lunes, septiembre 06, 2021

Diego Colomba / De "Poetas que regresan a la patria de la infancia"



Tu infancia puede ser un vasto eco

Los caminos que hacen las hormigas, el zumbar de las abejas, la luz que se astilla en unos vidrios... Un pájaro muerto incluso y el delirio de los crotos. Todo reverbera. En el prodigio de un mundo indefinido.


Sin sombras de duda el mundo es nada

De ese sauce, por ejemplo, cae, como lluvia, una pregunta invisible. Y en la orilla y su resaca se mece una pregunta cristalina. Y en los juncos encimados una pregunta cortante se agudiza. Y otra más. Y detrás de cada una, insidiosa y transparente, la pregunta que podría valer como la madre de todas las preguntas: ¿de qué manera vas a responder?


Poetas que regresan a la patria de la infancia

Los trasnochados que nos invitaron nos dan las buenas nuevas: no habrá, en breve, viáticos, a raíz de una serie de rencillas intestinas, y en el único hotel disponible ya no hay plazas vacantes. ¿Puede la crasa realidad local hacernos mella? Hablaremos positivamente ─incluso con afecto─, a lo largo del día, de todo lo que crece en nuestra íntima geografía: plantas, animales y seres humanos. Con la caída del sol, una señora que confiesa haber conocido a papá en su juventud reconoce que soy muy parecido, pero advierte que él era más alto. La contradigo, sonriendo, argumentando que yo era un centímetro más alto que papá. Mido un metro ochenta y seis centímetros. Pero la señora, con gesto de desaprobación, prefiere dar por terminada nuestra charla. Leemos, finalmente, nuestras cositas, para estudiantes secundarios que bostezan, custodiados por sus profesores de Lengua y Literatura. Mientras comemos, poco después, un choripán, envueltos por la bruma nocturna de la pampa, imaginamos factibles maneras de volver a nuestras vidas. Que no se nos juzgue mal. Nosotros solo vinimos a devolverle al pueblo la memoria poética que le pertenece.


El gran miedo

Como si el Diablo hubiera logrado juntar los hilos sueltos de tu miedo, en las tormentas del campo se enredaban los rayos, truenos y refucilos, el viento, la oscuridad ─que el débil tendido hacía inevitable─ y tu aversión a los faroles de gas. Ojalá, mamá, que a los espíritus no les den miedo las tormentas. ¡Que tuyo sea para siempre el desastre de la luz!

Diego Colomba  (San Nicolás, Argentina, 1972)


Poetas que regresan a la patria de la infancia
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










1 comentario:

mirtha lucìa makianich dijo...

Qué hermosa la "...madre de todas las preguntas: ¿de qué manera vas a responder?