miércoles, septiembre 15, 2021

Pier Paolo Pasolini / El deseo de riqueza del subproletariado romano




Los observo, estos hombres, educados
en otra vida que no es mía: frutos
de una historia tan distinta, y reencontrados,
casi hermanos, aquí, en la última forma
histórica de Roma. Los observo: en todos
hay como el aire de un pastor que duerme
armado de cuchillo: en sus jugos
vitales se extiende una tiniebla intensa,
la papal ictericia de Belli,
no púrpura, sino rojizo opaco,
bilioso cocido. La ropa interior, debajo,
fina y sucia; en el ojo, la ironía
que trasunta su húmeda, roja,
indecente inflamación. La tarde los expone
casi en ermitas, en reservas
hechas de callejones, paredones, pasillos
y huecos perdidos en el silencio.
Es sin duda la primera de sus pasiones
el deseo de riqueza: sórdido
como sus miembros no lavados,
oculto, y al mismo tiempo descubierto,
privado de todo pudor; como sin pudor
es el ave de rapiña que revolotea pregustando
tácita el bocado, o el lobo, o la araña;
ellos codician la plata como gitanos,
mercenarios, putas: se lamentan
si no lo tienen, usan lisonjas
aviesas para obtenerla, se glorían
plautinamente si tienen el saco lleno.
Si trabajan -trabajo de mafiosos matarifes,
feroces lustradores, invertidos dependientes,
tranviarios holgazanes, tísicos ambulantes,
peones buenos como perros - sucede
que tienen igualmente un aire de ladrones:
mucha ávida astucia en esas venas...

Han salido del vientre de sus madres
para reencontrarse en veredas o en prados
prehistóricos, y anotados en un registro
que de toda historia los quiere ignorantes...
Su deseo de riqueza
es, así, bandidesco, aristocrático.
Similar al mío. Cada uno piensa para sí,
para vencer la angustiosa apuesta,
en decirse: "Está hecha", con un guiño de rey...
Nuestra esperanza es igualmente obsesa:
estetizante, en mí, en ellos anárquica.
Al refinado y al subproletariado espera
el mismo orden jerárquico
de sentimientos: ambos fuera de la historia,
en un mundo que no tiene otras aberturas
que hacia el sexo y el corazón,
otra profundidad que en los sentidos.
en donde la alegría es alegría, el dolor dolor.

De La religión de mi tiempo [1961]

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 1922-Ostia, Italia, 1975)

Nada personal. 
Poesía política de Pier Paolo Pasolini.
Selección, versiones, prólogo y notas 
de Jorge Aulicino. 
Ediciones en Danza, 
Buenos Aires, 2016







Foto: Pier Paolo Pasolini durante el rodaje de Decamerón, Roma, 1971 Vittoriano Rastelli/Corbis/Getty Images


Il desiderio di ricchezza del sottoproletariato romano

Li osservo, questi uomini, educati
ad altra vita che la mia: frutti
d'una storia tanto diversa, e ritrovati,
quasi fratelli, qui, nell'ultima forma
storica di Roma. Li osservo: in tutti
c'è come l'aria d'un buttero che dorma
armato di coltello: nei loro succhi
vitali, è disteso un tenebrore intenso,
la papale itterizia del Belli,
non porpora, ma spento peperino,
bilioso cotto. La biancheria, sotto,
fine e sporca; nell'occhio, l'ironia
che trapela il suo umido, rosso,
indecente bruciore. La sera li espone
quasi in romitori, in riserve
fatte di vicoli, muretti, androni
e finestrelle perse nel silenzio.
È certo la prima delle loro passioni
il desiderio di ricchezza: sordido
come le loro membra non lavate,
nascosto, e insieme scoperto,
privo di ogni pudore: come senza pudore
è il rapace che svolazza pregustando
chiotto il boccone, o il lupo, o il ragno;
essi bramano i soldi come zingari,
mercenari, puttane: si lagnano
se non ce n'hanno, usano lusinghe
abbiette per ottenerli, si gloriano
plautinamente se ne hanno le saccocce piene.
Se lavorano - lavoro di mafiosi macellari,
ferini lucidatori, invertiti commessi,
tranvieri incarogniti, tisici ambulanti,
manovali buoni come cani - avviene
che abbiano ugualmente un'aria di ladri:
troppa avita furberia in quelle vene...

Sono usciti dal ventre delle loro madri
a ritrovarsi in marciapiedi o in prati
preistorici, e iscritti in un'anagrafe
che da ogni storia li vuole ignorati...
Il loro desiderio di ricchezza
è, così, banditesco, aristocratico.
Simile al mio. Ognuno pensa a sé,
a vincere l'angosciosa scommessa,
a dirsi: "È fatta," con un ghigno di re...
La nostra speranza è ugualmente ossessa:
estetizzante, in me, in essi anarchica.
Al raffinato e al sottoproletariato spetta
la stessa ordinazione gerarchica
dei sentimenti: entrambi fuori dalla storia,
in un mondo che non ha altri varchi
che verso il sesso e il cuore,
altra profondità che nei sensi.
In cui la gioia è gioia, il dolore dolore.

Pier Paolo Pasolini, La religione del mio tempo, Garzanti, Milano 1961 Pier Paolo Pasolini

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