sábado, abril 16, 2011

Santiago Sylvester / Dos poemas



(la conversación)

Los años no entran todos por la misma puerta
aunque terminen juntos,
siempre en trance de irse hacia otra parte: el problema
es adónde

Tampoco vienen del mismo lugar: cada uno con su avío;
y si terminan comiendo de la misma sopa, reflejados
en el mismo espejo,
no muestran siempre una cara triunfante sino
esta pregunta que cae por su propio peso: ¿hay años que ya no vendrán?
Y no hay una respuesta: hay
principios generales que terminan en desilusión: un secreto
que sólo muy pocos no conocen.

Aunque no entran todos por la misma puerta,
tienen el diálogo de los que están resignados a juntarse
y esa conversación,
lo que se dice en ella,
es lo único que no deja de existir
cuando de pronto un reloj se detiene para todos.


(caminata)

La senda lleva hacia donde no se sabe: detrás del alambrado
empieza la loma suspendida contra la ley de gravedad:
se expande en círculos, en caranchos allá arriba, en la agitación
de los pilpintos;
y a ras de tierra la menta, algunas tunas y más atrás el ceibo:
la masa verde lava el abuso de civilización: el hormiguero
surge como una protuberancia del infierno: la senda
atraviesa el cerco, los helechos...

...y reaparece en el pinar: no me gustan los pinos: en el pinar
no hay pájaros: hay silencio: en el corazón del pinar la soledad
es absoluta. La respiración contenida, el oído
en guardia: el ojo no deja de mirar: no puede
no mirar: hay
una falsa paz.

Santiago Sylvester (Salta, 1942), La palabra y, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011


Ilustración: Pino cerca de Aix, 1890, Paul Cézanne

2 comentarios:

  1. Admiro la poesía de Santiago Sylvester.

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  2. El ojo no puede dejar de mirar. No se puede dejar de decir, aunque lo que se diga sea pura apariencia, hermosa apariencia.

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