lunes, abril 11, 2011

Richard Gwyn / Reglas de conducta



Reglas de conducta

Llegaron Soldados. Después, Administradores. Impusieron un serie estricta de leyes de conducta. Primeramente, el toque de queda, entre las 9 pm y las 6 am. En segundo lugar, una restricción sobre el número de gente que podía verse junta en toda ocasión, salvo en la iglesia. En tercer lugar, que todos los adultos estuvieran completamente vestidos durante las horas no comprendidas por el toque de queda. En cuarto lugar, que quedaba estrictamente prohibido tener loros, así como todo otro pájaro que imitara el habla humana. Quinto, que las visitas al doctor fueran exclusivamente para quienes sufrieran únicamente enfermedades que se curasen. Sexto, que todos los libros que tuvieran la letra V deberían entregarse a las autoridades literarias. Séptimo, que todo el ganado se registrara ante la autoridad competente, salvo las aves de corral comestibles y sus huevos. Octavo, que las gallinas negras fueran una excepción a ésta última cláusula excluyente y que se las considerarse propiedad de los Administradores. Noveno, que quedaba prohibido que los perros ladrasen entre las 9 pm y las 6 am, y que si lo hicieran sus dueños estuvieran sujetos a multas abultadas. Décimo, que las personas que tuviesen sueños con (a) elefantes, (b) reptiles peligrosos, o (c) cualquier variedad de crustáceo, los reportaran a las autoridades cívicas de inmediato. La contravención de cualquiera de las leyes enunciadas arriba iba ser vista como un desafío directo a la autoridad de los Administradores. Las reglas fueron exhibidas en una ancha pizarra fuera de la intendencia. La primera noche, fuimos despertados por una explosión. Alguien había descargado ambos caños de una escopeta en la recién levantada pizarra. Se buscó en todas las casas que daban a la intendencia, pero no se encontró arma alguna. Cuatro jóvenes fueron enviados a la cárcel.


Richard Gwyn (Gales, 1956), Sad Giraffe Café, Arc Publications, UK, 2010
Versión de Jorge Fondebrider


Rules of Conduct

Soldiers came. Adminstrators followed. They imponed a strip set of rules of conduct. Firstly, the curfew, between the hours of 9 pm and 6 am. Secondly, a restriction on the number of people to be seen together on any one occasion, except in church. Thirdly, that all adults should be fully clothed during hours not covered by the curfew. Fourthly, that the keeping of parrots was strictly forbidden, as were all other birds who mimicked human speech. Fifth, that visits to the doctor were to be confined to those who suffered only curable diseases. Sixth, that all books containing the letter V were to be handed in t o the literary authorities. Seventh, that all livestock was to be registered with the appropriate authority, excluding edible fowl and their eggs. Eighth, that black hens were an exception to this last excluding clause and were to be considered property of the Administrators. Ninth, that it was prohibited for dogs to bark between the hours of 9 pm and 6 am, and that if they did so their owners were liable to substantial fines. Tenth, t hat persons who had dreams containing either (a) elephants; (b) dangerous reptiles, or (c) any variety of crustacean, were to report to the civic authorities at once. Contravention of any of the above stated legislation was to be regarded as a direct challenge to the authority of the Administrators. The rules were posted on a large noticeboard outside the civic hall. On the first night, we were awakened by an explosion. Somebody had fired both barrels of a shotgun into the newly erected noticeboard. All the houses facing the civic hall were searched, but no weapon was found. Four young men were sent to prison.

Ilustración: School Rules, siglo XIX, William Holbrook Beard

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