sábado, marzo 26, 2016

Robert Lowell / El adiós de Santayana a sus enfermeras











El espíritu da vida; ¿bastarán las cartas
al quieto excéntrico, si por voluntad del cielo
la Iglesia le pareció demasiado hermosa para creer en ella?
"Morirás", responden las Hermanas, "tal cual viviste".
Uno se pregunta cómo garbillarán lo que escribí,
o si las monjas fueron en exceso pragmáticas
para alimentar muchas ilusiones. Creyendo que Pablo,
el más abyecto de los hombres, hubiese errado el blanco
al predicar que la verdad era sólo cuanto su mano podía alcanzar,
al insondable Evangelio entregué el alma;
de mis palabras la esencia extrajo corazón y paisaje.
Al morir, imaginé que las Hermanas Azules me acosaban
revoloteando como gansos, silbando, "Roma ha de dar lo mejor",
hasta que Curcio*, armado, llene el hueco.

Robert Lowell (Boston, Estados Unidos, 1917-Nueva York, Estados Unidos, 1977), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos [primera serie], Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1966

Notas de la Administración:

Jorge Ruiz de Santayana y Borrais (Madrid, 1863-Roma, 1952), filósofo y poeta hispano-estadounidense, dictó clases en Harvard y contó entre sus discípulos a algunos de quienes serían prominentes escritores, como T.S. Eliot, Wallace Stevens y Gertrude Stein. Se consideró siempre un extranjero en los Estados Unidos y vivió en Europa toda la segunda parte de su vida. Establecido en Roma en 1920, pasó sus últimos años al cuidado de monjas católicas. Su "animismo cósmico" y su idea del conocimiento como intuición de la "actualidad pura" influyó en el imaginismo poderosamente. Santayana se consideraba un "católico estético".

* Alúdese a la leyenda de Curcio, quien, según Tito Livio, en los primeros años de la República Romana se arrojó con sus armas y caballo a un gran agujero que se había abierto en el Foro. El oráculo había dicho que el hueco sólo podía llenarse con "lo mejor de Roma". Curcio se arrogó la representación de la virtud, que, según creía, estaba en la juventud y el ejército. El Lacus Curtio, una higuera, una vid y un olivo brotaron en el lugar del abismo.


Santayana's Farewell to his Nurses

The spirit giveth life; will letters kill
The calm eccentric, if by heaven's will
He found the Church too good to be believed?
"You'll die", the Sisters answer, "as you lived".
One wonders how they riddled what I wrote,
Or if the nuns were too pragmatical
To nurse illusion long. Believing Paul,
Most miserable of men, had missed the boat
By preaching truth was that his hand could reach,
I gave the bottomless Evangel soul;
Essence took heart and landscape form my speech.
Dying, I fancied the Blue Sisters pressed
Like geese-girls, hissing, "Rome must give her best",
Till Curtius in full armor filled the hole.






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