miércoles, marzo 02, 2022

Alina Diaconú / Dos poemas



Mi guerra y mi paz

Guerra:
¡déjame en paz!
Siento el temblor
de las bombas
en la piel erizada
de mi madre,
en la sordera
de mi abuelo-soldado,
en mi  heroico bisabuelo
médico y santo,
curando  llagas
y organismos
descarriados
hace más de cien años.
Me bombardea
el bombardeo
del terror 
que apretaba
los cuerpos, 
en la profundidad
de aquellos
malolientes
escondites
de la Primera Guerra.
Esas pesadillas
de mis ancestros
que creía borradas
y aniquiladas
en mi cabeza 
a fuerza de
una férrea voluntad, 
no, no están muertas.
Perviven en mis
células, 
en mi embrión
y en mi latido fetal,
como en el ADN
de tantos
hijos de hijos
y de otros hijos
de hijos,
en ti, en mí,
en todos.
“Hagamos el amor
no la guerra”
decíamos los hippies
de los sesenta,
mirando hacia Vietnam
y sus horrores.
Hagamos el amor,
nunca la guerra
gritaría de seguro
nuevamente.
¿Qué es 
el placer o el goce
sino la más bella locura
de la cordura?
Pero todo es inútil.
Somos los eternos clones
de Caín y  de Abel,
siempre en pugna por algo,
siempre enfrentados.
Mi refugio tan sólo
está en mí misma,
en lo mejor de mí
(no en lo peor )
en mi capilla
invisible,
en mi mente
desprendida,
y me digo
y les digo
como dijo y predijo
Krishnamurti,
el iluminado:
“La paz individual
es la paz del mundo”.

                                              24 de Febrero de 2022

[inédito]


Dilatada pubertad

¿De qué adolece
esa adolescente
que pervive
en mí?
¿Qué hombro
se le negó,
qué pasión 
se le escatimó,
qué árbol 
le faltó
para apoyar
sus euforias
desbocadas,
su solipsismo,
su intensidad
sin carril,
sus sueños
inexpertos
y sus penas 
en cadena?
¿Y a qué edad
se irá
-me pregunto-
esa eterna
pubertad
que hoy
me intriga,
me revive 
y me salva
(de a ratos)
del abismo,
del ostracismo,
de los callados
tiburones
de la muerte?

Y seremos como dioses. (Poemas 2019-2021), ilustrado con 7 obras de Guillermo Roux, India Ediciones, 2022

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