigua Via Appia llevan la luna.

Todo de nosotros largo tiempo tuvo la muerte.
Pero larga la calle fue por la noche
de miradas a cada casa, y más allá el cielo,
entre las luces ascendentes de los campanarios
¿a los nombres azules de los carteles,
el corazón nunca más responderá?

¡Oh, entre las ramas goteantes de casas y cielo
el cielo de los bulevares,
cielo claro de golondrinas!

Oh noche humana de nosotros absortos
hombres cansados hombres buenos,
nuestro dulce hablar
en el mundo sin miedo.

Volverá volverá,
de pronto el corazón
despierto
¿tendrá palabras?
¿Llamará a las cosas, las luces, los vivos?

¿Los muertos, los vencidos, quién los despertará?


Alfonso Gatto (Salerno, 1909– Capalbio, 1976)
Versión de Jorge Aulicino


Amore della vita

Io vedo i grandi alberi della sera
che innalzano i cieli dei boulevards,
le carrozze di Roma che alle tombe
dell' Appia antica portano la luna.

Tutto di noi gran tempo ebbe la morte.
Pure, lunga la via fu alla sera
di sguardi ad ogni casa, e oltre il cielo
alle luci sorgenti ai campanili
ai nomi azzurri delle insegne, il cuore
mai più risponderà?

Oh, tra i rami grondanti di case e cielo
il cielo dei boulevards
cielo chiaro di rondini!

O sera umana di noi raccolti
uomini stanchi uomini buoni,
il nostro dolce parlare
nel mondo senza paura.

Tornerà tornerà,
d' un balzo il cuore
desto
avrà parole?
Chiamerà le cose, le luci, i vivi?

I morti, i vinti, chi li desterà?


club.it

Ilustración: Arbol gris, 1912, Piet Mondrian

lunes, octubre 11, 2010

Alfonso Gatto / Chotacabras




El Chotacabras

Volverá siempre la ironía serena
del sortilegio sobre tus corolas,
flor deshecha.
Y tú que vuelas y lloras
chillando, con tus grandes ojos oscuros,
oh chotacabras de plumaje muelle,
lo oscuro siempre engullirá la noche
de las mariposas negras, las lustrosas
cucarachas ante las que el hombre misero
obliga a las manos y los ojos a respetarlas,
humanas por la piedad en sí.
Por la escalera de los infiernos desciende
el consenso perenne, la ordenada
congregación de las víctimas celebrantes.

Oh medida del hombre, un cuadro en sí mismo,
llevado más allá de la muerte, momia a salvo
tras la pantalla de las manos,
a no tener más límites; abstraída
está la fuerza latente, la oruga
insomne de la materia que nos esboza y sigue.
Un fenómeno oscuro el devenir
en el énfasis sordo que en sus palabras
ya no cree, pero jura. Aún desciende
esta escalera de los negros infiernos y el informe
que pide un sentido ansioso de figuras.


Alfonso Gatto (Salerno, 1909– Capalbio, 1976)
Versión de Jorge Aulicino


Il Caprimulgo

Tornerà sempre l' ironia serena
del sortilegio sulle tue corolle,
fiore disfatto.
E tu che voli e piangi
stridendo coi tuoi grandi occhi oscuri,
o caprimulgo dalle piume molli,
il buio sempre ingoierà la notte
delle farfalle nere, le lucenti
blatte in cui l' uomo misero rattrae
le mani e gli occhi a rispettarle,
umane della pietà per sé.
Per la scala degli inferi discende
il consenso perenne, l' ordinata
congrega delle vittime plaudenti.

O misura dell' uomo in sé dipinto
costretto oltre la morte, mummia salva
a schermo delle mani,
a non aver più limiti, distratta
è la forza latente, il bruco insonne
della materia che ci traccia e insegue.
Un fenomeno oscuro il divenire
l' enfasi sorda che alle sue parole
non crede più, ma giura. Ancora scende
questa scala degli inferi e l' informe
che chiede un senso smania di figure.

club.it

Foto: Gatto, en el anuncio de un homenaje en el convento fransciscano de la Santísima Trinidad, en Baronissi, Salerno, 2006

Marcelo Díaz / Ruinas de Disneylandia




Las ruinas de Disneylandia

El Tato afanaba fasos
en el kiosco de la esquina,
meaba desde el techo a la vereda
y un día se hizo cura.

El Chile se choreó un Mercedes
para ganarse una minita;
fue a parar a Batán
y en un tumulto turbio
lo limpiaron.

Miguel está pelado, pero es buen tipo.

Norma, Laura y Marcela
son maestras, y todas
tienen más de un hijo.

El Cabezón embarazó a la novia y se cagó la vida.
El Topo se volvió abogado y si te ve, no te saluda.

Yo un día regalé
todos mis cassettes de Kiss,
y ahora los extraño.

El Conejo era Campera Negra.
La vieja le gritaba todo el santo día:
Vas a terminar mal – le gritaba.
Me la veo venir – le gritaba.
Se casó con una gorda
que lo hizo evangelista.

El Panza transa merca de cuarta y levanta quiniela.
Ya tuvo una entrada en Villa Floresta.
La mujer le mete los cuernos.

Ricardito es Teniente de Navío y sueña
con un País definitivamente en Orden
y con rapar a todos esos
negros
vagos
de mierda.

Claudia se fue a Chile.

Silvina se fue a Santiago del Estero.

El hermano del Mono
se pegó un tiro en la cocina.
Siempre jugaba al fútbol con nosotros;
era más chico,
pero no se notaba.

Vos un día cruzaste la mano
de izquierda a derecha
en el agua de la sierra.
Escribiste una cosa que no sé.

Yo en la misma que supiste:
un tipo cuidadoso
de no joder
el sueño de nadie.

Kwai Chang Caine caminando
sobre papel de arroz.


Marcelo Díaz (Bahía Blanca, 1965), en Periódico de Poesía, México

Foto: Díaz XVII Festival de Poesía de Rosario

sábado, octubre 09, 2010

Daniel Martínez / Los marineros de Quing-Dao




Jardín de las mariposas enamoradas

2

Los marineros de Quing-Dao
por cada mujer que conocen se tatúan una estrella
en lo que llaman el cielo del amor
nadie puede mentir ya que la mentira
los condena a la soledad eterna después de muertos

algunos tienen los brazos llenos de estrellas
otros la espalda o el pecho

por cada hijo que tienen
se tatúan un sol
por cada hija una luna

así es como se reconoce a simple vista
a cualquier marinero de Quing-Dao


Daniel Martínez (Allen, Río Negro, 1963), en Enfocando poesía

Ilustración: El oro del azur, 1967, Joan Miró

viernes, octubre 08, 2010

Pier Paolo Pasolini / De "Poesie incivili", 1




Fragmento a la muerte

Vengo de ti y vuelvo a ti,
sentimiento nacido con la luz, con el calor,
bautizado cuando el vagido era goce,
reconocido en Pier Paolo
en el origen de una agitada epopeya:
he caminado a la luz de la historia,
pero, siempre, mi ser fue heroico,
bajo tu dominio, íntimo pensamiento.
Se coagulaba en tu estela de luz
en las atroces desconfianzas
de tu llama, cada acto verdadero
del mundo, de aquella
historia: y en ella se verificaba entero,
se perdía la vida para recuperarla:
y la vida era real sólo si era bella...

La furia de la confesión,
primero, luego la furia de la claridad:
¡era de ti que nacía, hipócrita, oscuro
sentimiento! Y ahora,
acusado por cada una de mis pasiones,
que me embarren, me digan informe, impuro,
obsesivo, diletante, perjuro:
tú me aislas, me das la certeza de la vida:
estoy en la pira, juego la carta del fuego,
y gano éste, mi poco, inmenso
bien, esta infinita,
mísera piedad mía
que me da la justa ira amiga:
¡puedo hacerlo, porque mucho te he padecido!

Vuelvo a ti, como vuelve
un emigrado a su tierra y la redescubre:
he hecho fortuna (en el intelecto)
y soy feliz, tal
como fui en un tiempo, destituido de norma.
Una negra rabia de poesía en el pecho.
Una loca vejez de muchachito.
Una vez, tu alegría estaba confundida
con el terror, es cierto, y ahora
casi con otra alegría,
lívida, árida: mi pasión desilusionada.
Me das ahora de veras miedo,
porque estás de veras cerca, incluida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia como de nueva criatura.

Estoy sano, como quieres,
la neurosis se me ramifica,
el agotamiento me seca, pero
no me tiene: a mi lado
ríe la última luz de juventud.
He tenido aquello que quise,
ahora mismo:
he, incluso, ido todavía más allá
de ciertas esperanzas del mundo: vaciado,
ahí estás, dentro de mí, llenas
mi tiempo y los tiempos.
He sido racional y he sido
irracional: hasta el fondo.
Y ahora... ah, el desierto aturdido
por el viento, el estupendo y el inmundo
sol de Africa que ilumina el mundo.

¡Africa! Mi única
alternativa ------------------------
--------------------------------------


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "La religione del mio tempo. Poesie incivili" (abril, 1960), Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003

Versión de Jorge Aulicino

Frammento alla morte

Vengo da te e torno a te,
sentimento nato con la luce, col caldo,
battezzato quando il vagito era gioia,
riconosciuto in Pier Paolo
all’origine di una smaniosa epopea:
ho camminato alla luce della storia,
ma, sempre, il mio essere fu eroico,
sotto il tuo dominio, intimo pensiero.
Si coagulava nella tua scia di luce
nelle atroci sfiducie
della tua fiamma, ogni atto vero
del mondo, di quella
storia: e in essa si verificava intero,
vi perdeva la vita per riaverla:
e la vita era reale solo se bella…

La furia della confessione,
prima, poi la furia della chiarezza:
era da te che nasceva, ipocrita, oscuro
sentimento! E adesso,
accusino pure ogni mia passione,
m’infanghino, mi dicano informe, impuro
ossesso, dilettante, spergiuro:
tu mi isoli, mi dai la certezza della vita:
sono nel rogo, gioco la carta del fuoco,
e vinco, questo mio poco,
immenso bene, vinco quest’infinita,
misera mia pietà
che mi rende anche la giusta ira amica:
posso farlo, perché ti ho troppo patita!

Torno a te, come torna
un emigrato al suo paese e lo riscopre:
ho fatto fortuna (nell’intelletto)
e sono felice, proprio
com’ero un tempo, destituito di norma.
Una nera rabbia di poesia nel petto.
Una pazza vecchiaia di giovinetto.
Una volta la tua gioia era confusa
con il terrore, è vero, e ora
quasi con altra gioia,
livida, arida: la mia passione delusa.
Mi fai ora davvero paura,
perché mi sei davvero vicina, inclusa
nel mio stato di rabbia, di oscura
fame, di ansia quasi di nuova creatura.

Sono sano, come vuoi tu,
la nevrosi mi ramifica accanto,
l’esaurimento mi inaridisce, ma
non mi ha: al mio fianco
ride l’ultima luce di gioventù.
Ho avuto tutto quello che volevo,
ormai:
sono anzi andato anche più in là
di certe speranze del mondo: svuotato,
eccoti lì, dentro di me, che empi
il mio tempo e i tempi.
Sono stato razionale e sono stato
irrazionale: fino in fondo.
E ora… ah, il deserto assordato
dal vento, lo stupendo e immondo
sole dell’Africa che illumina il mondo.

Africa! Unica mia
alternativa ---------------------------
-----------------------------------------


Ilustración: Pirogue, 2008, Miquel Barceló

jueves, octubre 07, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 10





Kinsey Keene

Atención, Thomas Rhodes, presidente del banco;
Coolbaugh Whedon, director del Argos;
Reverendo Peet, pastor de la iglesia principal;
A. D. Blood, varias veces alcalde de Spoon River;
y finalmente todos ustedes, miembros de la Liga Moral,
escuchen las últimas palabras de Cambronne*
resistiendo con el heroico resto
de la guardia de Napoleón en la colina de Saint Jean,
en la batalla de Waterloo,
cuando Maitland, el inglés, les gritó:
“Valientes franceses, rendíos!”,
allí, al final del día, con la batalla perdida irremisiblemente
y hordas de hombres que ya no eran más el ejército
del gran Napoleón
alejándose del campo como tiras deshilachadas
de nubes atronadoras en la tormenta.
Bueno, lo que Cambronne le dijo a Maitland
antes de que el fuego inglés hiciera brillar la cresta de la colina
contra la luz agonizante del día,
yo se los digo a ustedes, a todos ustedes,
y a ti, oh mundo.
Y les exijo que lo graben
en mi tumba.


* Sin mucho rigor historiográfico, se atribuye al general Pierre Cambronne haber dicho “La garde meurt mais ne se rend pas” [La guardia muere pero no se rinde]. La creencia popular se inclina en cambio por “Merde!”, “la palabra de Cambronne” sugerida por Victor Hugo. Pero se duda incluso que haya dicho efectivamente algo. En todo caso, es inexacto que fueran sus “últimas palabras”. Cambronne murió en 1842, y la Batalla de Waterloo tuvo lugar en 1815.



Jonathan Swift Somers

Cuando has enriquecido tu alma
al máximo,
con libros, pensamientos, sufrimiento, la comprensión
de muchas personalidades,
el poder de interpretar miradas, silencios,
las pausas en los cambios importantes,
el genio de la adivinación y la profecía,
para sentir de vez en cuando
que puedes tener el mundo en el hueco de tu mano,
entonces, si por abarrotarse tu alma
de tantas facultades, tu alma se inflama
y al fuego de tu alma
se ilumina y se esclarece el mal del mundo —
agradece si en esa hora de la visión suprema
la vida no te hace trampa.


Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones y nota de Gerardo Gambolini


Kinsey Keene

Your attention, Thomas Rhodes, president of the bank;
Coolbaugh Whedon, editor of the Argus ;
Rev. Peet, pastor of the leading church ;
A. D. Blood, several times Mayor of Spoon River;
And finally all of you, members of the Social Purity Club
Your attention to Cambronne’s dying words,
Standing with the heroic remnant
Of Napoleon's guard on Mount Saint Jean
At the battle field of Waterloo,
When Maitland, the Englishman, called to them :
“Surrender, brave Frenchmen!”
There at close of day with the battle hopelessly lost,
And hordes of men no longer the army
Of the great Napoleon
Streamed from the field like ragged strips
Of thunder clouds in the storm.
Well, what Cambronne said to Maitland
Ere the English fire made smooth the brow of the hill
Against the sinking light of day
Say I to you, and all of you,
And to you, O world.
And I charge you to carve it
Upon my stone.


Jonathan Swift Somers

After you have enriched your soul
To the highest point,
With books, thought, suffering, the understanding of many personalities,
The power to interpret glances, silences,
The pauses in momentous transformations,
The genius of divination and prophecy;
So that you feel able at times to hold the world
In the hollow of your hand;
Then, if, by the crowding of so many powers
Into the compass of your soul,
Your soul takes fire,
And in the conflagration of your soul
The evil of the world is lighted up and made clear —
Be thankful if in that hour of supreme vision
Life does not fiddle.


Ilustración: Cambronne en Waterloo, lámina de la legendaria chocolatería del monasterio de Aiguebelle, fundada en 1868. Artista anónimo Heritage Images

miércoles, octubre 06, 2010

Vincenzo Cardarelli / Dos poemas




Atardecer en Liguria

Lenta y rosada surge del mar
La tarde de Liguria, perdición
De corazones amantes y de cosas lejanas.
Retrasa a las parejas en los jardines,
Se encienden las ventanas una a una
Como tantos teatros.
Sepulto en la bruma se huele el mar
Las iglesias en la rivera parecen naves
Que están por zarpar.


Retrato

Hay una boca esculpida
Un rostro de angelote claro y ambiguo
Una opulenta criatura pálida
Con dientes de perla
De paso ligero
Hay su sonrisa,
Aérea, incierta, flamante,
Como un indecible evento de luz.

Vincenzo Cardarelli (Corneto Tarquinia, 1887–Roma, 1959)
Versiones de Angel Faretta


Sera di Liguria

Lenta e rosata sale su dal mare
La sera di Liguria, perdizione
Di cuori amanti e di cose lontane.
Indugiano le coppie nei giardini,
S’accendon le finestre ad una ad una
Come tanti teatri.
Sepolto nella bruma il mare odora.
Le chiese sulla riva paion navi
Che stanno per salpare.


Ritratto

Esiste una bocca scolpita,
Un volto d’angiolo chiaro e ambiguo,
Una opulenta criatura pallida
Dai denti di perla,
Dal passo spedito,
Esiste il suo sorriso,
Aereo, dubbio, lampante,
Come un indicibile evento di luce.

Ilustración: Retrato de Simonetta Vespucci, 1480, Piero di Cosimo

lunes, octubre 04, 2010

Chuang Tzu / Cuando la vida era plena...




Cuando la vida era plena, no había historia

En la era en que la vida sobre la Tierra era plena, nadie prestaba
particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre
de habilitad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas
del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran
honestos y justos sin darse cuenta de que estaban "cumpliendo con su
deber". Se amaban los unos a los otros, y no sabían que esto significaba
"amar al prójimo". No engañaban a nadie y aun así no sabían que eran
hombres de "fiar". Eran íntegros y no sabían que que aquello era
"buena fe". Vivían juntos libremente, dando y tomando, y no sabían
que eran "generosos". Por esta razón, sus hechos no han sido narrados.
No hicieron historia.

Chuang Tzu (reino de Song, c.369 a.C.-c.286 a. C), El camino de Chuang Tzu, versiones de Thomas Merton, Editorial Debate, Barcelona 1999

Ilustración: Tzu, Museo de Taipei, Enciclopedia Británica

domingo, octubre 03, 2010

Vincenzo Cardarelli / Padres




Padres

Yo debo al seno que me ha parido
El temerario amor a la vida
Que tanto me ha traicionado.
Pues nací de una sangre
Bien fervorosa y jovial.
Yo nací de una mujer que cantaba
Y, madre más triunfante que amorosa,
Solía en brazos llevarme con gloria.
Ahora bien, tuve un padre severo
Orgulloso como un santo.
Y fueron estos los dos fuertes adversarios
Que me han engendrado.



Genitori

Io devo al grembo che m’ha parterito
Il temerario amore della vita
Che m’ha tanto tradito
Poi che nacqui da un sangue
Ben fervido e gioviale.
Io nacqui da una donna che cantava
Nel rimettere in ordine la casa
E, madre piú triunfante che amorosa,
Soleva in braccio portarmi con gloria.
Ora, ebbi padre severo
Como un santo orgoglioso.
E furon questi i due forti avversari
Che m’hanno generato.


Vincenzo Cardarelli (Corneto Tarquinia, 1887–Roma, 1959)
Versión de Angel Faretta

Ilustración: Cristo en casa de sus padres, 1850, John Everett Millais

sábado, octubre 02, 2010

Vincenzo Cardarelli / Abril




Abril

Cuántas palabras cansadas
Me vienen a la mente
En este día lluvioso de abril
Donde el aire es como nube
que se deshace
o flor que se desflora.
Dentro de un velo de lluvia
Todo está vestido de nuevo.
La húmeda y querida tierra
Me hiere y me disuelve.
Si tus ojos son palúdicos y negros
Como el infierno,
Mi dolor es fresco
Como un arroyo.


Vincenzo Cardarelli (Corneto Tarquinia, 1887–Roma, 1959)
Versión de Angel Faretta

April

Quante parole stanche
Mi vengono alla mente
In questo giorno pioioso d’aprile
Che l’aria è come nube che si spappola
O fior che si disfiora.
Dentro un velo di pioggia
Tutto è vestito a nuovo.
La umida e cara terra
Mi punge e mi discioglie.
Se gli occhi tuoi son paludosi e neri
Il mio dolore è fresco
Come un ruscello.


Foto: La actriz Delia Scala y Cardarelli, Milán, 1951 Studio Patellani/CORBIS

viernes, octubre 01, 2010

Leonardo Sinisgalli / Dos poemas




Conjuro para el mal de la mano

Tú no la envilezcas
No la abandones
Tú la debes cultivar
Para que no muera.
La mano tanto dista
Del corazón, de la oreja, de la vista.


Post scriptum

Alguno goza en el huerto
Su hora de delicia,
Algún arrebatado
Escribe versos entre las cestas de nueces
Alguno rasca el tártaro* de los toneles
Bien abajo. A media edad
El poeta sobrevive. Su fortuna
Duró un suspiro. Un relámpago
Su gracia.

*: “Tartaro” es también fondo de una tinaja y el propio sarro que se forma allí. Desde luego que también es nuestro Tártaro, forma de llamar al Hades pagano en donde habitan los muertos.

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981)
Versiones y nota de Angel Faretta


Scongiuro per il male alla mano

Tu no l’avvilire
No l’abbandonare,
Tu la devi coltivare
Per no farla morire.
La mano tanto dista
Dal cuore dall’orecchio dalla vista.

Post scriptum

Qualcuno gode nell’orto
La sua ora di delicia,
Qualcuno forsenatto
Scrive versi tra le ceste di noci
Qualcuno raschia il tartaro dalle botti
Nei sottani. A mezza età
Il poeta sopravvive. La sua fortuna
Durò un soffio, un lampo
La sua grazia.


Ilustración: Huerto florecido, 1889, Vincent Van Gogh