domingo, marzo 13, 2016

Inger Christensen / De "Alfabeto"











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las palomas existen; los soñadores, las muñecas
los asesinos existen; las palomas, las palomas;
niebla, dioxina y días; los días
existen; los días la muerte; y los poemas
existen; los poemas, los días, la muerte

5
el otoño existe; el regusto y la reflexión
existen; y el lugar retirado existe; los ángeles,
las viudas y el alce existen; las particularidades
existen, el recuerdo, la luz del recuerdo;
y el resplandor crepuscular existe, el roble y el olmo
existen, y el enebro, la semejanza, la soledad
existen; y el éider y la araña existen,
y el vinagre existe, y la posteridad, la posteridad

6
la garza real existe, con su abovedada espalda
gris azulada existe, con su negro copete
y sus claras plumas caudales existe; en colonias
existe; en el llamado Viejo Mundo;
también los peces existen; y el águila pescadora, la
perdiz nival
el halcón; la poa común y los colores de las ovejas;
los productos de la fisión existen y la higuera existe;
los errores existen, los gruesos, los sistemáticos,
los fortuitos; el control remoto existe y los pájaros;
y los árboles frutales existen y las frutas en el huerto donde
los albaricoqueros existen, los albaricoqueros existen
en países donde el calor producirá precisamente
el color de la carne que tienen los albaricoques

7
las fronteras existen, las calles, el olvido
y hierba y pepinos y cabras y retama,
el entusiasmo existe, las fronteras existen;
las ramas existen, el viento que las levanta
existe y el dibujo único de las ramas
justo del árbol que se llama roble existe,
justo del árbol que se llama fresno, abedul,
el cedro existe y el dibujo repetido
existe, en la gravilla del sendero del jardín; existe
también el llanto, y el epilobio y la artemisa existen,
los rehenes, el ánsar común, las crías del ánsar.

Y los fusiles existen, un misterioso jardín trasero,
Asilvestrado, yermo y adornado sólo con grosellas,
Los fusiles existen: en mitad del iluminado
Gueto químico existen los fusiles,
Con su anticuada, pacífica precisión existen

Los fusiles, y las plañideras existen, saciadas
Como lechuzas voraces, el lugar del crimen existe;
El lugar del crimen, somnoliento, normal y abstracto,
Bañado en una luz encalada, abandonada,
Este poema venenoso, blanco, que está desintegrándose

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Los susurros existen, los susurros existen,
El otoño, la historia existen y el cometa

Halley; los ejércitos, las hordas
Los generales, las cuevas, y dentro de las cuevas
La penumbra, dentro de la penumbra a veces

Las liebres, a veces el follaje delante de las cuevas donde
Los helechos existen; y zarzamoras, zarzamoras,
A veces las liebres escondidas bajo el follaje

Y los jardines existen, el arte de la jardinería, las pálidas
Flores del saúco inmóviles como un himno
Efervescente; y la media luna existe, la media seda;
Toda la niebla heliocéntrica que ha soñado
Estos cerebros entregados, su suerte; y la piel,
La piel y las casas existen, y el Hades que
Realoja al caballo y al perro y las sombras
De la gloria, la esperanza; y el río de la venganza, granizo
Bajo el cielo de piedra, existe, las nieblas del sueño de la
Hortensia, blancas, luminosamente luminosas
Azules o verdosas, a veces rojos pálido, algunas
Lascas estériles existen; y bajo la inclinación
De la bóveda celeste Armagedón, el veneno,
La susurrante arpa del helicóptero del veneno sobre zurrón,
Vísceras de gallina y lino; zurrón de pastor, vísceras de gallina
Y lino, esta última escritura hermética,
Que por lo demás sólo la escriben los niños; y el trigo,
El trigo en los trigales existe, la vertiginosa
Ciencia horizontal del trigal, el período de semidesintegración
Hambrunas y miel; y en lo más profundo del corazón
Como siempre sólo en lo más profundo del corazón
Las raíces del avellano, el avellano plantado
En la montaña del corazón, robusto y sobrio,
Un día laborable acumulado de las jerarquías angélicas;
Rápida, jacíntica en su descomposición la vida,
Así en la tierra como en el cielo

Inger Christensen (Vejle, Dinamarca, 1935-Copenhague, 2009), Alfabeto, traducción de Francisco J. Uriz, Sexto Piso, Madrid 2014
Envío de Jonio González




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