sábado, julio 31, 2010

Alfredo Veiravé / Dos poemas




Serpientes venenosas

José Jolís S.J. nos habla de las serpientes venenosas
y de los cascabeles (tintinean en los platillos de oro de las bailarinas
de las cortes florentinas, danzas de salones barrocos)
nos describe su color / rojo /
(búfalos de Altamira cuando uno puede ver las
oscuras cavernas paleolíticas de la mujer amada)
y cómo esas víboras de ojos fosforescentes alumbran de noche
el paso de los indígenas perdidos en la selva de sus pesadillas,
y aunque Plinio dudaría más o menos escéptico o envidioso
Jolís describe una grande del tamaño de un buey o de
un gomero de la India
sobre el cual durmieron con el Cacique Tellogotí de la Nación Giapitallagá
y el Cacique Aglaiquí de la Nación Toba.

Durante varios siglos se creyó que todo era una mentira
una exageración de los chronistas
hasta que en 1970 dos astronautas que regresaron del espacio
habían crecido 4 centímetros y medio de estatura.


Historia clínica con datos verdaderos y prosaicos

No hagas poemas con problemas personales.
Drummond de Andrade


Hace años me hicieron un personal injerto de tibia
en la columna (Mal de Pott), y luego me extrajeron un riñón
(órgano que no es fácil de colocar en un poema)
hace poco
me pusieron un marlex en el cuerpo:
ya parezco el Vizconde Demediado de Calvino.
Pero esa razón, quizás, él resucita y ama más la vida
y el sol del jardín rejuvenece y tranquilo
y feliz como el destino sereno de las plantas,
yo pienso a mis amigos, a la enferma Katherine, y se llena
de energías vitales subterráneas y abro al azar
por ejemplo
las cartas de Herman Hesse o los versos de Ortiz.
Y todo lo que saludablemente leo o invento o confundo
en el Chaco o Nueva York (perdonen los lectores
la experiencia) son discursos simulados
de la imagen / "Puesto que estos misterios nos rebasan
finjamos ser sus organizadores" (¿y por qué no agregar que la poesía
es una abreviada forma personal de la ansiedad?)

Yo bebo en consecuencia a grandes sorbos en la copa transparente
que me sirve la vida, en el rosado vino
(médico-científico) del amor natural.


Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991), Radar en la tormenta, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1985

Ilustración: Seres híbridos, 1979, Raquel Forner

viernes, julio 30, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 9




Purgatorio, Canto noveno

La concubina de Titón antiguo
ya empalidecía en el balcón de oriente,
fuera de los brazos de su dulce amigo;

de gemas su frente estaba engalanada,
con la forma de ese animal frío
que con su cola hiere a los humanos;

y la noche, de los pasos con que sube,
había dado dos en dónde estábamos,
y el tercero las alas inclinaba,

cuando yo, que cargo algo de Adán,
vencido de sueño, me recosté en la hierba
donde los cinco estábamos sentados.

Cuando comienza su triste piar
la golondrina a la mañana,
tal vez recordando sus antiguas quejas, *

y cuando nuestra mente, peregrina,
menos presa de la carne y de la idea,
es casi celestial en sus visiones, **

en el sueño me pareció ver suspendida
un águila en el cielo, con plumas de oro,
abiertas las alas y a bajar dispuesta;

y me parecía estar allá, donde
Ganímedes abandonó a los suyos,
cuando fue raptado al sumo consistorio.

Entre mí, pensaba: "Quizá ésta hiere
aquí sólo por hábito, y en otro lugar
desdeña llevar presa entre sus garras".

Luego me pareció que, tras girar un poco,
terrible como fulgor bajaba
y me raptaba hacia el lugar del fuego.

Allí me parecía que ardíamos ella y yo;
y de tal modo el incendio me quemaba,
que convino que el sueño se rompiese.

No distintamente al despertar Aquiles,
dio vueltas en torno los ojos desvelados,
no sabiendo en dónde se encontraba,

cuando la madre de Quirón a Esciros
lo transportó durmiendo entre sus brazos,
de donde después los griegos lo llevaron;

así me desperté, cuando de la cara
escapó el sueño, y me puse pálido,
como el hombre al que el espanto hiela.

A mi lado estaba sólo mi consuelo,
y había subido el sol más de dos horas,
y tenía el rostro a la marina vuelto.

"Temor no haya", dijo mi señor,
"siéntete seguro, que bien estamos:
no se contraiga tu vigor: alárgalo.

"Acabas de llegar al purgatorio:
mira el peñasco que lo cierra en torno,
mira la entrada donde parece roto.

"Antes, en el tramonto que precede al día,
cuando el alma dormía dentro tuyo,
sobre las flores que allá abajo adornan,

"vino una dama y dijo: 'Soy Lucía,
déjame tomar a este que duerme;
más ágil lo llevaré por su sendero'.

"Sordello quedó, y las otras formas.
Ella te tomó, y al clarear el día,
subió hasta aquí, y yo detrás de ella.

"Aquí te posó, pero antes me mostraron
sus bellos ojos aquella entrada abierta;
luego, ella y el sueño se marcharon".

Como hombre que su duda aclara,
y que cambia por alivio su pavura,
cuando la verdad es descubierta,

así cambié yo, y como sin cura
me vio el duca mío, por el peñasco
se movió, y yo atrás, hacia la altura.

Lector, ves bien como yo ensalzo
mi materia; mas por mayor arte
no te asombres, si la afianzo. ***

Nos apuramos, y allí en la parte
donde primero me pareció roto
como por una hendidura el muro,

vi una puerta, y tres escalones,
para subir a ella, de color diverso,
y un guardián que no decía nada.

Y como más y más abrí los ojos,
lo vi sentado en la grada soberana,
y con tal cara que no la toleraba;

y una espada desnuda sostenía
que los rayos hacia nosotros reflejaba,
tal que yo alzaba la mirada en vano.

"Digan desde allí: ¿qué quieren?",
comenzó a decir: "¿dónde está la escolta?
Cuidado: que el venir no pese."

"Señora del cielo, que sabe de estas cosas",
repuso el maestro, "hace apenas un momento
nos dijo: Vayan allí, que está la entrada."

"Y ella vuestros pasos por el bien avance",
continuó el portero, cortés;
"vengan pues, a nuestras gradas adelante."

Allá fuimos, y el escalón primero
era de mármol tan pulido y terso,
que me reflejé en él tal cual parezco.

El segundo, tinto más que rojinegro,
de un pedrusco áspero y reseco,
con grietas a lo ancho y a lo largo.

El tercero, en lo alto de la escala,
pórfido parecía, tan llameante,
como sangre que brota de una vena.

Sobre éste tenía las dos plantas
el ángel de Dios, sentado en el umbral
que me parecía roca de diamante.

Con buen ánimo, las tres gradas arriba
me llevó mi duca diciendo: "Pide,
humildemente, que el cerrojo corra."

Devoto me arrojé a los santos pies:
pedí que me abriera por misericordia;
y tres golpes me di en el pecho, antes.

Siete P escribió en mi frente
con la espada, y dijo "Haz que lave
estas marcas cuando entre."

Ceniza o tierra seca que se excave
tendrían el color de sus vestidos;
y, de bajo déstos, sacó dos llaves.

Una era de oro y la otra era de plata:
con la blanca, y con la amarilla luego,
hizo en la puerta tal, que me alegró.

"Cada vez que una de éstas falla,
y bien no gira en la cerradura",
nos dijo, "esta entrada no se abre.

"Más rica es una, pero la otra exige
arte e ingenio antes que descorra,
porque ésta es la que el nudo bate.

"Me las dio Pedro, y dijo que yerre
antes en abrir que en mantener cerrado,
con tal que la gente se prosterne".

Dio el empujón a la puerta sagrada,
diciendo: "Entren, pero estén atentos
a que vuelve a salir el que atrás aguaita."

Y cuando hizo girar los goznes
en los cantos de aquella puerta sacra,
que son de metal resonante y fuerte,

no rugió así ni se mostró tan dura
Tarpeya, cuando despojaron al buen ****
Metelo, y entonces quedó magra.

Me volví atento al primer sonido,
y Te Deum laudamus me pareció
oír, en mezclada voz y dulce tono.

La imagen que al punto me causó
lo que oía, fue como la que suele
provocar el canto con el órgano,
que las palabras se entienden y no entienden.

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino

* Alude a Procne, hermana de Filomela, una convertida en golondrina y la otra en ruiseñor, luego de haberse aliado para matar al hijo de la primera, en venganza contra Tereo, marido de Procne, quien violó a su cuñada, Filomela

** Reitera Dante la creencia antigua de que los sueños matutinos son de carácter oracular, o divino.

*** A partir de esta advertencia, el canto despliega acciones que parecen reclamar interpretación religiosa y han dado lugar a muchas y diversas: el guardián del Purgatorio preguntará por la "escolta", que debería ser el ángel que acompaña a las almas, según algunos comentaristas; los escalones y las llaves merecieron asimismo variados escolios, entre ellos que los primeros representan las tres etapas de la confesión, o bien un triángulo de índole poco clara, cuando no la Trinidad, y, las segundas, un doble significado en la apertura de la puerta de los sitios sagrados (por ejemplo, las distintas potestades de la divinidad y el ministro). Los tres golpes que se da Dante en el pecho son, de antiguo, símbolo de arrepentimiento, declaración de culpa. Las siete P representan, evidentemente, los pecados capitales.

**** Sobre la roca Tarpeya se alzó el templo a Saturno, donde se guardaba el tesoro de Roma. Julio César se llevó el tesoro, en 49 a.C., pese a la oposición del tribuno Cecilio Metelo. Se alude, de acuerdo con algunos alegoristas, a que el chirrido de los goznes da paso al tesoro de la vida eterna.

Texto del original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 9, 1960-64, Salvador Dalí

Javier Foguet / Descripción




Descripción

A la altura de los ojos
las tres gotas de sangre
de las torres.
Sobre el resplandor de la ciudad
algunas estrellas muy pequeñas,
muy débiles.
Abajo calle con árboles;
al fondo
la hilera de últimas casas
tragadas por las lomas.
A mi izquierda gran ola chispeante.
A mi derecha tierra de rocío.

Javier Foguet (Tucumán, 1977), El humor de la luz, Editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2009

Foto: Mezquita de la ciudad de Córdoba, Andalucía

jueves, julio 29, 2010

Daniel Martínez / Perros




Perros en la noche


Perros en la noche
solo perros

el resto no dice nada
que se calle
hasta el último recuerdo

ustedes no
son la compañía que quiero
animales nocturnos que saben como yo
que hay más seres
que están del otro lado de la soledad
lejos como la distancia
hasta esta luna que aparece
iluminando todo
perdonando tanta oscuridad

perros en la noche
ladridos como puñales en la sangre
que corren lentamente
dolorosamente despacio

soy alguien
a pesar de todo
en este momento soy quién quiero ser
quien debo ser

quisiera morirme un día así

estoy vivo
al filo de la vida
atrapado
en un sueño extraño y misterioso
realidad cruda indomesticada
sin velos sin trampas
sin mentiras generosas
solo con la verdad posible
mordiendo cada minuto
abrazado por una vez
a la certeza de la existencia

un ruego
nada más que un ruego
que mi palabra silenciosa
este a la altura
de la música
de estos perros en la noche

Daniel Martínez (Allen, Río Negro, 1963), inédito

Foto: Daniel Martínez, Facebook

Natalia Litvinova / Mujer en una ventana



teorías sobre el lenguaje

ahora que todo está del otro lado de la ventana
y el pájaro se lleva -lo que lo nombra-
entre su pico y así todo y etcétera.
ahora que soy una mujer y ninguna y mil otras
que cierra con las manos sus ojos
para no leer todas esas teorías sobre el lenguaje
que la harían inexistente
al igual que a su poema, etcétera.

Natalia Litvinova (Gómel, Bielorrusia, 1986), Esteparia, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2010

Foto: Natalia Litvinova, Facebook

William Carlos Williams / Ama de casa




La joven ama de casa

A las diez de la mañana la joven ama de casa
va y viene en negligé detrás
de las paredes de madera del hogar marital.
Paso solitario en mi auto.

Entonces se acerca al cordón de la acera
para llamar al hielero, al pescadero, y permanece
tímida, desceñida, recogiéndose
las sueltas mechas, y la comparo
con una hoja caída.

Las silenciosas ruedas de mi auto
se delizan haciendo crujir
las hojas secas mientras saludo y paso sonriente.


William Carlos Williams (Rutherford, 1883 - 1963), Poemas de Wallace Stevens, William Carlos Williams y Robert Lowell, versión y notas de Alberto Girri, Corregidor, Buenos Aires, 1982

The Young Housewife
At ten AM the young housewife / moves about in negligee behind / the wooden walls of her usband's house. / I pass solitary in my car. // Then again she comes to the curb / to call the ice-man, fish-man, and stands / shy, uncorseted, tucking in / stray ends of hair, and I compare her / to a fallen leaf. // The noiseless wheels of my car / rush with a crackling sound over / dried leaves as I bow and pass smiling.

American Poems

Ilustración: Just What Is It that Makes Today's Homes So Different, So Appealing?, 1956, Richard Hamilton

miércoles, julio 28, 2010

Delmira Agustini / De la rima




Rebelión


La rima es el tirano empurpurado,
Es el estigma del esclavo, el grillo
Que acongoja la marcha de la Idea.
No alegueis que sea de oro! El Pensamiento
No se esclaviza á un vil cascabeleo!
Ha de ser libre de escalar las cumbres
Entero como un dios, la crin revuelta,
La frente al sol, al viento. Acaso importa
Que adorne el ala lo que oprime el vuelo?

Él es por sí, por su divina esencia,
Música, luz, color, fuerza, belleza!
A qué el carmín, los perfumados pomos?
Por qué ceñir sus manos enguantadas
A herir teclados y brindar bombones
Si libres pueden cosechar estrellas,
Desviar montañas, empuñar los rayos?
¡Si la cruz de sus brazos redentores
Abarca el mundo y acaricia el cielo!
Y la Belleza sufre y se subleva
Si es herir á la diosa en pleno pecho
Mermar el torso divinal de Apolo
Para ajustarlo á ínfima librea!

Para morir como su ley impone
El mar no quiere diques, quiere playas!
Así la Idea cuando surca el verso
Quiere al final de la ardua galería,
Más que una puerta de cristal ó de oro,
La pampa abierta que le grita "¡Libre!"


Delmira Agustini (Montevideo, 1886-1914), "El libro blanco" (1907), Poesías completas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1971

Ilustración: El sueño verdadero, 1796, Francisco Eduardo Tresguerras

martes, julio 27, 2010

Giuseppe Ungaretti / Ultimos coros




9

Año tras año, en tanto observo que el invierno
Es sensitivo y, por pudor, es turbio,
Con florecer menudo brota de oro
La mimosa. Se encuadra en el ventana
De aquella casa mía de otro tiempo,
De esta donde transcurre mi vejez.

En tanto me aproximo al gran silencio,
¿Será un indicio de que nada muere
Si incesante retorna su apariencia?

¿O sabré finalmente que la muerte
No reina más que sobre la apariencia?

Giuseppe Ungaretti (Alejandría, 1888-Roma, 1970), "Ultimos coros para La Tierra Prometida", Secreto del poeta. De Leopardi y de Ungaretti, versiones de Ricardo Herrera, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, 2010


9
Ogni anno, mentre scopro che Febbraio/ É sensitivo e, per pudore, torbido, / Con minuto fiorire, gialla irrompe / La mimosa. S'inquadra alla finestra / Di quella mia dimora d'una volta, / Di questa dove passo gli anni vecchi. // Mentre arrivo vicino al gran silenzio, / Segno sarà che niuna cosa muore / Se ne ritorna sempre l'apparenza? // O saprò finalmente che la morte / Regno non ha che sopra l'apparenza?


Ilustración: Young Peasant Woman with Three Children at the Window, 1840, Ferdinand Georg Waldmüller

¿Fraude o traducción?, 2

La defensa de la rima


En la revista Fénix, correspondiente al mes de abril del año próximo pasado, Pablo Anadón continúa la polémica iniciada en este blog, a raíz de otro artículo suyo, también aparecido en Fénix, cuya sustancia consistía en señalar que las traducciones de la poesía en inglés, francés e italiano que se hicieron en la Argentina el siglo pasado nos habían confundido, puesto que en general se tradujo en verso libre lo que en el original era verso rimado o con atención marcada al metro y la rima.
Esa polémica continuó luego en otras intervenciones mías y en una charla que en setiembre próximo pasado Anadón dio en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, para desembocar en el libro El verso libre, que acaba -por así decirlo- de publicar Ediciones del Dock.
Sólo quisiera aclarar dos puntos de este segundo artículo de Anadón:
1) ó a) Anadón presume que la métrica y la rima no han sido mera artificiosidad para los poetas que se valieron de ellas. A mí vez presumo que sí lo fueron, no para ellos, sino para sus obras, donde siempre ha sido más importante el trabajo semántico que los logros de las rimas en versos de extensión regular. Añade Anadón, más adelante, que no alcanzo a mojarle la oreja al problema estético al que me enfrento. Y dice que la rima ha sido "un dique generador de imprevistas potencialidades semánticas" (sic). He visto por ejemplo potencialidades semánticas como que don Francisco Quevedo rimara "ardía" con "fría" en el magnífico cuarteto en el que dice "mas no desotra parte en la ribera/ dexará la memoria en donde ardía:/ nadar sabe mi llama la agua fría", donde a todas luces me parece que la belleza reside en la imagen de la llama sobre el agua helada del Cocito.
2) ó b) En su afán propedéutico, me señala Anadón el presunto error de que haya dicho en alguna parte "verso blanco" en lugar del verso libre. Refiere a cierto párrafo en el que hablaba yo de la opción por el verso blanco que hizo Alberto Girri en sus traducciones. Bien: Girri tradujo tanto en lo que Anadón entiende como verso blanco cuanto en verso libre. Pero además ambas expresiones son casi idénticas, si concurrimos a la que se considera máxima autoridad de la lengua, el diccionario de la Real Academia: éste dice que verso blanco o suelto es "El que no forma con otro rima perfecta ni imperfecta", en tanto el verso libre (y también "suelto") es "El que no está sujeto a rima ni a metro fijo y determinado". De donde Anadón infiere -con todo lo falible que es una inferencia- que el verso blanco sí está sujeto a metro, ya que no a rima, supongo.

Jorge Aulicino

lunes, julio 26, 2010

William Carlos Williams / Semanas






Estas

son las desoladas, oscuras semanas
cuando la naturaleza iguala en su aridez
la tontería del hombre.

El año se sumerge en la noche
y el corazón se sumerge
más hondo que la noche

en un vacío lugar barrido por los vientos,
sin sol, sin estrellas o luna,
pero con una luz peculiar como de pensamiento

que hila un sombrío fuego
girando sobre sí misma hasta que,
en el frío, se inflama

para hacer que el hombre no se entere
de lo que sabe, ni de la misma
soledad. Ni un espectro

que quede sin abrazar -vacío,
desesperación - (se quejan
y silban) entre

los fogonazos y estampidos de la guerra;
casas en cuyos cuartos
el frío es mayor de lo imaginable,

desaparecidos los que amábamos,
vacíos los lechos, húmedos
los sofás, desiertas las sillas.

Escóndelo en algún sitio
fuera de la mente, deja que eche raíces
y crezca sin relación con los celosos

ojos y oídos: por sí mismo.
En esta mina vienen a cavar: todos.
¿Es este el contrapunto de la más suave

de las músicas? La fuente de la poesía que
mirando el reloj parado dice:
¿Se ha parado el reloj

que ayer andaba tan bien?,
y oye el sonido del agua en el lago
al salpicar, que ahora es piedra.

William Carlos Williams (Rutherford, 1883 - 1963), Poemas de Wallace Stevens, William Carlos Williams y Robert Lowell, versión y notas de Alberto Girri, Corregidor, Buenos Aires, 1982


These
are the desolate, dark weeks / when nature in its barrenness / equals the stupidity of man. // The year plunges into night / and the heart plunges / lower than night // to an empty, windswept place / without sun, stars or moon / but a peculiar light as of thought // that spins a dark fire - / whirling upon itself until, / in the cold, it kindles // to make a man aware of nothing / that he knows, not loneliness / itself - Not a ghost but // would be embraced - emptiness / despair - (They / whine and whistle) among // the flashes and booms of war; / houses of whose rooms / the cold is greater than can be thought, // the people gone that we loved, / the beds lying empty, the couches / damp, the chairs unused - // Hide it away somewhere / out of mind, let it get to roots / and grow, unrelated to jealous // ears and eyes - for itself. / In this mine they come to dig - all. / Is this the counterfoil to sweetest // music? The source of poetry that / seeing the clock stopped, says, / The clock has stopped // that ticked yesterday so well? / and hears the sound of lakewater / splashing - that is now stone.

Ilustración: The Pantry, 1969, Andrew Wyeth

domingo, julio 25, 2010

Alberto Girri / De "Juegos alegóricos", 3




Despertar que cae en la nada

Tan nube aislada, tan
en soledad de grullas salvajes,

tan de desgastar sentimientos,
atemperarse el brillo de su luz,
como con el polvo mezclándose,

tan de no otra dote, prebenda,
que la del solitario sol, de nuevo
su llegar a irse,
campana a la mañana, tambor al anochecer,

tan las huellas todavía
de esperanzas de la víspera,
unas, indelebles, sutiles,
hilos de araña,
otras, flagrantes,
pisadas de caballo,

tan vasto tumulto,
tan sorprendiéndose
desvelado antes de su hora,
tan incoherencia, tan
como la imagen de una bola de arena
entre las manos, sin cohesión alguna.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Juegos alegóricos", 1991, Obra poética VI, Corregidor, Buenos Aires, 1992

Nota: Sin que esto signifique mucho más que lo se quiera hacerle significar, conste que este es el último poema del último libro de Alberto Girri.

Ilustración: Grullas atacando a pigmeos, en el Atlas catalán de los Cresques, 1375

Marianne Moore / Una aplanadora






A una aplanadora

La ilustración
no es nada para ti sin la aplicación.
Te falta la mitad del sentido. Aplastas todas las partículas
en apretada conformidad, y vas y vienes sobre ellas.

Las centelleantes astillas de piedra
son aplastadas hasta el nivel del bloque original.
Si no fuera "el juicio impersonal en materia
estética una imposibilidad metafísica", tú

podrías limpiamente alcanzarlo.
En cuanto a las mariposas, apenas concibo
la atención de una sobre ti, pero interrogar
la congruencia del complemento es vano, si es que existe.

Marianne Moore (Kirkwood, Missouri, 1887-Nueva York, 1972), "Selected poems", 1935, Complete Poems, Macmillian Publishing Company/Penguin Books, Nueva York, 1994
Versión de J. Aulicino

To a steam roller
The ilustration / is nothing to you without the application. / You lack half wit. You crush all the particles down / into close conformity, and then walk back and forth on them. // Sparkling chips of rock / are crushed down to the level of the parent block. / Were not "impersonal judgment in aesthetic / matters, a metaphysical impossibility," you // might fairly achieve / it. As for butterflies, I can hardly conceive / of one´s attending upon you, but to question / the congruence of the complement is vain, if is exists.


Ilustración: Diseño de Leonardo Da Vinci, siglo XV-XVI

sábado, julio 24, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 8




Purgatorio, Canto octavo


Era ya la hora en que vuelve el deseo
al corazón de los navegantes y lo enternece,
el día en que dicen adiós a los dulces amigos,

y en que el nuevo peregrino de amor
sufre, si desde lejos oye el tañido
que parece llorar el día muerto,

cuando comencé a dejar de lado
el canto y a mirar a una de las almas
que con la mano pedía que la oyeran.

Unió y levantó ella las palmas,
fijando los ojos en el oriente,
como diciendo a Dios: "De otro no espero".

El Te lucis ante tan devotamente
le salió de la boca y con tan dulce tono,
que me hizo a mí salirme de la mente,

y las otras luego, dulces y devotas,
la acompañaron en el himno entero,
con la mirada dirigida a las esferas.

Aguza aquí, lector, los ojos a la verdad;
el velo es ahora tan sutil
que pasar tras él te resultará ligero.

Yo vi a aquel ejército gentil,
callado contemplar el suelo,
como esperando, pálido y humilde;

y vi salir de lo alto y descender
dos ángeles con dos espadas encendidas,
truncas y privadas de sus puntas.

Eran verdes como hojitas brotadas
sus vestidos que, de verdes plumas
agitadas, traían ondulando detrás.

Uno, un poco sobre nosotros vino,
y el otro descendió en la otra orilla
y quedó en el medio la gente contenida.

Bien podía ver la cabeza rubia,
pero la cara me nublaba la vista,
como virtud que confunde por su exceso.

"Los dos vienen del seno de María",
dijo Sordello, "a cuidar el valle
de la serpiente que pronto llegará".

A lo que yo, que no sabía por dónde,
me volví alrededor y me estreché,
helado, a la espalda de mi duca.

Y Sordello aún: "Bajemos ahora
a las grandes sombras, y hablemos,
que vernos les será agradable".

Sólo tres pasos creo que había dado
y estuve abajo, y vi una que miraba
hacía mí, como si quisiese conocerme.

Era el momento en que el aire oscurecía,
pero no tanto que sus ojos y los míos
no pudieran ver lo que antes se ocultaba.

Hacia mí vino, y yo fui hacia él.
Juez Nino gentil, cuando te vi
lejos de los reos... ¡cuánto me alegré! *

No nos callamos ningún buen saludo.
Preguntó luego: "¿Cuándo llegaste
al pie de este monte en aguas tan remotas?"

"¡Oh!", le dije, "a través del lugar triste,
llegué esta mañana. En la primera vida estoy,
hasta que, andando así, tenga la otra".

Y no bien escucharon mi respuesta,
Sordello y él se replegaron
como gente de súbito extraviada.

Uno se volvió a Virgilio, y el otro a uno
allí sentado gritando: "¡Levántate, Conrado! **
Ven a ver lo que quiere la gracia de Dios".

Luego, vuelto a mí: "Por la singular gratitud
que le debes a quien se esconde
tras el primer porqué, que no vadea nadie,

"cuando estés al otro lado de las grandes ondas,
dile a mi Giovanna que pida por mí,
allá, donde a los inocentes se responde.

"No creo que su madre aún me ame,
luego que dejó las blancas vendas,
las cuales convendría que llevase.

"Por ella fácilmente se comprende
cuánto en la mujer fuego de amor dura,
si no hay ojos o tacto que lo encienden.

"No le hará tan bella sepultura
esa víbora del campo milanés
como le habría hecho el gallo de Gallura".

Así decía, su figura marcada
por el signo de aquel justo celo
que mesuradamente el corazón inflama.

Mis ojos golosos andaban por el cielo,
por allá donde las estrellas son más lentas,
tal como una rueda al eje más cercana.

Y el duca: "Hijo, ¿qué miras allá arriba?"
Y yo a él: "A esas tres antorchas
que del polo hacia acá encienden todo".

De dónde él: "Las cuatro estrellas claras
que vimos por la mañana ya bajaron,
y estas subieron donde estaban ellas".

Mientras hablaba, lo tomó Sordello
diciendo: "Mira allá nuestro adversario";
y extendió el dedo para señalarlo.

Por aquella parte en que no tenía reparo
el pequeño valle, había una serpiente,
tal vez la que dio a Eva el mal bocado.

Entre hierba y flor venía aquel reguero,
acá y allá moviendo la cabeza, y el dorso
lamiendo, como bestia que se limpia.

Yo no vi, y no puedo decir, por eso,
cómo se movieron los azores celestiales
pero vi bien a los dos en movimiento.

Oyendo a las verdes alas hender el aire,
huyó la serpiente, y los ángeles volvieron,
volando al mismo tiempo, a sus lugares.

La sombra que al juez se había unido
cuando llamó, durante aquel asalto
no se soltó ni un punto de mirarme.

"Que la lámpara que te lleva arriba
encuentre en tu arbitrio tanta cera
cuanta es necesaria para el sumo esmalte", ***

comenzó ella. "Si noticia verdadera
de Val di Magra o de parte vecina
sabes, dímela, que allá fui un grande.

"Fui llamado Conrado Malaspina;
no el antiguo: de él desciendo;
a los míos di el amor que aquí ennoblece".

"¡Oh!", dije yo, "por tus comarcas
nunca estuve; ¿pero dónde hay en Europa
alguien que no las haya oído mencionar?

"La fama que a tu casa honra
la proclaman señores y cabañas,
y la sabe el que allá no ha ido todavía;

"y yo te juro, me juzque el cielo,
que tu honrada gente no perdió
la gloria de su bolsa y de su espada.

"Usos y natura aún la privilegian,
que si el mal gobierno el mundo tuerce,
sola va derecho y desprecia mala senda".

Y él: "Ve ahora; que el sol no vuelva
siete veces al lecho que el Carnero
con sus cuatro patas cubre y monta,

"sin que esta cortés opinión
te sea clavada en la cabeza
con mejores clavos que otro sermón,
si el juicio en su curso no se arredra".


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino



* Ugolino Visconti, juez de Gallura, en Cerdeña; jefe güelfo. Dante lo conoció en Florencia y abrigaba alguna duda, al parecer, de que pudiera estar en el infierno (Cuando te vi lejos de los reos... ¡cuánto me alegré!). La mencionada Giovanna es su hija. Su mujer, Beatriz de Este, casó en segundas nupcias con Galleazzo de Milán, dejando, en consecuencia, las vendas blancas que en señal de luto usaban las mujeres sobre el pecho. El escudo del milanés mostraba una serpiente, y el de la familia de Ugolino, un gallo, que son a los que aludirá el juez.

** Conrado Malaspina, nieto de Conrado el Antiguo, procedía de una casa, entre la Liguria y Toscana, conocida por su prodigalidad, que aludirá Dante cuando hable del honor y gloria de su "bolsa" a la par del de su espada. Familiares de Conrado dieron hospitalidad al poeta durante su exilio. Conrado había muerto unos años antes.

*** Smalto (esmalte) era usado antiguamente en sentido figurado para referirse a cualquier extensión verde y florida; en este caso, se trata del Paraíso: sommo smalto.En esta estrofa, se inicia una complicada invocación de Conrado, tal vez deliberadamente introducida por Dante autor para señalar algún acontecimiento que esperaba se realizara. Siete veces el sol en el Carnero (Aries) es una alusión segura a un plazo temporal y quizá también una referencia encubierta a un líder político. Algunos comentaristas han querido encontrar aquí indicios de la actividad desarrollada por Dante en el exilio, que siempre se dirigió a que en un plazo corto su patria pudiera ser liberada del poder corrupto de la Iglesia. De tales mesiánicas alusiones (algunas evidentes, otras no tanto) se hallarán otras en el Purgatorio.

Texto del original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 8, 1960-64, Salvador Dalí

Edgar Bayley / Del doctor Pi




La cascada y la lingüista

El doctor Pi se encontraba bajo una cascada. Se había refugiado allí mientras esperaba a Marta. Llegaría de un momento a otro. Era lo convenido. Poco podía ver Pi a través de las aguas y ya anochecía. "No importa -se dijo el doctor Pi- la llegada de Marta todo lo justificará." Y siguió esperando. Al rato, de entre las aguas de la cascada alguien apareció. No era Marta. Era una lingüista, especializada en estilística, que, sin saludarlo, le dijo:
-Antes que nada convengamos en que discurso es toda enunciación integrada por un locutor y un auditor.
El doctor Pi sacó de un bolso un calentador portátil y un farol. Llegaban ya el aire y el ruido de la noche cercana.
-Vamos despacio -dijo Pi.
-Y hay varias clases de discurso -prosiguió la lingüista-. Tenemos, por ejemplo, el discurso indirecto y el discurso indirecto libre. Le aclaro -agregó la señora dando unos pasos hacia él (era rubia, rebosante, de piel cobriza, desmelenada, y llevaba una túnica roja)-, que el discurso indirecto libre se produce por la omisión de verbos introductores y nexos.
- Eso debe ser verdad -dijo Pi-, pero me estoy mojando, está haciendo frío, oscurece, espero a Marta y tengo ganas de acostarme con ella.
-Hermoso estilema -dijo la lingüista y se acercó un poco más a Pi.
De pronto apareció Marta. La lingüista se fue.
Pi abrazó y besó a Marta y la saludó con estas palabras:
- La desfamiliarización del significante no se resuelve en una degradación de su carga semántica.

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990), "Vida y memoria del doctor Pi", Obras, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999

Ilustración: Priestess of Delphi, 1891, John Collier

viernes, julio 23, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 7



Canto séptimo

Luego que el recibimiento honesto y alegre
fue reiterado tres y cuatro veces,
Sordello se inclinó hacia atrás y dijo: "¿Tú, quién eres?"

"Antes de que a este monte fuesen enviadas
las almas dignas de subir a Dios,
mis huesos fueron por Octavio sepultados.

"Yo soy Virgilio; y por ninguna otra culpa
que la de no tener fe no tuve el cielo".
Así respondió entonces el duca mío.

Como el que delante de sí
ve de pronto algo que lo maravilla,
y cree y no, diciendo, "Es... no es...",

tal quedó aquel; luego inclinó la frente
y humildemente se acercó otra vez,
y lo abrazó, donde abraza un niño. *

"Oh gloria de los latinos", dijo, "por quien
mostró lo que podía nuestra lengua,
oh blasón eterno del lugar en el que fui,

"¿qué mérito o qué gracia a mí te muestra?
Si soy de oír tus palabras digno,
dime si vienes del infierno, y de qué círculo".

"Por todos los del doliente reino",
repuso él, "aquí he venido;
virtud del cielo me mueve, y con él vengo.

"No por hacer, sino por no hacer he perdido
ver el alto Sol que tú deseas
y que tarde por mí fue conocido.

"Abajo hay un Lugar no triste de martirios,
sólo de tinieblas, donde los lamentos
no suenan como gritos, sino como suspiros.

"Allí estoy con los párvulos inocentes,
mordidos por los dientes de la muerte antes
que fueran de la humana culpa dispensados;

allí estoy con los que no vistieron
las tres santas virtudes, y sin vicio
supieron de las otras, y las siguieron.

"Pero si tú sabes y puedes, algún indicio
danos, para que podamos subir rápido allá,
donde el purgatorio tiene recto inicio".

Respondió: "Lugar cierto no me dieron;
lícito es para mí subir y andar en torno.
Hasta donde pueda, como guía te acompaño.

"Pero mira ya cómo declina el día,
y andar allá, de noche, no se puede;
bueno sería pensar dónde quedarnos.

"Almas hay, a la derecha de acá, remotas:
si me permites, te llevare con ellas,
y tendrás deleite en conocerlas".

"¿Cómo es eso?", fue dicho. "¿El que quisiese
subir de noche sería detenido
por alguien, o no sube el que no puede?"

Y el buen Sordello por la tierra pasó el dedo,
diciendo: "¿Ves?, ni de esta raya
pasarías después que el sol haya partido:

"no porque otra cosa detenga la subida
más que la nocturna tiniebla
que te quita la voluntad con impotencia.

"Pero bien se puede con ella volver atrás
y pasear junto a la costa, errando,
mientras el día cierre el horizonte".

Entonces mi señor, casi admirado,
"Llévanos", dijo, "donde tú dices
que puede ser la espera placentera".

No mucho nos habíamos alejado,
cuando vi una cañada en aquel monte,
igual que los valles de aquí abajo.

"Al sitio", dijo la sombra, "iremos,
en donde la costa hace un regazo,
y allí el nuevo día esperaremos".

Entre cuesta y llano había un sendero oblicuo
que conducía al extremo de aquel valle,
donde más bajo que los otros muere el borde.

Oro y plata fina, concha y albayalde,
añil, leño lúcido y sereno,
fresca esmeralda en el punto en que es más débil,

por la hierba y la flor que había en ese seno,
cada uno en sus colores sería vencido
como por su mayor es vencido el menos.

No había solamente natura allá pintada,
sino suavidad de miles de olores
que hacían uno, incógnito y distinto.

Salve, Regina, sobre el verde y las flores,
sentadas allí cantando ánimas vi,
que en el valle no parecían desde fuera.

"Antes que el poco sol se anide",
comenzó el Mantuano hacia nosotros,
"entre aquellos no quieran que los guíe.

"Desde esta altura, actos y rostros
conocerán mejor de todo ellos,
que reunidos con tales allá abajo.

"Aquel que se sienta más alto y tiene cara **
de haber descuidado lo que debía hacer,
y que no mueve la boca con el canto,

"Rodolfo emperador fue, y podía sanar
las plagas que a Italia tienen muerta,
tal que más tarde renacerá por otros.

"El otro, que con la vista lo conforta,
reinó en la tierra donde nace el agua
que el Moldava lleva al Elba, y el Elba al mar.

"Otocar se llamó, y ya en pañales
fue mucho mejor que Wenceslao, su hijo
barbudo, quien en lujuria y ocio pace.

"Y el naricitas, que en estrecho conciliábulo
parece estar con el de benigno aspecto,
murió escapando y desflorando el lirio:

"¡miren allá cómo se bate el pecho!
Miren el otro que hizo de su palma
para su mejilla, suspirando, un lecho.

"Padre y suegro son del mal de Francia:
fueron sus vidas sucias y viciosas,
de ahí viene el dolor que los lancea.

"Aquel tan membrudo y que concuerda
cantando, con aquel del naso macho,
de cada valor llevó ceñida cuerda;

"y si rey después de él hubiese sido
el jovencito que tras él se sienta,
habría ido el valor de vaso en vaso,

"lo que no se puede decir del otro rey;
Jaime y Federico tienen los reinos;
el legado mejor, ninguno tiene.

"Raras veces en las ramas se propaga
la humana probidad; y esto quiere
quien la da, y de ellos se reclama.

"También por el narigón van mis palabras,
no menos que por el otro, Pedro, que con él canta,
por quien Pulla y Provenza se lamentan.

"Tanto es la planta menor que la semilla,
cuanto más que Beatriz y Margarita,
Constanza de su marido se envanece.

"Miren el rey de la vida simple,
sentado allá solo, Arrigo de Inglaterra:
tiene en sus ramas su mejor herencia.

"Aquel que más bajo se sienta en tierra,
mirando hacia arriba, es Guillermo marqués,
quien, por Alejandría y por su guerra,
hace llorar a Monferrato y Canavés".



Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino

* Esto es, cayó de rodillas y abrazó las piernas de Virgilio.

** Sordello pasará a contar quiénes son los reunidos en torno a la dulce canción en el paradisíaco valle. No son santos, sino nobles, guerreros e intrigantes. Rodolfo, el Ausburgo, ya recibió la diatriba de Dante en el canto anterior, junto con su hijo Alberto, pues ninguno de los dos luchó por sus derechos en Italia. Otocaro II, rey de Bohemia, violó los pactos de vasallaje a Rodolfo; según Sordello, el hijo de Otocaro, Wenscelao, fue peor, pero ambos tuvieron vidas reprobables. Felipe II, rey de Francia, a quien Sordello llama "naricitas", murió de tristeza tras ser derrotado por Pedro de Aragón; de allí lo de "desflorar el lirio", enseña del escudo real. El de "benigno aspecto" es Enrique II, rey de Navarra. Ambos fueron padre y suegro de Felipe, el Hermoso, rey de Francia entre 1285 y 1314, quien ejecutó a los jefes de los Templarios y saqueó sus bienes; era considerado por Dante el más corrupto de los monarcas de su tiempo. El "membrudo" es el propio Pedro de Aragón, casado con Constanza, la hija del germano Manfredo, a quien derrotaron Carlos de Anjou y la Iglesia según se narra en el Canto Segundo. El de "maschio naso" (diríamos nosotros, "nariz machaza") es el propio de Anjou, el aliado con la Iglesia para recuperar Sicilia de manos de Manfredo y autor de crímenes infames, según creía Dante, entre otros, el de Santo Tomás. El jovencito es Alfonso III. La Pulla era el nombre del reino de Nápoles, que junto con la Provenza fueron el legado de Carlos II. La "planta" es inferior a Carlos I, la "semilla", tanto como fue superior a éste Pedro III. Beatriz y Margarita fueron esposas de Carlos I y Carlos II, y Constanza, como se dice más arriba, de Pedro III. El rey de Inglaterra, Enrique III, parece mejor que los demás y está apartado. Más abajo se sienta el marqués Guillermo de Monferrato, puesto que no fue rey. Gibelino, es decir partidario del imperio, fue llamado Spadalunga (espada larga) y, prisionero de los güelfos (papistas) en la ciudad italiana de Alejandría de la Paglia, murió encerrado en una jaula. Su hijo Juan arrasó Alejandría. Dante no encontró, al parecer, motivos suficientes para imaginar todas estas almas en el infierno. Sus tremedas figuras parecen casi grotescas en el escenario edénico en el que cantan, como devotos, mientras Sordello resume sus daños.


Texto original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 7, 1960-64, Salvador Dalí

Marina Ivánovna Tsvetáyeva / Dos poemas




A mis versos…

A mis versos escritos tan temprano,
que no sabía yo que era poeta,
brotados como chorros de una fuente
como chispas de un proyectil,

llegados como diablos diminutos
al templo del incienso y del sueño,
a mis versos de muerte y juventud
-¡Intactos! ¡No leídos! ¡Solos!

Dispersos entre el polvo de las tiendas,
donde nadie los ve ni los verá.
como a vinos excelsos a mis versos,
también les llegará su hora.

Koktebel, 13 de mayo de 1913


Mi día…

Mi día es desordenado y absurdo:
al poderoso le pido pan,
al rico le ofrezco una limosna,

enhebro en una aguja – un rayo,
al ladrón confío – la llave,
con cascarilla doy color a mi pálido rostro.

El pordiosero no me da pan,
el rico no acepta mi dinero,
el rayo no entra por la aguja.

El ladrón entra sin llave,
y yo, tonta, me deshago en lágrimas-
por un día vano e inútil.

27 de julio de 1918

Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892-Yelábuga, 1941), Un espíritu prisionero, traducción de Selma Ancira, Galaxia Gutenberg, España, 1999

Ilustración: Bajo la nieve, 2004-2005, Ilya & Emilia Kabakov

jueves, julio 22, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 6




Purgatorio, Canto sexto

Cuando se termina el juego de la zara, *
aquel que pierde se queda dolorido,
repitiendo los lances, y triste aprende;

con el otro se va toda la gente:
uno va delante, otro de atrás lo toma,
y uno, al lado, le llena la cabeza;

él no se amilana, y esto y lo otro escucha;
al que le dio la mano, se la suelta,
y así de la pandilla se defiende

Tal era yo en aquella turba espesa,
volviendo a ellos, allá y acá, la cara,
y, prometiendo, me libraba de ella.

Allí estaba el Aretino, que de los brazos **
fieros de Ghin de Tacco tuvo la muerte,
y el otro, que se ahogó yendo a la caza.

Allí rogaba con las manos levantadas
Federico Novello, y aquel de Pisa
que hizo parecer fuerte a Marzucco.

Allí el conde Orso y el alma separada
de su cuerpo por odio y por envidia,
como él decía, no por culpa cometida;

Pier da la Broccia nombro; y que se arrepienta,
mientras esté en la tierra, la dama de Brabante,
para que no vaya a andar con peor ralea.

Cuando me libré de todas las sombras
que rogaban para que otros rogasen,
tan apuradas por hacerse santas,

yo comencé: "Parecería que me niegas,
oh luz mía, que esté expresado en algún texto
que al decreto del cielo la oración doblega;

"y esta gente, sin embargo, ruega por esto:
¿será entonces su esperanza vana,
o no comprendo bien lo manifiesto?"

Y él a mí: "Mi escritura es llana;
y la esperanza de éstos es certera,
si bien se mira con la mente sana;

"que la cima de juicio no se alcanza
porque fuego de amor cumpla en un punto
la satisfacción que deben los que llegan;

"y donde yo traté sobre este asunto,
no se enmendaba, por rezar, defecto,
porque el rezo de Dios estaba lejos.

"Realmente en tan alta duda no te pares,
hasta que aquella no te diga
qué luz hay entre la verdad y el intelecto.

"No sé si me entiendes: hablo de Beatriz;
tú la verás arriba, en la cumbre
de este monte, feliz y sonriente".

Y yo: "Señor, vayamos más de prisa,
que ya no me fatigo como antes,
y veo ya que el monte arroja sombra".

"Iremos con el día por delante",
repuso, "todo lo que podamos;
pero no es la cosa como la imaginas.

"Antes de llegar arriba, verás regresar
aquel que ya se oculta tras la cuesta,
tal que sus rayos ya no quiebras.

"Pero mira allá un alma que, quieta,
sola solita, mira hacia nosotros:
esa nos enseñará la vía más corta".

Llegamos a ella: oh ánima lombarda,
¡cómo te estabas altanera y desdeñosa
y en el mover los ojos, honesta y tarda!

Ella no nos decía cosa alguna,
pero nos dejaba pasar, sólo mirando
a modo de león cuando reposa.

Pero Virgilio se acercó rogando
que nos mostrase la mejor subida;
y aquella no respondía a su demanda,

pero de nuestra tierra y de la vida
nos interrogó; y el dulce duca comenzaba:
"Mantua...", y la sombra, toda en sí sumida,

se alzó hacia él desde el lugar en donde estaba,
diciendo: "¡Oh mantuano, yo soy Sordello ***
de tu tierra!"; y uno y otro se abrazaron.

¡Ah sierva Italia, del dolor albergue, ****
nave sin timonel en gran tormenta,
no señora provinciana, sino burdel!

Aquella ánima gentil estuvo así dispuesta,
sólo al dulce sonido de su tierra,
a hacer a su paisano aquella fiesta;

y ahora en ti no están sin guerra
tus vivos, y uno al otro se atormentan
aquellos a quienes un mismo muro encierra.

Busca, mísera, a lo largo de las playas
tus marinas, y luego mira en ti
si alguna parte goza de la paz.

¿De qué vale que te acortase el freno
Justiniano, si la silla está vacía?
Sin eso, tu vergüenza sería menor.

Ah gente que debiste ser devota,
y dejar sentar a César en la silla,
si entendieras lo que Dios te anota,

mira cómo esta fiera es indomable,
por no ser corregida con espuelas,
luego que pusiste mano en esa rienda.

¡Oh Alberto alemán que abandonas
a la que se hizo indómita y salvaje,
y debiste espolear en sus ijares,

justo juicio de las estrellas caiga
sobre tu sangre, y sea nuevo y claro,
tal que tu sucesor le tenga miedo!

Que han, tú y tu padre, tolerado,
distraídos allá por la codicia,
que el jardín del imperio sea un desierto.

¡Ven a ver Montescos y Capuletos,
Monaldos y Filipescos, hombre sin cuidado:
¡aquellos tristes, y éstos con recelos!

¡Ven, cruel, ven, y mira la opresión
de tus gentiles, y cura sus defectos,
y verás cómo es Santaflor de oscura!

Ven a ver a tu Roma que llora,
viuda y sola, y de noche llama:
"Mi César, ¿por qué no me acompañas?"

¡Ven a ver la gente cuánto se ama!
y si nada nuestro a piedad te mueve,
ven a avergonzarte de tu fama.

Y si me permites, oh sumo Jove,
que en tierra fuiste por nos crucificado,
¿están tus ojos justos vueltos a otro lado?

¿O es preparación que en el abismo
de tu juicio haces, para algún bien,
de nuestro entendimiento separado?

Porque las ciudades de Italia todas llenas
están de tiranos, y un Marcelo se vuelve
cada aldeano que milita en algún bando.

Florencia mía, puedes estar contenta
por esta digresión que no te toca,
gracias a tu pueblo, que así lo piensa.

Muchos tienen en el corazón justicia
y tarde se acuerdan de tender el arco;
pero tu pueblo la tiene a flor de labios.

Muchos rechazan la común caridad;
pero tu pueblo solícito responde,
sin ser llamado: "¡Yo me encargo!"

¡Ponte contenta, que tú tienes dónde:
tú rica, tú con paz, tú con juicio!
A decir verdad, el efecto no lo esconde.

Atenas y Lacedemonia que hicieron
las antiguas leyes y fueron tan civiles,
dieron con su buen vivir pequeño ejemplo,

frente ti, que haces tan sutiles
decretos, que a mitad de noviembre
no llegan los que en octubre hiciste.

¡Cuántas veces, en el tiempo que recuerdas,
leyes, moneda, oficio y costumbres
has mudado, y renovado ciudadanos!

Y si bien recuerdas, y ves la luz,
te verás semejante a aquella enferma
que no puede descansar sobre las plumas,
y dando vueltas su dolor aumenta.

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino



* Antiguo juego de dados. El grito de ¡Zara! proferido ante el golpe de suerte, parece provenir del árabe zahr, dado, la misma raíz de azar en castellano

** Dante presenta a más almas de muertos por la violencia: Benincasa de Caterina, el Aretino, fue juez y jurista. Un forajido, Ghino de Tacco, entró al tribunal durante un proceso, en Roma, lo mató, lo decapitó y se llevó la cabeza. Tacco, que asolaba Maremma, fue perdonado por el Papa y nombrado caballero de San Juan. Murió asesinado. "El otro", ahogado cuando fue a la caza, es Guccio Tarlati de Pietramala, muerto en el Arno mientras perseguía a sus enemigos, tras la batalla de Campaldino. Federico Novello era nieto del emperador Federico II y gobernó Florencia. Fue muerto en circunstancias dudosas. "Aquel de Pisa" que dio coraje a Marzucco era el hijo de éste, Farinata de Scoringiani, muerto por el conde Ugolino. El conde Orso murió como consecuencia de una venganza. Pier de la Brosse, cirujano, aconsejó a Felipe de Francia acerca de las intrigas de su segunda esposa, María de Brabante: fue acusado de conspiración y ahorcado en 1267; Dante previene a la Brabante que mejor le sería arrepentirse para estar allí y no descender al Infierno (la "peor ralea").

*** Sordello da Goito o Sordel de Goit fue un trovador mantuano, entendido en literatura, muerto en 1269. Sirvió en distintas cortes, en España, Francia e Italia. Dante Alighieri lo elogia en De vulgari eloquentia pues "se sirvió de la patria lengua vulgar". Aquí, perdona su soberbia, a la que compensa atribuyéndole la virtud de la honestidad, de valor muy elevado, y de significado más amplio que el actual, asimilable a la nobleza.

**** Se desencandena a partir de esta estrofa un durísimo alegato contra Italia y, en particular, contra Florencia. Primero Dante apostrofa a la Iglesia, cuya silla está vacía desde que sus pontífices no supieron tomar las riendas (las leyes) que heredaron del emperador Justiniano (527-565), y tampoco han visto la necesidad de devolver los fueros políticos a los laicos. Recuerda lo que "Dios anota", esto es, probablemente, el dar al César lo que es del César. Luego, arremete contra el monarca alemán Alberto de Ausburgo, hijo de Rodolfo y "rey de los romanos" (no llegó a ser coronado emperador) entre 1298 y 1308, quien desoye el llamado histórico, en opinión de Alighieri, a tomar el lugar de Julio César. Le reprocha el desinterés por los italianos, "jardín del imperio", divididos en mil facciones, de las que cada jefe es un "Marcelo", en alusión al cónsul Cayo Claudio Marcelo, opositor enconado del César. Santaflor es mencionado como oscuro por ser un condado absolutamente dominado por la violencia política en esos años. La diatriba muestra a la vez el desencanto de Dante, exiliado y lejos ya de los güelfos (papistas), por la Iglesia y el imperio germánico. En la encrucijada, es probable que Dante se inclinara por un emperador que provieniese de otro reino. Rota su adhesión al papado, durante sus exilio de hecho apoyó al emperador Enrique de Luxemburg, Enrique VII, coronado en 1308, a quien mencionará otras veces en el Purgatorio e indirectamente en el Paraíso. Es claro su repudio irónico -una ironía dura que apenas se vio en el Infierno- a la mezquina anarquía de su patria, y su opción por un poder unificador.

Texto del original: Mediasoft.it

Ilustración: El Purgatorio, Canto 6, 1960-64, Salvador Dalí

miércoles, julio 21, 2010

Juan Rodolfo Wilcock / de "Italianisches Liederbuch"




25. ¿Qué calma es ésta sobre Monte Cavallo?

¿Qué calma es ésta sobre Monte Cavallo?
Te he imaginado en aquel palacio,
hay un hermoso jardín atrás sobre el Traforo
y adelante dos jóvenes con caballos
cerca de una copa de granito ceniciento:
abajo está Roma, inmersa en el petróleo.
Y ya te veo salir entre los guardias,
tiránica niña sonriente,
y cerrar la puerta del Quirinale
distraídamente, como tantas otras puertas
que habrás cerrado y abierto en tu vida.
¿Y se ha visto jamás caminar mejor,
llevar un paquete de libros con más gracia,
y volver con la sola presencia
regio un palacio que nunca lo fue?
¡Romanos, son casi treinta siglos
que adornan y destrozan esta ciudad
con obeliscos y Dioscuros y emperadores
y presidentes y expendedores de nafta,
y todavía les queda la capacidad
de arremeter con semejante maravilla!

Juan Rodolfo Wilcock (Buenos Aires, 1919-Viterbo, Italia, 1978), Italienisches Liederbuch, traducción de Guillermo Piro, editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2010

25. Che calma è questa sopra Monte Cavallo?
Che calma è questa sopra Monte Cavallo? / Ho immaginato te in quel palazzo, / c'è un bel giardino dietro sul Traforo / e davanti due giovani con cavalli / presso una coppa di granito bigio: / sotto c'è Roma, inmersa nel petrolio. / E già ti vedo uscire tra le guardie, / tirannide fanciulla sorridente, / e chiudere la porta del Quirinale / distrattamente, come tante altre porte / che avrai chiuso e dischiuso nella tua vita. / E si è mai visto camminare meglio, / portare un pacco de libri con più grazia, / e insomma rendere con la sola presenza / reggia una reggia che non lo fu mai? / Romani, sono circa trenta secoli / che adornate e rompete questa città / con obelischi e Dioscuri e imperatori / e presidenti e pompe di benzina, / e ancora vi rimane la capacità / di sbatterci una tale meraviglia!


Ilustración: La flagelada y la bacante, siglo I a.C., Villa de los Misterios, Pompeya

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 5




Canto quinto

Había ya de aquellas sombras partido,
y seguía las huellas de mi duca,
cuando detrás de mí, alzando el dedo,

una gritó: "¡Vean, no parece que trasluzca
el rayo de siniestra, el de más abajo,
y se conduce como si estuviera vivo!"

Los ojos volví al oír estas palabras,
y lo vi mirar como a una maravilla
a mí, a mí y a la luz que se quebraba.

"¿Por qué el ánimo tuyo allí se emplea?",
dijo el maestro, "que el andar demoras?
¿qué te importa lo que allí gorjean?

"Ven detrás de mí, deja que la gente diga:
sé como torre a la que, por más que sople,
el viento no logra derribar la cima;

"que siempre el hombre en cuyo pensamiento
otro pensamiento brota, se aleja de la meta,
porque el ímpetu de uno al otro debilita".

¿Qué podía reponer, si no "voy"?
Lo dije, un poco cubierto del color
que a veces hace a un hombre digno.

Y en tanto, por la cuesta atravesando,
venían gentes delante de nosotros,
cantando Miserere, verso a verso.

Cuando vieron que no daba lugar
por mi cuerpo al paso de los rayos,
se hizo el canto un "oh!", ronco y largo;

y dos de ellos, como mensajeros,
corrieron hacia nosotros y demandaron:
"De vuestra condición, hacednos sabios".

Y mi maestro: "Pueden ir y contestarle
a quien los ha mandado
que el cuerpo de éste es carne verdadera.

"Si para ver su sombra se pararon,
como yo creo, ya tienen la respuesta:
háganle honor, que puede honrarlos".

Vapores encendidos no vi tan rápidos
al nacer la noche hender el sereno,
ni, sol menguando, nubes de agosto,

como aquellos regresaron más arriba;
y, junto con los demás, volvieron
a nosotros, como tropa ya sin freno.

"Esta gente que a nosotros viene es mucha,
y vienen a rogarte", dijo el poeta:
"pero tú camina, y andando escucha".

"Oh alma que vas a ser dichosa,
con los miembros con los que naciste",
venían gritando, "un poco el paso aquieta.

"Mira si a alguno de nosotros viste,
tal que de él allá lleves noticias;
ah, ¿por qué te vas? ah, ¿por qué no te detienes?

"Nosotros fuimos por la fuerza muertos,
y pecadores hasta la última hora;
entonces nos hizo sabios la luz del cielo,

"tal que, arrepintiéndonos y perdonando,
de la vida salimos en paz con Dios
y el deseo de verlo nos aflige".

Y yo: "Por más que en sus rostros miro,
no reconozco a ninguno; mas, si les place
algo que pueda, espíritus bien nacidos,

"díganlo, y yo lo haré por esa paz
que, tras los pies de mi guía señalado,
de mundo en mundo me llevan a buscar".

Y uno comenzó: "Cada uno se fía
del beneficio tuyo sin jurarlo,
a menos que tu voluntad sea impedida.

"Por lo que yo, que ante los otros hablo, *
te ruego, si ves de nuevo aquel país
que está entre la Romaña y el de Carlos,

"que tú de tus ruegos me hagas cortesía
en Fano, tal que por mí se rece bien
para que pueda purgar las ofensas graves.

"De allí fui yo; mas los profundos agujeros
por los que salió la sangre en que vivía
me los hicieron en el seno de los Antenores,

"allá, donde más seguro creía estar:
el de Este lo mandó, que en ira me tenía,
mucho más de la que tolera la justicia.

"Pero si hubiese huido hacia la Mira,
cuando alcancé Oriaco,
todavía estaría donde se respira.

"Corrí al pantano, y las cañas y el barro
me atraparon de modo que caí; y de mis venas
vi hacerse en tierra un lago".

Luego dijo otro: "¡Ah, si el deseo
que te trajo al alto monte
se cumple, ayuda al mío!

"Yo fui de Montefeltro, soy Bonconte; **
Giovanna y otros de mí se olvidan;
por eso voy entre estos con la frente baja".

Y yo a él: "¿Qué fuerza, qué ventura,
te arrastró tan lejos de Campaldino,
que nunca se supo de tu sepultura?"

"¡Oh!", respondió, "al pie del Casentino
atraviesa una agua que se llama Arquiano,
que sobre el Eremo nace, en el Apenino.

"Adonde su nombre se hace vano,
llegué herido en la garganta,
huyendo a pie y enrojeciendo el llano.

"Allá perdí la vista y mi palabra
con el nombre de María terminó,
allí caí, y allí quedó mi carne sola.

"Te diré la verdad y dila entre los vivos:
el ángel de Dios me tomó, y el del infierno
gritaba: 'Oh tú, el del cielo, ¿por qué me privas?

"'¡Tú te llevas de este lo eterno
por una lagrimita que me quita;
pero de lo otro haré gobierno!'

"Bien sabes cómo en el aire se recoge
aquel húmedo vapor que en agua llueve,
no bien sube donde lo toma el frío.

"Se juntó el mal querer, que quiere el mal,
con el intelecto, y movió nube y viento
por el poder que tiene su naturaleza.

"Entonces el valle, cuando se apagó el día,
desde Pratomagno al monte se cubrió
de niebla; y el cielo se hizo más pesado,

"tal que el denso aire se volvió agua;
cayó la lluvia y fue a las zanjas
todo lo que la tierra no absorbió;

"y como se juntó en grandes torrentes,
hacia el río principal tan velozmente
se arrojó, que nada pudo contenerla.

"Mi cuerpo helado, en su embocadura
encontró el dicho Arquiano, y al Arno
lo empujó, y deshizo la cruz que en el pecho

"hizo de mí cuando me venció el dolor;
me agitó por la orilla y por el fondo,
luego con sus presas me cubrió y ciñó".

"Ah, cuando hayas regresado al mundo,
y descansado de la larga vía",
siguió el tercer espíritu al segundo,

"acuérdate de mí, que soy la Pía: ***
Siena me hizo, me deshizo Maremma:
lo sabe aquel que cuando era viuda,
volvió a desposarme con su gema".

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino

* Jacoppo de Cassero, jefe güelfo, a quien hizo matar Azón II de Este a fines del 1200 en las ciénagas de Oriaco, cerca de Padua, fundada mitológicamente por Antenor, es el primero que habla en nombre de las almas de los que murieron violentamente. La figura "la sangre en la que vivía" alude, según los comentaristas, a la creencia, fundada en Empédocles, de que la sangre es la sede del alma

** Hijo del conde Guido de Montefeltro. Combatió en 1286 en Campaldino, donde se supone murió, aunque su cuerpo nunca fue encontrado. Dante participó de esa batalla del lado de los florentinos güelfos. Sin embargo, es posible que hacia el tiempo en que escribió la Comedia, simpatizara con los gibelinos de Montefeltro, según la interpretación que hacen algunos comentaristas a ciertas alusiones del primer Canto del Infierno (ver nota correspondiente). El hijo de Montefeltro está tan avergonzado de que su mujer y demás deudos no lo recuerden, que marcha con la frente baja, incluso entre quienes fueron sus enemigos

*** Pia Tolomei, dama de Siena, casada en segundas nupcias con Pannochieschi, señor del castillo de Pietra, quien la arrojó en 1295 por una ventana a las marismas. La historia, hecha de las habladurías de la época, supone que su nuevo marido la creía infiel, o que en verdad quería casarse con una nueva heredera, rica y hermosa, aunque no lo consiguió. Con la breve aparición del personaje en los últimos versos de este canto, Dante convierte el relato de "la Pía" en uno de los más conmovedores de la Comedia. Su ruego elemental ("recuérdame") y su conciso "Siena me hizo, me deshizo Maremma", contrastan marcadamente con los ornamentados relatos que de sus penurias hacen Cassero y, sobre todo, Montefeltro.

Texto original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 5, 1960-64, Salvador Dalí

Derechos de autor

Sobre la supresión de algunos poemas

Una buena cantidad de poemas de autores irlandeses, traducidos por argentinos, fueron retirados de este blog. Esto se debe a una advertencia concreta de un organismo oficial de promoción cultural irlandés acerca de que un colega estaba violando, con sus publicaciones, la normativa internacional sobre derechos de autor.
He dejado en el blog aquellos poemas que provienen de libros publicados en papel, con cita de la fuente, y que han tenido el consentimiento explícito o tácito de sus editores. Básicamente, los de la antología publicada por José Luis Mangieri en 1999 con "el apoyo financiero del Ireland Literature Exchange (ILE)", organismo que, supongo, continuará interesado en la promoción de los autores por cuya traducción y publicación pagó.
Bastará una advertencia directa del ILE para que retire incluso esos poemas.
La lamentable situación se origina en una mal entendida protección de los derechos autorales en la Internet, que impide mostrarse flexible ante un nuevo tipo de circulación de los textos, que malamente podría producir rédito económico a sus editores, de modo tal que también los autores pudieran usufructuarlo.
Aun así, a los autores asiste el derecho de autorizar o no la publicación de sus textos por cualquier medio, incluidos los medios electrónicos, ya que son autores y propietarios de sus obras.
El Tratado de la OMPI sobre Derecho de Autor (WCT, por sus siglas en inglés) suscrito en 2002 tiene la finalidad expresa de "modernizar la legislación internacional en materia de Derecho de Autor y adaptarla a la era digital". En tal sentido, señala que "los autores de obras literarias y artísticas gozarán del derecho exclusivo de autorizar cualquier comunicación al público de sus obras por medios alámbricos o inalámbricos".
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) está formada por 164 naciones, entre ellas Argentina e Irlanda.
Como puede verse, la adaptación de la norma a la era digital prevista por la OMPI no es más que la extensión de la legislación universal sobre derechos de autor a las nuevas formas de reproducción.
Los convenios que los países miembros suscriben en la OMPI no tienen en cuenta que la circulación de textos de poesía en la red no suele promover rédito económico a los editores, especialmente a los de sitios de poesía, y que la selección que los editores digitales acostumbran hacer es mayormente fragmentaria. Tampoco considera que este tipo de publicación redunda en promoción y afecta mucho menos de lo que beneficia a los autores, especialmente a los de poesía.
Por último, la protección de los derechos de los autores no suele tener en cuenta los derechos de los traductores, quienes muchas veces, como ocurre en este blog, están interesados en publicar sus trabajos en los medios digitales sin cobrar retribución, y de hecho los publican.
La OMPI dice: "La protección del derecho de autor abarcará las expresiones pero no las ideas, procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos en sí." Tal vez se pueda considerar la traducción como el mejor modo de mantener viva una "idea" original, aunque no las "expresiones" del autor. Si así fuera, los poemas de poetas irlandeses ahora suprimidos se podrían haber mantenido en este blog sin violar la norma universal sobre derechos de autor.

Jorge Aulicino


Aclaración del ILE en Derechos de autor, 2

Authorship
About the deletion of some poems

A great number of poems from Irish authors, translated by Argentinians, were removed from this blog. This is due to a specific warning from an Irish Government Agency of Cultural Exchange to a colleague of ours who was violating the international copywright laws, with the poems posted in his blog,.
I’ve only left posted on this blog those poems published in paper books, quoting the source, and that have had the explicit or tacit consent of their publishers. I have basically left the ones belonging to the anthology published by José Luis Mangieri in 1999, with the “financial support of the Ireland Literature Exchange (ILE)”, agency which, I take for granted, will still be interested in promoting authors whose translations and publications were paid for. A simple and direct warning from the ILE will be enough for me to remove those poems also.
The unfortunate situation is originated in an ill interpretation of the protection of rights on the Internet, that prevents from any flexibility to face a new type of circulation of texts which would hardly bring about any economic revenue to their editors so that authors could also profit from it.
Nevertheless, authors have the right to authorize or prohibit the publication of their texts by any means, including electronic ones, just because they themselves are the authors and the owners of their works.
The WCT (WIPO Copyright Treaty), signed in 2002 takes aim at “modernizing the international copyright legislation and adapt it to the digital era”. In this regard, it points out that “authors have the exclusive right to authorize the publishing of their literary and art works by wire or wireless means”.
The World Intellectual Property Organization (WIPO) is composed by 164 countries, including Argentina and Ireland.
As anyone can see, the accomodation of the law to the digital era provided by the WIPO is merely the extension of universal laws on copyright to new forms of publishing. The conventions to which Member States subscribe to at WIPO do not have in mind that the circulation of poetry texts in the network does not lead publishers to profiteering, especially in the case of poetry sites, nor do they take into account that the selection usually made by digital publishers is mostly partial. Neither do they consider that this type of publication means promotion, and that benefits for the authors are bigger than disadvantages, especially as poetry is concerned.
Finally, the protection of authors’ rights does not usually take into account the rights of the translators, who often, as happens in this blog, are interested in publishing their work in digital media without compensation, and in fact, they do publish their works. WIPO says: “Copyright protection shall cover the expressions but not the ideas, procedures, methods of operation or mathematical concepts as such”. Translation may well be considered as the best way to keep an original “idea” alive, though not the “expressions”. Thus, the suppressed Irish poets’ poems could have remained in this blog without violating the universal copywright law.

Jorge Aulicino

martes, julio 20, 2010

Edgar Bayley / Del doctor Pi


De la poesía

El poeta Madariaga había adquirido un haras. Con caballos de raza. Caballos de mucha alzada, petisos, y caballitos muy pequeños obtenidos a través de sutiles entrecruzamientos y técnicas refinadísimas. Su intención no era preparar caballos de carrera, aunque los tenía velocísimos y muy codiciados por varios studs. Su propósito aparente era obtener nuevas especies de caballos. Caballos que en realidad no iban a parecer caballos.
Tenía padrillos de diversas razas: enormes, silenciosos, de impresionante apostura y yeguas ardientes, huidizas y buscadoras a la vez. Tenía peones y técnicos avezados y tenía también un proyecto muy audaz que mantenía en absoluta reserva. Sí, había mucha actividad en ese haras (“Don Eusebio” se llamaba).
Al término de la jornada, y tras la cena, se producían discusiones, a veces enconadas, entre los biólogos, los zoólogos y Madariaga.
-A ustedes les falta imaginación -solía decir Madariaga-, formación literaria, les falta saber mitológico.
-Puede ser -le respondían-, pero sabemos lo que no puede hacerse.
-No es sólo eso; ustedes no creen que sea posible ahora lo que alguna vez fue posible -insistía Madariaga.
-Hay un límite para los cruzamientos y las hibridaciones, y, en todo caso, no están dadas las condiciones para que aparezca un nuevo animal sobre la tierra. Además nada sabemos sobre la clase de animal que usted pretende conseguir -le respondían.
Al llevar a este punto de la conversación, Madariaga callaba prudentemente.
El doctor Pi, que solía asistir a esas reuniones, poco a nada decía, pero lo intrigaban los planes de Madariaga. Cierta noche en que Pi permanecía, como de costumbre, ajeno a la conversación de Madariaga con los sabios y se dedicaba a observar los distintos objetos que decoraban el amplio salón comedor, se sintió atraído por una porcelana.
-Una porcelana valiosa, no hay duda -se dijo.
Pero ¿por qué le había interesado tanto? Se acercó a la porcelana, la tomó entre sus manos; era una hermosa pieza. Sin embargo, algo le decía que ese objeto lo atraía por algo más que por su valor artístico. La porcelana tenía la forma de un centauro. Quizá fuese Quirón, el prudente.
-Una pieza de valor, ¿verdad, Madariaga?
Este se limitó a asentir y prosiguió conversando con los sabios.
-Hasta estamos obteniendo caballos que cada vez se parecen menos a caballos: las cabezas, especialmente, son cada vez más diferentes de las cabezas de los caballos comunes.
-¿Qué se propone usted? -preguntó el profesor Héctor Maldonado.
-Todavía es prematuro decirlo. Prosigan sus experiencias en esa dirección y luego hablaremos.
Fue entonces cuando tomó la palabra el profesor von Krausen.
-Hemos de acompañarlo -dijo-, hasta un cierto punto de su investigación, experimento o como quiera llamarlo. Le daremos un plazo (un mes, digamos), si al cabo de ese lapso usted no nos confiesa cuál es el fin que persigue con todo esto, le anunciamos desde ya que no tendremos más remedio que abandonarlo.
-Sería una lástima, una gran lástima, me vería obligado a recurrir a servicios menos eficientes y eso lo echaría todo a perder.
El doctor Maldonado, más conciliador, se acercó a Madariaga.
-Comprenda -dijo- que no es posible que trabajemos a oscuras. Debe darnos alguna pista para descifrar este enigma.
-Bien -contestó Madariaga-, les daré esa pista que me piden: la solución de ese enigma, como usted lo llama, está en esta misma habitación.
Los científicos se miraron asombrados. Sólo el doctor Pi encontró en esas palabras la confirmación de una ligera sospecha, que había surgido al observar la porcelana. Ahora veía claro: el poeta Madariaga se proponía volver a la vida al centauro Quirón.
Nada dijo Pi al respecto. Tampoco comentó nada sobre el particular con los científicos. Otras ocupaciones, obligaciones o vocaciones lo absorbieron. Nunca supo cómo habían terminado esos experimentos. Pi tiene una curiosidad intensa, pero muy diversificada, por eso no podemos saber hoy si el centauro es sólo una porcelana junto a un tapiz o ha vuelto a vivir, y aconseja y orienta. Quizá Madariaga pueda decirlo.

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990), "Vida y memoria del doctor Pi", Obras, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999

Ilustración: Animales fabulosos, 1913, Franz Marc

Mary Oliver / Cisne



El cisne

A través de las anchas aguas
algo viene
flotando- una delgada
y fina

nave, llena
de flores blancas
que se mueve
sobre sus músculos milagrosos

como si el tiempo no existiera,
como si traer tales regalos
a la orilla seca
fuera una felicidad

casi inconcebible.
Y ahora entorna sus negros ojos,
vuelve a arreglar
las nubes de sus alas,

arrastra
una pata elaboradamente tejida,
del tinte del carbón.
Pronto estará acá.

Ah, ¿qué voy a hacer
cuando ese pico color amapola
descanse en mi mano?
Dijo la señora Blake sobre el poeta:

Extraño la compañía de mi marido-
tanto se la pasa
en el paraíso.
¡Claro! El camino al cielo

no se encuentra en millas rectas.
Está en la imaginación
con la que uno percibe
este mundo,

y los gestos
con los cuales se lo honra.
Ah, ¿qué voy a hacer, qué voy a decir cuando esas
blancas alas
toquen la orilla?

Mary Oliver (Maple Heights, Ohio, 1935), versión de Tomás Maver
Gentileza de Natalia Litvinova


The Swan
Across the wide waters / something comes / floating– a slim / and delicate // ship, filled / with white flowers- / and it moves / on its miraculous muscles // as though time didn’t’ exist, / as though bringing such gifts / to the dry shore / was a happiness // almost beyond bearing. / And now it turns its dark eyes, / it rearranges / the clouds of its wings, / it trails / an elaborate webbed foot, / the color of charcoal. / Soon it will be here. // Oh, what shall I do / when that poppy-colored beak / rests in my hand? / Said Mrs. Blake of the poet: // I miss my husband’s company- / he is so often / in paradise. / Of course! The path to heaven // doesn’t lie down in flat miles. / It’s in the imagination / with which you perceive / this world, / and the gestures / with which you honor it. / Oh, what will I do, what will I say, when those / white wings / touch the shore?


Ilustración: Cisnes, juncos y lirios, 1877, Walter Crane

lunes, julio 19, 2010

Dante Alighieri / Divina Comedia, Purgatorio, 4




Purgatorio, Canto cuarto

Cuando, por deleite o por dolores
que alguna virtud nuestra comprende,
el alma en si misma se concentra,

parece que ningún otro poder entiende;
y esto es contra el error que cree
que un alma sobre otra en nosotros arde. *

Y por eso cuando se oye o se ve algo
que trae hacia sí el alma vuelta,
pasa el tiempo y el hombre no lo advierte;

que uno es el poder que escucha,
y otro el que posee el alma entera:
éste está casi atado, el otro suelto.

De esto tuve experiencia verdadera,
oyendo aquel espíritu y admirándolo.
Más de cincuenta grados subido era

el sol, y no me daba cuenta, cuando
llegamos donde aquellas almas, todas a una,
nos gritaron: "Aquí está vuestra respuesta".

Mayor abertura muchas veces enzarza
con una horquillada de espinas
el aldeano, cuando oscurece la uva

que la cala por donde subimos
mi duca y yo a su lado, solos,
cuando las almas de nosotros se alejaron.

Se va a San Leo y se desciende en Noli,
se sube en Bismantova hasta el cacumen
a pie, pero aquí es mejor que el hombre vuele;

digo, con las alas esbeltas y las plumas
del gran deseo, atrás del conductor,
que esperanza me daba y era mi lumbre.

Subimos por el peñasco roto,
y de cada lado apretaban los extremos,
y pies y manos requería el suelo.

Cuando llegamos al borde supremo
de la alta escarpa, a la abierta cuesta,
"Maestro mío", dije, "¿qué camino haremos?".

Y él a mí: "Ningún paso tuyo caiga;
arriba, hacia el monte, detrás de mí prosigue,
hasta que hallemos una escolta sabia".

La cima era tan alta que vencía la vista,
y la cuesta, más soberbia que, desde el medio
del cuadrante al centro, lo es la línea.

Estaba agotado cuando comencé:
"Oh dulce padre, vuélvete y mira
cómo me quedo solo, si no te paras".

"Hijo mío", dijo, "hasta allá sube",
señalando un escollo poco más arriba
que de aquel lado rodea toda la colina.

Tanto me espolearon las palabras suyas,
que trepé como cabra junto a él,
hasta que el escollo quedó bajo mis pies.

A descansar nos sentamos allá los dos,
vueltos al levante de donde habíamos subido,
ya que mirar lo andado es agradable.

Los ojos primero llevé a los sitios bajos,
luego los alcé al sol, y admiraba
que en la izquierda íbamos heridos. **

Bien se dio cuenta el poeta que yo estaba
estupefacto por el carro de la luz
que entre nosotros y el Aquilón entraba.

Por lo que él a mí: "Si Castor y Pólux
estuvieran en compañía de aquel espejo
que arriba y abajo su luz conduce,

"tú verías el Zodíaco rojizo
todavía rotar más cerca de la Osa,,
si no saliese del camino viejo.

"Cómo es esto, si quieres meditarlo
recogido en ti mismo, imagina a Sión
que con este monte está sobre la tierra

"de modo que tienen un solo horizonte
y hemisferios distintos; de donde el camino
que mal no supo carretear Faetón,

"verás que le es preciso recorrerlo
por un lado aquí y por el otro allá,
si lo observa claramente tu intelecto.

"Cierto, maestro mío", dije yo, "nunca
vi tan claro como ahora discierno,
allá, donde mi ingenio parecía falto,

"que el medio círculo del motor supremo,
que se llama Ecuador en cierto arte,
y que siempre queda entre sol e invierno,

"por la razón que dices, parte, se comprende,
hacia el septentrión, cuando los Hebreos
lo ven ir hacia la zona más caliente.

"Pero si te place, me gustaría me dijeses
cuánto tendremos que andar, que el monte sube
tanto que subir no pueden mis ojos como él".

Y él a mí: "Esta montaña es tal,
que siempre el comenzar de abajo es grave,
y cuando más se sube, es menor el mal.

"Pero cuando ella te parezca suave,
tanto que andarla te sea tan ligero
como cuando al mar sigue la nave,

"será entonces el fin de este sendero;
allí espera reposar tu afán.
Más no respondo, y sé que es cierto".

Y en cuanto estuvo su palabra dicha,
una voz sonó cercana: "¡Quizá
te hará falta sentarte antes de llegar!"

Hacia este sonido cada uno se torció,
y vimos a mano izquierda una gran roca,
en la que ni yo ni él nos habíamos fijado.

Allá fuimos; y allí había personas
que estaban a la sombra del peñasco
como el que por pereza a estar se pone.

Y uno de ellos, que parecía agotado,
se sentaba y abrazaba sus rodillas,
teniendo entre ellas el rostro bajo.

"Oh dulce señor mío", dije, "contempla
al que se muestra de tal modo negligente
que la pereza parece hermana suya".

Entonces, se volvió a nos y puso mente,
moviendo el rostro por encima de la pierna,
y dijo: "Ahora sube tú, si eres valiente".

Supe entonces quién era, y aquella angustia
que un poco me apuró el aliento,
no me impidió ir hacia él, y luego

que me hube acercado, alzó la cabeza apenas
diciendo: "¿Has entendido bien cómo el sol
por el dorso izquierdo el carro lleva?"

Su gesto perezoso y sus cortas palabras
movieron mis labios un poco a risa;
luego comencé: "Belacqua, no me duelo ***

"ya por ti; pero dime: ¿por qué te sientas
justo en este sitio? ¿esperas una escolta,
o a la vieja costumbre has regresado?"

Y él: "Oh, hermano, ¿el ir arriba qué me importa?
ya que no me dejaría ir a los martirios
el ángel de Dios que está al cuidado.

"Primero es necesario que dé tantos giros
el cielo fuera de allí cuanto lo hizo en vida
porque demoré hasta el fin buenos suspiros,

"si oración antes no me ayuda
que surja de corazón que en gracia viva;
¿la otra qué vale, si en el cielo no es oída?"

Y ya el poeta delante de mí subía
diciendo: "Ven ya; mira que toca
el sol al meridiano y en la orilla,
la noche a Marruecos cubre con el pie."

Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia, texto crítico de la Sociedad Dantesca Italiana, Milán, 1979
Versión de Jorge Aulicino


* Dante roza una discusión medieval sobre el alma. Para los neoplatónicos, existían dos almas, o principios vitales: la del alto intelecto y la de la acción. Dante se alinea con los aristotélicos: sólo hay una. Doctrina que se corresponde con la de la Iglesia

** Que por la izquierda estábamos iluminados. Dante, o su personaje -esto es el Dante que está junto a Virgilio- toma una lección de astronomía, que a su vez imparte como autor. Básicamente, consiste en articular la idea de los dos hemisferios, que el sol parece alumbrar desde ángulos opuestos: en el sur, donde se encuentran los dos personajes, sus rayos aparecen sesgados desde el noreste, a la izquierda, y a la inversa en el hemisferio boreal. La idea es desplegada desde el comienzo del Purgatorio, con la constante alusión a la evolución del sol y a las antípodas. También este canto culmina con la pauta del tiempo solar: la noche ya está en Marruecos, a un cuarto del cuadrante respecto de Jerusalén, lo que significa que en Jerusalén es medianoche y en la colina del Purgatorio es mediodía. En esta dilatada lección, Dante y Virgilio mencionan como puntos de referencia el viento Aquilón (para indicar el norte, desde donde sopla), la Osa Mayor, Castor y Pólux (Géminis), Faetón (que conduce el carro del Sol) y el Ecuador. Más adelante, un personaje, conocido de Dante, se burlará de él con sarcasmo, preguntándole si ya aprendió por qué el Sol sale ahora por su izquierda

*** Se supone que el sarcástico -y escéptico- Belacqua fue un músico y luthier toscano, a quien menciona el florentino anónimo, comentarista de la Comedia de mediados del siglo XIV, como un gran perezoso. Respondió alguna vez a la crítica sobre su vicio con una invocación a Aristóteles: sentada y quieta el alma se hace sabia. Así pues, y aunque Dante no se duela de él, ni Virgilio le preste la menor atención, Belacqua cierra con un toque de comedia un canto que se había iniciado con una severa reflexión filosófica aristotélica.

Texto del original: Mediasoft.it

Ilustración: Purgatorio, Canto 4, 1960-64, Salvador Dalí