Observa, pues, esta pulga, y observa en ella
Cuán poco es lo que me niegas;
Primero me succionó a mí, y ahora a ti,
Y en esta pulga están mezcladas nuestras sangres;
Tú sabes que a esto no puede llamársele un pecado,
Ni una vergüenza, ni una perdida de virginidad,
Sin embargo, ella goza antes de cortejar,
Y se hincha, bien alimentada, con una sangre compuesta de dos,
Y eso, ay, es más de lo que nosotros haríamos.
Oh, quédate, conserva tres vidas en una pulga,
Donde casi somos un matrimonio y aún más que eso;
Esta pulga es tú y yo, y éste
Es nuestro tálamo, y nuestro templo nupcial.
Aunque a los padres, y aun a ti, les pese, estamos unidos,
Y enclaustrados en estos muros de azabache.
Aunque el hábito te haga capaz de matarme
No permitas que a ese delito se agregue el suicidio
Y el sacrilegio, tres pecados en un triple crimen.
¿Cruel e impaciente, has, pues,
Empurpurado tu uña con la sangre de la inocencia?
¿De qué pudo ser culpable esta pulga
Sino por la gota que succionó de ti?
Sin embargo, triunfas, y dices
Que no sientes que tú o yo seamos ahora más débiles;
Eso es verdad, aprende entonces qué falsos son los temores;
Cuando te entregues a mí se habrá perdido exactamente
Tanto honor como vida te sustrajo la muerte de esta pulga.
John Donne (Londres, c.1572-1631)
Versión de Alberto Girri en Tupé, número 5, diciembre 2010
The Flea
MARK but this flea, and mark in this,
How little that which thou deniest me is ;
It suck'd me first, and now sucks thee,
And in this flea our two bloods mingled be.
Thou know'st that this cannot be said
A sin, nor shame, nor loss of maidenhead ;
Yet this enjoys before it woo,
And pamper'd swells with one blood made of two ;
And this, alas ! is more than we would do.
O stay, three lives in one flea spare,
Where we almost, yea, more than married are.
This flea is you and I, and this
Our marriage bed, and marriage temple is.
Though parents grudge, and you, we're met,
And cloister'd in these living walls of jet.
Though use make you apt to kill me,
Let not to that self-murder added be,
And sacrilege, three sins in killing three.
Cruel and sudden, hast thou since
Purpled thy nail in blood of innocence?
Wherein could this flea guilty be,
Except in that drop which it suck'd from thee?
Yet thou triumph'st, and say'st that thou
Find'st not thyself nor me the weaker now.
'Tis true ; then learn how false fears be ;
Just so much honour, when thou yield'st to me,
Will waste, as this flea's death took life from thee.
---
Ilustración: Woman Catching Fleas, c.1630, Georges de la Tour
jueves, enero 13, 2011
Sylvia Plath / Fiebre

Fiebre: 39,5°
¿Pura? ¿Qué significa eso?
Las lenguas del infierno
Son torpes, torpes como las triples
Lenguas del torpe y obeso Cancerbero
Que jadea en la entrada. Incapaz
De eliminar de un lengüetazo
La crisis febril, el pecado, el pecado.
La yesca clama.
¡El olor indeleble
De una vela que se apaga!
Amor, amor, el humo a baja altura ondula
A mi alrededor como las bufandas de Isadora y temo
Que una de ellas se enganche y ancle la rueda.
Esos taciturnos humos amarillos
Crean su propia atmósfera. No se elevan,
Se arrastran en torno del globo
Sofocando a los ancianos y a los mansos,
Al débil
Bebé de invernadero en su cuna,
A la lúgubre orquídea
Que cuelga en el aire su jardín colgante,
Demoníaco leopardo,
La calefacción la tornó blanca
y la mató en una hora.
Untando los cuerpos de los adúlteros
Con la ceniza de Hiroshima y consumiéndolos.
El pecado. El pecado.
Querido mío, toda la noche
Estuve fluctuando, encendiéndome, apagándome.
Las sábanas llegan a pesar como el beso de un libertino.
Tres días. Tres noches.
Agua con limón, agua
De pollo, el agua me da arcadas.
Soy demasiado pura para ti y para cualquiera.
Tu cuerpo
Me lastima como el mundo a Dios. Soy un fanal ---
Mi cabeza una luna
De papel japonés, mi piel de oro batido
Infinitamente delicada y valiosa.
¿No te asombra mi calor? ¿Y mi luz?
Soy una camelia enorme
Resplandeciente, encendiéndome y apagándome.
Creo que me estoy elevando,
Creo que puedo ascender ---
Los abalorios de metal caliente vuelan, y yo, mi amor, yo
Soy una virgen
De acetileno puro
Acompañada por rosas,
Besos, querubines,
O lo que signifiquen esas cosas rosadas.
No por ti, por él.
No por él, no por él
(mis egos se disuelven, viejas enaguas de puta)
En mi camino al Paraíso.
Sylvia Plath (Boston, 1932-Londres, 1963), Tulipanes y otros poemas, traducción de María Julia de Ruschi Crespo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988
Fever 103
Pure? What does it mean?
The tongues of hell
Are dull, dull as the triple
Tongues of dull, fat Cerebus
Who wheezes at the gate. Incapable
Of licking clean
The aguey tendon, the sin, the sin.
The tinder cries.
The indelible smell
Of a snuffed candle!
Love, love, the low smokes roll
From me like Isadora's scarves, I'm in a fright
One scarf will catch and anchor in the wheel.
Such yellow sullen smokes
Make their own element. They will not rise,
But trundle round the globe
Choking the aged and the meek,
The weak
Hothouse baby in its crib,
The ghastly orchid
Hanging its hanging garden in the air,
Devilish leopard!
Radiation turned it white
And killed it in an hour.
Greasing the bodies of adulterers
Like Hiroshima ash and eating in.
The sin. The sin.
Darling, all night
I have been flickering, off, on, off, on.
The sheets grow heavy as a lecher's kiss.
Three days. Three nights.
Lemon water, chicken
Water, water make me retch.
I am too pure for you or anyone.
Your body
Hurts me as the world hurts God. I am a lantern ---
My head a moon
Of Japanese paper, my gold beaten skin
Infinitely delicate and infinitely expensive.
Does not my heat astound you. And my light.
All by myself I am a huge camellia
Glowing and coming and going, flush on flush.
I think I am going up,
I think I may rise ---
The beads of hot metal fly, and I, love, I
Am a pure acetylene
Virgin
Attended by roses,
By kisses, by cherubim,
By whatever these pink things mean.
Not you, nor him.
Not him, nor him
(My selves dissolving, old whore petticoats) ---
To Paradise.
Ilustración: Sin título, c.1950, Mercè Rodoreda
miércoles, enero 12, 2011
Sylvia Plath / Mística

Mística
El aire es un molino de garfios -
Preguntas sin respuesta,
Centelleantes y ebrias como moscas
Cuyo beso insoportable punza
Los fétidos vientres de aire negro bajo los pinos de verano.
Recuerdo
El olor muerto del sol en las cabañas de madera,
La rigidez de las velas, los extensos sudarios de sal.
Y una vez que uno ha visto a Dios, ¿qué remedio hay?
Y una vez que uno ha sido atrapado
Sin que sea descuidada parte alguna,
Ni un dedo de las manos, ni uno de los pies y que uno ha sido usado,
Enteramente usado, en las conflagraciones del sol, esas manchas
Que se alargan desde antiguas catedrales,
¿Qué remedio hay?
¿La pildora de la comunión?
¿Caminar junto a aguas inmóviles? ¿La memoria?
¿O recoger los fragmentos brillantes de Cristo
En las caras de los roedores,
Esos come-flores mansos
Cuyos anhelos son tan poco elevados que están cómodos -
La jorobada en su pequeña y limpia casa
Bajo los rayos de las clemátides?
¿No hay gran amor? ¿Sólo hay ternura?
¿Recuerda el mar
A quien caminó sobre él?
Las moléculas rezuman sentido.
Las chimeneas de la ciudad respiran, transpiran las ventanas,
Los niños brincan en sus cunas,
El sol florece, es un geranio.
Aún no se ha detenido el corazón.
Sylvia Plath (Boston, 1932-Londres, 1963), Tulipanes y otros poemas, traducción de María Julia de Ruschi Crespo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988
Mystic
The air is a mill of hooks----
Questions without answer,
Glittering and drunk as flies
Whose kiss stings unbearably
In the fetid wombs of black air under pines in summer.
I remember
The dead smell of sun on wood cabins,
The stiffness of sails, the long salt winding sheets.
Once one has seen God, what is the remedy?
Once one has been seized up
Without a part left over,
Not a toe, not a finger, and used,
Used utterly, in the sun's conflagration, the stains
That lengthen from ancient cathedrals
What is the remedy?
The pill of the Communion tablet,
The walking beside still water? Memory?
Or picking up the bright pieces
Of Christ in the faces of rodents,
The tame flower-nibblers, the ones
Whose hopes are so low they are comfortable-----
The humpback in his small, washed cottage
Under the spokes of the clematis.
Is there no great love, only tenderness?
Does the sea
Remember the walker upon it?
Meaning leaks from the molecules.
The chimneys of the city breathe, the window sweats,
The children leap in their cots.
The sun blooms, it is a geranium.
The heart has not stopped.
Ilustración: de la serie La catedral de Rouen, 1892-1894, Claude Monet
martes, enero 11, 2011
Anna Ventura / Breviario

El breviario
Entramos en el paisaje tristísimo,
una tristeza entretejida de colinas,
árboles desnudos, hierbas bajas,
espino albar en flor.
En casa encontramos a la abuela
de noventa años, con su viejo hijo al lado,
los dos cerca del fuego, el breviario
abierto en la página
de aquel día y de aquella hora. Ellos
no sabían
que eran un fragmento de eternidad,
una escama reluciente
impregnada de tiempo y de destino.
Anna Ventura (Roma, 1936), De El jardín, traducción de Carlos Vitale
Via Sole
Il breviario
Entrammo nel paesaggio tristissimo,
una tristezza intessuta di colline,
alberi spogli, erbe basse,
biancospini in fiore.
A casa trovammo la nonna
novantenne, col figlio vecchio vicino,
tutti e due vicini al fuoco, il breviario
aperto alla pagina
di quel giorno e di quell'ora. Essi
non sapevano
di essere un frammento di eternità,
una scaglia lucente
intrisa di tempo e di destino.
Foto: Anna Ventura, Porta d'Italia
María Elena Walsh / Dos poemas
Vana historia
Si no recuerdo mal, todo cabía
entre los horizontes de un pañuelo.
Entonces figuraba el mediodía
un sol con ojos en mitad del cielo.
Y gracias a una tierna hechicería
la noche prodigaba su consuelo
con tanta caridad que uno veía
las estrellas tiradas en el suelo.
Pero hoy el agua no lo dice. Es cierto:
ya no se pone un corazón dorado
ni roba añiles a la golondrina.
Porque el mundo hechizado está desierto.
Qué dolor, sobre él se ha desatado
el Miedo con sus trapos de neblina.
Otoño imperdonable, 1947
Ahora
Ahora como un ángel apareces
y me rodeas sin decirme nada.
Ángel que yo cuidara tantas veces
sin saberlo, callada.
En todo lo que miro permaneces
como el aire feliz de la mirada.
Me parezco a tu ausencia y te pareces
a mí resucitada.
Porque viniste cuando me moría
a devolverme a vivas caridades;
porque mi noche muda se hizo día
por gracia de tu voz iluminada,
en esta eternidad con que me invades
yo que no era, soy tu enamorada.
Si no recuerdo mal, todo cabía
entre los horizontes de un pañuelo.
Entonces figuraba el mediodía
un sol con ojos en mitad del cielo.
Y gracias a una tierna hechicería
la noche prodigaba su consuelo
con tanta caridad que uno veía
las estrellas tiradas en el suelo.
Pero hoy el agua no lo dice. Es cierto:
ya no se pone un corazón dorado
ni roba añiles a la golondrina.
Porque el mundo hechizado está desierto.
Qué dolor, sobre él se ha desatado
el Miedo con sus trapos de neblina.
Otoño imperdonable, 1947
Ahora
Ahora como un ángel apareces
y me rodeas sin decirme nada.
Ángel que yo cuidara tantas veces
sin saberlo, callada.
En todo lo que miro permaneces
como el aire feliz de la mirada.
Me parezco a tu ausencia y te pareces
a mí resucitada.
Porque viniste cuando me moría
a devolverme a vivas caridades;
porque mi noche muda se hizo día
por gracia de tu voz iluminada,
en esta eternidad con que me invades
yo que no era, soy tu enamorada.
Baladas con ángel, 1952
María Elena Walsh (Ramos Mejía, 1930-Buenos Aires, 2011), Poemas y canciones, Punto de Lectura (Alfaguara), Buenos Aires, 2004
---
Foto: María Elena Walsh en el rodaje de Juguemos en el mundo (1971), por Sara Facio
María Elena Walsh (Ramos Mejía, 1930-Buenos Aires, 2011), Poemas y canciones, Punto de Lectura (Alfaguara), Buenos Aires, 2004
---
Foto: María Elena Walsh en el rodaje de Juguemos en el mundo (1971), por Sara Facio
Peter Sirr / Deseo

Deseo
Reconstrúyeme a partir de una librería que cierra,
a partir del pánico de los estantes
donde los autos antiguos engañan al espíritu, los manuales
de arréglelo usted mismo; dioses, geografía, dinero
y poco tiempo. Huele el aire en poesía,
tiende una manta y espera
donde una furiosa concentración se encorva
sobre Aprenda Amárico, Arameo:
apenas hay tiempo de decir hola, apenas
el grosor de un pelo del idioma que llevarse;
suficiente para estar en silencio, suficiente para ver
la mota de polvo insistente
aumentar su montaña, aparecen
los dromedarios. Alguien discute
en noruego antiguo, el sol sale en persa
y yo salgo afuera
con granos de luz, migajas de pirámide.
En otra parte, en el desierto, en la aldea de la colina,
en un tren interminable, tortuoso
el alma deja a un lado sus libros, fluida otra vez.
Peter Sirr (Waterford, 1960), "Bring Everything", 2000, Peter Street y otros poemas, selección y traducción de Jorge Fondebrider y Gerardo Gambolini, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2008
Desire
Reconstruct me from a closing bookshop,
from the panic of shelves
where old cars trick the spirit, manuals
of self-repair; gods, geography, money
and little time. Sniff the air in poetry,
lay a blanker down and wait
where a furious concentration hunches over
Teach Yourself Amharic, Aramaic:
there's hardly time to say hello, hardly
a hair's breadth of the language to take away;
enough to be silent in, enough to watch
the insistent dust-mote
grow its mountain, the dromedaries
appear. Someone is arguing
in Old Norse, the sun wakes up in Persian
and I am walking out
with grains light, pyramid crumbs.
Elsewhere, in the desert, in the hilltop village,
on and endless, meandering train
the soul puts down its books, fluent again.
---
Ilustración: Naturaleza muerta con libros, 1628, Jan Davidszoon de Heem
lunes, enero 10, 2011
Pedro Donangelo / Dos poemas

Como Chéjov
minutos antes del canto del zorzal
o de la alarma del despertador,
empieza a lamer mi cara.
El péndulo vivace del rabo
expresa la urgencia
de visitar el árbol y las mismas baldosas,
pero, especialmente
reconocer la marca
de su propia vida indiferenciada
y aunque nunca leyó a Chéjov
sigue el consejo sobre la escritura
en cuanto a su esencia: oler
como la primera vez
a diferencia del amigo que despierta,
que rastrea la pista del error existencial,
entre las brisas y las tormentas
de los recuerdos
(En Fin del episodio)
El ascenso
El calor te calcina
aún bajo las arcadas de Alem,
pero lo irrefutable
lo arrasa la ventisca que transmuta
el puesto de diarios
en una carpa, henchida y comprimida
como el corazón breve
de despilfarro de emociones y ruina.
Qué inoportuna imagen a punto de iniciar el ascenso
hasta la esquina de 25 de Mayo.
Inspiro profundamente ante lo ineludible
en la vida de cualquiera:
un plano inclinado
o padecer ocasionalmente
rinitis hace unas semanas. A mitad de la escalada,
disimulo mi agotamiento observando por unos segundos
la fachada del hotel Jousten, legionarios
en relieve.
Faltan unos pasos para alcanzar la esquina
y una conclusión:
la misma cumbre tantas veces conquistada
sin goce ni gloria.
(Inédito)
Pedro Donangelo (Buenos Aires, 1949)
Foto: Donangelo, El poeta ocasional
domingo, enero 09, 2011
William Butler Yeats / Moscas de largas patas

Que la civilización no se hunda,
su gran batalla perdida,
acalla el perro, ata el potrillo
a un poste distante;
nuestro jefe el César está en la tienda
desplegados los mapas,
sus ojos fijos en la nada,
un puño bajo su testa.
acalla el perro, ata el potrillo
a un poste distante;
nuestro jefe el César está en la tienda
desplegados los mapas,
sus ojos fijos en la nada,
un puño bajo su testa.
Como una mosca de largas patas sobre la corriente
su mente se mueve sobre el silencio.
Que las altas torres ardan
y los hombres recuerden esa cara,
muévete suavemente si debes moverte
en este solitario lugar.
Ella piensa, una parte mujer, tres partes niña,
que nadie mira; sus pies
imitan el paso cansino de un vago
observado en la calle.
Como una mosca de largas patas sobre la corriente
su mente se mueve sobre el silencio.
Que las chicas púberes puedan encontrar
en su pensamiento el primer Adán,
cierra la puerta de la capilla papal,
lleva esos chicos afuera,
allí en ese andamio se reclina
Miguel Angel.
Con no mayor sonido que el que hacen los ratones,
mueve su mano hacia uno y otro lado.
Como una mosca de largas patas sobre la corriente
su mente se mueve sobre el silencio.
William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), Last Poems, 1939
Versión J. Aulicino
Long-Legged Fly
That civilisation may not sink,
Its great battle lost,
Quiet the dog, tehter the pony
To a distant post;
Our master Caesar is in the tent
Where the maps are spread,
His eyes fixed upon nothing,
A hand upon his head.
Like a long-legged fly upon the stream
His mind moves upon silence.
That the topless towers be burnt
And men recall that face,
Move most gently if move you must
In this lonely place.
She thinks, part woman, three parts a child,
That nobody looks; her feet
Practise a tinker shuffle
Picked up on a street.
Like a long-legged fly upon the stream
Her mind moves upon silence.
That girls at puberty may find
The first Adam in their thought,
Shut the door of the Pope's chapel,
Keep those children out.
There on that scaffolding reclines
Michael Angelo.
With no more sound than the mice make
His hand moves to and fro.
Like a long-legged fly upon the stream
His mind moves upon silence.
---
Ilustración: Julio César y Divicón parlamentan después de la batalla del Saona, siglo XIX, Karl Jauslin
sábado, enero 08, 2011
Raúl González Tuñón / La Señorita del museo de cera
La Señorita del museo de cera
La asesinada está como estaba, inclinada
ligeramente, un libro duerme sobre su falda oscura
y es su rostro de pura blancura estrangulada
inocencia perfecta, transparente ternura.
Es bueno estar con ella cuando afuera la nieve
-la misma que cubrió su sangre delicada-
cae sobre la calle, fugaz y leve y breve,
más breve que su vida de niña derramada.
El asesino, al fondo del salón, el ahorcado
de rostro verde, espera la hora penumbrosa:
ya sabe que le aguarda, oh tenebroso amado,
la Blanca Señorita de Carne Silenciosa.
La asesinada está como estaba, inclinada
ligeramente, un libro duerme sobre su falda oscura
y es su rostro de pura blancura estrangulada
inocencia perfecta, transparente ternura.
Es bueno estar con ella cuando afuera la nieve
-la misma que cubrió su sangre delicada-
cae sobre la calle, fugaz y leve y breve,
más breve que su vida de niña derramada.
El asesino, al fondo del salón, el ahorcado
de rostro verde, espera la hora penumbrosa:
ya sabe que le aguarda, oh tenebroso amado,
la Blanca Señorita de Carne Silenciosa.
de Poemas de Juancito Caminador, 1941
Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Diez poemas de la década de 1940 seleccionados por Jorge Aulicino", Otro río que pasa, un siglo de poesía argentina contemporánea, compilación y prólogo de Jorge Fondebrider, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010
---
Ilustración: Mujer sentada, 1949, Wilfredo Lam
Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Diez poemas de la década de 1940 seleccionados por Jorge Aulicino", Otro río que pasa, un siglo de poesía argentina contemporánea, compilación y prólogo de Jorge Fondebrider, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010
---
Ilustración: Mujer sentada, 1949, Wilfredo Lam
Russell Edson / Tres poemas

Otoño
Érase un hombre que encontró dos hojas y entró en la casa sosteniéndolas con los brazos extendidos y dijo a sus padres que era un árbol.
Ante esto ellos dijeron entonces ve al jardín y no crezcas en la sala o tus raíces arruinarán la alfombra.
Él dijo estoy bromeando no soy un árbol y dejó caer las hojas.
Pero sus padres dijeron mira es otoño.
Autopsia
En un cuarto trasero un hombre realiza la autopsia de un viejo impermeable.
Su mujer aparece en el vano de la puerta con una lámpara y pregunta ¿cómo va eso?
Aún falta, aún falta, todavía voy por el forro, murmura él con impaciencia.
Sólo quiero saber si has encontrado algún coágulo de sangre.
¿Un coágulo de sangre?
Para mi collar.
Los filósofos
Pienso, luego existo, dijo un hombre, y de inmediato su madre le dio un golpe en la cabeza diciendo le doy un golpe en la cabeza a mi hijo, luego existo.
No, no, lo entiendes todo mal, gritó el hombre.
Entonces ella le dio otro golpe en la cabeza y gritó luego existo.
No es así, no es así; se supone que tienes que pensar, no dar golpes en la cabeza, gritó el hombre.
… Pienso, luego existo, dijo el hombre.
Doy golpes en la cabeza, luego ambos existimos, el que los recibe y el que los da, dijo la madre del hombre.
Sin embargo, llegados a este punto el hombre había dejado de existir; inconsciente, ya no podía pensar. Pero su madre sí podía. Entonces pensó, luego existo, y luego soy mi hijo inconsciente, aunque él no lo sepa.
Russell Edson (Connecticut, Estados Unidos, 1935-2014)
Versiones de Jonio González para este blog
The fall
There was a man who found two leaves and came indoors holding them out saying to his parents
that he was a tree.
To which they said then go into the yard and do not grow in the living room as your roots may
ruin the carpet.
He said I was fooling I am not a tree and he dropped his leaves.
But his parents said look it is fall.
The Autopsy
In a back room a man is performing an autopsy on an old raincoat.
His wife appears in the doorway with a candle and asks, how does it go?
Not now, not now, I'm just getting to the lining, he murmurs with impatience.
I just wanted to know if you found any blood clots?
Blood clots?
For my necklace.
The Philosophers
I think, therefore I am, said a man whose mother quickly hit him on the head, saying, I hit my son on the head, therefore I am.
No no, you've got it all wrong, cried the man.
So she hit him on the head again and cried, therefore I am.
You're not, not that way; you're supposed to think, not hit,cried the man.
... I think, therefore I am, said the man.
I hit, therefore we both are, the hitter and the one who gets hit, said the man's mother.
But at this point the man had ceased to be; unconscious he could not think. But his mother could. So she thought, I am, and so is my unconscious son, even if he doesn't know it.
---
Ilustración: Still Life with Liz, Tom Wesselmann
viernes, enero 07, 2011
Russell Edson / Tres poemas

El piloto
En lo alto, una ventana sucia en una habitación oscura es una estrella que un anciano puede ver. La mira. Puede verla. Es la estrella de la habitación; una peca eléctrica que ha caído de su cabeza y se ha clavado en la suciedad de la ventana.
El anciano piensa que esa estrella puede guiarlo. Piensa que puede usar el respaldo de una silla como el timón de una nave y conducir su habitación a través de la noche.
Se dice a sí mismo ¿tienes miedo, valiente capitán?
Sí, tengo miedo; no soy tan valiente.
Sé valiente, mi capitán.
Y toda la noche el anciano conduce su habitación a través de la oscuridad.
Tarde solitaria
Desde que el helecho no puede ir al fregadero a beber agua, de buena gana me he impuesto la tarea de traer dos vasos desde el fregadero.
Y así nos sentamos, mi helecho y yo, bebiendo juntos agua a pequeños sorbos.
Por supuesto, soy más complejo que un helecho, tan lleno de profundos pensamientos estoy, pero los arrincono a favor de la agradable compañía de una amistad vespertina.
No me importa beber agua con un helecho, es más, si por mí fuera cruzaría el cielo hasta Estocolmo bebiendo un bloody mary con un chorrito de lima.
Y así nos sentamos, bebiendo agua juntos en una tarde solitaria. El helecho contemplando sus frondas, y yo las mías.
La razón por la que el hombre armario nunca está triste
Ésta es la casa del hombre armario. No hay habitaciones en ella, sólo pasillos y armarios.
Las cosas ocurren en habitaciones. A él no le gusta que ocurran cosas… Armarios… se saca cosas de ellos, se guarda cosas en ellos, y no pasa nada.
¿Por qué tienes una casa tan rara?
Soy el hombre armario, puedo ir y venir, y nunca estoy triste.
Pero ¿por qué tienes una casa tan rara?
Nunca estoy triste…
Russell Edson (Connecticut, Estados Unidos, 1935-2014)
Versiones de Jonio González para este blog
The Pilot
Up in a dirty window in a dark room is a star which an old man can see. He looks at it. He can see it. It is the star of the room; an electrical freckle that has fallen out of his head and gotten stuck in the dirt on the window.
He thinks he can steer by that star. He thinks he can use the back of a chair as a ship's wheel to pilot his room through the night.
He says to himself, brave Captain, are you afraid?
Yes, I am afraid; I am not so brave.
Be brave, my Captain.
And all night the old man steers his room through the dark...
One Lonely Afternoon
Since the fern can't go to the sink for a drink of water, I graciously submit myself to the task, bringing two glasses from the sink.
And so we sit, the fern and I, sipping water together.
Of course I'm more complex than a fern, full of deep thoughts as I am. But I lay this aside for the easy company of an afternoon friendship.
I don't mind sipping water with a fern, even though,had I my druthers, I'd be speeding through the sky for Stockholm, sipping a bloody mary with a wedge of lime.
And so we sit one lonely afternoon sipping water together. The fern looking out of its fronds, and I, looking out of mine...
The Reason Why The Closet-Man Is Never Sad
This is the house of the closet-man. There are no rooms,just hallways and closets.
Things happen in rooms. He does not like things to happen...
Closets, you take things out of closets, you put things into closets, and nothing happens...
Why do you have such a strange house?
I am the closet-man, I am either going or coming, and I am never sad.
But why do you have such a strange house?
I am never sad...
---
Ilustración: La casa, 1913, Ludwig Meidner
jueves, enero 06, 2011
Russell Edson / Dos poemas
Muerte de una mosca
Érase una vez un hombre que se disfrazó de mosca y fue por el vecindario depositando sus excrementos.
Bueno, algo ha de hacer, ¿no? le dijo alguien a alguien.
Por supuesto, le dijo alguien a alguien.
Entonces, ¿a qué viene tanto protestar? le dijo alguien a otro alguien.
¿Y quién protesta? Yo sólo digo que si no se baja de la pared de ese edificio la policía le disparará.
Ah, eso, por supuesto, no hay nada más atractivo que una mosca muerta.
Me encantan las moscas muertas, el modo en que me recuerdan a los individuos que han encontrado su destino.
El suelo
El suelo es algo contra lo que tenemos que luchar.
Aunque parezca una mera plataforma para que el ser humano adopte una postura, es ese lugar al que los hombres caen.
No estoy mareado. Me elevo como una torre, como un faro; el pálido rayo de mis sentidos fluye de mi rostro.
Pero si me marease me estrellaría contra el suelo; mi rostro daría contra él; mi atención sangraría entre sus grietas.
Querido lugar horizontal, no quiero ser una alfombra. No tires de la difícil cabeza, del oscilante bulbo de espanto y sueño.
Russell Edson (Connecticut, 1935-2014)
Versiones de Jonio González para este blog
The Death Of A Fly
There was once a man who disguised himself as a housefly and went about the neighborhood depositing flyspecks.
Well, he has to do something hasn't he? said someone to someone else.
Of course, said someone else back to someone.
Then what's all the fuss? said someone to someone else.
Who's fussing? I'm just saying that if he doesn't get off the wall of that building the police will have to shoot him off.
Oh that, of course, there's nothing so engaging as a dead fly.
I love dead flies, the way they remind me of individuals
who have met their fate.
The Floor
The floor is something we must fight against.
Whilst seemingly mere platform for the human stance, it is that place that men fall to.
I am not dizzy. I stand as a tower, a lighthouse; the pale ray of my sentiency flowing from my face.
But should I go dizzy I crash down into the floor; my face into the floor, my attention bleeding into the cracks of the floor.
Dear horizontal place, I do not wish to be a rug. Do not pull at the difficult head, this teetering bulb of dread and dream.
---
Foto: Russell Edson Famous Poets and Poems
Érase una vez un hombre que se disfrazó de mosca y fue por el vecindario depositando sus excrementos.
Bueno, algo ha de hacer, ¿no? le dijo alguien a alguien.
Por supuesto, le dijo alguien a alguien.
Entonces, ¿a qué viene tanto protestar? le dijo alguien a otro alguien.
¿Y quién protesta? Yo sólo digo que si no se baja de la pared de ese edificio la policía le disparará.
Ah, eso, por supuesto, no hay nada más atractivo que una mosca muerta.
Me encantan las moscas muertas, el modo en que me recuerdan a los individuos que han encontrado su destino.
El suelo
El suelo es algo contra lo que tenemos que luchar.
Aunque parezca una mera plataforma para que el ser humano adopte una postura, es ese lugar al que los hombres caen.
No estoy mareado. Me elevo como una torre, como un faro; el pálido rayo de mis sentidos fluye de mi rostro.
Pero si me marease me estrellaría contra el suelo; mi rostro daría contra él; mi atención sangraría entre sus grietas.
Querido lugar horizontal, no quiero ser una alfombra. No tires de la difícil cabeza, del oscilante bulbo de espanto y sueño.
Russell Edson (Connecticut, 1935-2014)
Versiones de Jonio González para este blog
The Death Of A Fly
There was once a man who disguised himself as a housefly and went about the neighborhood depositing flyspecks.
Well, he has to do something hasn't he? said someone to someone else.
Of course, said someone else back to someone.
Then what's all the fuss? said someone to someone else.
Who's fussing? I'm just saying that if he doesn't get off the wall of that building the police will have to shoot him off.
Oh that, of course, there's nothing so engaging as a dead fly.
I love dead flies, the way they remind me of individuals
who have met their fate.
The Floor
The floor is something we must fight against.
Whilst seemingly mere platform for the human stance, it is that place that men fall to.
I am not dizzy. I stand as a tower, a lighthouse; the pale ray of my sentiency flowing from my face.
But should I go dizzy I crash down into the floor; my face into the floor, my attention bleeding into the cracks of the floor.
Dear horizontal place, I do not wish to be a rug. Do not pull at the difficult head, this teetering bulb of dread and dream.
---
Foto: Russell Edson Famous Poets and Poems
miércoles, enero 05, 2011
Alberto Girri / Gallo

Gallo
Gigantes
y cabezas de gigantes
que tocan el cielo
se reflejan
en la mirada del gallo.
Frotándonos los ojos
con su cresta
veremos
cosas horribles
y espantosas.
Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), de Propiedades de la magia, en revista Tupé, número cuatro, Buenos Aires, diciembre de 2009
---
Ilustración: "Gallus cornutus - Gallus Indicus", Avium Vivae Icones, 1600, Adriaen Collaert
Francisco León / La muchacha y el leproso

La muchacha y el leproso
De nuevo vas andando junto al mar
como un leproso.
Las sombras de las olas rebosaron del libro
y ruedan por las calles.
Oyes una música,
el golpe de un tambor por las calzadas
de la isla de Egina.
Compras recuerdos.
Caballitos de bronce y dracmas oxidados.
La lengua de los mitos está muerta, te dijo el comerciante.
Cruzas la carretera hacia una playa.
¿Es de otro mundo
la sonrisa perenne de una chica que salta entre las olas,
y sus pechos mordidos por la sal?
Dos mil años así, como en una leyenda. Petrificada.
Después paseas por las ruinas. No hay nadie.
Desde allí se ve el pueblo con sus bares
Turistas alemanes blasfemando.
Son de otro mundo las figuras de piedra.
Los rostros que sonríen, los pies truncados en sus bazas,
y sus cabezas mudas de dolor.
Dos mil años así, en la isla de Egina,
la muchacha desnuda de pechos infantiles
jugando entre las olas.
Ha sido hallada aquí una visión, recuérdalo.
E igual que en un espejo eres mirado
por el ojo salvaje de los dioses.
Francisco León (Tenerife, 1970), Heracles loco, inédito, en Poesía Digital
Foto: León, Las razones del aviador
martes, enero 04, 2011
H. A. Murena / Dos poemas
En el mundo
En el mundo
de lo opinable
miras
el árbol
desde
un solo lado
y lo codicias
o lo desdeñas.
Si lo vieras
entero,
te arrodillarías.
No gires
por la vasta tierra,
no des vuelta
en vano.
Conocer
es
alcanzar
un centro:
fuego.
Tenemos
Tenemos dos ojos
porque
no sabemos ver.
Tenemos dos manos
porque
nada logramos aferrar.
Tenemos dos piernas
porque
no nos sostenemos.
Tenemos una boca
para errar.
De rodillas en el suelo,
una mano cerrando
los labios,
la otra velando
los ojos:
es la forma de comenzar.
Héctor A. Murena (Buenos Aires, 1923-1975), Poesía argentina, selección del Instituto Torcuato Di Tella, 1963, Universidad de Quilmes, Bernal, 2010
Ilustración: Paisaje con un árbol solitario, 1822, Caspar David Friedrich
En el mundo
de lo opinable
miras
el árbol
desde
un solo lado
y lo codicias
o lo desdeñas.
Si lo vieras
entero,
te arrodillarías.
No gires
por la vasta tierra,
no des vuelta
en vano.
Conocer
es
alcanzar
un centro:
fuego.
Tenemos
Tenemos dos ojos
porque
no sabemos ver.
Tenemos dos manos
porque
nada logramos aferrar.
Tenemos dos piernas
porque
no nos sostenemos.
Tenemos una boca
para errar.
De rodillas en el suelo,
una mano cerrando
los labios,
la otra velando
los ojos:
es la forma de comenzar.
Héctor A. Murena (Buenos Aires, 1923-1975), Poesía argentina, selección del Instituto Torcuato Di Tella, 1963, Universidad de Quilmes, Bernal, 2010
Ilustración: Paisaje con un árbol solitario, 1822, Caspar David Friedrich
lunes, enero 03, 2011
Geoffrey Hill / De "Himnos de Mercia", 3
Himnos de Mercia
XXII
Corríamos a través de los prados encostrados de bosta, tras
los manzanos salvajes y el camuflado cobertizo nissen. *
Era el toque de queda para nuestra banda de guerreros.
En casa las cortinas estaban corridas. La radio atronaba
sus órdenes. Yo amaba los himnos de batalla y
las noticias gregarias.
Entonces, en el refugio terroso, al calor de un farol
de vidrio azul, me acurrucaba con historias de zepelines
con colas de dragón y guerreros que emprendían vuelo
inmortal, como fantasmas.
XXVI
Amurallados en sus salones, en los dìas navideños los hombres
son los más letales. Borrachos, desafían las hachas de guerra,
bajo el hueso de ballena y el estiércol.
Esposas de trolls, plañideras en la dulzura, hadas de los dientes,
también ustedes deben purgar el exceso de Inglaterra:
ustedes han esparcido sus mentas y confites, sus
XXII
Corríamos a través de los prados encostrados de bosta, tras
los manzanos salvajes y el camuflado cobertizo nissen. *
Era el toque de queda para nuestra banda de guerreros.
En casa las cortinas estaban corridas. La radio atronaba
sus órdenes. Yo amaba los himnos de batalla y
las noticias gregarias.
Entonces, en el refugio terroso, al calor de un farol
de vidrio azul, me acurrucaba con historias de zepelines
con colas de dragón y guerreros que emprendían vuelo
inmortal, como fantasmas.
XXVI
Amurallados en sus salones, en los dìas navideños los hombres
son los más letales. Borrachos, desafían las hachas de guerra,
bajo el hueso de ballena y el estiércol.
Esposas de trolls, plañideras en la dulzura, hadas de los dientes,
también ustedes deben purgar el exceso de Inglaterra:
ustedes han esparcido sus mentas y confites, sus
grageas de colores.
Geoffrey Hill (Bromsgrove, Reino Unido, 1932-Cambridge, Reino Unido, 2016)), "Mercia Hymns", 1971, New and Collected Poems, Houghton Mifflin, 1994
Versiones de J. Aulicino
* Miles de 'nissen hut' fueron usados por Inglaterra durante las Primera y Segunda guerras. Se trata de cobertizos metálicos prefabricados que se cubren con tierra y vegetación. Fueron diseñados por el mayor Peter Norman Nissen, de la Companía Real de Ingenieros, en 1916 (N. del Ad.)
XXII
We are across the meadow scabbed with cow-dung, past
the crab-apple trees and camouflaged nissen hut.
It was curfew-time for our war-band.
At home the courtains were drawn. The wireless boomed
its commands. I loved the battle-anthems and the
gregarious news.
Then, in the earthy shelter, warmed by a blue-glassed
storm-lantern, I huddled with stories of dragon-tailed
airships and warriors who took wing immortal
as phantoms.
XXVI
Fortified in their front parlours, at Yuletide men
are the more murderous. Drunk, they defy battle-axes
below of whale-bome and dung.
Troll-wives, groaners in sweetness, tooth-bewitchers,
you too must purge for the surfeit of England -
who have scattered peppermint and confetti, your
hundreds-and-thousands.
---
Foto: The Spectator
Geoffrey Hill (Bromsgrove, Reino Unido, 1932-Cambridge, Reino Unido, 2016)), "Mercia Hymns", 1971, New and Collected Poems, Houghton Mifflin, 1994
Versiones de J. Aulicino
* Miles de 'nissen hut' fueron usados por Inglaterra durante las Primera y Segunda guerras. Se trata de cobertizos metálicos prefabricados que se cubren con tierra y vegetación. Fueron diseñados por el mayor Peter Norman Nissen, de la Companía Real de Ingenieros, en 1916 (N. del Ad.)
XXII
We are across the meadow scabbed with cow-dung, past
the crab-apple trees and camouflaged nissen hut.
It was curfew-time for our war-band.
At home the courtains were drawn. The wireless boomed
its commands. I loved the battle-anthems and the
gregarious news.
Then, in the earthy shelter, warmed by a blue-glassed
storm-lantern, I huddled with stories of dragon-tailed
airships and warriors who took wing immortal
as phantoms.
XXVI
Fortified in their front parlours, at Yuletide men
are the more murderous. Drunk, they defy battle-axes
below of whale-bome and dung.
Troll-wives, groaners in sweetness, tooth-bewitchers,
you too must purge for the surfeit of England -
who have scattered peppermint and confetti, your
hundreds-and-thousands.
---
Foto: The Spectator
domingo, enero 02, 2011
Eduardo Ainbinder / Después de una noche de conejos...

Larga noche de conejos y mortales
Después de una noche de conejos,
baja de la alcoba con el hocico seco, las orejas caídas,
hacia la sala iluminada
así como todos los días para entrar o salir
de su infierno privado deberá atravesar qué
¿los espinosos esquemas de un jardín?
Se pregunta si no es una exageración llamar "en celo"
a ese intimar de los insectos bajo la luz,
y si ese suave golpeteo de los insectos contra la lámpara
no es en una mínima escala
la tendencia de los mortales -no de los conejos-
a estrellar su lenguaje contra una pared;
se pregunta si no sería otra exageración
llamar a esa silenciosa colisión, a esa alianza momentánea
de cal, cemento, ladrillo hueco y palabras:
"una gramática", usada por los jóvenes del mañana
para andar por ahí chillando vanidosamente: "Al infierno
o a la paz inservible, vence con el caos",
en el caso de que mañana haya jóvenes
o siquiera un demonio niño, demasiado crecido para su edad,
que prefiera el caos a cualquier círculo del infierno.
Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), "Carreras contra la fealdad", 1995-1996, Con gusano, Editorial Interzona, Buenos Aires, 2007
Foto: Ainbinder, por Mario Varela
Después de una noche de conejos,
baja de la alcoba con el hocico seco, las orejas caídas,
hacia la sala iluminada
así como todos los días para entrar o salir
de su infierno privado deberá atravesar qué
¿los espinosos esquemas de un jardín?
Se pregunta si no es una exageración llamar "en celo"
a ese intimar de los insectos bajo la luz,
y si ese suave golpeteo de los insectos contra la lámpara
no es en una mínima escala
la tendencia de los mortales -no de los conejos-
a estrellar su lenguaje contra una pared;
se pregunta si no sería otra exageración
llamar a esa silenciosa colisión, a esa alianza momentánea
de cal, cemento, ladrillo hueco y palabras:
"una gramática", usada por los jóvenes del mañana
para andar por ahí chillando vanidosamente: "Al infierno
o a la paz inservible, vence con el caos",
en el caso de que mañana haya jóvenes
o siquiera un demonio niño, demasiado crecido para su edad,
que prefiera el caos a cualquier círculo del infierno.
Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), "Carreras contra la fealdad", 1995-1996, Con gusano, Editorial Interzona, Buenos Aires, 2007
Foto: Ainbinder, por Mario Varela
Marguerite Duras / Poemas encubiertos

Dos ¿poemas? de Marguerite Duras
Traducción e introito de Jacqueline Goldberg
Lo que siguen son poemas de Marguerite Duras, aunque no sean poemas de Marguerite Duras. No fue ella quien los tanteó, los recobró. Ella quien fundó su último lugar. Pero son poemas de Duras. Lo decido yo, que soy su lectora. Su devota. Lo declaro yo, que la releo en la continuidad de su silencio. En los márgenes borrados incluso de sus novelas y textos más “narrativos”. Lo rubrico en la lealtad de una traducción consumada desde la piel, como una renuncia más al trecho bibliográfico de la autora.
Duras confesó haber adquirido una identidad esencial a través de una frase de Jacques Lacan: «No debe de saber que ha escrito lo que ha escrito. Porque se perdería. Y significaría la catástrofe». Así, sabemos, que cuando surge un lector, el autor desaparece, es apócrifo, escribe lo que uno cree que escribe. El lector transforma el libro. Lo destruye. Lo reconstruye. Es su vocación. De ahí que poco importe que Marguerite Duras haya o no vertido sus textos en un libro de poesía. Que haya dicho que ciertos textos suyos pueden verse como poemas. Lo digo yo. Con eso basta.
Laure Adler advierte en su obra biográfica Marguerite Duras (Anagrama, Barcelona, 2000) el hallazgo, tras la muerte de la autora, de un poema escrito en unas hojas sin fecha. El texto probablemente corresponda a la misma época de escritura de la novela Un dique contra el pacífico, donde la desesperanza es ofrenda familiar:
«Canto del cabo
Larga es la espera
Bajo el sol
Los hombres se arrastran por la carretera
Encadenados a la esperanza
Mucho esperé en la pista
Con los pies y el cuello encadenados
Y la cabeza al sol
El estómago vacío, el culo apaleado
Arroz de miseria
Sol de hierro
Mi hijos hambrientos
El hambre, el paludismo
Oh llanuras de mi país
Tan bienaventuradas de criaturas
Muertas de hambre
Oh sol de sal
Oh país mío, mi único destino».
Y hay otro poema inacabado, El Mar, de los días iniciales:
«Oh, mar, tantos besos sobre nuestras pobre miradas
tantas olas unidas,
y tanto anhelo
en este hostigamiento de desiertos hundidos.
Los hombres alrededor bañándose en tus espumas,
la voz de tus prisioneros
se apaga sobre sus cuerpos.
Oh, pueblo, siempre una mañana os priva del mar
vuestra voz y vuestras manos se tornan más desgarradoras
y en vuestros ojos ya
contra toda la tierra, hay recuerdos.»
Los textos de Duras que aparecen en sus novelas no son poemas porque lo parecen, por su estructura a veces versificada, su puntuación, sus vacíos. Son poemas por lo que niegan. Por esa incerteza que los delata. Por detenerse al margen, por acusar, desistir. Por dar cauce a vocablos impostergables. Por ser acontecimiento en sí mismo, asombro, silencio, síntesis.
Duras admitió que escribir es no hablar: «Es callarse. Es aullar sin ruido». Sus novelas son lugares de mudez. Pero aquellos fragmentos que osamos ver como poemas (en novelas y guiones cinematográficos como Hiroshima mon amour, El hombre en el pasillo, La enfermedad de la muerte, Es todo) se convierten en el íntimo lugar del habla, donde un libro secreto avanza y se vislumbra desde un extraviado alfabeto. Donde nada calumnia ni somete. Libro reabierto, donde dice Duras.
Cesarea, Cesarea es la memoria recuperada. Duras estuvo en el mítico lugar gracias a una invitación del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel. Aquellas ruinas escarbaron en ella una cierta desazón ante la historia que grita entre piedras. El texto constituye una nueva versión de comentarios escritos a partir de planos no utilizados de su guión cinematográfico Le navire night (Le navire night. Cesarea Cesarea. Les mains negatives. Gallimard Editions, Colecttion Folio, París, 1992). Quizá es uno de los textos de Duras que más hablan de un aliento poético por su musicalidad y su jadeo constante. La banda sonora de la película Cesarea, Cesarea contiene la voz de la propia Duras. Partiendo de las imágenes del jardín de Las Tullerías, en París, evoca la ciudad mediterránea, cuyas ruinas han puesto al descubierto la olvidada grandeza de la ciudad en la época romana y de las Cruzadas.
Les mains negatives (Las manos negativas) es, al igual que Cesarea, Cesarea, un fragmento del guión de Le navire night. Y es, asimismo, una reflexión sobre la memoria que nos convoca desde los inicios de la historia misma. Duras llama “manos negativas” a las pinturas halladas en las grutas magdalenianas de la Europa Sur Atlántica. Se detiene en su contorno, en sus heridas de piedra, sus colores inexplicables. El asombro ante la huella humana es aquí una excusa para recorrer el ansia que infunde el pasado, la realidad de ese pasado. «En Les mains negatives» señala Adler, «se dice a gritos que llevamos amando treinta mil años, y esos gritos de amor, esas alusiones a las cuevas prehistóricas, van acompañados de imágenes de hombres de piel oscura que recogen los cubos de basura de París al amanecer. No sale ni un hombre blanco, sólo negros. Esos gritos de amor parecen dirigidos a esa población negra, rechazada, despreciada, humillada, que se encarga de las tareas más indignas de nuestra sociedad blanca»
Cesarea
Cesarea
Cesarea
Así se llama el lugar
Cesarea
Cesarea
Sólo queda la memoria de la historia
y esa única palabra para nombrarla
Cesarea
La totalidad.
Sólo el lugar
Y la palabra.
El suelo.
Limpio.
De la polvareda de mármol
mezclada con la arena del mar.
Dolor.
El intolerable.
El dolor de su separación.
Cesarea.
Aún se llama el lugar.
Cesarea
Cesarea.
El lugar es llano
frente al mar
el mar está al final de su curso
golpea las ruinas
siempre fuertes
aquí, ahora, ya frente al otro continente.
Azules las columnas de mármol azul, arrojadas allí frente al puerto.
Todo destruido.
Todo ha sido destruido.
Cesarea
Cesarea.
Capturada.
Raptada.
Conducida al exilio sobre la nave romana,
reina de los Judíos,
señora reina de Samaria.
Por él.
Él.
El criminal.
El destructor del templo de Jerusalén.
Y después repudiada.
Aún se llama así el lugar
Cesarea
Cesarea.
El fin del mar
El mar que golpea contra los desiertos
No queda sino la historia
El todo.
Sólo este trozo de mármol bajo los pasos
Esta polvareda.
Y el azul de las columnas hundidas.
El mar ha triunfado sobre la tierra de Cesarea.
Las calles de Cesarea eran estrechas, oscuras.
Su frescura arrojada sobre el sol de las plazas,
Al arribo de los barcos
y la polvareda de los rebaños.
En ese polvo
se ve aún, se lee aún el pensamiento
de la gente de Cesarea
el trazado de las calles de los pobladores de Cesarea.
Ella, reina de los Judíos.
Regresa.
Repudiada.
Perseguida
Por razón de Estado
Repudiada por razón de Estado.
Vuelve a Cesarea.
El viaje por mar en la nave romana.
Fulminada por el intolerable dolor de haber sido abandonada,
por él, criminal del templo.
En el fondo el navío reposa entre las gasas blancas del duelo.
La noticia del dolor estalla y se derrama sobre el mundo.
La noticia recorre los mares, se derrama sobre el mundo.
El lugar se llama Cesarea.
Cesarea.
Al norte, el lago Tiberíades, los grandes patios de San Juan de Acre
Entre el lago y el mar, Judea, Galilea.
Alrededor, campos bananeros, maizales,
naranjales,
los trigales de Galilea.
Al sur, Jerusalén, hacia Oriente, Asia, los desiertos.
Era muy joven, dieciocho años, treinta años,
dos mil años.
Se la han llevado.
Repudiada por razón de Estado.
El Senado habló del peligro de un amor así.
Arrancada de él
De su deseo.
Muere.
En la mañana frente a la ciudad, la nave de Roma.
Muda, blanca como tiza, aparecida.
Sin pudor.
En el cielo de pronto el estallido de cenizas.
Sobre ciudades llamadas Pompeya, Herculano.
Muerta.
Lo destruye todo
Muere.
El lugar se llama Cesarea
Cesarea
No hay nada más que ver. Sino el todo.
Hay un pesado verano en París.
Frío. De bruma.
Las manos negativas
Ante el océano
bajo el acantilado
en el muro de granito
esas manos
abiertas
Azules
Y negras
Del azul del agua
Del negro de la noche
El hombre ha venido solo a la gruta
de cara al océano
Todas las manos poseen la misma dimensión
estaba solo
El hombre solo en la gruta ha mirado
en el ruido
en el ruido del mar
la inmensidad de las cosas
Y ha gritado
A ti, elegida, dotada de identidad, te amo
Esas manos
del azul del agua
del negro del cielo
Anodinas
Desmembradas sobre el granito gris
Para que se vean
Soy quien llama
Soy aquel que llamaba, que gritaba hace treinta mil años
Te amo
Grito que quiero amarte, te amo
Amaría a quien me escuchase gritar
En la tierra vacía permanecerán esas manos, en la pared de granito
frente al estruendo del océano
Insoportable
Ya nadie escuchará
Ni verá
Treinta mil años
Esas manos, negras
El reflejo de la luz sobre el mar hace temblar
la pared de piedra
Soy alguien soy aquel que llamaba que gritaba en aquella luz blanca
El deseo
la palabra no ha sido aún inventada
Miró la inmensidad de las cosas en el estruendo de las olas,
la inmensidad de su fuerza
y después gritó
Bajo sus pies los bosques de Europa,
sin fin
Se yergue él en el centro de piedra
de corredores
rutas de piedra
de todas partes
A tí, elegida, dotada de identidad,
te amo en un amor indefinido.
Había que descender el acantilado
vencer el miedo
El viento sopla desde el continente empuja
el océano
Las olas luchan contra el viento
Avanzan
contenidas por su fuerza
y pacientemente llegan
a la pared
Todo se destruye
Te amo más allá de tí
Amaría a quien escuchase que grito que te amo
Treinta mil años
Llamo
Llamo a quien me escuche
Deseo amarte te amo
Hace treinta mil años que grito ante al espectro blanco del mar
Soy aquel que gritaba que te amaba, a ti
Marguerite Duras (Saigón, 1914 - París, 1996)
Foto: Duras s/d
Rosario Murillo / Que la boca aprenda

Pájaros del sueño
Que la boca aprenda la palabra
que el cielo enseñe sus dientes y sus horas
que el grito no atraviese mi pecho
que el asombro no vaya a ser mayor o menor
que se asiente, que se afirme
Un principio de mundo asoma por la rama del sauce
llora, todavía en aguas que no rompen
piensa la noche una melodía mejor
pero no tiene sonido, o lenguaje
no es posible transcribir la luz, el nido
la rama donde se clavan las avispas
a morir
Sobre un pedazo de pared,
comida por las bombas
la rayería escribe una sinfonía
para voces
Nosotros, preparamos coro y orquesta
Haremos sacro el funeral
de los que no murieron hoy sino siempre
Los acordes, sin referencias
los espejos ya no reflejan puertas
o ventanas
las fuentes dejan un sabor ácido
a sol, a demasiado tiempo en cadena
Todo a punto de romperse
y todo igual
Junio 27, 2005
Rosario Murillo (Managua, 1951), Pájaros de obsidiana, Bolsa de Noticias, Managua, julio 2010
Foto: Murillo, Bolsa de Noticias
sábado, enero 01, 2011
Ricardo Zelarayán / La Gran Salina
La Gran Salina
La locomotora ilumina la sal inmensa,
los bloques de sal de los costados,
yuyos mezclados con sal que crecen entre las vías.
Yo vacilo....
y callo....
porque estoy pensando en los trenes de carga
que pasan de noche por la Gran Salina.
La palabra misterio hay que aplastarla
como se aplasta una pulga,
entre los dos pulgares.
La palabra misterio ya no explica nada.
(El misterio es nada y la nada no se explica por sí misma.)
Habría que reemplazar la palabra misterio
(al menos por hoy, al menos por este "poema")
por lo que yo siento cuando pienso en los trenes de carga
que pasan de noche por la Gran Salina.
La pera trepida en el plato.
La miel se desepereza en el frasco cerrado,
para desesperación de las moscas que la acechan posadas en el vidrio.
Pero yo no me explico
y hasta ahora nadie ha podido explicarme
por qué me sorprendo pensando
en la Gran Salina.
El hombre de chaleco del salón comedor
se ha quitado los anteojos.
Los anteojos trepidan sobre el mantel de la mesa tendida.
Todo trepida,
todo se estremece,
en el tren que pasa a mediodía por la Gran Salina.
Yo me he sorprendido mirando
la sombra del avión que pasa por la Gran Salina.
Pero eso no explica nada.
Es como una gota que se evapora enseguida.
Hay que distraerse, dicen.
Hay que distraerse mirando y recordando
para tapar el sueño
de la Gran Salina.
Un piano colgado como una araña del hilo
se ha detenido entre los pisos doce y trece...
Un camión pasa cargado de ventiladores de pie
que mueven alegremente sus hélices.
En 1948, en Salta,
fuimos de noche a cazar vizcachas y ranas,
y la conversación se apagó con el fuego del asado,
abrumados como estábamos por el cielo negro y estrellado.
Nerviosamente encendíamos y apagábamos las linternas
hasta quedarnos sin pilas.
Tampoco puedo explicarme por qué sueño con pilas de linternas,
con pilas para radios a transistores.
Ni por qué sueño con lamparitas de luz,
delicadamente guardadas en sus cajas respectivas.
Ni por qué me sorprendo mirando el filamento roto
de una lamparita quemada.
Nunca he visto...
nunca he podido imaginarme
la lluvia cayendo sobre la Gran Salina.
Yo no tengo objetivos pero me gusta objetivar.
Desde chico intenté cortar una gota de agua en dos
(con una tijera).
Aún hoy intento,
apartando las cosas de la mesa
o ahuyentando amigos,
imitar, imaginarme, la lluvia sobre la Gran Salina.
Tomo una plancha caliente y le salpico gotas de agua.
Pero aunque pueda imaginarme todo,
nunca podré imaginarme
el olor a salina mojada.
Anoche llegué a mi casa a las tres de la mañana.
En la oscuridad, tropecé con un mueble...
y allí nomás me quedé pensando
en lo que no quería pensar...
en lo que creía bien olvidado!
Pero en realidad me estaba escapando
del sueño estremecedor de la Gran Salina.
Y ahora me interrogo a mí mismo
como si estuviera preso y declarara:
La Gran Salina o Salina Grande
está situada al norte de Córdoba,
cerca (o dentro, no recuerdo)
del límite con Santiago del Estero.
Estoy mirando el mapa...
pero esto no explica nada.
La caja de fósforos queda vacía
a las cuatro de la mañana
y yo me palpo a mí mismo, desesperado,
con el cigarrillo en la boca...
Habría que inventar el fuego, pensarían algunos.
Yo en cambio pienso en los reflejos del tren
que pasa de noche junto al río Salado.
No puedo dormir cuando viajando de noche
sé que tengo a mi derecha
el río Salado.
Paro aún así sigo escapando del gran misterio...
del misterio de la sal inagotable de la Gran Salina.
Recuerdo cuando arrojábamos impunemente naranjas chupadas
al espejo ciego y enceguecedor de la Gran Salina.
(A la siesta, cuando la resolana enceguece más que el sol).
Esperábamos llegar a Tucumán a las siete
y a las dos de la tarde tuvimos que cambiar una rueda
junto a la Gran Salina.
Un diario volaba por el aire...
el sol calcinaba las arrugadas noticias del mundo
del diario que caía sobre la Gran Salina.
Y vi pasar varios trenes
y hasta un jet...
Los pasajeros de los Caravelle
o de los Bac One-Eleven,
no saben que esa mancha azulada,
que a lo mejor están viendo en este mismo momento,
desde ocho mil metros de altura,
esa mancha azulada que permanece durante escasos minutos,
es la Gran Salina,
la Salina Grande.
Pero el jet anda muy alto.
La Gran Salina no conoce su sombra que pasa.
Los pasajeros del jet duermen...
se sienten muy seguros.
En el jet no hay paracaídas.
Los jets no caen. Explotan.
Hace unos años,
un avión que no era un jet volaba, creo, sobre Santa Fe.
De pronto se abrió una puerta
y una camarera tuvo que obedecer calladita
a las sagradas leyes de la física,
La locomotora ilumina la sal inmensa,
los bloques de sal de los costados,
yuyos mezclados con sal que crecen entre las vías.
Yo vacilo....
y callo....
porque estoy pensando en los trenes de carga
que pasan de noche por la Gran Salina.
La palabra misterio hay que aplastarla
como se aplasta una pulga,
entre los dos pulgares.
La palabra misterio ya no explica nada.
(El misterio es nada y la nada no se explica por sí misma.)
Habría que reemplazar la palabra misterio
(al menos por hoy, al menos por este "poema")
por lo que yo siento cuando pienso en los trenes de carga
que pasan de noche por la Gran Salina.
La pera trepida en el plato.
La miel se desepereza en el frasco cerrado,
para desesperación de las moscas que la acechan posadas en el vidrio.
Pero yo no me explico
y hasta ahora nadie ha podido explicarme
por qué me sorprendo pensando
en la Gran Salina.
El hombre de chaleco del salón comedor
se ha quitado los anteojos.
Los anteojos trepidan sobre el mantel de la mesa tendida.
Todo trepida,
todo se estremece,
en el tren que pasa a mediodía por la Gran Salina.
Yo me he sorprendido mirando
la sombra del avión que pasa por la Gran Salina.
Pero eso no explica nada.
Es como una gota que se evapora enseguida.
Hay que distraerse, dicen.
Hay que distraerse mirando y recordando
para tapar el sueño
de la Gran Salina.
Un piano colgado como una araña del hilo
se ha detenido entre los pisos doce y trece...
Un camión pasa cargado de ventiladores de pie
que mueven alegremente sus hélices.
En 1948, en Salta,
fuimos de noche a cazar vizcachas y ranas,
y la conversación se apagó con el fuego del asado,
abrumados como estábamos por el cielo negro y estrellado.
Nerviosamente encendíamos y apagábamos las linternas
hasta quedarnos sin pilas.
Tampoco puedo explicarme por qué sueño con pilas de linternas,
con pilas para radios a transistores.
Ni por qué sueño con lamparitas de luz,
delicadamente guardadas en sus cajas respectivas.
Ni por qué me sorprendo mirando el filamento roto
de una lamparita quemada.
Nunca he visto...
nunca he podido imaginarme
la lluvia cayendo sobre la Gran Salina.
Yo no tengo objetivos pero me gusta objetivar.
Desde chico intenté cortar una gota de agua en dos
(con una tijera).
Aún hoy intento,
apartando las cosas de la mesa
o ahuyentando amigos,
imitar, imaginarme, la lluvia sobre la Gran Salina.
Tomo una plancha caliente y le salpico gotas de agua.
Pero aunque pueda imaginarme todo,
nunca podré imaginarme
el olor a salina mojada.
Anoche llegué a mi casa a las tres de la mañana.
En la oscuridad, tropecé con un mueble...
y allí nomás me quedé pensando
en lo que no quería pensar...
en lo que creía bien olvidado!
Pero en realidad me estaba escapando
del sueño estremecedor de la Gran Salina.
Y ahora me interrogo a mí mismo
como si estuviera preso y declarara:
La Gran Salina o Salina Grande
está situada al norte de Córdoba,
cerca (o dentro, no recuerdo)
del límite con Santiago del Estero.
Estoy mirando el mapa...
pero esto no explica nada.
La caja de fósforos queda vacía
a las cuatro de la mañana
y yo me palpo a mí mismo, desesperado,
con el cigarrillo en la boca...
Habría que inventar el fuego, pensarían algunos.
Yo en cambio pienso en los reflejos del tren
que pasa de noche junto al río Salado.
No puedo dormir cuando viajando de noche
sé que tengo a mi derecha
el río Salado.
Paro aún así sigo escapando del gran misterio...
del misterio de la sal inagotable de la Gran Salina.
Recuerdo cuando arrojábamos impunemente naranjas chupadas
al espejo ciego y enceguecedor de la Gran Salina.
(A la siesta, cuando la resolana enceguece más que el sol).
Esperábamos llegar a Tucumán a las siete
y a las dos de la tarde tuvimos que cambiar una rueda
junto a la Gran Salina.
Un diario volaba por el aire...
el sol calcinaba las arrugadas noticias del mundo
del diario que caía sobre la Gran Salina.
Y vi pasar varios trenes
y hasta un jet...
Los pasajeros de los Caravelle
o de los Bac One-Eleven,
no saben que esa mancha azulada,
que a lo mejor están viendo en este mismo momento,
desde ocho mil metros de altura,
esa mancha azulada que permanece durante escasos minutos,
es la Gran Salina,
la Salina Grande.
Pero el jet anda muy alto.
La Gran Salina no conoce su sombra que pasa.
Los pasajeros del jet duermen...
se sienten muy seguros.
En el jet no hay paracaídas.
Los jets no caen. Explotan.
Hace unos años,
un avión que no era un jet volaba, creo, sobre Santa Fe.
De pronto se abrió una puerta
y una camarera tuvo que obedecer calladita
a las sagradas leyes de la física,
y demostrar su inequívoco apego a la ley de la gravedad.
Una ley dura como las piedras metidas en la boca de Demóstenes
que, según dicen, hablaba mucho.
Aquí hay que hacer un minuto de silencio.
Primero, por la dócil camarera sin cama del avión.
Después, por las palabras muertas,
muertas por no decir nada...
misterio, por ejemplo,
que sirve para no explicar lo inexplicable,
lo que yo siento cuando pienso en la Gran Salina,
lo que traté de no pensar un día que caminaba por la Gran Salina
tratando de distraerme y de no pensar dónde estaba,
escuchando una canción de Leo Dan
que pasaba LV12 Radio Aconquija
y el Concierto en sol de Ravel por la filial de Radio Nacional.
¿Qué pensaría Ravel, el finado,
si caminara como yo en ese momento
por la Gran Salina…?
Ravel, púdico sentimental,
que, según dicen, hablaba mucho.
Aquí hay que hacer un minuto de silencio.
Primero, por la dócil camarera sin cama del avión.
Después, por las palabras muertas,
muertas por no decir nada...
misterio, por ejemplo,
que sirve para no explicar lo inexplicable,
lo que yo siento cuando pienso en la Gran Salina,
lo que traté de no pensar un día que caminaba por la Gran Salina
tratando de distraerme y de no pensar dónde estaba,
escuchando una canción de Leo Dan
que pasaba LV12 Radio Aconquija
y el Concierto en sol de Ravel por la filial de Radio Nacional.
¿Qué pensaría Ravel, el finado,
si caminara como yo en ese momento
por la Gran Salina…?
Ravel, púdico sentimental,
te imagino tocando el piano que hoy vi colgado
entre el piso 12 y el piso 13.
Sí, pobre Ravel de 1932
con un tumor en la cabeza que ya no lo dejaba componer.
Ravel tocando solo,
de noche (pero eso sí, absolutamente solo)
los "Valses nobles y sentimentales" en medio de la Gran Salina.
Estoy seguro que se hubiera interrumpido
al escuchar el silbato lejano de la locomotora,
para ver el haz de luz a la distancia
y la penumbra sobre la Gran Salina.
Días pasados fui al Hospital.
Hace años yo andaba por allí,
despreocupado y con mi guardapolvo blanco.
Pero ahora, de simple paciente,
sentí el ruidito angustioso
¡Trank!
de la máquina de sacar radiografías.
¡Y que pase otro! gritó el enfermero.
Pero el otro no podrá explicarme
por qué tengo sed,
por qué voy detrás del agua cautiva de la botella
y de la sal capturada en el salero,
yo, tan luego yo,
capturado en el sueño de la Gran Salina.
Un amigo, alto funcionario estatal,
me ofreció su pase libre para viajar por todo el país.
Total, me dijo, es un pase innominado,
cualquiera lo puede usar...
si se lo presto.
El pase sin nombre me deslumbró
como la marca de la cubierta que leí y releí
cuando cambiábamos la rueda junto a la Gran Salina.
Pero después pensé en Tucumán
(mi segunda provincia)
y en las vértebras azules del Aconquija
horadando las nubes blancas.
Ahora me entero que mi amigo,
el del pase sin nombre,
se separó de la mujer.
Aquí me callo...
Pero el silencio me hace pensar ahora
en lo que no quise pensar cuando miré el pase sin nombre
Sí, pobre Ravel de 1932
con un tumor en la cabeza que ya no lo dejaba componer.
Ravel tocando solo,
de noche (pero eso sí, absolutamente solo)
los "Valses nobles y sentimentales" en medio de la Gran Salina.
Estoy seguro que se hubiera interrumpido
al escuchar el silbato lejano de la locomotora,
para ver el haz de luz a la distancia
y la penumbra sobre la Gran Salina.
Días pasados fui al Hospital.
Hace años yo andaba por allí,
despreocupado y con mi guardapolvo blanco.
Pero ahora, de simple paciente,
sentí el ruidito angustioso
¡Trank!
de la máquina de sacar radiografías.
¡Y que pase otro! gritó el enfermero.
Pero el otro no podrá explicarme
por qué tengo sed,
por qué voy detrás del agua cautiva de la botella
y de la sal capturada en el salero,
yo, tan luego yo,
capturado en el sueño de la Gran Salina.
Un amigo, alto funcionario estatal,
me ofreció su pase libre para viajar por todo el país.
Total, me dijo, es un pase innominado,
cualquiera lo puede usar...
si se lo presto.
El pase sin nombre me deslumbró
como la marca de la cubierta que leí y releí
cuando cambiábamos la rueda junto a la Gran Salina.
Pero después pensé en Tucumán
(mi segunda provincia)
y en las vértebras azules del Aconquija
horadando las nubes blancas.
Ahora me entero que mi amigo,
el del pase sin nombre,
se separó de la mujer.
Aquí me callo...
Pero el silencio me hace pensar ahora
en lo que no quise pensar cuando miré el pase sin nombre
/que me ofrecían,
en lo que dejé de pensar hace un momento...
cuando vi pasar el ascensor con una mujer silenciosa
que no me quiso llevar.
Olvidemos el ascensor perdido
y pensemos de nuevo, de frente, en la sal
(cloruro de sodio)
y en el misterio...
Pero como nada es misterio
hagamos una traducción de apuro:
miss Terio
o miss Tedio
o chica rodeada de teros asustados
o algo por el estilo.
Pero no hay distracción que valga.
El ayudante de cocina del vagón comedor
se rasca la cabeza de tanto en tanto
pero sigue pelando papas sin distraerse
en el tren que se acerca a la Gran Salina.
Y el ascensor perdido con la mujer silenciosa
sigue recorriendo kilómetros entre la planta baja
y el piso quince.
El sastre de enfrente que ya comió
se asoma a tomar aire con el metro colgado en el cuello.
Yo pienso en comer, como se ve...
Son exactamente las 14 horas, 8 minutos, 30 segundos.
Y también, no sé por qué,
pienso en el acorazado de bolsillo Graf Spee
que en los comienzos de la última guerra
se suicidó antes que su capitán
frente a Punta del Este.
El Graf Spee yace a treinta metros de profundidad.
Ya nadie se acuerda de él.
Ni siquiera los hombres-rana
que bajaron a explorar sus entrañas.
Pero hasta los hombre-rana
salen a comer a mediodía.
Y a veces, para comer,
sólo se quitan las antiparras y los tubos de oxígeno.
Todavía hay gente que se asombra viendo comer a esos hombres...
con patas de rana.
¡Los hombres-rana reclaman al mozo la sal que se olvidó!
Dale!... Dale!
Hoy almuerzo con amigos
(si es que no se fueron).
Miraré de costado la sal y pediré pimienta en vez,
porque tengo miedo de quedarme callado,
ya se sabe por qué.
No quiero quedarme callado
ni distraerme,
ya se sabe por qué.
En realidad no se sabe nada
del sueño de la pilas,
de la lluvia sobre la sal,
de la chica del ascensor,
del sastre asomado con el metro colgado
o del tren que pasa de noche indiferente
junto a lo que ya se sabe
y no se sabe
....................................................................
....................................................................
....................................................................
Hace años creía
que "después del almuerzo es otra cosa"...
es decir que las cosas son otras
después del almuerzo.
Este poema (llamémoslo así),
partido en dos por el almuerzo
y reanudado después, me contradice.
No comí postre.
¡Siento la boca salada!
Pero no voy a insistir.
El domingo pasado,
en casa de un amigo poeta,
conocí a un chileno novelista e izquierdista
que se fue a Pekín y que, posiblemente,
no vuelva a ver en mi vida.
Tímidamente, entre cinco porteños y un chileno izquierdista
metí una frase de Lautréamont
que como buen franchute es uruguayo
y si es uruguayo es entrerriano.
Una frase (salada) para terminar (o interrumpir) este poema:
"Toda el agua del mar no bastaría para lavar
en lo que dejé de pensar hace un momento...
cuando vi pasar el ascensor con una mujer silenciosa
que no me quiso llevar.
Olvidemos el ascensor perdido
y pensemos de nuevo, de frente, en la sal
(cloruro de sodio)
y en el misterio...
Pero como nada es misterio
hagamos una traducción de apuro:
miss Terio
o miss Tedio
o chica rodeada de teros asustados
o algo por el estilo.
Pero no hay distracción que valga.
El ayudante de cocina del vagón comedor
se rasca la cabeza de tanto en tanto
pero sigue pelando papas sin distraerse
en el tren que se acerca a la Gran Salina.
Y el ascensor perdido con la mujer silenciosa
sigue recorriendo kilómetros entre la planta baja
y el piso quince.
El sastre de enfrente que ya comió
se asoma a tomar aire con el metro colgado en el cuello.
Yo pienso en comer, como se ve...
Son exactamente las 14 horas, 8 minutos, 30 segundos.
Y también, no sé por qué,
pienso en el acorazado de bolsillo Graf Spee
que en los comienzos de la última guerra
se suicidó antes que su capitán
frente a Punta del Este.
El Graf Spee yace a treinta metros de profundidad.
Ya nadie se acuerda de él.
Ni siquiera los hombres-rana
que bajaron a explorar sus entrañas.
Pero hasta los hombre-rana
salen a comer a mediodía.
Y a veces, para comer,
sólo se quitan las antiparras y los tubos de oxígeno.
Todavía hay gente que se asombra viendo comer a esos hombres...
con patas de rana.
¡Los hombres-rana reclaman al mozo la sal que se olvidó!
Dale!... Dale!
Hoy almuerzo con amigos
(si es que no se fueron).
Miraré de costado la sal y pediré pimienta en vez,
porque tengo miedo de quedarme callado,
ya se sabe por qué.
No quiero quedarme callado
ni distraerme,
ya se sabe por qué.
En realidad no se sabe nada
del sueño de la pilas,
de la lluvia sobre la sal,
de la chica del ascensor,
del sastre asomado con el metro colgado
o del tren que pasa de noche indiferente
junto a lo que ya se sabe
y no se sabe
....................................................................
....................................................................
....................................................................
Hace años creía
que "después del almuerzo es otra cosa"...
es decir que las cosas son otras
después del almuerzo.
Este poema (llamémoslo así),
partido en dos por el almuerzo
y reanudado después, me contradice.
No comí postre.
¡Siento la boca salada!
Pero no voy a insistir.
El domingo pasado,
en casa de un amigo poeta,
conocí a un chileno novelista e izquierdista
que se fue a Pekín y que, posiblemente,
no vuelva a ver en mi vida.
Tímidamente, entre cinco porteños y un chileno izquierdista
metí una frase de Lautréamont
que como buen franchute es uruguayo
y si es uruguayo es entrerriano.
Una frase (salada) para terminar (o interrumpir) este poema:
"Toda el agua del mar no bastaría para lavar
/una mancha de sangre intelectual".
Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922-Buenos Aires, 2010), "La obsesión del espacio", Ahora o nunca. Poesía reunida, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009
---
Ilustración: La travessia del desert, 1988, Miquel Barceló
Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922-Buenos Aires, 2010), "La obsesión del espacio", Ahora o nunca. Poesía reunida, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2009
---
Ilustración: La travessia del desert, 1988, Miquel Barceló
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