jueves, abril 29, 2010

Antonio Machado / Tres poemas




Llanto de las virtudes y coplas
por la muerte de Don Guido


Al fin, una pulmonía
mató a don Guido y están
las campanas todo el día
doblando por él ¡din-dan!
Murió don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.
Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.
Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.
Y asentóla
de una manera española,
que fue a casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar los blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
a escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus devaríos.
Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
-¡aquel trueno!-,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.
Buen don Guido ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?
¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?
Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!...
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.
¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
vestido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.

de Campos de Castilla, 1907-1917


Doce poetas que pudieron existir

12. Andrés Santallana.- Nació en Madrid en 1899.

El milagro

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche, con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda
y ahora verás si veo...
Abrí el estuche, pero dentro: nada;
point des lunettes... ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí del diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban,
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran,
o es un acto de fe toda mirada.

de Cancionero apócrifo



A Líster, jefe en los ejércitos del Ebro

Tu carta -oh noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte-,
tu carta, heroico Líster, me consuela
de esta, que pesa en mí, carne de muerte.
Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.
Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,
o de monte a mar, esta palabra mía:
"Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría".

de Poesías de guerra, 1936-1939

Antonio Machado (Sevilla, 1875- Collioure, Francia, 1939), Poesías completas, edición de Manuel Alvar; guía de lectura de María Pilar Celma, Espasa Calpe, Madrid, 2007


Nota: Enrique Líster fue un alto dirigente político y militar del Partido Comunista español. Nació en La Coruña en 1907 y murió en Madrid en 1994. Se educó política y militarmente en la ex Unión Soviética en los años que precedieron a la Guerra Civil española. Su destacada actuación como comandante de las milicias republicanas en el final de la guerra permitió la retirada ordenada y el éxodo civil hacia Francia desde Cataluña, éxodo del que formó parte el propio Machado. Líster se distinguió por una aguda inteligencia táctica, un coraje casi sin par y una precisión que implicara los menores costos humanos para su tropa. Se le confiaron misiones de alto riesgo durante la contienda, que realizó al mando de la XI División republicana, convertida en fuerza de choque en distintos frentes. Exiliado en la ex Unión Soviética, participó de la Segunda Guerra mundial con el grado de general del Ejército Rojo y de los ejércitos de Polonia y Yugoslavia. Intentó sin éxito una resistencia armada a la dictadura de Francisco Franco, terminada la guerra. Aunque crítico de la invasión rusa a Praga, en 1968, rompió con el PCE debido al giro heterodoxo que le imprimió la conducción de Santiago Carrillo después de ese episodio. Reingresó al PCE en 1986.

Ilustración: Dios se lo pague, 1867, Francisco de Goya

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