viernes, julio 16, 2021

Henrikas Radauskas / Un ángel mecánico




Las tareas de un ángel mecánico no son difíciles:
dominar los relámpagos, traer pan y vino,
observar a través de la ventana cómo las llamas ascienden por las paredes,
hablar con las farolas sobre los viejos tiempos.

Las tareas de un ángel mecánico no son difíciles:
dar de comer a las quimeras en la torre cada cien años,
caminar con cuidado para que el metal no resuene,
cubrir con niebla a las heladas cariátides.

Las tareas de un ángel mecánico son difíciles:
bloquear la puerta para que no entre la Muerte,
y si entra, mostrarle a un hermano dormido
y convencerla de que no tiene alma.

Henrikas Radauskas (Cracovia, Polonia, 1910-Washington, 1970), Chimeras in the Tower, Wesleyan University Press, Middletown, Connecticut, 1986
Traducción del lituano al inglés, Jonas Zdanys
Versión del inglés al castellano, Jonio González


Foto: Henrikas Radauskas, 1968  Museo de Literatura Lituana Maironis/15min


A MECHANICAL ANGEL

A mechanical angel's duties are not difficult:
Govern lightning bolts, bring bread and wine,
Watch through the window how flames climb the walls,
Talk with street lamps about old times.

A mechanical angel's duties are not difficult:
Feed chimeras in the tower every hundred years,
Step softly so the metal will not clang,
Cloak freezing caryatids with fog.

A mechanical angel's duties are difficult:
Blocade the door, do not let Death in,
And if she enters, show her a sleeping brother
And convince her he doesn't have a soul.

jueves, julio 15, 2021

Rubén Sevlever / De "Poemas elegidos y otros escritos"




Recuerdos de hotel

Esta poesía que se alimenta de almohadas,
de toallas solitarias
colgando de algún sucio ropero,
de la luz anémica en bombillas donde hacen
oscuros crecimientos su nido más fiel.
Esta poesía de madera manchada, de ginebra piadosa
suavizando gargantas roncas,
de sueños como cenizas y pantalones sin planchar
que interrogan lastimosamente
a colchones hundidos, destripados por la rabia
de una noche veloz o violenta,
cuando el sudor y las moscas matan
el sentido mas pulcro del amor
y las zapatillas se despiertan
sin duda muertas de cansancio para orar
por la violación
de los objetos que me duelen.
Esta poesía nació de cara a la pared.


Sólo me deslumbra

Sólo me deslumbra
el canto circular
de las pulidas fuentes
en la muda plaza,
el paso tardo de los viajeros 
de sí mismos,
la profundidad del aire
detenido en los pequeños jardines.

Sólo me deslumbra el sol posado
en íntimas techumbres,
el humo deshilado
en cielos pueblerinos,
los surcos del camino meditado.

Sólo me deslumbra
lo que sin ruido
madura y resplandece.


Vesperal

Pálidos monasterios de la luz,
lentas cascadas en amarillas declinaciones
sumergen las calles;
la hojarasca aún tibia se apretuja para el sueño.

La sinfonía de grises, en opacas molduras
insinúa los árboles, los vergeles escondidos,
los altos portales.


En mustias galerías

En mustias galerías, sobre mudos empedrados,
gira una brisa oscura;
una campana lejanísima se ahoga
en los ecos últimos del crepúsculo.

En la eterna caída terrenal
mi Fe ausculta los presagios.


De Fragmentos de un diario poético

I.

-La lucha se instaura con el esplendor e intensidad de las palabras, lo demás es rutina.
-Un sistema de reflejos en el cielo opaco de la mente marca el inicio del devenir poético.
-La iluminación comenzará entonces con el tenso parpadeo de un relámpago.

II.

-Nadie expresa su yo en un poema cuando trata de expresar lo inexpresable.
-Un poema es un tejemaneje de cosas indecibles.
-Lo natural del poema hace que fluya sin cortapisas.

III.

-Cuando hayas desparecido en el poema es cuando el poema comienza a vivir.

(...)

Rubén Sevlever (Rosario, Argentina, 1932-2011), Poemas elegidos y otros escritos, Universidad Nacional del Litoral, Argentina, 2012


miércoles, julio 14, 2021

Cesare Pavese / Paternidad




Fantasía de la mujer que baila, y del viejo
que es su padre y una vez la tuvo en la sangre
y la hizo una noche, gozando en un lecho, desnudo.
Ella se apura por llegar a tiempo para desvestirse
y hay otros viejos que esperan. Todos
le devoran, cuando ella salta en el baile, la fuerza
de las piernas con los ojos, pero los viejos tiemblan.
Casi desnuda está la chica. Y los jóvenes miran
con sonrisas, y alguno querría estar desnudo.

Se parecen todos a su padre los viejos entusiastas
y son todos, vacilantes, un resto de cuerpo
que ha gozado otros cuerpos. También los jóvenes un día
serán padres, y la mujer es para todos una sola.
Ha ocurrido en silencio. Una alegría profunda
invade la oscuridad que rodea a la joven viva.
Todos los cuerpos no son más que un cuerpo, uno solo,
que se mueve y en el que se clavan las miradas de todos.

Esa sangre que recorre los miembros firmes
de la joven es la que se hiela en los viejos;
y su padre que fuma en silencio, acalorado
no salta, pero él ha hecho a la hija que baila.
Hay un perfume y un arrebato en el cuerpo de ella
que es el mismo en el viejo, y en los viejos. En silencio
fuma el padre y espera que vuelva, vestida.
Todos esperan, jóvenes y viejos, y la miran fijo;
y cada uno, bebiendo solo, volverá a pensar en ella.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino

N. del. T.: Como dato de interés histórico, se anota que el poema fue censurado en la edición de 1936 de Lavorare stanca


Ilustración: Retrato de Cesare Pavese en Cuneo 24

Paternità

Fantasia della donna che balla, e del vecchio
che è suo padre e una volta l'aveva nel sangue
e l'ha fatta una notte, godendo in un letto, bel nudo.
Lei s'affretta per giungere in tempo a svestirsi,
e ci sono altri vecchi che attendono. Tutti
le divorano, quando lei salta a ballare, la forza
delle gambe con gli occhi, ma i vecchi ci tremano.
Quasi nuda è la giovane. E i giovani guardano
con sorrisi, e qualcuno vorrebbe esser nudo.

Sembran tutti suo padre i vecchiotti entusiasti
e son tutti, malfermi, un avanzo di corpo
che ha goduto altri corpi. Anche i giovani un giorno
saran padri, e la donna è per tutti una sola.
È accaduto in silenzio. Una gioia profonda
prende il buio davanti alla giovane viva.
Tutti i corpi non sono che un corpo, uno solo
che si muove inchiodando gli sguardi di tutti.

Questo sangue, che scorre le membra diritte
della giovane, è il sangue che gela nei vecchi;
e suo padre che fuma in silenzio, a scaldarsi
lui non salta, ma ha fatto la figlia che balla.
C'è un sentore e uno scatto nel corpo di lei
che è lo stesso nel vecchio, e nei vecchi. In silenzio
fuma il padre e l'attende che ritorni, vestita.
Tutti attendono, giovani e vecchi, e la fissano;
e ciascuno, bevendo da solo, ripenserà a lei.

Poesie, Mondadori, 1969

martes, julio 13, 2021

Seamus Heaney / Muerte de un naturalista



Todo el año el barrial que empapaba el lino ulceraba en el corazón
el pueblo; verde y pesado
el lino se había podrido ahí, aplastado por enormes terrones.
achicharrado a diario bajo el severo sol.
Las burbujas hacían gárgaras delicadamente, las moscas azules
tejían una poderosa gasa de sonido alrededor del olor.
Había  libélulas, mariposas moteadas,
pero lo mejor de todo era la baba cálida y espesa
de los huevos de rana que crecían como agua coagulada
a la sombra de las orillas. Allí, cada primavera
yo llenaba tarros de mermelada con las gelatinosos
manchitas para ordenarlos en los alféizares de casa,
o en los estantes de la escuela, y esperaba y observaba hasta que
aquellos puntos engordaban y explotaba en ágiles
renacuajos nadadores. Miss Walls nos explicaba por qué
la rana papá se llamaba rana toro
y cómo croaba, y por qué la mamá rana
ponía cientos de huevecillos que eran los
huevos de la rana. Podías predecir el tiempo por las ranas también,
porque se ponían amarillas con el sol y marrones
con la lluvia.

Luego, un día caluroso, cuando los campos hedían
a bosta de vaca entre el pasto, las ranas airadas
invadieron el barrial; me agaché entre los setos
atraído por un rudo croar que no había oído
antes. El aire estaba denso por un coro de bajos.
Justo bajo la presa había ranas panzonas alerta
sobre los terrones; sus cuellos flojos se hinchaban como velas. Algunas saltaban:
los chapoteos y hundimientos eran obscenas amenazas. Algunas quietas,
serenas como granadas de lodo, con sus cabezas chatas, pedorreaban.
Sentí náuseas, me di vuelta y corrí. Los grandes reyes del limo
se habían reunido allí para vengarse, y yo sabía
que si hundía la mano, los huevos la atraparían.

Seamus Heaney  (Bellaghy, cerca de Castledawson, Irlanda del Norte, 1939-Dublin, 2013), Death of a Naturalist, Faber & Faber, Londres, 1966
Traducción de Jorge Fondebrider




Death of a Naturalist

All year the flax-dam festered in the heart
Of the townland; green and heavy headed
Flax had rotted there, weighted down by huge sods.
Daily it sweltered in the punishing sun.
Bubbles gargled delicately, bluebottles
Wove a strong gauze of sound around the smell.
There were dragonflies, spotted butterflies,
But best of all was the warm thick slobber
Of frogspawn that grew like clotted water
In the shade of the banks. Here, every spring
I would fill jam potfuls of the jellied
Specks to range on window sills at home,
On shelves at school, and wait and watch until
The fattening dots burst, into nimble
Swimming tadpoles. Miss Walls would tell us how
The daddy frog was called a bullfrog
And how he croaked and how the mammy frog
Laid hundreds of little eggs and this was
Frogspawn. You could tell the weather by frogs too
For they were yellow in the sun and brown
In rain.

Then one hot day when fields were rank
With cowdung in the grass the angry frogs
Invaded the flax-dam; I ducked through hedges
To a coarse croaking that I had not heard
Before. The air was thick with a bass chorus.
Right down the dam gross bellied frogs were cocked
On sods; their loose necks pulsed like sails. Some hopped:
The slap and plop were obscene threats. Some sat
Poised like mud grenades, their blunt heads farting.
I sickened, turned, and ran. The great slime kings
Were gathered there for vengeance and I knew
That if I dipped my hand the spawn would clutch it.

lunes, julio 12, 2021

Hugo Acevedo / Dos poemas



En estos días

En estos días, en esta carretera
de días rápidos, inmortales, ciertos,
en esta luz roja y en seguida negra
negra y de pronto roja como la llamarada
espontánea de los amores de la tierra,
en este cruce del almíbar y el acíbar en este
galopar infinito hacia el mañana,
hacia el feliz mañana convocado
por una certidumbre y una ciencia y una altiva
esperanza irremediable,
como esas noches del verano
que vuelven siempre, siempre hacia el profundo
oleaje de los cuerpos asombrados,
en esta oscuridad que se desgaja
bajo los tajos del fatal relámpago
llamado amor,
llamado luz, justicia y unas veces
libertad para el que amamantó su alma
en los desfiladeros de la música
o del terror
o de las páginas de un libro inútil
como la caridad,
en esta eternidad,
en esta dura eternidad,
en estas calles, estos cielos, esta pampa,
al sol de estos días
en estos días.



Hablo por los míos

Con mi primer gemido advino al mundo,
a mi república sin brazos,
la tormenta impotente de la espada de Goliat.
Hoy yace sin echar ni una sombra en el océano,
allá donde la luz es forastera en los ojos quiméricos de peces sin
     ancestros,
Y el orín es su amante,
cuando ya la tersura de su acero ha envejecido hasta la humillación.
En mi zurrón no había hondas ni piedras,
y el odio era un mi pecho un escudo desdeñado.
Cada golpe de espada redujo a mi país hasta dejarme solo,
habitante de la tierra donde se siembra amor.
El cielo de la patria eran restos de cometas,
fragmentos de demonios que emponzoñaban la piel de las criaturas.
Y así llegué a la cruz,
y sólo vi los clavos,
y supe que Jesús había regresado a Nazaret,
solo, avergonzado de sus hermanos argentinos,
como un pastor de su rebaño fétido.

Setenta años de fe en el prójimo
para concluir postrado ante el Sésamo del desprecio,
gacha la frente por la injuria de llevar en mi sangre al enemigo.
No hay un águila que dé forma a la altura,
no hay un venado que abreve en el arroyo.
Los niños juegan con aros de inocencia trémula.
El mar ha envejecido,
la montaña se lame sus arrugas.
Cincuenta mil cadáveres andan aún a tientas en los campos.
Mi corazón no sabe ya para qué late.
Que lo diga el sol, mañana.

Hugo Acevedo (Mendoza, Argentina, 1925-Buenos Aires, 2007), Poesía argentina contemporánea, Tomo I, Parte Decimotercera, Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires


Ilustración: Portada de En estos días, de Hugo Acevedo, con dibujos de Carlos Alonso, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1963

domingo, julio 11, 2021

Jonio González / Tres epitafios



Bella Durmiente

Oh la verdadera maldición,
dormir más de cien años
y no haber soñado nada.

*

Blancanieves

El amor de siete monstruos
no pudo
contra el beso de un imbécil.

*

Frankenstein

Aquella niña
que lo quiso tal cual era
fue su perdición.

1985, inéditos

Jonio González (Buenos Aires, 1954)


Foto: Jonio González por Daniel Mordzinski, 2013

sábado, julio 10, 2021

Gigliola Zecchin / Dos poemas




Eclipse  

que los dioses todos
vengan a esta sombra

cada día nos lleva al lugar 
que aún llamamos muerte

esta fragilidad 
con su pequeño dibujo
prolonga el laberinto 

muestro la mano de lejos
no quiero que adivine
esa nigromante

la casa  
en su amor 
acaba rompiendo 
los espejos

el viento de mayo
gobierna la hojarasca
mueve el poema
que no escribo   


Íntima Commedia 

alma que pena
cabeza suelta
árbol de pensamiento

Dante camina al exilio
sostiene en el dorso de su mano
pájaros del paraíso

un signo besa a otro signo
se aman   
las palabras

era
con vos
esto
que escribo

La mejor herida, 2020

Gigliola Zecchin, Canela (Vicenza, Italia, 1942)

Poesía reunida 2020-2000
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021










Foto: Gentileza de la autora

viernes, julio 09, 2021

Cé Mendizábal / Dos poemas




Tiwanaku

No digas que no hablas con estas piedras
con el silencio desmesurado
en la abierta coagulación de los ojos
piedras no sólo piedras
con las alas abiertas
para no cruzar
la lacónica potestad del cielo
si tu mano está ausente
si tu mano cuánto hace que menguó en polvo
sobre los cuatro rincones de Akapana
-la vieja página si quieres-
dejándote como espera de la espera


Rosa de los vientos

Después que el trolebús hubo pasado,
todavía en el aire la fricción
de su vieja pero confiada osamenta,
la avenida de copiosos árboles
convergió en calles de ladrillo y erizado hierro.
Ladrillo rojo, hierro negro
tantas veces enumerado.

A la manera de un calamar profuso de brazos
y desmantelada cabeza,
las vías convergen en un solo centro:
Harvard Square.
Gente que mira a la gente y se mira en la gente:
espejos delante de los espejos,
un rostro persiguiéndose detrás de los rostros
palabras ciegas conjurando el silencio
sin decir nada las palabras
aunque lavadas en orín y deseo
porque el enemigo más temido es, de nuevo,
uno mismo.
Pero las mesas están animadas a despecho
de esta metafísica.
Secos y cargados de lamentos,
los mapas versan sobre las maneras del extravío:
ayer por Abisinia,
hoy por la Jericho Turnpike.

Las camareras corren con el agua mineral
y la cuenta.
Al oeste, el sol es un eunuco desesperado
tratando de prender fuego a la terraza del horizonte,
el perdido harén de Alláh.
La memoria, un bulto ciego pero con la boca entreabierta.
Morderá a quien se le arrime.

Lentos, como hojas que desechan los árboles,
los pasos se acumulan en Bacon Hill.
Una minúscula flora amarilla
recibe como una seca nevada de primavera.
Viejos faroles insomnes,
que en el alba atizaban sus camisones nocturnos,
queman en esta hora la estela de los fantasmas:
turistas inventariando cada rasgo,
viajeros inventándose a sí mismos
historias a la medida de nuestras carabelas
con mortajas a manera de velámenes,
con volúmenes en lugar de mareas
agua escondida entre tus aguas
la negra yegua de la realidad
huyendo ante la carga de los elefantes.

Pero el día ha corrido lejos
y el crepúsculo es una rubia
que chasquea sus dedos sobre la mesa.

Uno tras otro, los ejércitos del cielo
arrastran el ocre de sus vendas
semejantes, hacia el sur, a los ríos que en sus crecidas
dan lugar a las ciénagas,
a las ciénagas que se conduelen sin moverse
como un recuerdo indeseado
al dar vuelta a la página.

Al norte, el viento pule las aguas.
Las pule y las consuela.
El Charles River es también el Ganges
pero nadie frunce aquí la seda densa de sus aguas
para los desvaríos del cuerpo.
En Boston, el Charles River discurre solo.

Atrás quedaron las guerras púnicas.
No sé si en algún lugar se reagrupan los cartagineses.
Aníbal es solo un nombre, no una estratagema
y otra eternidad es el nuevo itinerario,
una nueva Rosa de los Vientos,
en el largo camino a Roma.

Cé Mendizábal (Oruro, Bolivia, 1956), "Poemas", Inmediaciones, 21 de febrero de 2021


Foto: Cé Mendizábal, c.2012 Página Siete

jueves, julio 08, 2021

Wendell Berry / Tres poemas



MÁS LUZ. II, 1999

Sueño con un hombre tranquilo
que no explica nada ni defiende
nada, que sólo sabe
cuándo florecen las flores silvestres
más raras, y quién se va,
y se da cuenta de que sonríe
sin querer.



MÁS LUZ. XII, 2007

Aprender poco a poco el anhelo de todas las cosas
lo que quizá no sea anhelo en absoluto
sino el imperecedero amor que quizá
no sea amor en absoluto sino gratitud
por la existencia de todas las cosas lo que
que quizá no sea gratitud en absoluto
sino la alegría del creador por lo hecho,
la alegría en la cual venimos a descansar.



MÁS LUZ. XIII

Eternidad no es infinidad.
No es mucho tiempo.
No empieza al final del tiempo.
No corre paralela al tiempo.
En su totalidad siempre fue.
En su totalidad siempre será.
Es absolutamente presente, siempre.

Wendell Berry (Henry, Kentucky, Estados Unidos, 1934), Leavings, Counterpoint, Berkeley, 2009. Versiones de Jonio González.


Foto: Wendell Berry en su granja de Port Royal, Kentucky, 2019 Guy Mendes/Vox Media

MORE LIGHT. II, 1999

I dream of a quiet man
who explains nothing and defends
nothing, but only knows
where the rarest wildflowers
are blooming, and who goes,
and finds that he is smiling
not by his own will.


MORE LIGHT. XII, 2007

Learn by little the desire for all things
which perhaps is not desire at all
but undying love which perhaps
is not love at all but gratitude
for the being of all things which
perhaps is not gratitude at all
but the maker's joy in what is made,
the joy in which we come to rest.


MORE LIGHT. XIII

Eternity is not infinity.
It is not a long time.
It does not begin at the end of time.
It does not run parallel to time.
In its entirety it always was.
In its entirety it will always be.
It is entirely present always.

miércoles, julio 07, 2021

John Montague / Dos poemas



Bendición

Una sensación de calidez en este lugar.
En el aire invernal, un olor a cosecha.
Ninguna forma de oración es necesaria
cuando la gracia repentina nos asiste
Naturalmente, caemos en pecado.
Meros humanos, olvidamos qué luz
nos guió, solitarios, a este lugar.


Sin música

Voy a decirte una verdad dolorosa, poco entendida
es más difícil irse que ser dejado:
quedarse, irse, ambas cosas duelen.
Siempre me tendrás para culparme,
puedo soñar que podríamos haber navegado;
de la costilla de la ausencia, una cálida ficción.
Arrancar de raíz el viejo amor
pisotear afectos pasados:
no hay música para una canción tan dura.

John Montague (Brooklyn, Nueva York,  Estados Unidos, 1929-Niza, Francia, 2016), Collected Poems, The Gallery Press, Irlanda, 1995
Traducción de Jorge Fondebrider



Blessing

A feel of warmth in this place.
In winter air, a scent of harvest.
No form of prayer is needed,
When by sudden grace attended.
Naturally, we fall from grace.
Mere humans, we forget what light
Led us, lonely, to this place.


No music

I'll tell you a sore truth, little understood
It's harder to leave, than to be left:
To stay, to leave, both sting wrong.
You will always have me to blame,
Can dream we might have sailed on;
From abrense's rib, a warm fiction.
To tear up old love by the roots,
To trample on past affections:
There is no music for so harsh a song.

martes, julio 06, 2021

João Cabral de Melo Neto / Dudas apócrifas de Marianne Moore




Siempre evité hablar de mí,
hablarme. Quise hablar de cosas.
¿Pero en la elección de esas cosas
no habrá un hablar de mí?

¿No habrá en ese pudor
de hablarme, una confesión,
una indirecta confesión
al contrario, y siempre impudor?

La cosa de la que hablar
hasta dónde está pura o impura
¿O siempre se impone, incluso impura-
mente, a quien de ella quiere hablar?

¿Cómo saberlo, si hay tanta cosa
de que hablar o no hablar?
¿Y si evitarla, o no hablar,
es la forma de hablar de la cosa?

João Cabral de Melo Neto (Recife, Brasil, 1920 - Río de Janeiro, Brasil, 1999), Agrestes, Nova Fronteira, Río de Janeiro, 1985
Versión de Eduardo Ainbinder


Foto: João Cabral de Melo Neto en  la portada de JCMN: fotobiografia de João Cabral de Melo Neto, Verso, Brasil, 2020, vía Veja 



DÚVIDAS APÓCRIFAS DE MARIANNE MOORE

Sempre evitei falar de mim,
falar-me. Quis falar de coisas.
Mas na seleção dessas coisas
não haverá um falar de mim?

Não haverá nesse pudor
de falar-me uma confissão,
uma indireta confissão,
pelo avesso, e sempre impudor?

A coisa de que se falar
até onde está pura ou impura?
Ou sempre se impõe, mesmo impura-
mente, a quem dela que falar?

Como saber, se há tanta coisa
de que falar ou não falar?
E se o evitá-la, o não falar,
é forma de falar da coisa?

lunes, julio 05, 2021

Elizabeth Azcona Cranwell / Se revela y alumbra

     

                                         

                                                                A Alejandra Pizarnik

Quisimos que el amor dijera el porvenir, el oculto mecanismo
                                  del tiempo, el ruido de la vida.

Le supimos la voz, su propia música oscura en las ventanas.

Y no ha quedado nada, si un leve resplandor desdeñando su
                                  forma por las cosas del mundo.

Sin embargo en la rosa tantas veces mirada se ha encendido
                  una luz que transforma el sentido de la noche.

Elizabeth Azcona Cranwell (Buenos Aires, 1933-2004), Poesía argentina contemporánea, 50º aniversario, compilación de Lidia Vinciguerra, Antonio Requeni, Fernando Sánchez Zinny, Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2015


Foto: Elizabeth Azcona Cranwell c.1960 (detalle), en Alejandra Pizarnik, una biografía, de Cristina Piña. Corregidor, Buenos Aires, 2004

domingo, julio 04, 2021

Thomas Merton / Tarde




Ahora, en mitad de la límpida tarde,
La luna le habla claramente a la colina.
Los trigales crean su música sencilla,
Alabanza al silencioso cielo.

Y en el camino, la forma en que las estrellas vuelven a casa,
Los gritos de los niños
Que resuenan en el vacío, una milla o más,
Y caen en nuestro desierto oído,
Claras como el agua.

Dicen que el cielo está hecho de cristal,
Dicen que la sonriente luna es una novia.
Dicen que aman los huertos y los manzanos,
Los árboles, sus inocentes hermanas, cubiertas de flores,
Que llevan aún, en el borroso atardecer,
Los blancos vestidos de aquella mañana de la primera comunión.

Y, donde el cielo azul pierde los últimos resplandores de fuego,
Nombran los nuevos planetas por llegar
Con palabras que florecen
En voces pequeñas, ligeras como tallos de azucenas.

Y donde el cielo azul pierde los últimos resplandores de fuego,
Reflejado en el murmullo de un álamo,
Un pájaro, pequeño y alerta,
Canta como un chubasco.

Thomas Merton (Prades, Francia, 1915-Bangkok, 1968), Selected Poems, New Directions, Nueva York, 1959; edición ampliada, 1967
Versión de Jonio González



EVENING

Now, in the middle of the limpid evening, 
The moon speaks clearly to the hill.
The wheatfields make their simple music, 
Praise the quiet sky.

And down the road, the way the stars come home, 
The cries of children
Play on the empty air, a mile or more, 
And fall on our deserted hearing, 
Clear as water.

They say the sky is made of glass, 
They say the smiling moon’s a bride.
They say they love the orchards and apple trees,
The trees, their innocent sisters, dressed in blossoms, 
Still wearing, in the blurring dusk,
White dresses from that morning’s first communion.

And, where blue heaven’s fading fire last shines 
They name the new come planets
With words that flower
On little voices, light as stems of lilies.

And where blue heaven’s fading fire last shines, 
Reflected in the poplar’s ripple,
One little, wakeful bird 
Sings like a shower.

sábado, julio 03, 2021

John Keats / Las estaciones del hombre



Cuatro estaciones son la medida del año
y cuatro, la estaciones en la mente del hombre:
la primavera lúbrica, cuando la fantasía viva
se apodera de todo lo bello con un tranco fácil.

Y el verano, cuando espléndidamente
ama rumiar el dulce bocado primaveral
de un pensamiento joven, y con ese sueño
aumenta su cercanía al cielo. Golfos calmos

tiene el alma en otoño, cuando se encierra
plegando sus alas, conforme con mirar
la niebla ocioso; con dejar que la belleza
pase sin ser notada como un arroyo naciente.

Pero también su invierno, de pálidas facciones
si no, dejaría de lado su naturaleza mortal. 

[1818]

John Keats (Londres, 1795-Roma, 1821), La poesía de la tierra, selección y traducción de Ana Bravo y Javier Adúriz, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2003


Imagen: John Keats por Charles Armitage Brown, 1819 National Portrait Gallery

The human seasons

Four seasons fill the measure of the year;
there are four seasons in the mind of man:
he has his lusty Spring, when fancy clear
takes in all beauty with an easy span:

he has his Summer, when luxuriously
Spring's honied cud of youthful thought he loves
to ruminate, and by such dreaming high
his nearest unto heaven: quiet coves

his soul has in its Autumn, when his wings
he furleth close; contented so to look
on mists in idleness—to let fair things
pass by unheeded as a threshold brook.

He has his Winter too of pale misfeature,
or else he would forego his mortal nature.

Nota:
This sonnet was sent by Keats in a letter to Benjamin Bailey, from Teignmouth, March 13, 1818, and was printed the next year in Leigh Hunt's Literary Pocket-Book, but Keats did not include the verses in his 1820 volume. ("Early Poems", The complete poetical works and letters of John Keats, pág. 44, Houghton, Mifflin and Co., Cambridge, 1899) [Este soneto fue enviado por Keats en una carta a Benjamin Bailey, desde Teignmouth, el 13 de marzo de 1818, y se imprimió al año siguiente en el Literary Pocket-Book de Leigh Hunt, pero Keats no incluyó los versos en su volumen de 1820.]

viernes, julio 02, 2021

Claudia Rankine / De "Citizen: An American Lyric"



Es de noche. Estás en el auto, mirando cómo la calle negra de alquitrán está siendo tragada por la velocidad; él te dice que su decano lo hace contratar una persona de color cuando hay tantos escritores excelentes. 

Pensás que quizá es un experimento y te están poniendo a prueba, o estás siendo insultada retroactivamente, o hiciste algo que transmite que tener esta conversación hace bien.

¿Por qué cuando me decís esto te sentís bien? Quisieras que el semáforo cambiara al rojo o que empezara a sonar una sirena de la policía para que pudieras frenar bruscamente, chocar con el auto delante de ustedes, que los empujaran hacia delante tan rápido que ambas cabezas estuvieran bruscamente expuestas al viento.
 
Como de costumbre, conducís sin parar hacia el momento de la esperada marcha atrás de lo que se había dicho previamente. No es solo que la confrontación da dolor de cabeza; también es que querés llegar a un lugar que no incluye actuar como si este momento no fuera inhabitable, como si no hubiera pasado antes, como el antes no fuera parte del ahora, mientras la noche oscurece y el tiempo se acorta entre donde estamos y adonde estamos yendo.

Claudia Rankine (Kingston, Jamaica, 1963), Citizen: An American Lyric, Graywolf Press, Minneapolis, 2014
Versión de Judith Filc




You are in the dark, in the car, watching the black-tarred street being swallowed by speed; he tells you his dean is making him hire a person of color when there are so many great writers out there.
 
You think maybe this is an experiment and you are being tested or retroactively insulted or you have done something that communicates this is an okay conversation to be having.
 
Why do you feel okay saying this to me? You wish the light would turn red or a police siren would go off so you could slam on the brakes, slam into the car ahead of you, be propelled forward so quickly both your faces would suddenly be exposed to the wind.
 
As usual you drive straight through the moment with the expected backing off of what was previously said. It is not only that confrontation is headache producing; it is also that you have a destination that doesn’t include acting like this moment isn’t inhabitable, hasn’t happened before, and the before isn’t part of the now as the night darkens and the time shortens between where we are and where we are going.

jueves, julio 01, 2021

Polina Barskova / El mensaje de Ariel



Tu padre yace bajo el peso del mar,
es un coral, la dimensión de las olas.
Tu padre gira avivado por el viento marino,
su piel es una corteza
con una hormiga en pánico.
Las claras de sus ojos se volvieron dos perlas orgullosas.
Y las yemas de sus ojos, dos perlas inservibles.
Su calavera - es un coro.
Todo en él suena, tiembla.
Nada en él se marchita
pero se transforma
en algo extraño, espeso, prometedor.
En esa mezcla se sumergen las nereidas
y observan la conversión de tu padre,

ya que nada en él se marchita, pero todo se convierte
en vos, para vos, Ferdinando: ¡tu padre está vivo!

Tu padre duerme.
Tu padre es una bola
roja
que no se despega del puente nuevo.
Tu padre - es la vergüenza.
Es el ardor,
el velo de la ceguera que se derrite cuando lo miro:  
su lengua es tan fría como un aguijón que sale de la boca.

Tu padre está vivo, pero se duerme.
Observá al durmiente, Ferdinando.
El hilo de saliva cae por el mentón
igual a una serpiente que baja por la roca,
a la cadena gruesa que se desliza en el bote.

Él suspira, pero no hacia afuera, por dentro:
encierra el sonido sin compartirlo con nosotros:

Él duerme, Ferdinando. El hielo brilla en sus labios.
La respiración es una cosa muy pequeña
rodeada de sueños.

Polina Barskova (Leningrado, antigua y actual San Petersburgo, Rusia, 1976) Animales en Bruto, 4 de enero de 2019
Versión de Natalia Litvinova