miércoles, octubre 07, 2015

Giovanni Raboni / Ciudad desde lo alto









Estas calles que suben a los muros
no tienen horizonte, mira: chocan contra un cielo
blanco y neto, sin árboles y vuelven como un río. Desde aquí a las
   procesiones
de señores y de perros
que llevan collar, oriflamas
las colas alzadas,
habrá noventa pasos, cien, no más: pero más abajo,
   en el fondo de la ciudad
dividida en cuadraditos (puedes contarlos) y dulce
como un cuenco... Y poco más adelante
la catedral, de cinco órdenes sobrepuestos: y prosiguiendo,
a la derecha, en diagonal, unos
treinta o cuarenta pasos más -un palmo: sigue leyendo
como si fuera un mapa- das de lleno con el eje de la plaza,
construida sobre los rocosos cimientos del circo
romano
gris elipsis quieta donde
duermen o se afanan enormes, obesos, engordados
como capones, haítos a fuerza
de carne y borgoña ¡con tal de que no salgan de la plaza!, los pobres
de la ciudad. En medio de dos fuegos,
allí, dentro de cuatrocientos años,
implantan la guillotina.

Giovanni Raboni (Milán, Italia, 1932-Fontanellato, Italia, 2004), A tanto caro sangue, Mondadori, Milán, 1988
Versión de Jorge Aulicino


Città dall'alto

Queste strade che salgono alle mura
non hanno orizzonte, vedi: urtano un cielo
bianco e netto, senz'alberi, come un fiume che volta. Da qui alle processioni
dei signori e dei cani
che recano guinzagli, stendarti
reggendosi la coda
ci sarano novanta passi, cento, non di piû: però più giù, nel fondo della città
divisa in quadrati (puoi contarli) e dolce
come un catino... e poco più avanti,
la cattedrale, de cinque ordini sovrapposti: e prosseguendo
a destra, in diagonale, per altri
trenta o quarante passi - una spanna: continua a leggere
come in un mappa - imbrocchi in pieno l'asse della piazza
costruita sulle rocciose fondamenta del circo
romano
grigia ellisse quieta dove
dormono o si trascinano enormi, obesi, ingrassati
come capponi, rimpinzati a volontà
di carni e borgogna purché non escono dalla piazza! i poveri
della città. A metà tra i due fuochi
lì, tra quattrocento anni,
impiantano la ghigliottina.


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