lunes, febrero 16, 2009

Ya no más útil



La cara

Ya no más útil, no hermosa...
ni siquiera joven.
No mía.
¿Dónde está la antigua, las antiguas?
Esas eran mías.

Así es: tengo retratos,
no esos viejos; entonces la gente se conducía
de manera distinta...
Cuando me encuentran dicen:
No has cambiado.
Querría decir: No habéis mirado.

Eso les sucede a todos.
Primero se crece, se sabe más,
luego algo sale mal.
Uno es, y dice: Yo soy...
Y fuiste... Soy desde hace demasiado tiempo.

Lo sé, no es posible negarlo,
pero igualmente lo dices. No.
Me señalaré a mí mismo y diré: No soy así.
Por dentro soy siempre el mismo.
–Y tampoco es así.

Pensé: Si nada sucede...
Y nada sucedió.
Aquí estoy.
Pero no es justo.
Si el simple vivir puede acarrear esto,
vivir es más peligroso que ninguna otra cosa.

Es terrible estar vivo.

Randall Jarrell (Nashville, Tennessee, 1914-1965), Alberto Girri, Cosmpolitismo y disensión. Antología de la poesía norteamericana actual, Caracas, Monte Avila Editores, 1969

The face
Not good any more, not beautiful–/ Not even young/ This isn't mine./ Where is the old one, the old ones?/ Those were mine.// It's so: I have pictures,/Not such old ones, people behaved/ Differently then... When they meet me they say:/ You haven't changed./ I want to say: You haven't looked.// This is what happens to everyone./ At first you get bigger, you know more,/ Then something goes wrong./ You are, and you say: I am–/ And you were... I've been to long.// I know, there's no saying no,/ But just the same you say it. No./ I'll point to myself and say: I'm nort like this./ I'm the same as always inside./ –And even tha's not so.// I thought: If nothing happens.../ And nothing happened./ Here I am./ But it's not right./ If just living can do this,/ Living is more dangerous than anything.// It is terrible to be alive.

Foto: Jarrell, por Phillipe Halsam, Enciclopedia Británica

Por suerte en aquel tiempo

Desconcierto de Wang en el Delivery

-Por suerte en aquel tiempo usaba barba-
dijo un cliente ruboroso a Wang.
-¿Cuál era la suerte- preguntó Wang.

El hombre pensó.

Cayeron cien libélulas en el estanque de Wang.

-Nadie notaba que tenía la mala costumbre
de no afeitarme por varios días –al fin dijo.



Confusion of Wang at the delivery

-Luckily in that one time I used beard -said
a flushed client to Wang.
- Which was the luck? -asked Wang.

The man thought.

They fell one hundred dragonflies in the dew pond of Wang.

- Nobody noticed that I had the bad habit
of not shaving me by several days - he finally said.

Jaime Wong (Chang-hua, 1969) Poemas de Wong

Ilustración: Afeitada en Beijing sobrelafotografía.com

domingo, febrero 15, 2009

¿De qué se trata en realidad...?



Lo demás

¿De qué se trata en realidad, esta necesidad de compararlo todo, de hacer que cada cosa
se parezca a otra cosa, de abrirse paso a fuerza de metáforas hacia un tipo de calma
que no sea parecida a un andamio construido alrededor el aire, sino concretamente eso?
Me senté en una iglesia en Masaya, Nicaragua, mientras caía la tarde,
elegí el banco por la forma en que la luz bañaba el suelo, filtrándose a través de los vitrales con reflejos rojos.
Pensaba, al observarla, que esa luz se parecía un poco a una mancha de sangre
que se fuera extendiendo sobre algo blando y luego se la dejara al sol; quizá se pareciera más
al agua de sandía derramada sobre sábanas blancas. Pero al final,
honestamente, se parecía más a una luz roja reflejada en el suelo de una glesia en Masaya, Nicaragua,
mientras caía la tarde. Y te pido perdón por apartar esa luz de sí misma,
por anunciarte que esta noche la luna es más delgada que una moneda sumergida en agua,
por decirte que cuando te reís te parecés a un fósforo al momento de encenderse.
Yo viviría, si pudiera, de un fogonazo cegador a otro,
si eso no comprendiera alguna forma de desesperación, un debilitamiento
de la fe, si es que puedo tomar prestada esa metáfora; un desarmarnos a nosotros mismos como un rompecabezas,
junto con cada vínculo que establecemos y pedimos; la plenitud, sin duda,
es algo secundario y más penoso. Puesto que cada vez que respiramos
es en verdad igual a la vez anterior; caso contrario, tengo que creer,
que eso que se transmite, se comparte, o al menos se recuerda, es hacia dónde va esa respiración,
por qué sucede, por qué la necesito; es todo, todo lo demás.

Robin Myers (Nueva York, Estados Unidos, 1987)
Versión de zaidenwerg

Ilustración: Continuel – Lumiere – Mobil, Julio Le Parc, 1966 automaticoroboticocodificado.com


Else

What is it really about, this need to compare everything, to make things
like other things, to metaphor our way into a kind of calm that may not
be like a scaffold erected around the air, but truly that?
I sat in a church in Masaya, Nicaragua, in late afternoon,
chose the pew because of how the light was on the floor, filtered through
the stained glass window at the top and let down red.
I looked at that light, and thought, it’s a little like blood
seeping into something soft, then left in the sun; or, it’s more
like the water of a watermelon on white sheets. But, in the end,
it most honestly looked like red light on the floor of a church in Masaya, Nicaragua,
in late afternoon. Forgive me for pulling that light away from itself,
for announcing that the moon tonight is as thin as a penny in water,
for telling you that you are like a lit match when you laugh.
I would live from flash to singular blinding flash if I could,
if that didn’t mean some species of despair, some dissolution
of faith, if that’s a metaphor I may borrow; a tragic un-jigsaw-puzzling of ourselves
and the connectedness we invent and demand; completion,
of course, being a secondary, more sorrowful concern. For each breath
really is like every other breath, and if it isn’t, then I must believe
that what is carried over, shared, or at least remembered, is where it’s going,
why it happens, why I need it; is everything, everything else.

sábado, febrero 14, 2009

Amy Lowell / Música



                                                             












El vecino se sienta en la ventana y toca la flauta.
Puedo escucharlo desde mi cama,
Y las notas redondas revolotean y golpetean por el cuarto,
Y se entrechocan,
Y se entremezclan en imprevistos acordes.
Es muy hermoso,
Con las pequeñas notas de la flauta todas a mi alrededor
En la oscuridad.
De día,
El vecino come pan y cebolla con una mano
Y copia música con la otra.
Es gordo y tiene la cabeza pelada,
No miro eso demasiado,
Porque paso rápidamente frente a su ventana.
¡Para mirar, aquí siempre está el cielo
o el agua en el pozo!
Pero cuando llega la noche y toca su flauta,
Lo imagino como un hombre joven,
Con sellos de oro colgando de su reloj
Y un saco azul con botones de plata.
Mientras me acuesto,
Las notas de la flauta pulsan en mis oídos y labios. 
Y me voy a dormir soñando.

 Amy Lowell  (Brookline, Massachusetts, Estado Unidos, 1874-1925), Poetry Magazine of Verse, Vol. IV,  Nº 1, Chicago, Julio de 1914
Versión J. Aulicino 

De Amy Lowell en este blog:  Una de las "Cien vistas del Fuji" 

Music 
The neighbour sits in his window and plays the flute./From my bed I can hear him,/And the round notes flutter and tap about the room,/And hit against each other,/Blurring to unexpected chords./It is very beautiful,/With the little flute-notes all about me,/In the darkness./In the daytime,/The neighbour eats bread and onions with one hand/ And copies music with the other./He is fat and has a bald head,/So I do not look at him,/But run quickly past his window./There is always the sky to look at,/Or the water in the well!/But when night comes and he plays his flute,/I think of him as a young man,/With gold seals hanging from his watch,/And a blue coat with silver buttons./As I lie in my bed /The flute-notes push against my ears and lips,/And I go to sleep, dreaming. 

---
Foto: Amy Lowell en Sevenels, Massachusetts, 1924 Houghton Library, Harvard University/Wikimedia Commons

Los platos que eran sueño

Biombo

Los platos que eran sueño en Taipei
son frío estipendio en Nueva York.

El dragón, el halcón no dejan rastros
de visitas nocturnas a mi cocina.

Los hurones rayan imitación de porcelana.
El tráfico de mi ciudad añoro
en la habitación sin resplandor.

Oh el murmullo de las ruedas de goma
y el acolchado sonido de la combustión
de los motores de fabricación japonesa.


Jaime Wong (Chang-hua, 1969), Poemas de Wong

N. de R.: Los poemas de Jaime Wong, inmigrante chino en Nueva York, propietario de un restaurante en el East Village, fueron traducidos de manera experimental con un traductor electrónico. A veces del chino al inglés, otras al castellano, y a ambas lenguas otras veces.

Foto: Budas en el Barrio Chino de Buenos Aires. Credit: wuba

viernes, febrero 13, 2009

Aforismos y afines


El hombre perfecto del pagano era la perfección del hombre que hay; el hombre perfecto del cristiano la perfección del hombre que no hay; el hombre perfecto del budista la perfección de que no haya hombre.

*

Una paradoja tiene valor sólo cuando no lo es.

*

Algunos tienen en la vida un gran sueño y faltan a ese sueño. Otros no tienen en la vida ningún sueño, y faltan a ése también.

Bernardo Soares

*

Posterga todo. Nunca se debe hacer hoy lo que se puede dejar de hacer también mañana.

Bernardo Soares

*

Haber estado en un naufragio o en una batalla es algo bello y glorioso; lo peor es que hubo que estar allí para estar allí.

Doctor Gaudencio Nabos

*

La fe es el instinto de la acción.

Bernardo Soares

*

Saber ser supersticioso todavía es una de las artes que, realizadas al máximo, señalan al hombre superior.

Bernardo Soares

*

El mundo no es verdadero, pero es real.


Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935), Aforismos y afines, traducción de Rodolfo Alonso, edición de Richard Zenith, Emecé, Buenos Aires, 2005

Más de Fernando Pessoa en este blog
---
Ilustración: Hermenegildo Sábat, Una interpretación gráfica de Fernando Pessoa, Universidad de Quilmes, 2007 hermenegildosabat.com.ar

jueves, febrero 12, 2009

Friedrich Hölderlin / Dos poemas






















El consenso público

¿No es más bella la vida de mi corazón
desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más
cuando yo era más arrogante y arisco,
más locuaz y más vacío?

¡Ah! La muchedumbre prefriere lo que se cotiza,
las almas serviles sólo respetan lo violento.
Unicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son.

1798-1800


A las parcas

Sólo un verano me otorgáis, vosotras las poderosas;
y un otoño para dar madurez al canto,
para que mi corazón, más obediente,
del dulce juego harto se me muera.

El alma no obtuvo en vida derecho
divino, tampoco abajo descansa en el Orco;
pero si un día alcanzo lo sagrado, aquello
que es caro a mi corazón, el poema,
bien venido entonces, oh silencio del reino de las sombras.

Contento estaré, aunque mi lira
allí no me acompañe; por una vez
habré vivido como un dios, y más no hace falta.

1795-1798

Friedrich Hölderlin (Lauffen am Neckarm, 1770-Tubinga, 1843)

Versión de "El consenso público": Federico Gorbea, Hölderlin, Obra poética completa. Edición bilingüe, Libros Río Nuevo, Barcelona, 1977

Versión de "A las parcas": Luis Cernuda, La mejor poesía, Colección Anesa, ordenada por Héctor Yánover, Editorial Crea S.A., Buenos Aires, 1979


Menschenbeifall
Ist nicht heilig mein Herz, schöneren Lebens voll,/Seit ich liebe? warum achtetet ihr mich mehr,/Da ich stolzer und wilder,/Wortreicher und leerer war? //Ach! der Menge gefällt, was auf den Marktplatz taugt,/ Und es ehret der Knecht nur den Gewaltsamen;/ An das Göttliche glauben/ Die allein, die es selber sind.

An die Parzen
Nur Einen Sommer gönnt, ihr Gewaltigen! /Und einen Herbst zu reifem Gesange mir, /Daß williger mein Herz, vom süßen /Spiele gesättiget, dann mir sterbe.//Die Seele, der im Leben ihr göttlich Recht /Nicht ward, sie ruht auch drunten im Orkus nicht; /Doch ist mir einst das Heil'ge, das am /Herzen mir liegt, das Gedicht, gelungen,//Willkommen dann, o Stille der Schattenwelt! /Zufrieden bin ich, wenn auch mein Saitenspiel /Mich nicht hinab geleitet; Einmal /Lebt ich, wie Götter, und mehr bedarfs nicht.
---
Ilustración: Hölderlin, 1792, por Franz Karl Hieme, retrato al pastel zeno.org Copy: Bildarchiv Preußischer Kulturbesitz EcuRed

miércoles, febrero 11, 2009

Se amontona en borrascas




El retorno del desterrado

Se amontona en borrascas una especie de herrumbroso fango,
no hielo, no nieve, para adherirse al Hôtel de Ville,
donde ensamblados dragones de hierro apresan
la ventisca en su rigor mortis. Una campana
se queja cuando los ecos arrancan
la paja del techo de su torre,
las ametralladoras gatillan, escupen, rajan la madera
y mellan los techos de pizarra sobre la Holstenwall
donde las arrancadas tejas coronan al vencedor. Otoño
e invierno, primavera y verano, los cañones se alistan
y avanzan pesadamente por la estrecha calle de techos agudos
delante de tu gris doliente casa ancestral
donde el nogal dinamitado
sombrea una vieja, rolliza puerta desquiciada por el viento
e intimida al comandante yanqui. No verás
niños engreídos ni encontrarás
al infame canciller de pata de palo
con una nomeolvides en el ojal
cuando los insípidos libertadores se derramen
por la Plaza del Mercado, depositen en tierra las armas
ante el Rathaus; pero ya los puestos de azucenas
hacen germinar la resurgida Renania, y una tosca
catedral eleva su ojo. Bastante grato,
voi ch’entrate, y tu vida está en tus manos.

Robert Lowell (Boston, 1917-Nueva York, 1977), Poemas de Robert Lowell, versiones, prólogo y notas por Alberto Girri, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1979

Notas de Alberto Girri

V.8 Holstenwall: Calle de Hamburgo, ciudad en la que se ubica la acción del poema, durante la entrada de las tropas norteamericanas en la última guerra.
V.17 y 18, The peg-leg and reproachful Chancellor/ With a forget-me-not in his button-hole: Según Staples y otros comentaristas de Lowell, estos versos son una reminiscencia del Tonio Krüger, de Thomas Mann, novela que transcurre en Lubeck, ciudad cercana a Hamburgo, y uno de cuyos personajes solía pasearse con una nomeolvides en el ojal.
V. 21. Rathaus: Ayuntamiento.
V. 24 Voi ch’entrate: En la Divina Comedia (Inferno, III, 9), se habla de una inscripción en la puerta del Infierno: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate*.

N. de R.: "Dejad toda esperanza, vosotros los que entráis"

The Exile’s Return
There mounts in squalls a sort of rusty mire,/ Not ice, not snow, to leaguer the Hôtel De Ville, where brace pig-iron dragons grip/ The blizzard to their rigor mortis. A bell/Grumbles when the reverberations strip/ The thatching from its spire/ The search-guns click and spit and split up timber/ And nick the slate roofs on the Holstenwall/ Where thorn-up tilestones crown the victor. Fall/ And winter, spring and summer, guns unlimber/ And lumber down the narrow gabled street/ Past your gray, sorry and ancestral house/ Where the dynamited walnut tree/ Shadows a squat, old, wind-torn gate and cows/ The Yankee commandant. You will not see/ Strutting children or meet/ The peg-leg and reproachful chancellor/ With a forget-me-not in his button-hole/ When the unseasoned liberators roll/ Into the Market Square, ground arms before/ The Rathaus; but already lily-stands/ Burgeon the risen Rhineland, and a rough/ Cathedral lifts its eye. Pleasant enough,/ Voi ch’entrate, and your life is in your hands.


Foto: Lowell. Alfred Eisenstaed /Time & Life, The Sun, NY

De Robert Lowell en este blog: Hijos de la luz

Roberto Appratto / De golpe frente al blanco



una serie de habitaciones iluminadas,
espaciosas: un blanco día,
un deslumbramiento
dulcifica la vanidad de lo continuo
como si creyéramos, más allá
del aire que separa uno de otro y todos
de uno, en la plenitud del viaje en bote
por el océano de noche: no es así,
estamos de golpe frente al blanco,
una tristeza sublime de días
es el pasaje vespertino por el minuto
textual: una línea marca
la entrada de ese blanco espectacular
o catálisis de pausas en el sueño
elástico, como hacia atrás:
el verbo cobra una vitalidad repentina
o una repentina vitalidad,
como si raspara en la idea,
eso que se llama la idea
o golpe del blanco en la conciencia del escritor:
en la distancia se ve como una isla,
ese raspado:
el esplendor, el brillo negador de la isla aletea,
nos prepara para el entendimiento de pasos
sobre la alfombra,
un efecto de discurso: rápidamente
el escritor se convierte en un encantado:
es una respiración en pequeñas pausas,
jugadores sentados en el pasto.
cambiemos los blancos de lugar.
una planicie pálida, relativa
en el horizonte: si miramos el airé
o las nubes, la escritura
es una infame turba de nocturnas aves
suspendidas en el silencio que va entrando,
la figuración de un pasmo continuo,
vista clavada en un rincón de la selva:
es el fondo, el blanco profundo
que absorbe los accidentes del relato,
un instante de placer en la literalidad que no es

Roberto Appratto (Montevideo, 1950), El País Cultural n° 291, 2 de junio de 1995/Letras Uruguay
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Foto: El País, Montevideo

martes, febrero 10, 2009

Giacomo Leoparadi / El infinito




XII. El infinito

Siempre me fue querida esta colina yerma,
y este seto, que de tanta parte
del último horizonte la mirada excluye.
Pero sentándome y mirando los interminables
espacios más allá de él, sobrehumanos
silencios y profundísima calma
en el pensamiento represento, y por poco
el corazón no se amedrenta. Y como el viento
oigo susurrar entre las plantas, aquel
infinito silencio a esta voz
voy comparando, y me recuerda lo eterno
y las estaciones muertas, y la presente
y viva, y su sonido. Así en esta
inmensidad se ahoga el pensamiento mío:
y me es dulce el naufragar en este mar.

Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837), Canti, Asociación Dante Alighieri, Buenos Aires, 1987
Versión de J. Aulicino

XII. L'infinito
Sempre caro mi fu quest'ermo colle,/ e questa siepe, che da tanta parte /dell'ultimo orizzonte il guardo esclude. /Ma sedendo e mirando, interminati /spazi de là da quella, e sovrumani /silenzi, e profondissima quiete /io nel pensier mi fingo; ove per poco/ il cor no si spaura. E come il vento /odo stormir tra queste piante, io quello /infinito silenzio a questa voce / vo comparando: e mi sovvien l'eterno, /e le morte stagioni, e la presente /e viva, e il suon di lei. Così tra questa/ inmensità s'annega il pensier mio: /e il naufragar m'è dolce in questo mare.


Ilustración: Giacomo Leopardi, óleo de F. Ferrazzi, Palazzo Comunale, Recanati leopardi.it

Por divertirse, a veces,


El albatros


Por divertirse, a veces, los chicos de la escuela
agarran a otro chico, asmático u obeso,
con acné, miope, gay o simplemente raro,
para darle unos golpes o sacarle la plata.

Ni bien quedan tirados boca abajo, en el patio,
esas criaturas tímidas, rojas como un tomate,
respirando agitadas, llenas de moretones,
comienzan a arrastrarse buscando escapatoria.

¡Qué patéticos son sus esfuerzos inútiles!
¡Cómo ríen los chicos que observan a un costado!
Bajando el pantalón, uno expone sus nalgas;
otro agresor se burla de su hermana y su madre.

No se parece el poeta al chico que es golpeado,
ni a aquel que lo golpea, sino a ambos a la vez:
víctima de sí mismo, abusador de sí,
alas imaginarias le impiden caminar.

Frank Shaughnessy (Chicago, 1976), Covers, Harvest Moon Press, 2005
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg

Ilustración: El albatros, de Louis Joos, para la edición de Las flores del mal, de Charles Baudelaire, Nórdica Libros, Madrid, vía  El Confidencial

lunes, febrero 09, 2009

Alejandro Nicotra / Lugar de reunión















El hombre que ahora escribe,
con mano que se cierne mortal,
escribe para los ojos de su muerte.

Busca un lugar de reunión.

Árboles desaparecidos y futuros,
las fuentes que no cesan, circulares,
tus ojos y su boca:

¿hay una plaza
sin nombre, a donde dan todos los
días?

Busca un lugar de reunión,
escribe para los ojos de su muerte.

Alejandro Nicotra (Sampacho, Córdoba, 1931),

Lugar de reunión. Obra poética 1967-2000
, Ediciones del Copista, Córdoba, 2004

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Foto: Alejandro Nicotra en Las afinidades electivas. Las elecciones afectivas, Argentina

Las huellas del Renault en la arena


La música perdida

VI

Las huellas del Renault en la arena continúan su trayecto hasta la orilla del arroyo donde hay un toallón naranja y una bikini a merced del oleaje, se continúan en las huellas de unos pies y ya en el agua se pierden en las piernas que aparecen y desaparecen de la superficie, en su cuerpo que nada mariposa y exhibe su destreza desnuda. Cuando vuelve a la costa deja ver su rostro maravillosamente joven sin saber que alguien la observa detrás de una roca. En la trama posible hay diversas huellas para seguir, huellas demasiado transitadas por los automovilistas que casi siempre siguen los mismos caminos, pero la escena en sí es lo que vale ahora que su novedad e importancia disminuyeron. De todos modos ella presiente algo y camina ondulante hasta la orilla. Las líneas de su cuerpo son una ofrenda al sol poniente que compite con sus pezones turgentes y relumbra en vano, oro bruñido, en otros ojos alucinados ahora por esas manos deslizándose sobre sus hombros, sobre sus turbulentos pechos, sobre sus caderas, sobre su piel bronceada; alucinado, sí, por esas manos que siguen el juego de las gotas de agua que tocan su pubis, mojada ahora, sí, mojada y absolutamente conciente. Cuando te das cuenta hacia dónde va, tenés que seguirla aunque a una velocidad muy inferior, sobre todo porque las huellas que dejás en la arena no coinciden con las de ella y si intentaras luego de considerar qué maravillas prometen desnudez cómplice, el agua como un fluido atravesando su sexo y la visión del mundo satisfecha, si lo intentaras, decía, si quisieras trasponer sus huellas y hacerlas coincidir con las tuyas luego de un esfuerzo desmesurado y justo cuando ella empezara a suspirar apenada y satisfecha a la vez luego de volver sobre sus huellas, si de verdad lo lograras... entonces las huellas de la historia dejarían de tener sentido. Las cosas se pierden de la vista y lo mejor es ser olvidados pronto.
Una mujer desnuda
con el pelo mojado
y un toallón naranja
yéndose en su Renault
mientras la luz
declina.

Marcelo Leites (Concordia, 1963), Ruido de fondo, Colección Trópico Sur, Asunción, Paraguay, 2001

domingo, febrero 08, 2009

Pablo Viola / Matarás a tu padre




XI. Matarás a tu padre


"Maten a Borges", invocaba Gombrowicz instigando a sus pendencieros pampeanos, "pero lleven su nombre en alto".
"Maten a Rulfo, a Guimaraes Rosa, a Lezama Lima, a Alvaro Mutis y a Arguedas -agrego yo-. Y ya que están, maten también a García Márquez, que no logró matar a Faulkner.
Maten a su padre -hagan como Teseo: icen la vela de la muerte, y después I'am sorry-. Actúen sin piedad, les va en ello la vida.
Maten a su padre -tradúzcanlo: mátenlo como Jesucristo tradujo a su Padre, como Confucio comentó el I ching, como Buda transmutó en risa y en sonrisa los cuatro Veda o Vedanta, como Sancho Panza devino Don Quijote de la Mancha-.
Maten a Jackson Pollock - ¡todavía está vivo!: el Ground Zero lo prueba-.

Pablo Viola (Borello, Chieti, Italia,1945), Ghiribizzi (caprichos),198
Llegado a través de Carlos Bruck, director de la revista Mal Estar
Versión J.A.


XI. Ucciderai tuo padre

"
Uccidete Borges", invocava Gombrowicz, istigando i suoi riottosi pampeani, "ma tenete alto il suo nome".
"
Uccidete Rulfo, Guimaraes Rosa, Lezama Lima, Alvaro Mutis e Arguedas -aggiungo io. E già che ci siete uccidete anche García Márquez ch´non è riuscito a uccidere Faulkner.
"
Uccidete vostro padre - fate come fece Teseo: issate la vela della morte e dopo I'am sorry. Agite senza pietà, ne va della vostra vita.
Uccidete vostro padre -traducetelo: 
uccidetelo come Gesù Cristo tradusse suo Padre, come Confucio commentò l' I Ching, come Buddha tramutò in riso e in sonriso i quattro Veda o Vedânta, come Sancio Panza diventò Don Chisciotte della Mancia.
Uccidete Jackson Pollock - è ancora vivo!: il 
Ground Zero ne è la prova.

Ilustración: Anciano, óleo sobre tela de Salvador Puig y Sauret, 1900. La república, Montevideo

sábado, febrero 07, 2009

Rubén Darío / Alababa los ojos negros de Julia


¿Eva era rubia? No. Con negros ojos
vio la manzana del jardín: con labios
rojos probó su miel; con labios rojos
que saben hoy más ciencia que los sabios.

Venus tuvo el azur en sus pupilas,
pero su hijo no. Negros y fieros,
encienden a las tórtolas tranquilas
los dos ojos de Eros.

Los ojos de las reinas fabulosas,
de las reinas magníficas y fuertes,
tenían las pupilas tenebrosas
que daban los amores y las muertes.

Pentesilea, reina de amazonas;
Judith, espada y fuerza de Betulia;
Cleopatra, encantadora de coronas,
la luz tuvieron de tus ojos, Julia.

La negra, que es más luz que la luz blanca
del sol, y las azules de los cielos.
Luz que el más rojo resplandor arranca
al diamante terrible de los celos.

Luz negra, luz divina, luz que alegra
la luz meridional, luz de las niñas,
de las grandes ojeras, ¡oh luz negra
que hace cantar a Pan bajo las viñas!

Félix Rubén García Sarmiento: Rubén Darío (Metapa,1867 - León, Nicaragua, 1916), "Prosas profanas", 1896, Poesías completas, Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1967

N. de R: Ayer se cumplieron 113 años de la muerte del numen del modernismo 

En este blog:  "Disfrazado de embajador o de mono", homenaje de Enrique Molina 

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Foto: Rubén Darío a los 25 años, 1892 Archivo del Escritor, Salas Virtuales, Chile

viernes, febrero 06, 2009

En un museo vio unas caras



En un museo

En un museo vio unas caras,
unos torsos, unas manos,
unos pies de yeso que le gustaban tanto
que de noche soñaba con ellos
y los miraba en el sueño
para retenerlos mejor.
Alguna vez quiso ser de hueso o de mármol
nunca de bronce,
me decía, porque le daba miedo.
Nos veíamos en Palermo,
en el lago junto al embarcadero
pintado de blanco
que tanto nos gustaba.
Nos sentábamos en uno de los escalones
para dar de comer a los cisnes blancos y negros
que en aquellos tiempos
vivían en el lago
y se alimentaban del pan que les llevábamos.
Ella no me quería.
Era tan mala que siempre se despedía de mí
diciendo en lugar de "hasta pronto", "hasta nunca".
No era muy bonita
pero no necesitaba serlo.
Celestes eran sus ojos
pero no del todo
porque se parececían al color que la rodeaba.
En nuestro tiempo
había frondosos arbustos
bordeando el lago cerca de la pérgola,
con glicinas.
Era la maldita primavera.
Quedaban flores de lonicera fragantísimas.
Tan tupido era el bosque de arbustos
debajo de la arboleda
que adquiría el día color de la noche
y la noche color del día.
Yo la deseaba.
Ella no me deseaba.
Se le ocurrió un atardecer
desvestirse totalmente
en el lugar más sombrío de la arboleda.
"Te apuesto que me desnudo".
"¿Qué dirá el guardián?"
"Dirá que soy una estatua".
Junto a unos azahares florecidos,
como si no le importara,
cuando la miré estaba desnuda.
La ropa a sus pies
parecía un pedestal de piedra.
Alguien se asomó entre las ramas y dijo:
"¿Qué es esto?"
"Es una estatua de la Venus de Milo.
Mañana la van a poner aquí
o no sé dónde.
Es preciosa sin duda".
El hombre se puso a llorar con angustia
y me dijo:
"Siempre me pasan estas cosas.
Tengo que irme ahora a mi casa".

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1903-1993), Poesía inédita y dispersa, Emecé, Buenos Aires, 2001

Foto: Silvina Ocampo, por Fiora Bemporad, El País, Madrid

De Silvina Ocampo en este blog: Tu nombre

jueves, febrero 05, 2009

Richard Murphy / Piedra manía




















Cuánto me duele poner orden cuando todos mis papeles están
apilados sobre el escritorio en un desorden de tres meses,
recuperar el control de esta deriva de días perdidos en
mi pasión por construir en granito,
y hacer frente a las cuentas que tengo que pagar al dejar la
casa que tanto me costó agrandar,
en la que pasé el tiempo preparando demasiado rápido un lugar
para trabajar en el futuro entre paredes a prueba de ruidos,
por lo que nunca tuve un momento en el presente para escribir sobre
los momentos que estaban pasando;
cuánto duele ver la destrucción que todo buen
edificio, incluso el mejor, debe causar,
no sólo las cercas, que debieron derribarse primero
antes de cavar los cimientos,
sino cortes más profundos en las venas de la mente que llevaban
la sangre de la memoria por el cerebro:
cuánto me duele haber descuidado durante todo este verano
a los amigos a los que debería haber visto,
de no ser por mi loca obsesión por construir más cuartos
para hospedarlos en tiempos venideros:
porque esos tiempos tienen la aptitud de eludirnos, nos morimos,
o nuestros amigos caen muertos antes de que podamos decir
me encantaría que vean y disfruten la casa cuya construcción
nos mantuvo completamente alejados.

Richard Murphy (Milford House, County Mayo, 1927 - Sri Lanka, 2018), Poesía irlandesa contemporánea, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999
Traducción de Jorge Fondebrider


Stone Mania
How much it hurts me to tidy up when all my papers are/ heaped on the desk in a three-month mess,/ To regains control of this drift of days I've lost in/ my passion for building in granite,/ And face the bills I must pay by leaving the house/ that has cost me too much to enlarge,/ Where I passed the time too quickly preparing a place for/ the future to work within soundproof walls,/ So never had a moment in the present for writing about/ the moments that were passing away:/ How much it hurts to see the destruction that all good/ building, even the best, must cause,/ Not only the hedges that had to be first cut down/ before the foundations were dug,/ But deeper cuts through veins in the mind that carried/ the blood of memory through the brain: How much it hurts me to have neglected all this summer/ the friends whom I might have seen/ But for my mad obsessions of building more rooms/ to entertain them in time to come:/ Because these times are apt to elude us, we die, or our/ friends drop dead before we can say/ I'd love you to see and enjoy the house whose construction/ has kept us entirely apart.

Foto: R. Murphy por Paul Maddern Good Reads

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Act. 2023

miércoles, febrero 04, 2009

Pura López Colomé / Con todo

Con todo

Con todo y todo
acudo a mis fragmentos.
En una nervadura apenas
se disgrega
el estira y afloja
el va y viene
el duro y dale
el toma y daca
el atrapa y suelta
el espera y aguarda.
De quien recuerda
y me recuerda
que hay pasos
en su tictac envueltos.
En esta habitación.

Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952), Reliquia, Ediciones sin Nombre y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, San Pedro de los Pinos, 2008

Foto: Pura López Colomé, The Griffin Trust

martes, febrero 03, 2009

William Shakesapere / Soneto 28


XXVIII

¿Cómo puedo salir indemne de este aprieto
que no ofrece la tregua del descanso?
El dolor del día no cesa por la noche
y cada uno oprime por su lado;

y los dos, aunque son reinos enemigos,
se dan la mano para torturarme:
uno con penas, el otro con lamentos,
pues de ti estoy siempre separado.

Le digo al día que eres brillante
y lo llenas de gracia cuando está nublado;
de igual modo a la noche de tez negra
declaro que tú la haces dorada.

Pero el día, cada día, extiende mi condena,
y la noche, cada noche, la hace más amarga.

*
Segunda versión:

¿Cómo podría volver a una situación feliz,
Si estoy privado del beneficio del descanso?
Pues la opresión del día no es aliviada por la noche,
Sino que el día por la noche y la noche por el día se oprimen, 
Y cada uno, aunque sea enemigo del reinado del otro,
Con aprobación se estrechan la mano para torturarme, 
Uno con el trabajo duro, la otra para quejarme
De cuán lejos trabajo, y aún más me aleja de ti. 
Yo le digo al día, para complacerlo, que eres brillante,
Y le confieres gracia cuando las nubes manchan el cielo. 
Y así halago a la noche de tez morena:
Cuando las estrellas centelleantes no giran, tú doras la tarde. 
Pero el día alarga diariamente mis penas,
Y la noche, cada noche, hace que el dolor se estire.

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, 1564-1616)
Versiones del Administrador


XXVIII
How can I then return in happy plight, / That am debarred the benefit of rest? / When day's oppression is not eas'd by night, /But day by night and night by day oppress'd,/ And each, though enemies to either's reign, /Do in consent shake hands to torture me, / The one by toil, the other to complain /How far I toil, still farther off from thee. / I tell the day, to please him thou art bright, /And dost him grace when clouds do blot the heaven: /So flatter I the swart-complexion'd night,/ When sparkling stars twire not thou gild'st the even. /But day doth daily draw my sorrows longer, / And night doth nightly make grief's length seem stronger.

Shakespeare's Sonnets

Ilustración: retrato de W. Shakespeare, por George Vertue (1719), basado en John Taylor (c. 1610) National Portrait Gallery, Londres

lunes, febrero 02, 2009

Tres poemas mitológicos americanos


La muerte del héroe *

Aún se estremece y se yergue y amenaza con su espada
cubre el pecho destrozado su rojo y mellado escudo
hunde en la sombra infinita su mirada
y en sus labios expirantes cesa el canto heroico y rudo.

Los dos Cuervos** silenciosos ven de lejos su agonía
y al guerrero las sombras alas tienden
y la noche de sus alas, a los ojos del guerrero, resplandece como el día
y hacia el pálido horizonte reposado vuelo emprenden.

* El poema alude al Ragnarök, destino, ocaso de los dioses. (N. de R.)
** Los que, en la mitología germánica, acompañan al dios Odín. (N. de R.)

El Walhalla

Vibra el himno rojo. Chocan los escudos y las lanzas
con largo fragor siniestro.
De las heridas sangrientas por la abierta boca brotan
ríos purpúreos.
Hay besos y risas.
Y un cráneo lleno
de hidromiel, en donde apagan,
abrasados por la fiebre, su sed los guerreros muertos.


El canto del mal

Canta Lok * en la oscura región desolada,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.
El Pastor apacienta su enorme rebaño de hielo,
que obedece, —gigantes que tiemblan—, la voz del Pastor.
Canta Lok a los vientos helados que pasan,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.

Densa bruma se cierne. Las olas se rompen
en las rocas abruptas, con sordo fragor.
En su dorso sombrío se mece la barca salvaje
del guerrero de rojos cabellos, huraño y feroz.
Canta Lok a las olas rugientes que pasan,
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.

Cuando el himno del hierro se eleva al espacio
y a sus ecos responde siniestro clamor,
y en el foso, sagrado y profundo, la víctima busca,
con sus rígidos brazos tendidos, la sombra de Dios,
canta Lok a la pálida Muerte que pasa
y hay vapores de sangre en el canto de Lok.

* El que encabeza la lucha contra los Ases -dirigidos por Odín- en el Ragnarök. (N. de R.)

Ricardo Jaimes Freyre (Tacna, 1868 -Buenos Aires, 1933), Poesía en español -Spanish Poetry

Foto: Jaimes Freyre. Letralia

domingo, febrero 01, 2009

William Shakespeare / Soneto 106















CVI

Cuando en las crónicas de tiempos idos
veo que a los hermosos se describe
y a la Belleza embellecer la rima
que elogia a damas y señores muertos,

observo que al pintar sus dechados
la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo,
trataba de expresar la pluma arcaica
una belleza como la que tienes.

Así, sus alabanzas son presagios
de nuestro tiempo, que te prefiguran,
y pues no hacían más que adivinarte,
no podían cantarte cual mereces.

En cuanto a aquellos que te contemplamos
con absorta mirada, estamos mudos.

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Inglaterra, 1564-1616), Sonetos. Selección y traducción de Manuel Mujica Lainez, Losada, Buenos Aires, 1964


CVI
When in the chronicle of wasted time /I see descriptions of the fairest wights,/ And beauty making beautiful old rhyme,/In praise of ladies dead and lovely knights,//Then, in the blazon of sweet beauty's best,/Of hand, of foot, of lip, of eye, of brow,/I see their antique pen would have expresse'd/ Even such a beauty as you master now.// So all their praises are but prophecies/ Of this our time, all you prefiguring;/And for they looked but with divining eyes,/ They had not skill enough your worth to sing://For we, which now behold these present days,/Have eyes to wonder, but lack tongues to prais.

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Ilustración: Shakespeare, retrato atribuido a John Taylor, c. 1610. National Portrait Gallery, Londres