martes, marzo 15, 2016

Naomi Replansky / Quejas elevadas












Quejas elevadas a la encargada,
musa de la poesía lírica,
por el sindicato internacional
de los poetas líricos

1. Nunca nos dices qué debemos hacer,
pero sentimos tu repugnante desagrado
si no está hecho,
y bien hecho.

2. No nos pagas por hora
ni por semana, ni por año.
Podríamos bregar toda una vida
sin el premio de tu sonrisa,
pero hay que ver cómo bendices
al que un día vertiginoso
sacó una pieza de la nada.

3. Careces de instrumentos de precisión
que midan el valor de nuestras producciones.
(Tus inspectores cambian sin cesar
y algunos te profesan poco afecto).

4. Nos encierras en nuestro idioma
hasta cuando sentimos el frío de la patria.
Cuanto más justas son nuestras palabras,
más radiantes su música y encanto,
más arduo es para ellas
conservar su atractivo
cuando intentan cruzar una frontera.

5. Promueves a los jóvenes de entre nosotros.
¿Qué más pueden hacer los veteranos?
¿Aprender otro oficio? Si hasta esperas
que esos viejos decrépitos compitan
con la versión más joven de sí mismos.
Exigimos una pensión que dé Seguridad estética
y un pequeño subsidio de Sabiduría
para sobrellevar los males del invierno.

6. Debemos mantener la productividad
aun cuando no hay demanda.
Nuestras piezas atestan el mercado.
Nadie nos presta oído.
¿Debemos achacarlo a nuestra incompetencia?

7. Tenemos quejas. Nos quejamos.
Pero nunca nos pondremos en huelga.
Tememos por el cierre de tu fábrica
como tenemos nuestra muerte.
Hace tiempo, cuando nos diste empleo,
pensamos que sería de por vida.


1995


Naomi Replansky (Bronx, Nueva York, Estados Unidos, 1918)
Versión de Jordi Doce en Perros en la Playa


Nota del traductor

Descubrí la obra de Naomi Replansky gracias a mi amigo el crítico y profesor inglés Richard Swigg (el mayor experto que hay sobre la tierra en la obra de Charles Tomlinson). Hace poco aprovechó un viaje a Nueva York para visitarla en su casa de Manhattan y realizar una pequeña grabación doméstica: Richard se interesa por el modo en que los poetas leen su propio trabajo y ha sabido crear con los años un archivo impresionante de voces y de lecturas de poesía. La lectura que hizo Replansky de sus poemas le impresionó: ágil, expresiva, llena de fuerza y de convicción, y al mismo tiempo capaz de dar a cada sílaba y a cada palabra su acento peculiar.

A sus casi 98 años, Replansky es seguramente la decana de las escritoras norteamericanas y uno de los grandes secretos de la poesía en lengua inglesa. Un secreto a voces, porque la publicación en 2012 de sus Collected Poems (en Black Sparrow Press) despertó una ola de reconocimientos públicos y de elogios de escritores tan diversos como David Ignatow, Grace Paley o Ursula K. Le Guin (que suceden a los que le dedicó en su día George Oppen). Es verdad que su primer libro, Ring Song (1952), fue finalista del National Book Award, pero hubo que esperar nada menos que 36 años, hasta 1988, para leer una segunda entrega de su trabajo. Una razón es que, como explica la propia poeta, «escribo lentamente». Otra forma de decirlo es que estamos ante una perfeccionista de manual, empeñada en pulir y refinar sus poemas hasta la extenuación.

Pero hay otros motivos, nada desdeñables: como muchos escritores de su generación, Replansky coqueteó con el activismo político y en concreto con el sindicalismo obrero, de orientación comunista, que alcanzó su apogeo en los años previos a la Segunda Guerra mundial. Pasó los años cincuenta del siglo pasado haciendo trabajo social en Los Ángeles, donde se relacionó con los grupos más contestatarios y «sospechosos» de la poesía angelina: allí la furia del macartismo y la caza de brujas cayó sobre ella y la convirtió, al menos por un tiempo, en una paria. Aunque no habla mucho de esa época, parece que terminó haciendo un poco de todo, ganándose la vida en trabajos ásperos y no demasiado compatibles con la escritura y la vida contemplativa. Me alegra añadir que desde hace años vive plácidamente en Manhattan con su compañera, la escritora Eva Kollisch (conocida también por haber sido pareja de Susan Sontag en la década de 1970).

Con decir que las influencias predilectas de Replansky son Blake, Dickinson, Brecht y la poesía tradicional japonesa podemos hacernos una idea bastante aproximada de su escritura: una poesía lírica, casi cantábile, en ocasiones, de arte menor y muy rigurosa formalmente, breve y lapidaria. Abundan los cuartetos rimados, los poemas que cortejan el ritmo y el tono de la canción, como en su admirado Brecht (a quien ha traducido), los epigramas, etc. Y muchos poemas tienen algo de fábula truncada, como si fueran poemas infantiles para adultos, oscuros y perversos, con un tono falsamente naif que no esconde su pulsión expresionista.

Todo esto hace muy difícil traducir su poesía. He elegido este poema en concreto porque es de los menos formalistas de su producción, y porque tiene un sentido del humor (me recuerda vagamente el tono de cierta Szymborska) que viaja con facilidad a nuestro idioma. Sin mencionar que no hay poeta, me parece, que no haya querido plantearle al capataz universal de la poesía un pliego de quejas como el que detalla Replansky.






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