sábado, febrero 05, 2022

Alfred Tennyson / La dama de Shalott




A cada lado del río se extienden
largos campos de cebada y centeno
Que cubren la tierra y concluyen en el cielo,
Y a través del campo el camino corre
                      Hacia la encumbrada Camelot;
Y la gente sube y baja,
Mirando a las lilas que se mecen
Alrededor de la isla allí abajo,
                     La isla de Shalott.

Los sauces palidecen, los álamos tiemblan,
Cae en sombras la brisa, se estremece y
En las olas que recorren por siempre
La isla, por el río 
          Fluye hacia Camelot.
Cuatro paredes grises, y cuatro torres grises
Encierran  un espacio de flores
Y la silenciosa isla guarda
           A la dama de Shalott.

En el margen, veladas por los sauces
Se deslizan las pesadas barcazas tiradas
Por caballos lentos;  y sin parar
Las chalupas se mueven  con sus velas de seda
                          Río abajo, hacia Camelot:
¿Pero quién la ha visto saludar?
¿O la han visto parada en la ventana?
¿O todos conocen en esta tierra
                           A la dama de Shalott?

Sólo los segadores que temprano van 
Hacia los barbados maizales
Escuchan una canción que alegre se repite
Desde el río claro y serpenteante 
               Hacia las torres de  Camelot
Y bajo la luna el segador agotado
Apila los fardos en las aireadas tierras altas
Al escuchar susurra: “Es el hada,
              La dama de Shalott”

 
Parte dos

Allí ella teje día y noche
Un tapiz mágico de alegres colores
Ha escuchado un susurro que dice
Que una maldición caerá sobre ella si 
          Mira hacia Camelot
Ella no lo comprende,
Por eso teje incesante
Y a nada más se dedica
          La dama de Shalott.

Y en la mañana en el límpido espejo
Que todo el año delante de ella cuelga 
Las sombras del mundo aparecen.
Allí ve ella el camino cerca
        Serpenteando hacia Camelot:
Allí el río se arremolina,
Y  los aldeanos hoscos y ordinarios,
Y las chicas de los mercados en capas rojas
         Pasan provenientes de Shalott. 

A veces un grupo de alegres damiselas
Un abad dando un paseo sin prisa
A veces un pastor joven, con rulos
O un paje de cabellos largos en ropas carmesí,
                    Van hacia las torres de  Camelot:
Y a veces a través del espejo azul
Los caballeros pasan cabalgando en pares:
Por eso no posee ningún leal y fiel caballero,
                    La dama de Shalott

Pero en su tapiz ella encuentra placer
Al tejer las mágicas visiones del espejo
Porque a menudo en las noches silenciosas
Un funeral con penachos, luces
              Y música, se dirige a Camelot:
O cuando la luna está en lo alto
Pasan dos jóvenes recién casados;
Harta estoy ya de las sombras, dice 
               La dama de Shalott.


Parte 3

A un tiro de flecha de distancia de su alcoba
Él cabalga entre los fardos de cebada
El sol encandilaba entre las hojas
Y brillaba entre las grebas de bronce
                          Del valiente Lancelot.
Un caballero se inclinaría por siempre
Ante una dama bajo la protección de su escudo
Que refulge en el campo dorado,
                        Cercano al remoto Shalott.

La enjoyada brida suelta relucía,
Como un ramal de estrellas 
Que colgaba en la galaxia dorada.
Las campanas de la brida alegres sonaban
                         Al cabalgar hacia Camelot:
Y desde su heráldico tahalí cruzado pendía
Un poderoso clarín  todo plateado 
Y al cabalgar su armadura repicaba
                         Muy cerca de Shalott.

Bajo el azul y despejado cielo
Muy lujosa brillaba la montura 
El yelmo y el penacho 
Juntos como una sola llama ardían 
                al cabalgar a Camelot.
Como sucede en la noche púrpura
Bajo los resplandecientes cúmulos de estrellas 
Algún estelado meteoro, un cometa 
                 Se mueve sobre la apacible Shalott.

Su clara frente al sol resplandecía
En pulidos cascos trotaba su caballo
Por debajo de su yelmo flotaban
Oscuros como el carbón, sus cabellos ondulados
                Al cabalgar a Camelot.
Desde el banco y desde el río
Se reflejó su figura en el espejo
“Tirra lirra”  por el río
                Cantaba el caballero Lancelot.

Ella dejó el tapiz, dejó el telar,
Dio tres pasos en su alcoba
Vio su lirio de agua florecer
Vio el yelmo y el penacho
                    Al mirar hacia Camelot.
Soltó el tapiz y flotó extendida
De lado a lado se partió el espejo
Es la maldición sobre mí, lloró     
                   La dama de Shalott.


Parte 4

Al azote del tormentoso viento del este
Los pálidos bosques amarillos se inclinaban
El ancho caudal se quejaba en las riveras
Del pesado cielo la copiosa lluvia caía
                      Sobre las torres de Camelot.
Ella bajó y encontró una barca
Bajo un sauce flotando entre las aguas 
Y alrededor de la proa escribió
                      La dama de Shalott.

Y en el sombrío remanso del río
Como una temeraria vidente en trance
Al comprender su infortunio
Con vidriosa expresión
                        Miró hacia Camelot.
Y al caer la tarde
La amarra soltó  y allí se tendió,
El ancho caudal lejos la llevó,
                       A la dama de Shalott.

Tendida, cubierta por telas níveas
Que hacia ambos lados ondeaban-
Las hojas sobre su luz apagada-
Con los sonidos de la noche
              Flotaba hacia Camelot.
Y al ir la proa a la deriva
Entre los campos y las colinas de sauces 
La escucharon cantar su última canción,
               La dama de Shalott.

Oyeron un canto triste, sagrado,
Cantado fuerte, cantado bajo
Hasta que su sangre se heló despacio
Y sus ojos en sombras quedaron
             Vueltos hacia las torres de  Camelot.
Porque antes de llegar con la marea
A la primera casa en la orilla
Cantando su canción murió,
            La dama de Shalott.

Bajo las torres y  balcones
Por las paredes de los jardines y galerías
Como una figura reluciente flotó
Entre las casas altas, con la palidez de la muerte,
              Silenciosa, por Camelot.
De los muelles salieron
Caballeros y burgueses, damas y señores,
Y alrededor de la proa su nombre leyeron,
              La dama de Shalott.

¿Quién es ella? ¿Y qué hace aquí?
Y en el cercano palacio iluminado
Se acalló el sonido de la realeza,
Y se persignaron por temor,
          Todos los caballeros de Camelot.
Quedó Lancelot pensativo por un rato
 y dijo: “Un rostro muy hermoso tiene,
Dios en su gloria se apiade,
         De la dama de Shalott."

Alfred Tennyson (Somersby, Inglaterra, 1809-Aldworth, Inglaterra, 1892), Everyman’s Poetry.
Selected and edited by Michael Baron, University of London, 1996
Versión: Marina Kohon


Imagen: Retrato de Alfred Tennyson, acuarela de William Henry Margetson (1891), a partir de una fotografía de Herbert Rose Barraud (1882) National Portrait Galley, Londres  

    
The Lady of Shalott

Part I

On either side the river lie
Long fields of barley and of rye,
That clothe the wold and meet the sky;
And thro’ the field the road runs by
             To many-towered Camelot;
And up and down the people go,
Gazing where the lilies blow
Round an island there below,
            The island of Shalott.


Willows whiten, aspens quiver,
Little breezes dusk and shiver
Thro’ the wave that runs for ever
By the island in the river
          Flowing down to Camelot.
Four gray walls, and four gray towers,
Overlook a space of flowers,
And the silent isle imbowers
          The Lady of Shalott.

By the margin, willow-veil’d,
Slide the heavy barges trail’d
By slow horses; and unhailed
The shallop flitteth silken-sail’d
            Skimming down to Camelot:
But who hath seen her wave her hand?
Or at the casement seen her stand?
Or is she known in all the land,
            The Lady of Shalott?

Only reapers, reaping early
In among the bearded barley,
Hear a song that echoes cheerly
From the river winding clearly,
           Down to tower’d Camelot:
And by the moon the reaper weary,
Piling sheaves in uplands airy,
Listening, whispers «‘Tis the fairy
          Lady of Shalott.»


Part II

There she weaves by night and day
A magic web with colours gay.
She has heard a whisper say,
A curse is on her if she stay
           To look down to Camelot.
She knows not what the curse may be,
And so she weaveth steadily,
And little other care hath she,
           The Lady of Shalott.

And moving thro’ a mirror clear
That hangs before her all the year,
Shadows of the world appear.
There she sees the highway near
         Winding down to Camelot:
There the river eddy whirls,
And there the surly village-churls,
And the red cloaks of market girls,
         Pass onward from Shalott.

Sometimes a troop of damsels glad,
An abbot on an ambling pad,
Sometimes a curly shepherd-lad,
Or long-hair’d page in crimson clad,
            Goes by to towered Camelot;
And sometimes through the mirror blue
The knights come riding two and two:
She hath no loyal knight and true,
           The Lady of Shalott.

But in her web she still delights
To weave the mirror’s magic sights,
For often thro’ the silent nights
A funeral, with plumes and lights
               And music, went to Camelot:
Or when the moon was overhead,
Came two young lovers lately wed;
«I am half sick of shadows,» said
              The Lady of Shalott.


Part III

A bow-shot from her bower-eaves,
He rode between the barley-sheaves,
The sun came dazzling through the leaves,
And flamed upon the brazen greaves
              Of bold Sir Lancelot.
A red-cross knight for ever kneeled
To a lady in his shield,
That sparkled on the yellow field,
              Beside remote Shalott.

The gemmy bridle glitter’d free,
Like to some branch of stars we see
Hung in the golden Galaxy.
The bridle bells rang merrily
              As he rode down to Camelot:
And from his blazon’d baldric slung
A mighty silver bugle hung,
And as he rode his armour rung,
             Beside remote Shalott.

All in the blue unclouded weather
Thick-jewell’d shone the saddle-leather,
The helmet and the helmet-feather
Burn’d like one burning flame together,
                As he rode down to Camelot.
As often through the purple night,
Below the starry clusters bright,
Some bearded meteor, trailing light,
                Moves over still Shalott.

His broad clear brow in sunlight glow’d;
On burnished hooves his war-horse trode;
From underneath his helmet flow’d
His coal-black curls as on he rode,
                 As he rode down to Camelot.
From the bank and from the river
He flashed into the crystal mirror,
«Tirra lirra,» by the river
                Sang Sir Lancelot.

She left the web, she left the loom,
She made three paces thro’ the room,
She saw the water-lily bloom,
She saw the helmet and the plume,
           She look’d down to Camelot.
Out flew the web and floated wide;
The mirror crack’d from side to side;
«The curse is come upon me,» cried
          The Lady of Shalott.


Part IV

In the stormy east-wind straining,
The pale yellow woods were waning,
The broad stream in his banks complaining,
Heavily the low sky raining
          Over tower’d Camelot;
Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat,
And round about the prow she wrote
          The Lady of Shalott.

And down the river’s dim expanse,
Like some bold seër in a trance
Seeing all his own mischance–
With a glassy countenance
              Did she look to Camelot.
And at the closing of the day
She loosed the chain, and down she lay;
The broad stream bore her far away,
             The Lady of Shalott.

Lying, robed in snowy white
That loosely flew to left and right–
The leaves upon her falling light–
Thro’ the noises of the night
            She floated down to Camelot:
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
           The Lady of Shalott.

Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darken’d wholly,
                Turn’d to towered Camelot.
For ere she reached upon the tide
The first house by the water-side,
Singing in her song she died,
                The Lady of Shalott.

Under tower and balcony,
By garden-wall and gallery,
A gleaming shape she floated by,
Dead-pale between the houses high,
           Silent into Camelot.
Out upon the wharfs they came,
Knight and burgher, lord and dame,
And round the prow they read her name,
          The Lady of Shalott.

Who is this? and what is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they cross’d themselves for fear,
             All the knights at Camelot:
But Lancelot mused a little space;
He said, «She has a lovely face;
God in his mercy lend her grace,
            The Lady of Shalott.»

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