jueves, octubre 20, 2016

Angel Faretta / Los padres capadocios











Los padres capadocios supieron del mal
aún encerrados en ese claustro familiar.
Lo supieron los tres, Basilio, el mayor,
y los dos Gregorios: el de Nisa
y el nacianceno, que se confunden.
Eran tres entonces, y crearon la hipóstasis,
es decir el concepto de la propia Trinidad;
tres manifestaciones de una misma ousía.
Los tres trabajaban en ese rincón de Capadocia,
entonces la Hélade y también entonces Roma.
Tras de Orígenes y los de Alejandría,
vieron que la filosofía pagana era griega,
como también ellos lo eran.
Y solo basta entender una cosa:
que son métodos: en griego,
precisamente caminos,
antes de llegar a la meta, la revelación.
¿Y por qué habrían de desdeñarse
los pasos previos de esa senda
que llevan a la meta?  El Amor son
esos pasos ¿Y si Eros fuera una máscara
tan solo que lleva por su fuerza motriz
hasta el banquete del pan y del vino?
Desdeñar lo anterior y decirle pagano
es simplemente desentenderse del tema,
echarlo a un costado, negarlo de facto.
El amor es niño y tal lo representan
y el camino no más que la vida
y la vida no es más que meta.
¿Qué es la ousía vuelven los tres
a preguntarse en el mismo griego
que Aristóteles en su biblioteca
¿O fue en las campañas de Alejandro?
¿Qué es esa substancia única y sola
de las que todas las demás vienen
y también de las que devienen?
Es un alfa, también un aleph, ya que los tres
también son hábiles en la lengua de Moisés.
 ¿Qué es?
 Se dicen, esa cosa única e inalterable.
No pueden decirla, sólida, palpable.
Buscan en su estudio noche y día
temen que sea necedad o manía
lo que los lleva a esa insistencia
de descubrir, nombrar la esencia
permanente de todas las cosas:
la luna, las alas de las mariposas,
el vino, la sal, el hambre, la sed;
de todo o casi todo, menos del café,
que no ha llegado hasta allí y tardará
en llegar. Pero sí de todo lo demás.
Basilio –dicen- es la acción, Gregorio
al que llaman nacianceno, el orador,
y a Gregorio de Nisa dicen pensador
¿En los tres hermanos también se da
entonces esa misma cualidad?
¿Son Basilio y los dos Gregorios faces
de una misma ousía permanente, hacen
cada uno una labor porque cada uno
representa el valor de un número?
¿O es esto sólo una fantasmagoría
el arrojar el número a una mayoría
donde se pierde su razón de ser?
Ser aquí es también el saber
que cada cifra no es ningún azar,
que cada cosa, sea par o impar,
representa a otras en el Cielo.
¿Pero no será eso resabio pagano?
y no el estricto pensar cristiano?
Los acecha esta duda a toda hora,
cuando oran, cuando yacen, cuando
comen higos, miel y pasas, y tanto
de noche como en pleno mediodía
temen que el demonio meridiano sea
el que los induzca a esta sofistería.


¿Qué es el mal? Dice Basilio
y ya al decirlo lo digo mal
-se dice-
Porque el mal no es, es
por no serlo, del ser el revés
tan solo.
Es un modo del decaer del bien,
una forma del desconocer,
porque mal es ignorancia.
No es entonces substancia
sino privación de la misma
en el bien el mal atisba
en el mal el bien presente está
siempre, aunque morboso;
mal es bien disminuido.
Así el enfermo alicaído
sufre la fiebre o el deseo
que tal vez son lo mismo.
Ambos miran al abismo,
ambos habitan en el lecho
o como vampiros del techo
cuelgan y acechan a toda hora.
Para llegar al mal no hay demora.
-Basilio con el cálamo apunta-
que el mal solo trasunta
la ausencia del bien.
Que mal no es
sino el dejar de ser.
¿Ser al revés?
Es una forma de decirlo


En el Ponto junto al Iris,
río que ven desde la ventana.
Allí un día, otoñal y gris,
Gregorio el mayor desde la cama
imagina todo aquello que lo desvela.
Lo ve en figuras, cifras y teoremas.
Mira eso sobre el muro y las penas
se diluyen con la sombra de la tarde.
Fue en Cesarea ¿o fue en Sardes?
Que atisbó lo que ahora ve,
calcado pleno sobre la pared
la figura de un dragón, un trasgo,
un ánfora o copa de líquido amargo
que le ofrece de beber esa silueta
al muro de su estancia adosado
¿Será posible una llaga a su costado?
Gregorio el mayor al mal figurado,
pueda llevarlo a temibles cálculos
de números y de letras y opúsculos
que lee a escondidas de su hermano,
el otro Gregorio que sabe más humano
de lo que se sabe él mismo. El mal
es esa otra cosa, tan sutil y corporal
a un tiempo, que sigue en movimiento
y sin embargo parece tomar asiento
en el vientre, la boca, y en el abajo
que muele, rumia, trabaja a destajo

[inédito]

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953)

N. del A.
Basilio el Grande (330-379)
Gregorio de Nisa (332-395) hermano del anterior.
Gregorio Nacianceno (329-389)



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