lunes, abril 18, 2011

A.E. Housman / De "El muchacho de Shropshire"


XL

En mi corazón un aire que mata
Desde tu lejano país sopla:
Qué son esas tristes colinas,
Qué cimas y granjas son esas.

Esa es la tierra del contento perdido,
Veo resplandecer muy ceñido
El alegre sendero que atrás dejé
Y por el que no ya puedo volver

A.E. Housman (Bromsgrove, 1859-Cambridge, 1936), de El muchacho de Shropshire
Versión de Angel Faretta


A Shropshire Lad

XL


Into my heart an air that kills (*)
From yon far country blows:
What are those blue remembered hills,
What spires, what farms are those?
That is the land of lost content,
I see it shining plain,
The happy highways where I went
And cannot come again.

Ilustración: Prados en Greifswald, 1820, Caspar David Friedrich

Safo/Catulo



Safo
Fragmento 31

Aquel me parece igual a los dioses
el hombre que está justo enfrente tuyo
y de cerca te escucha y mira susu-
rrar amigable

y ríes levemente, lo que hace
que en mi pecho el corazón eche a volar
pero te miro y se agolpa y las pala-
bras no me salen

la voz se me quiebra, mientras un fuego
sutil se agita debajo de mi piel
los ojos se niegan a ver, me retum-
ban los oídos

un sudor frío se expande sobre mí
un temblor me invade toda, blanca estoy
como el nácar, débil cercana a morir
parece que estoy

pero todo se soporta cuando pobres...

Safo (Isla de Lesbos, Grecia, VII a.C.- VI a.C.)


Catulo
Carmines

aquel me parece semejante a un dios:
aquel, si es lícito, supera a los dioses
el que sentado en frente tuyo te
mira y escucha

reís dulcemente, lo que, mísero
me arrebata los sentidos: al punto
Lesbia, en que te veo nada queda
en mi boca de voz

la lengua se entorpece y sutil
bajo la piel un fuego me recorre:
tintinean mis oídos y una doble
noche oculta mis ojos

el ocio, Catulo, te es molesto:
en el ocio te exaltás en demasía:
el ocio, en otros tiempos, perdió
reyes y ciudades felices

Caius Valerius Catullus (Verona, 87 aC. - Roma, 54 aC)
Versiones de Ignacio Uranga


φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν' ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τό μ' ἦ μὰν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν,
ὠς γὰρ ἔς σ' ἴδω βρόχε' ὤς με φώναισ'
οὐδ' ἒν ἔτ' εἴκει,

ἀλλ' ἄκαν μὲν γλῶσσα ἔαγε λέπτον
δ' αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμηκεν,
ὀππάτεσσι δ' οὐδ' ἒν ὄρημμ', ἐπιρρόμ-
βεισι δ' ἄκουαι,

έκαδε μ' ἴδρως ψῦχρος κακχέεται τρόμος δὲ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ' ὀλίγω 'πιδεύης
φαίνομ' ἔμ' αὔται·

ἀλλὰ πὰν τόλματον ἐπεὶ καὶ πένητα

*

Ille mi par esse deo videtur
ille si fas est superare divos
qui sedens adversus identidem te
spectat et audit
dulce ridentem misero quod omnis
eripit sensus mihi nam simul te
Lesbia aspexi nihil est super mi
vocis in ore
lingua sed torpet tenuis sub artus
flamma demanat sonitu suopte
tintinant aures gemina teguntur
lumina nocte.
Otium Catulle tibi molestum est
otio exsultas nimiumque gestis
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes

---
Ilustración: Safo y Alceo, 1881, Lawrence Alma-Tadema

domingo, abril 17, 2011

Zbigniew Herbert / Dos poemas

Jonás

Y preparó el Señor
un pez grande
para que tragara a Jonás.
Jonás hijo de Amiar
huyendo de una misión peligrosa
tomó un barco que iba
de Jope a Tarsis

lo que sucedió después es bien sabido
viento terrible, tempestad
los tripulantes arrojan a Jonás
en las profundidades
el mar se levanta por su propia furia
viene el pez profético
tres días y tres noches
reza Jonás en su vientre
por fin el pez lo devuelve
a tierra firme

un Jonás contemporáneo
se sumerge como piedra
si le toca una ballena
no tiene ni tiempo para un suspiro

en el caso de que se salve
actúa con más astucia
que su compañero bíblico
nunca más se encarga
de una misión peligrosa
se deja crecer la barba
y lejos del mar
lejos de Nínive
escondiéndose bajo un falso apellido
se vuelve comerciante de ganado
y de objetos antiguos

los agentes de Leviatán
no rechazan los sobornos
no sienten el soplo del destino
son empleados de la casualidad

en un hospital bien limpio
Jonás muere de cáncer
sin darse cuenta
de quién había sido

puesta sobre su frente
se apaga la parábola
el bálsamo de un relato bíblico
nada puede con su cuerpo


El abismo del señor Cogito

En casa no hay peligro
pero detrás del umbral
cada vez que el Señor Cogito
sale por la mañana a pasear
se abre delante de él
un abismo
no el abismo de Pascal
tampoco el despeñadero de Dostoievski
es un abismo
justo a la medida
del Señor Cogito
su calidad particular:
nada insondable
ni aterrorizador

lo sigue como si fuera una sombra
lo espera frente a la panadería
en el parque junto con el Señor Cogito
por encima de su hombro
lee el periódico

molesto como un tumor
apegado como un perro
y ni siquiera tan profundo
para absorberlo con la cabeza
las piernas y las manos

un día
el abismo tal vez se haga más grande
más maduro
se ponga serio
¡ay si se supiera
qué agua darle
con que semilla
alimentarlo!

ahora
basta con que el Señor Cogito
recoja un puñado de arena
para taparlo

sin embargo no lo hace
al regresar a casa
deja al abismo tranquilo
detrás del umbral
ocultándolo cuidadosamente
con un viejo trapo

Zbigniew Herbert (Leópolis, actual Ucrania, 1924-Varsovia, 1998), Poesía polaca contemporánea, selección, traducciones y notas de Krystyna Rodowska, Material de Lectura 31, Universidad Autónoma de México, 2008

Foto: Poetry Dispatch

sábado, abril 16, 2011

Santiago Sylvester / Dos poemas



(la conversación)

Los años no entran todos por la misma puerta
aunque terminen juntos,
siempre en trance de irse hacia otra parte: el problema
es adónde

Tampoco vienen del mismo lugar: cada uno con su avío;
y si terminan comiendo de la misma sopa, reflejados
en el mismo espejo,
no muestran siempre una cara triunfante sino
esta pregunta que cae por su propio peso: ¿hay años que ya no vendrán?
Y no hay una respuesta: hay
principios generales que terminan en desilusión: un secreto
que sólo muy pocos no conocen.

Aunque no entran todos por la misma puerta,
tienen el diálogo de los que están resignados a juntarse
y esa conversación,
lo que se dice en ella,
es lo único que no deja de existir
cuando de pronto un reloj se detiene para todos.


(caminata)

La senda lleva hacia donde no se sabe: detrás del alambrado
empieza la loma suspendida contra la ley de gravedad:
se expande en círculos, en caranchos allá arriba, en la agitación
de los pilpintos;
y a ras de tierra la menta, algunas tunas y más atrás el ceibo:
la masa verde lava el abuso de civilización: el hormiguero
surge como una protuberancia del infierno: la senda
atraviesa el cerco, los helechos...

...y reaparece en el pinar: no me gustan los pinos: en el pinar
no hay pájaros: hay silencio: en el corazón del pinar la soledad
es absoluta. La respiración contenida, el oído
en guardia: el ojo no deja de mirar: no puede
no mirar: hay
una falsa paz.

Santiago Sylvester (Salta, 1942), La palabra y, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011


Ilustración: Pino cerca de Aix, 1890, Paul Cézanne

viernes, abril 15, 2011

Gerardo Gambolini / Dos poemas



Animal Planet / History Channel

Acechar a la presa, tender la telaraña,
valerse de la garra, de la fauce,
la ponzoña, esperar que haya despojos,
marcar el territorio, organizar

la colonia, adaptarse, construir,
infestar la oscuridad,
escapar al predador, asolearse por
momentos, enseñar a la cría

siempre lo mismo, perpetuar el adn,
la consigna, la inflexible economía.


Thomas Huxley en su habitación

Y si la opción fuera el hombre de ciencia
que usara su retórica brillante
para aplastar la discusión religiosa,
preferiría descender de un sacerdote.

El arte, el mundo, la arquitectura
detrás de ti — ah, me importa un bledo
que existas o no existas.
Te rezo en tu calidad motora, imaginaria,

como la única prueba
verdaderamente humana.


Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955), inéditos

---
Ilustración: Tigre asustado por una serpiente, 1858, boceto de Eugène Delacroix

jueves, abril 14, 2011

Victoria D'Antonio / Hamamelis



Hamamelis

Una mujer a punto de cortar una rama
para bien del mundo
para el bien infinito de sus días.
El corte ha de ser perfecto
y no malherir.
Un saber antiguo
que asegura el altivo rosedal.
Un papiro de ilusiones
las manos, jamás desterradas.
Venas azulverde.
Todo se mide en espinas, en tiernas hojas.
Cuando se acerca y el tallo tiembla y la flor se sabe
ya muerta no hay dudas,
quien otorga la vida
ha instruido a esa mujer en este gesto.
Cada día se repite la intemperie de flores y árboles olvidados.

Victoria D'Antonio (Buenos Aires, 1972), La coleccionista, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010

Foto: Victoria D'Antonio las afinidades electivas.las elecciones afectivas

miércoles, abril 13, 2011

Angel Faretta / Navidad



Navidad 2010

Igualmente volvés a nacer
Y el pesebre es ahora el mundo
Tan lleno de estiércol y mugre.
¿Vendrán los magos de Oriente
O estarán más que desorientados
Frente a este enorme emporio
Y no un imperio al que oponer
Otra ley o mejorar la anterior?
Igualmente volvés a nacer
Por estas fechas invernales
Que aquí son vernales
Y hasta nos cuesta sentir
Desde este lado del mundo
Lo que habrá sido esa noche.
Buscar un refugio en vano,
Posadas y casas de hospedaje
Hasta que marido y mujer,
Dieran con este henil tibio.
El asno puesto a la izquierda
Pero el buey a su derecha
Recordando que ambas fases
Vuelven a estar presentes
Esa noche, tan fría allí
Y aquí tórrida y estrepitosa
Entre colgajos colorinches
Y petardos multicolores
Donde volvés a nacer.
No importa el gordo barbón
Vestido de rojo como la puta
De Babilonia y sus llamados
A comprar tantos cachivaches.
Aún en medio de todo eso
De esa mugre barata y bastarda
Volvés de nuevo a nacer.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: Imagen del Nacimiento con el profeta Isaías señalando la estrella, catacumba de Santa Priscila, Roma, c. fines del siglo II

lunes, abril 11, 2011

Richard Gwyn / Reglas de conducta


Reglas de conducta

Llegaron Soldados. Después, Administradores. Impusieron un serie estricta de leyes de conducta. Primeramente, el toque de queda, entre las 9 pm y las 6 am. En segundo lugar, una restricción sobre el número de gente que podía verse junta en toda ocasión, salvo en la iglesia. En tercer lugar, que todos los adultos estuvieran completamente vestidos durante las horas no comprendidas por el toque de queda. En cuarto lugar, que quedaba estrictamente prohibido tener loros, así como todo otro pájaro que imitara el habla humana. Quinto, que las visitas al doctor fueran exclusivamente para quienes sufrieran únicamente enfermedades que se curasen. Sexto, que todos los libros que tuvieran la letra V deberían entregarse a las autoridades literarias. Séptimo, que todo el ganado se registrara ante la autoridad competente, salvo las aves de corral comestibles y sus huevos. Octavo, que las gallinas negras fueran una excepción a ésta última cláusula excluyente y que se las considerarse propiedad de los Administradores. Noveno, que quedaba prohibido que los perros ladrasen entre las 9 pm y las 6 am, y que si lo hicieran sus dueños estuvieran sujetos a multas abultadas. Décimo, que las personas que tuviesen sueños con (a) elefantes, (b) reptiles peligrosos, o (c) cualquier variedad de crustáceo, los reportaran a las autoridades cívicas de inmediato. La contravención de cualquiera de las leyes enunciadas arriba iba ser vista como un desafío directo a la autoridad de los Administradores. Las reglas fueron exhibidas en una ancha pizarra fuera de la intendencia. La primera noche, fuimos despertados por una explosión. Alguien había descargado ambos caños de una escopeta en la recién levantada pizarra. Se buscó en todas las casas que daban a la intendencia, pero no se encontró arma alguna. Cuatro jóvenes fueron enviados a la cárcel.

Richard Gwyn (Gales, 1956), Sad Giraffe Café, Arc Publications, UK, 2010
Versión de Jorge Fondebrider


Rules of Conduct

Soldiers came. Adminstrators followed. They imponed a strip set of rules of conduct. Firstly, the curfew, between the hours of 9 pm and 6 am. Secondly, a restriction on the number of people to be seen together on any one occasion, except in church. Thirdly, that all adults should be fully clothed during hours not covered by the curfew. Fourthly, that the keeping of parrots was strictly forbidden, as were all other birds who mimicked human speech. Fifth, that visits to the doctor were to be confined to those who suffered only curable diseases. Sixth, that all books containing the letter V were to be handed in t o the literary authorities. Seventh, that all livestock was to be registered with the appropriate authority, excluding edible fowl and their eggs. Eighth, that black hens were an exception to this last excluding clause and were to be considered property of the Administrators. Ninth, that it was prohibited for dogs to bark between the hours of 9 pm and 6 am, and that if they did so their owners were liable to substantial fines. Tenth, t hat persons who had dreams containing either (a) elephants; (b) dangerous reptiles, or (c) any variety of crustacean, were to report to the civic authorities at once. Contravention of any of the above stated legislation was to be regarded as a direct challenge to the authority of the Administrators. The rules were posted on a large noticeboard outside the civic hall. On the first night, we were awakened by an explosion. Somebody had fired both barrels of a shotgun into the newly erected noticeboard. All the houses facing the civic hall were searched, but no weapon was found. Four young men were sent to prison.

Ilustración: School Rules, siglo XIX, William Holbrook Beard

Claudia Masin / La gracia




La gracia

A veces, muy raramente, un encuentro nos conmueve
de una forma que no puede ser atenuada por el pensamiento
o el lenguaje. Es que trae una memoria
de lo que fue íntimamente conocido y deseado, pero ha sido
desplazado a un lugar inalcanzable, de donde no sabría volver
a menos que una persona -entre todas- lo llamara. Somos
criaturas tímidas que no han hallado, en respuesta
a su curiosidad, a su pasión por todas las cosas, más que daño
o rechazo. Como animales que han luchado demasiado por su vida,
no sabemos qué hacer con la alegría, y si llega,
seguimos huyendo para salvarnos. Si lográramos vencer el terror,
si nos quedáramos, podríamos recuperar algo
perdido hace tiempo. La dicha más plena es una dicha física
y debería producirse sólo una vez,
antes de que conozcamos las palabras. Su regreso es siempre
un instante de gracia que nos devuelve el amor con que un día
la materialidad del mundo nos ha tocado.

Claudia Masin (Resistencia, Chaco, 1972), La plenitud, Hilos Editora, Buenos Aires, 2010

Foto: Claudia Masin en La trampera

domingo, abril 10, 2011

Mario Ortiz / De "Cuadernos de lengua y literatura. Volumen IV"



Virginia

La ciudad del verano se vacía en invierno.
Si tuviera que pensarla en una imagen
diría que es un viejo que se ha encogido de reuma
o una niña jugando con la ropa gigante de su madre
y monta un teatrino en el momento ufano de la escena mayor
niña primma-donna de la ópera imaginaria
lady Macbeth con capelina como sombrero de mariachi

Vine a dar clase de Lengua y Literatura en la Escuela Media
porque no conseguían profesor.
Me dieron un departamento en un edificio completamente vacío,
el ascensor funcionaría solamente para mí
si no fuese porque prefiero la escalera para subir al 5° piso

Durante el invierno no importa verdaderamente
que el sol salga y se ponga en el mar como dice la propaganda
pero hoy levanto la vista de unos ejercicios de concordancia
hacia la ventana que quedó abierta
y veo a Lucianita con su abuelo sentados en la rambla
envueltos en una frazada violeta mirando el atardecer

dos líneas rojas: el verbo señala a un sujeto explícito
el mar violeta se funde con la frazada
otro ejercicio de concordancia
se ve poco
alcanzo a señalar un sujeto elidido
una penumbra morada comienza a invadir las cosas
cuando prendo la luz
la niña y su abuelo ya no están

Mario Ortiz (Bahía Blanca, 1965), El libro de las formas que se hunden (Cuadernos de lengua y literatura. Volumen IV), Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2010

Foto: Ortiz Poetas argentinos

sábado, abril 09, 2011

Jorge Leonidas Escudero / "La lingua bate..."



"La lingua bate dove il dente duole"

Esto en lejos
un día gris que hubo y vuelve
con nosotros del brazo otra vez
para mostrarle al futuro la nada.

La tarde era apagándose. Caminábamos
a nunca más y los árboles nos acompañaban
po el viento en la calle deshojándose.

E algunos transeúntes
a lo suyo iban serios, sin mirarnos
porque nos estábamos volviendo invisibles.

Y pájaros en fuga po el cielo
y nosotros del brazo como si nada.
E el aire a trabajar con nuestras respiraciones
calladamente, sin ganas de hablar.

Desde la próxima esquina en adelante
el tiempo se fue sin nosotros
pero el día gris ese que hubo vuelve
para tocar en mí donde más duele.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), "Senderear" (2001), Poesía completa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

Ilustración: L'oiseau et son ombre II, 1961, Georges Braque

viernes, abril 08, 2011

Irene Gruss / De "La pared"


I

Le hablo a la pared.
Hay quien escribe poemas
en un muro y luego se despide, tira
la carbonilla a un lado.
Lo mío es hablarle siempre a la pared,
antes que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.

Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.

XIII

Guay del que contradiga
lo que la pared dice, el clavo
que sujeta el espejo, la foto
de mamá, sangre
en el muro, la soga
del ahorcado, la de la ropa.

XIV

Rígida como es,
no acepta tanto punto
de vista. Pareciera
que se marea: chorrea la tinta
o el pincel: la pared
limita: estoy
hasta acá,
dice, y muestra el borde.

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), La pared, inédito
---
Ilustración: Casa giratoria, 1921, Paul Klee

jueves, abril 07, 2011

Jude Nutter / El cuarto hombre



El Cuarto Hombre

Sé que durante esa larga y tortuosa marcha de 36 horas por las montañas anónimas y los glaciares de Georgia del Sur, a menudo me pareció que éramos cuatro, no tres. No dije nada al respecto a mis compañeros, pero más tarde Worsley me dijo: “Jefe, en el camino tuve la sensación extraña de que había otra persona con nosotros”. Crean confesó haber tenido la misma idea. Uno siente “la escasez de las palabras humanas, la dureza del lenguaje de los mortales” al tratar de describir lo intangible…
—Ernest Shackleton


Olvida lo que sabes sobre el Endurance
cercado por el hielo: la tripulación flotando a ciegas
en él durante meses, sus perros

matados uno a uno; las traiciones diarias del pánico
y la desesperación. El coraje es el cuerpo que crea,
a partir de la violenta ternura de la imaginación,

una visión de sí como algo posible.
Lo que importa es cómo esos tres hombres permanecieron callados,
cada uno sometiéndose, en secreto, a su propia necesidad.

Más tarde, llamarían al cuarto entre ellos
Providencia. Pero yo digo
que fue el trabajo del cuerpo y estoy segura

que cada corazón se abrió esperanzado mientras la nieve
volaba ligera con un siseo bajo una bota;
cuando las rocas, sueltas, se desprendían ladera abajo;

en cada sombra atrapada al límite de la visión.
Y estoy segura
que darse vuelta y no encontrar nada era más fácil de soportar

que cualquier evidencia que pudieran haber descubierto
caminando con ellos. El cuerpo no es el único terror
por lo cual moldeamos la salvación, sino

la única soledad de la que nada sabemos.
Por eso hacemos el amor, y soñamos
en imágenes; por eso hacemos arte, voraces

de plegarias a nuestra imagen y semejanza. Por eso cada hombre
despertaba, de tanto en tanto, a su propia ficción. Y creia que era cierta.
Esta mañana, después de soñar

en las horas tempranas, oscuras y sin acercarme más
a este cuerpo, que soporto sola, caminé hasta el río
donde las garzas azules flotaban sobre sus reflejos

como apariciones y ¿no es esto igual que la carne?
pensé: flotar como el espectro de sí misma
por encima de la prueba de su existencia.

Jude Nutter (North Yorkshire, Inglaterra, residente en los Estados Unidos desde 1980),The Curator of Silence, University of Notre Dame Press, 2006
Versión de Silvia Camerotto

The Fourth Man//I know that during that long and racking march of 36 hours over the unnamed mountains and glaciers of South Georgia, it seemed to me often that we were four, not three. I said nothing to my companions on the point, but afterwards Worsley said to me, ‘Boss, I had a curious feeling on the march that there was another person with us’. Crean confessed to the same idea. One feels ‘the dearth of human words, the roughness of mortal speech’ in trying to describe things intangible…//—Ernest Shackleton//Forget what you know of the Endurance /assailed by ice: her crew floating blindly /inside her for months, their dogs slaughtered //one by one; the daily betrayals of panic /and despair. Courage is the body creating, /from the violent tenderness of the imagination, //a vision of itself as something possible. /What matters is how those three men kept silent, /each one submitting, in secret, to his own need. //Later, they would name the fourth one among them /Providence. But I say /it was the body’s work and am certain //that each heart opened hopefully as the snow /blew loose with a hiss from under someone’s boot; /when rocks, dislodged, spit away down slope; //at every shadow caught on the edge of vision. /And I am certain /that turning around to find nothing was easier to bear //than any evidence they might have discovered /walking among them. The body is not the only /terror out of which we fashion salvation, but it is //the one loneliness about which we know nothing. /It’s why we make love, and dream /in pictures; it’s why we make art, ravenous //for prayers in our own likeness. It’s why each man /woke, off and on, to his own fiction. And believed it true. /This morning, after dreaming //in the dark, early hours and coming no closer /to this body, which I endure alone, I walked to the river /where the blue herons hung like apparitions //above their reflections and isn’t this just /like the flesh, I thought: to float as the ghost of itself /above the proof of its existence.


Ilustración: Wolves Hunting an Explorer, 1900, H. Morgal

miércoles, abril 06, 2011

Mario Luzi / Vuela alta palabra



[De Per il battesimo dei nostri frammenti] [1985]

Vuela alta palabra

Vuela alta, palabra, crece en profundidad,
toca nadir y cénit de tu significación,
ya que a veces lo consigues - sueño que la cosa exclama
en la oscuridad de la mente -
pero no te separes
de mí, no llegues,
te ruego, a esa cita celestial
sola, sin mi calor
o al menos mi recuerdo, sé
luz, no deshabitada transparencia...

¿La cosa y su alma? ¿O la mía y su sufrimiento?

Mario Luzi (Florencia, 1914-2005), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de Jorge Aulicino


[Da Per il battesimo dei nostri frammenti]

Vola alta parola

Vola alta, parola, cresci in profondità,
toca nadir e zenith della tua significazione,
giacchè tavolta lo puoi - sogno che la cosa esclami
nel buio della mente -
però non separarti
da me, non arrivare,
ti prego, a quel celestiale appuntamento
da sola, senza il caldo di me
o almeno il mio ricordo, sii
luce, non disabitata trasparenza...

La cosa e la sua anima? o la mia e la sua sofferenza?

Ilustración: Códice de San Pedro de Cardeña, Burgos, siglo XI, anónimo

martes, abril 05, 2011

Dolores Etchecopar / De "El comienzo"















9

¿de dónde sopla el viento que abre
las pequeñas jaulas
de la memoria?
el mar está prohibido dijo una voz
que salía del mar
el mar de las desapariciones
vivíamos allí
¿se puede?
a ciegas tanteo esa sustancia oscura
que atraviesa mi cuerpo día tras día
¿dónde estoy?
ahora levanto uno de sus miles de brazos

y para esa mano más fría que el mar
que me tienden desde la costa
sólo tengo la mascarilla
de la Madonna de los gritos


13

hay palabras preciosas
gemas que se abren misteriosamente
cuyas facetas destellan algo que se quiebra
antes de completarse
así es la palabra aquiescencia
difícil de pronunciar
esquiva como un hilo de agua
que fluye entre las aristas filosas
de la palabra no

Dolores Etchecopar (Buenos Aires, 1956), El comienzo, Hilos Editora, Buenos Aires, 2010
---
Foto: Dolores Etchecopar Ignoria

lunes, abril 04, 2011

Germán Arens / Una carnicería


















Una carnicería

Una carnicería
es un lugar destinado
a manipular carne con o sin hueso
me dijo González,
carnicero en mi pueblo.

Una carnicería debe ser blanca.

La superficie
de una carnicería
deberá ajustarse a las ordenanzas municipales
de edificación establecidas.

Paredes azulejadas, pisos impermeables.

Un sanitario y sus elementos.

Iluminación artificial o natural
ventilación natural o artificial.

Las heladeras
deberán estar en funcionamiento continuo
garantizando de manera ininterrumpida
una temperatura inferior a -18 ºC.

Todo mientras haya carne.

Ahora bien…
Teniendo en cuenta que desde la Asociación de Abasteros y Matarifes informaron
 una caída en el consumo de un 25 % y que muchos productores se dedicaron
 a la soja por la renta económica que genera.
Teniendo en cuenta la sequía del 2009.
Teniendo en cuenta la presión para que no se exporte.

¡No es el precio internacional
el que empuja los valores locales!...

Hasta puse 4 sillas violetas
en el intento
de destacar a mi carnicería
de otras carnicerías.

Entonces Germán...
respondiendo a tu curiosidad,
nada más significativo que el diálogo
que hoy por la mañana tuve con Minieri.

- ¿Qué tal, González, cómo va ese negocio?
- A la mañana no entra nadie, che. No pasa una mierda…
- ¿Y a la tarde?
- Y a la tarde merma un poco siempre.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Pueblada 2 - El regreso, inédito
---
Ilustración: Relieve toscano, 1967, Ben Nicholson

Martín Andrade / Tinta china


Tinta china

Inquieta la bruma que se aleja
Para inventar otro tiempo en otro espacio.
Estas rocas, adormecidas entre los arbustos,
Semejan monstruos extendidos junto al río
Que trota, sereno y se esconde
Bajo un puente lejano.
En la otra orilla, casas hundidas
En las entrañas de oscuras frondas,
Y una alta torre que vence
A la majestuosidad de los montes.
Algo inexistente inquieta aún más:
No hay bestias ni aves,
No late ser humano alguno
En el paisaje que, un día enlutado,
Mira y dibuja con tinta china
Johann Wolfgang von Goethe.

Martín Andrade (Puerto Natales, Chile, 1937 - Buenos Aires, 2013), Miradas, Proa Amerian Editores, Buenos Aires, 2010
---
Ilustración: Virgilio, por Rafael, en la tapa de Miradas

domingo, abril 03, 2011

Melisa Machado / Jamba













I

Fermentaba el brezo de la piel:
gema o turba,
carcaja embrozada

Y había un zorro, un budín.

Vino y la enredó en sus crines.

Tenían las plumas vistosas,
contaban piedras como días.

Hubo jamba: júbilo.

Se corrió para que se fueran.

Sin mellas,
sin costuras.

Todos los minúsculos bordados en un destello.


VI

Anoche me despertaron los pómulos endurecidos.
Me espantó mi propia cabellera:
ráfaga imprevista,
líquen desmedido.

Lejos, un corazón de almendras.

Me crecían uvas en la boca y mis palabras eran bruma.
Me eché a temblar: larga, delgada y poseída.
Y llegué hasta allá
y jugué conmigo
como se juega con un animal dormido.

Sellaré ahora mis vocales.
Reconozco el odre de mi miel.
(Me miran de noche sus ojos de hígado)


XVII

Sobrevolaban pájaros de alas enardecidas,
aterciopelados como duraznos.

En el suelo papeles azules:
sutiles, tenebrosos.

Era la hora del té y la fiebre.

"Vienen murciélagos", pensó.

Afuera todo era viento.

Adentro: nísperos.

Melisa Machado (Durazno, 1966), "Jamba de flores negras" (2006), Rituales, Estuario Editora, Montevideo, 2011
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Foto: Melisa Machado por Manuel Gianoni

sábado, abril 02, 2011

Richard Gwyn / Espartanos



Espartanos

Vivir en la ciudad de Esparta era difícil. Abandonado recién nacido por una noche en la ladera de una colina, pronto aprendías lo que era bueno. Además había peleas que pelear, tierras que conquistar, saqueos y sometimientos que llevar a cabo. Dignidad y una tumba honorable. Y siempre esos corintios tramposos y esos atenienses superiores a quienes superar en lucha mortal y sin dejarles ni un pelo intacto. Lanzas que lustrar hasta que brillasen más que la luz de la luna, espadas que afilar hasta que el menor contacto partiese en dos al nervio. Si crecías sintiéndote flojo ante todos esos trabajos, todo ese clamor por sangre y muerte, y anhelabas apenas un asomo de misterio o ternura, estabas condenado a la burla y al insulto. En el patio de la escuela oía a los que iban a ser guerreros espartanos. Sus palabrotas incluso eran de pura sangre, mientras yo tenía la boca llena de bolitas.

Richard Gwyn (Gales, 1956), Sad Giraffe Café, Arc Publications, UK, 2010
Versión de Jorge Fondebrider


Spartans

In the city of Sparta the living was tough. Left out on a hillside as a newborn baby for a night, you soon learned what was what. Then there was fighting to be done, lands to conquer, pillaging and subjugation to carry out. Dignity and an honourable grave. And always those duplicitous Corinthians and superior Athenians to outdo in mortal conflict and in leaving not a hair unscathed. Spears to be polished until they outshone moonbeams, swords to sharpen till the faintest touch would bisect the strongest sinew. If you grew up feeling faint at all this hardship, all this clamouring for blood and death, and longed for just a hint of mistery or tenderness, you were doomed to mockery and insult. I heard them in the schoolyard, the would-be-Spartan warriors. Even their swearwords were thoroughbred, while my mouth was full of marbles.


Ilustración: Jóvenes espartanos, c.1860, Edgar Hilaire Degas

viernes, abril 01, 2011

Paula Jiménez / Desencanto




Desencanto

V

Por momentos, alcanzás
a hilar fino en tu desgracia y tarde
te das cuenta del engaño,
cuando el cansancio
es más grande que el deseo.
Entonces yo te escucho y pienso
que a veces la vida se ve así
como un árbol caído
y los dos
creemos que es más cierto que el verano
este invierno, la apariencia
que en la ventana adquiere
bruscamente
lo que se vuelve inmóvil.

VI

Mejor es ser consciente, observar
la cotidiana conclusión de las cosas
que se avienen con la luz
y terminan en la sombra. Cada día
se aprende de esto,
solamente hay progresión hacia la noche
cerramos los ojos y olvidamos la vida
y la materia,
no sólo eso que nos rodea
sino lo que somos, es decir
lo que no será.

Paula Jiménez (Buenos Aires, 1969), Espacios naturales, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Ante las puertas de Kairouán , 1914, Paul Klee

María Julia de Ruschi / Números



Números

Cuenta Marcel Granet que una vez en China se reunieron once generales para decidir si había o no que librar una batalla decisiva. ¿Avanzar o retroceder? Discutieron acaloradamente, y por último votaron: tres a favor de la acometida, ocho por la retirada. Entonces acordaron atacar, porque tres es el número de la unanimidad. Y, por supuesto, obtuvieron la victoria.

María Julia de Ruschi (Buenos Aires, 1951), Nada escrito, Hilos Editora, Buenos Aires, 2010

Foto: María Julia de Ruschi, Hilos Editora