miércoles, febrero 29, 2012

Dario Bellezza / Cuatro poemas




En Calabria

Delante, inmaculadas montañas
en el sol meridiano indican
al viandante pausa y calma.
¿Pero hasta cuándo? ¿Y yo quién soy
si todavía ardo de voluptuosidad secreta
en el día terminado, mejo dicho en los días
terminados del mundo caído?

La casa es decrépita
como me gusta, pero demasiado tarde,
me digo, ha llegado, así como todo
ha llegado tarde para los humanos.
Ropa tendida en el balcón al viento
del Pollino, camas deshechas, auroras,
así se aplaca en el resentimiento
la vida que nos fue dado vivir.
Mi yo está destruido, no existe:
la realidad es un nombre congelado.


Pero no sabrás jamás por qué sonrío

Pero no sabrás jamás por qué sonrío.
Porque fui el pedante Hamlet
de la más consoladora burguesía.
Porque no he combatido al Leviatán
Estado que todo quiere engullir
en la complicada masa caótica
de su burocracia inexorable.

Ahora me nacen las uñas como a los muertos.


Vamos a robar

Vamos a robar: ¡el robo es el destino del poeta!
¡Nadie sabe realmente qué es, íntegro,
un poeta! ¿Un gran sabio o vidente?
¡Ojalá! ¡O solo un criminal! Un ladrón
de luces, de vidas clandestinas vividas
en el silencio de los días todos iguales.


A Pier Paolo Pasolini

Me rodeo de chantajes y golpes y despido
a mi alma medio vacía y pecadora
y la desamparada crucifixión, sólo mía,
sabe quién soy: espía y chantajista
que odia a sus iguales. Y no encuentro
paz en esta sórdida lucha
contra mi ruina, su derrota.

¡Dios! No espero más que la muerte.
Ignoro el curso de la historia. Sé sólo
de la bestia que está en mí, y ladra.

Dario Bellezza (Roma, 1944-1996), Poesie 1971-1996, Mondadori, 2002
Versiones de Jorge Aulicino


In Calabria

Davanti immacolate montagne
nel sole meridiano indicano
al viandante la sosta e la calma.
Ma fino a quando? E io chi sono
se ancora ardo di voluttà segreta
nel giorno finito, anzi nei giorni
finiti del mondo caduto?

La casa è decrepita
come piace a me, ma troppo tardi,
mi dico, è arrivata, come tutto
ormai tardi è arrivato agli umani.
Panni stesi al balcone al vento
del Pollino, letti disfatti, aurore:
così si placa nel risentimento
la vita che ci è data vivere.
Il mio io è distrutto, non esiste:
la realtà è un nome assiderato.

*

Ma non saprai giammai perchè sorrido

Ma non saprai giammai perché sorrido.
Perché fui il pedante Amleto
della più consolatrice borghesia.
Perché non ho combattuto il Leviatano
Stato che vuole tutto inghiottire
nella macchinosa congerie
della sua burocrazia inesorabile.

Ora mi nascono le unghie come ai morti.

*

Andiamo a rubare

Andiamo a rubare: il furto si addice a un poeta!
Nessuno veramente sa che cosa sia, intero,
un poeta! Un grande sapiente o veggente?
Magari! O soltanto un criminale! Un ladro
di lumi, di vite clandestine vissute
nel silenzio dei giorni tutti uguali.

*

A Pier Paolo Pasolini 

M'aggiro fra ricatti e botte e licenzio
la mia anima mezza vuota e peccatrice
e la derelitta crocifissione mia sola
sa chi sono: spia e ricattatore
che odia i suoi simili. E non trovo
pace in questa sordida lotta
contro la mia rovina, il suo sfacelo.

Dio! Non attendo che la morte.
Ignoro il corso della storia. So solo
la bestia che è in me e latra.

Ilustración: La camera incantata, 1917, Carlo Carrà

martes, febrero 28, 2012

Francisco Madariaga / La ventana fluvial



La ventana fluvial

Estoy con el monte al alcance de la
       mano.
Un río inmenso y rojo.
Selva liviana caída en verde y sangre.
Mendigos, barcazas y ratones verdes del
       infierno auroral de la siesta,
en la vereda del ventanal americano.

2

¡El tráfago costero!
Una ciudad de errores y de río rojo,
       idiotas
       y otros por los que siento
un desprecio frutal y pan-climático.

Francisco Madariaga (Buenos Aires, 1927-2000), Resplandor de mis bárbaras, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1985


Ilustración: The Lake, 1937, L.S. Lowry

Gerardo Deniz / Desde la torre






Desde la torre

En los países donde el efecto antecede a la causa,
todo es como armar rompecabezas:
un pedazo con media boca trae algo de papel tapiz al fondo,
permite empezarlo a completar; también la jeta cunde
y ahí se pasa al cuerpo,
hasta la rosa lancastriana
sujeta entre los dedos del pie insultante.
Afuera gime el viento, desciende la neblina
o vuelve a escampar. Dan a los cuervos de comer.
Hay decapitaciones a todas horas, mientras cultivo
este hábito, más bien italiano, de escribir en la cárcel.

Gerardo Deniz (Madrid, 1934, Ciudad de México, 2014), "Ton y son (1996)", Erdera, FCE, México, 2005


Ilustración: Les Loisirs sur fond rouge, 1949, Fernand Léger

lunes, febrero 27, 2012

James Wright / Acostado en una hamaca...



Acostado en una hamaca en la granja de William Duffy en Pine Island, Minnesota

Por encima de mi cabeza veo la mariposa de bronce,
Dormida en el negro tronco,
Agitarse como una hoja en la sombra verde.
Bajando el barranco que hay detrás de la casa vacía,
Los cencerros se siguen el uno al otro
Hacia las distancias del atardecer.
A mi derecha,
En un prado iluminado por el sol entre dos pinos,
Los excrementos de los caballos del año pasado
Llamean convertidos en piedras doradas.
Me reclino mientras la tarde se oscurece y avanza.
Un pollo de halcón flota en lo alto en busca del hogar.
He malgastado mi vida.
 
James Wright (Martins Ferry, Ohio, 1927-Nueva York, 1980), Collected Poems, Wesleyan University Press, Middletown, Connecticut, 2007
Versión de Jonio González
 
Lying in a Hammock at William Duffy's Farm in Pine Island, Minnesota
 
Over my head, I see the bronze butterfly,
Asleep on the black trunk,
Blowing like a leaf in green shadow.
Down the ravine behind the empty house,
The cowbells follow one another
Into the distances of the afternoon.
To my right,
In a field of sunlight between two pines,
The droppings of last year's horses
Blaze up into golden stones.
I lean back, as the evening darkens and comes on.
A chicken hawk floats over, looking for home.
I have wasted my life.

Ilustración: Fall Plowing, 1931, Grant Wood

domingo, febrero 26, 2012

Attilio Bertolucci / D'après Rubens




D'après Rubens
(Filemón y Baucis)

Por qué no aceptar este tiempo lluvioso
que anticipa el otoño lleva al perro mimoso
a olfatear los zapatos del forastero en tránsito
y misión con la expedita salud

del médico o del veterinario de primera
asignación sobre nudos y franjas
podridas de gencianas hasta que
un camino abandonado y solitario le ofrece

su meditativo recorrido y allí
se adentra los ojos negros reconocen la señal
de un paso reciente en el ansia
del mediodía estival la blanca ceniza

viuda sobre la piedra oscurecida de humedad
mientras en la suspensión del corazón y la mente
en una vuelta rapaz de frutos vueltos silvestres
sucede la dulce ruina en la extensión delante

de la casa escogida pero si los esposos
viejos se han ido y la puerta está trancada
¿a quién mostrará él posando sobre el umbral
desgastado el pie ligero de la juventud

el arcoíris que se extiende sobre el Apenino vertiginoso?

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino

Ovidio en Metamorfosis narra el mito de Filemón y Baucis. Júpiter y Mercurio, con apariencia de mortales, sólo hallaron posada en la casa de dos pobres ancianos en toda la región de Frigia. Júpiter arrojó el diluvio sobre Frigia y salvó sólo a los ancianos, quienes con el tiempo se metamorfosearon en árbol: "Vio Baucis que a Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que le salían a Baucis". Los árboles, o uno, con troncos gemelos, se convirtieron en santuario. (N. del T.)

D'après Rubens
(Filemone e Bauci)

Perché non accettare questo tempo piovoso
che anticipa l'autunno porta il cane amoroso
a fiutare le scarpe del forestiero in transito
e missione con la spedita salute

del medico o del veterinario di prima
nomina su per groppi e per balze
fradici di genziane sino a che
una strada in abbandono e solitudine gli offre

il suo meditativo percorso e egli
vi si immette gli occhi neri riconoscono il segno
di un passaggio recente nell'ansia
del mezzogiorno estivo la bianca cenere

vedova sula pietra brunita d'umidità
mentre alla sospensione del cuore e della mente
d'una svolta grifagna di frutti inselvatichiti
succede la dolce rovina dello spiazzo antistante

la casa prescelta ma se gli sposi
vecchi se ne sono andati e la porta è sprangata
a chi mostrerà egli posando sulla soglia
consunta il piede leggero della gioventù

l'arcobaleno che si tende sull'Appenino vertiginoso?

Ilustración: Filemón y Baucis, c.1620, Pedro Pablo Rubens

sábado, febrero 25, 2012

James Wright / Una bendición




Una bendición

Justo a un costado de la carretera a Rochester, Minnesota,
el crepúsculo avanza con suavidad sobre la hierba.
Y los ojos de aquellos dos caballos
Se oscurecen bondadosos.
Han salido alegremente de entre los sauces
Para darnos la bienvenida a mi amigo y a mí.
Pasamos por encima de la alambrada de púas hacia el prado
Donde han estado pastando todo el día, solos.
Se estremecen, tensos, apenas si pueden contener la alegría
Que les produce el que hayamos venido.
Se inclinan, tímidos, igual que cisnes mojados. Se aman.
No existe soledad como la de ellos.
En casa de nuevo,
Mordisquean en la oscuridad los jóvenes matojos de la primavera.
Me gustaría tomar en mis brazos al más esbelto
Porque ha venido hasta mí
Y ha acariciado con su hocico mi mano izquierda.
Es blanco y negro,
la crin le cae salvaje sobre la frente
Y la suave brisa me empuja a acariciar su gran oreja
Que es delicada como la piel de la muñeca de una muchacha.
De pronto me doy cuenta
De que si saliese de mi cuerpo estallaría
En flor.

James Wright (Martins Ferry, Ohio, 1927-Nueva York, 1980), Collected Poems, Wesleyan University Press, Middletown, Connecticut, 2007
Versión de Jonio González

A Blessing

Just off the highway to Rochester, Minnesota,
Twilight bounds softly forth on the grass.
And the eyes of those two Indian ponies
Darken with kindness.
They have come gladly out of the willows
To welcome my friend and me.
We step over the barbed wire into the pasture
Where they have been grazing all day, alone.
They ripple tensely, they can hardly contain their happiness
That we have come.
They bow shyly as wet swans. They love each other.
There is no loneliness like theirs.
At home once more,
They begin munching the young tufts of spring in the darkness.
I would like to hold the slenderer one in my arms,
For she has walked over to me
And nuzzled my left hand.
She is black and white,
Her mane falls wild on her forehead,
And the light breeze moves me to caress her long ear
That is delicate as the skin over a girl's wrist.
Suddenly I realize
That if I stepped out of my body I would break
Into blossom.

Foto: James Wright, 1972 Modern American Poetry

viernes, febrero 24, 2012

Anónimo / Kanginshu, 226



[226]

Si amas al hombre,
amarás el cuervo
que se posa
sobre su tejado

eres, en verdad,
simpático

también simpático
el cuervo.

Anónimo (Japón, siglo XVI), Los cantos en el pequeño paraíso, selecciones del Kanginshu, traducción de Masateru Ito, Emecé, Buenos Aires, 2012

Ilustración: Cuervo carroñero en una rama cubierta de nieve a la madrugada (detalle), c.1930, Shoson

jueves, febrero 23, 2012

Biancamaria Frabotta / Tres poemas




El verano de las estrellas menos vistosas
animaba a los habitantes y forasteros
a esperar el retorno de los antiguos climas.
Sobre la hierba amarilla, inestables entre los escasos
humores, quedaban por la mitad los aperitivos,
otra meta buscando las noches sin sueño.
Improvisados filo-astrónomos exploraban el cielo
y sus cambios en los pequeños telescopios
apuntados hacia los monumentos estelares.
Afelpando los pasos en la oscuridad residual,
husmeando la aparición de las menos
luminosas del otro lado del cono de sombra
donde las virtudes estacionan imperfectas,
la humanidad de aquellos extraños tiempos
salía a la caza de nuevas luces
y en la lente que devolvía
al revés aquellos cuerpos desenterrados,
perdía la buscada claridad.


Había apenas cerrado los ojos sobre el libro
- sentía aún su peso sobre el pecho -
en la leve brisa de la duermevela
se estremecían las hojitas del mirto
por el enjambre que subía de la tierra
pero no hacía caso. Demasiado
el pensamiento de la prueba inminente
lo embargaba y no temía otra cosa
su joven edad, que siente todo amigable.
Soñaba la patria artificial de la infancia.
Soñaba, con una piedra sobre el pecho,
la última palabra que había leído.


Con qué gentileza se asoma entre las vigas
la mano, blanca de polvo. Alguien
me consuele. Con el brazo, con el agua,
con la luz, en su cuarto, por todas partes
buscando, hurgando, apartando las piedras.
Me verán finalmente en el vientre de la tierra.
Si miramos atentos, Haití está debajo de Haití,
cauto, para no quemar oxígeno.
De la luz del video, de su tedio,
nos deshilachamos hacia la laboriosa mañana,
en el escándalo del aire superfluo.

Biancamaria Frabotta (Roma, 1946), Da mani mortali, Mondadori, 2012 RaiNews
Versiones de Jorge Aulicino

L’estate delle stelle meno appariscenti
incoraggiava abitanti e forestieri
a sperare nel ritorno degli antichi climi.
Sull’erba gialla instabili fra gli scarsi
umori restavano a metà gli aperitivi
altra meta cercando le notti senza sonno.
Improvvisati astrofili perlustravano il cielo
e i suoi mutamenti nei piccoli telescopi
puntati verso i monumenti stellari.
Felpando i passi nel buio residuo
fiutando la comparsa delle meno
luminose al di là del cono d’ombra
dove le virtù stazionano imperfette
l’umanità di quegli strani tempi
usciva a caccia di nuovi lumi
e nella lente che restituiva
capovolti quei corpi dissepolti
perdeva la cercata chiarezza.


Aveva appena chiuso gli occhi sul libro
- ne sentiva ancora il peso sul petto -
nella lieve brezza del dormiveglia
rabbrividivano le foglioline del mirto
allo sciame che saliva dalla terra
ma lui non vi faceva caso. Troppo
il pensiero della prova imminente
lo assillava e altro non temeva
la sua giovane età, cui ogni cosa è amica.
Sognava la patria artificiale dell’infanzia.
Sognava, con una pietra sul petto
l’ultima parola che vi aveva letto.


Con quale gentilezza si affaccia tra le travi
la mano bianca di polvere. Uno qualunque
mi conforti. Con il braccio, con l’acqua
con la luce, nella sua camera, ovunque
cercando, frugando, spostando le pietre.
Mi vedrete infine nel ventre della terra.
Stando attenti, Haiti è sotto Haiti
piano, per non bruciare ossigeno.
Dalla luce del video, dal suo tedio
ci sfiliamo verso l’operoso mattino
nello scandalo dell’aria superflua.


Foto: Biancamaria Frabotta Italian Poetry

Francisco Pino / Tiempo hacia el hombre




Tiempo hacia el hombre 

1. Tiempo-caricia


El dolor
                de una piedra
aún más hondo que un sueño
                quejido de unos siglos
                             bien tocados
                bien dormidos
                  el siempre es su deseo
le tienes en la mano
                                 piensas
                                       crees

2. Tiempo-susurro

Hora
las seis                      alcoba de la tarde
           se desnuda una diosa
             ¿lo sabían las hojas?
                    puntillas de ese cielo
piernas abajo líricas
                                       el eco
de un azul que se quita
         los oídos gozaban
el reloj                         sedas íntimas
                                                 ruidos
          de algunos hilos                     encajes
                            las enaguas
                    sí esas hojas
sabían                    lo sabían

                                            Recuento

Ay susurros en flor frufrús de olimpo
unas piernas lascivas feminizan el tiempo

3. Tiempo-intimidad

Suavísimas miríadas
             de palabras
                     moviéndose
sin deslizar ideas
                    te dijeron su nombre
¿repetirle?
                      imposible
supiste que latían
                      el corazón
                              la casa
los enseres
                        la muerte
                            lo supiste
¿su nombre?           ¿quién lo oyó?

4. Tiempo-cerco

El laberinto ¿qué?
            moríase en estela
mas ¿salidas?                            ninguna
                         vagar vagar el mundo
                         mirar mirar el orbe
                                 el tímpano
                                 el tic tac
insistía la huella
                  un nido
                           una amalgama
tierra tiema ese pulso que caía
                                                    frenético
                                                    frenética

                El hombre estaba hecho
                                      evasivo estridente
                                                    áncora de sí mismo
en él mismo enterrada pero huía
                     gimiendo


Francisco Pino (Valladolid, 1910-2002) Así que, Hiperión, Madrid, 1987
Foto: Francisco Pino, 1988 Uly Martínez / El País, Madrid

miércoles, febrero 22, 2012

Cesare Viviani / De "Preghiera del nome"



[De Preghiera del nome]

Tenían razón en decirnos: no vayan más allá,
lleguen hasta la viña grande y regresen.
Observen las cosas que ya conocen,
los tilos de la avenida,
la fila de sauces a lo largo de la acequia,
el huerto de la fuente vieja, el bosquecito,
detrás aparecen las casas de San Rómulo, y prosigan
hasta la capilla y los viñedos.
Hagan el camino de siempre, hagan
un paseo.

*

Dime María, tú que sabes por mediación,
¿por qué temo tanto que este jarrón se rompa?
"Él embellece", respondías.
¿Y por qué temo tanto
que un chico pueda dañar, destruir?
"¡Sabes cuánto mal hacemos! Ruinas, desastres,
las peores acciones. Mientras estás en casa tranquilo
y descansas o trabajas, tu verdadera naturaleza está en otra parte.
Así, no es él, a quien pescaron infragante, el asesino.
Y aquella otra muerte, inexplicable, no fue una desgracia".

Cesare Viviani (Siena, 1947), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de Jorge Aulicino

[Da Preghiera del nome]

Avevano ragione a dirci: non spingetevi oltre,
arrivate fino alla vigna grande e tornate.
Guardate le cose che già conoscete,
i tigli del viale,
la fila dei salici lungo il fossato,
l'orto della fonte vecchia, il boschetto,
dopo compaiono le case di San Romolo e proseguite
fino alla cappella e ai filari.
Fate il sentiero di sempre, fate
una passeggiata.

*

Dimmi, Maria, tu che sai per intercessione,
perché temo tanto che questo vaso si spezzi?
"Esso abbellisce", rispondevi.
E perché temo tanto 
che un bambino possa danneggiare, distruggere?
"Sai quanto male facciamo! Rovine, disastri,
le peggiori azioni. Mentre sei a casa tranquilo
e riposi o lavori, la tua vera natura è altrove.
Cosí non è lui, quello colto flagrante, l'assassino.
E quell'altra morte, inspiegabile, non fu una disgrazia".

Foto: Cesare Viviani sienalibri

martes, febrero 21, 2012

Francisco Madariaga / Los poetas oficiales



Los poetas oficiales

¿Amoldáis vuestra esfera a lo más íntimo del porvenir?
Perros enanos entecos, tenéis a vuestro servicio los escribientes
          nacionales, pajarracos de la patria.
Canasteros de los frutos del odio, no estoy arrepentido de
          tener a mi servicio las joyas y los frutos del deseo.
Principitos destronados de toda sangre de composición
           en la naturaleza.
Eugenios, Equis, Clauditos, perritos de ceniza.

Francisco Madariaga (Buenos Aires, 1927-2000), Juan Carlos Martini Real, Los mejores poemas de la poesía argentina, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1974

Ilustración: Dinamismo di un cane al guinzaglio, 1912, Giacomo Balla

lunes, febrero 20, 2012

Attilio Bertolucci / Las gaviotas




Las gaviotas

Nunca había visto gaviotas sobre las orillas del Tíber
cambiantes este fin de invierno las plumas y las aguas.

Me he apoyado en el granito como hacen aquellos
que velan sobre su propia vida o muerte dotados

de una atenta paciencia pero mis ojos distraídos
seguían los planeos rapaces de los pájaros plúmbeo-plateados

hasta que fueron saciados los vientres ahusados los picos
resplandeciendo sobre otras olas en un sol distinto

por el transcurso inevitable del tiempo mis
pupilas cansadas y aún voraces no se volvieron

sobre el emporio móvil de las populosas calles de Roma
en búsqueda desesperada a la hora de la hipoglucemia

de un alimento imprevisto sólo para mí notorio
en una revelación gozosa y estéril en la sombra-luz

sanguínea de los áticos y cornisas meridianos
humeando sobre las colinas las ramas verdes de la poda

hasta oscurecer el cielo piadoso del retorno.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino

I gabbiani

Non avevo mai visto gabbiani sulle rive del Tevere
cangianti in questa fine d'inverno le penne e le acque.

Mi sono appoggiato al granito come fanno quelli
che vegliano sulla propria vita o morte usando

un'intenta pazienza ma i miei occhi distratti
seguivano le planate rapinose degli uccelli plumboargentei

sino a che furono sazi i ventri affusolati i becchi
già risplendendo su altri flutti a un sole diverso

per il procedere inevitabile del tempo le miei
pupille stanche e ancora voraci ormai volte

sull'emporio mobile delle vie popolose di Roma
alla cerca disperata nell'ora dell'ipoglicemia

d'un alimento improvviso soltanto a me noto
in una rivelazione gioiosa e sterile nell'ombra-luce

sanguigna da attici e cornicioni meridiani
fumigando sui colli i rami verdi della potatura

sino a ottenebrare il cielo pietoso del ritorno.


Ilustración: Le boulevard, 1911, Gino Severini

domingo, febrero 19, 2012

René Ménard / He aquí que tus cabellos...




He aquí que tus cabellos...

He aquí que tus cabellos han venido a significar
La demente claridad humana bajo mi lámpara,
¡Y de que todos estos libros huelan al cielo o al aceite
Tú te burlas, oh mi bien amada!
Perfumada, animada por tus movimientos más íntimos
¡y es esta compañia toda la luz del sol!

Aun en la noche
Tú tienes la insolencia y los gritos del alba,
La desnudez del rocío,
Una infancia de hierbas en tu piel...
¿Qué pueden sobre ti las cenizas de los muertos?

Tú que rechazas las palabras
Con los zafiros de tus ojos,
La sonrisa de tus rizos
Aquí despierta el eco de una extraña tristeza,
Y las pálidas construcciones del alma
Me tiemblan en la sangre.

de Architecte de la solitude, 1970

René Ménard (1908-1980), Raúl Gustavo Aguirre, Poetas franceses contemporáneos, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1974

Voice que tus cheveux..

Voice que tes cheveux son venus signifier
La folle lumière humaine sous ma lampe,
Et que touts ces livres sentent le ciel o l'huile
Tu t'en moques ô ma bien-aimée!
Odorante, tout animée pour tes mouvements intimes,
Et cette compaigne tout le jour du soleil!

Même dans la nuit,
Tu as l'insolence et les cris de l'aurore,
La nudité de la rosée,
Une enfance de feuillage sur tu peau..
Que peuvent sur toi les cendres de ces morts?

Toi que refuses mes paroles 
Par tous les saphirs de tes yeux.
La rire de tes boucles
Éveille ici l'échec d'une étrange tristesse,
Et les pâles constructions de l'âme
Me tremblent dans la sang.


Ilustración: Hilos de telégrafo, 1921, Alexander Kanoldt

sábado, febrero 18, 2012

Jane Durán / Hay mujeres




Hay mujeres

Mujeres que se dejan el cabello sin peinar,
largo, gris, que se detienen el pelo
con sus manos rojas, que se mueven confusas.

Que pueden cocinar o bordar.
Que rondan el tiritar de un hombre durante todo el invierno
con su espíritu, respirando el aire de la niebla.

Cuyas ropas siguen descuidadas hasta el día de hoy.
Y que se mueven de lado dentro de sus zapatos.
Parecen hechas para el amor aun así.

Que se mantienen quietas cuando la marea cubre
sus grandes pies desnudos. Que embarullan su sexo,
su lucha. Que se allegan al hombre,

cuyos rostros están tan cerca que no hay dónde ocultarse.
Mujeres por las que me quitaría las peinetas
de los cabellos y lloraría abiertamente, cara a cara.

Jane Durán (La Habana, 1944; reside en Londres), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000

There are women

Women who let their hair go uncombed,
long, grey, who hold their hair
in their red hands, move in confusion.

Who could cook, or embroider.
Who border the shiver of a man all winter
with their spirit, breathing in the fog air.

Whose clothes are unkempt to this day.
And who move sideways inside their shoes.
Seem meant for love anyways.

Who stand still when the tide overcomes
their large bare feet. Who muddle their sex,
their struggle. Who come in close to him,

whose faces are so close there is nowhere to hide.
Women for whom I would take the combs
from my hair and weep openly, face to face.

Ilustración: Mujer de pie, 1942, Wilfredo Lam

viernes, febrero 17, 2012

Jane Durán / Batalla de Teruel, Invierno 1937-1938




Batalla de Teruel, Invierno 1937-1938

Yo podría escribir sobre los libros de mi padre.
Nunca había polvo en ellos. Los tomaba entre sus manos
como si fuera la última vez. Parecían acolchados,
esperando su momento, deslizados uno por uno
hasta que formaban un muro raso - un solo libro todos ellos.

Se desprendían en dorados, en rojos secretos,
como a fumar un cigarrillo temprano por la mañana
antes de que la neblina se despejase por completo
hacia la crueldad. Podías tocar los títulos
y se volvían importantes.

En su propia oscuridad -fronteras personales,
bordes a los que tanto se había acercado,
la colina helada sobre el valle, los soldados
asidos a sus laderas, costuras de nieve,
la España que él sostenía y que lo sostenía,
cediendo línea tras línea.

de Silences from the Spanish Civil War

Jane Durán (La Habana, 1944; reside en Londres), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Battle of Teruel, Winter 1937-1938

I could write books about my father's books.
There was no dust on them. He held them in his hands
as if for the last time. They seemed quilted,
poseid for their moment, shoved in one by one
till they made a smooth wall - one book, all one.

They stole out in golds, in secret reds
as if with a cigarette in early morning
before the mist has clared absolutely
into pitilessness. You could touch the titles
and they would be important.

In the dark of them - personal boundaries,
edges he had stepped so close to,
the icy hill over the valley, soldiers clinging
to the slopes, seams of snow,
the Spain he held and held to,
line after line giving way.

Foto: Jane Durán A-Agender

jueves, febrero 16, 2012

Cesare Pavese / Mito




Mito

Llegará el día en que el joven dios será un hombre,
sin pena, con la muerta sonrisa del hombre
que ha comprendido. También el sol pasa remoto,
enrojeciendo las playas. Llegará el día en que el dios
no sabrá ya dónde estaban las playas de aquel tiempo.

Uno se despierta una mañana en que está muerto el verano
y en los ojos se acumulan todavía resplandores,
como ayer, y en los oídos, los fragores del sol
hecho sangre. Ha cambiado el color del mundo.
La montaña no toca más el cielo; las nubes
no se amontonan más como frutos; el agua
no transparenta más un guijarro. El cuerpo de un hombre
pensativo se dobla donde un dios respiraba.

El gran sol acabó, y el olor a tierra,
y la calle libre, coloreada de gente
que ignoraba la muerte. No se muere en verano.
Si alguno desaparecía, estaba el joven dios,
que vivía por todos e ignoraba la muerte.
Sobre él, la tristeza era una sombra de nube.
Su paso asombraba la tierra.

Ahora pesa
el cansancio sobre todos los miembros del hombre,
sin pena: el calmo cansancio del alba
que abre a un día de lluvia. Las playas oscurecidas
no conocen al joven, que en un tiempo bastaba
con que las mirase. Ni el mar del aire revive
ante su aliento. Se tuercen los labios del hombre
resignado, al sonreír delante de la tierra.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino

Mito

Verrà il giorno che il giovane dio sarà un uomo,
senza pena, col morto sorriso dell'uomo
che ha compreso. Anche il sole trascorre remoto
arrossando le spiagge. Verrà il giorno che il dio
non saprà più dov'erano le spiagge d'un tempo.

Ci si sveglia un mattino che è morta l'estate,
e negli occhi tumultuano ancora splendori
come ieri, e all'orecchio i fragori del sole
fatto sangue. È mutato il colore del mondo.
La montagna non tocca piú il cielo; le nubi
non s'ammassano piú come frutti; nell'acqua
non traspare più un ciottolo. Il corpo di un uomo
pensieroso si piega, dove un dio respirava.

Il gran sole è finito, e l'odore di terra,
e la libera strada, colorata di gente
che ignorava la morte. Non si muore d'estate.
Se qualcuno spariva, c'era il giovane dio
che viveva per tutti e ignorava la morte.
Su di lui la tristezza era un'ombra di nube.
Il suo passo stupiva la terra.

Ora pesa
la stanchezza su tutte le membra dell'uomo,
senza pena, la calma stanchezza dell'alba
che apre un giorno di pioggia. Le spiagge oscurate
non conoscono il giovane, che un tempo bastava
le guardasse. Né il mare dell'aria rivive
al respiro. Si piegano le labbra dell'uomo
rassegnate, a sorridere davanti alla terra.

Ilustración: Verso casa, 1939, Carlo Carrà

miércoles, febrero 15, 2012

Cesare Pavese / Indisciplina




Indisciplina

El borracho deja atrás las casas perplejas.
No todos, bajo la luz del sol, se atreven
a caminar borrachos. Cruza tranquilo la calle,
y podría ensartarse los muros, que ahí están los muros.
Sólo un perro pasa de este modo, pero un perro se para
cada vez que huele a la perra, y la olfatea con cuidado.
El borracho no mira a nadie, ni siquiera a las mujeres.

Por la calle la gente, turbada al verlo, no ríe
y no quiere que haya un borracho, pero muchos tropiezan
por seguirlo con los ojos, y vuelven a mirar adelante,
imprecando. Después de que pasó el borracho,
toda la calle se mueve más lenta
en la luz del sol. Si alguno corre
como antes, es uno que no será nunca el borracho.
Los otros miran, sin distinguir, el cielo y las casas
que continúan estando, aunque ninguno los vea.

El borracho no ve ni casas ni cielo,
pero sabe que están, porque con paso inseguro recorre un espacio
nítido como las estrías del cielo. La gente, confusa,
no comprende para qué están las casas allí,
y las mujeres no miran a los hombres. Todos
tienen una especie de miedo de que en un instante la voz
ronca estalle en una canción y los siga por el aire.

Cada casa tiene una puerta, pero es inútil entrar.
El borracho no canta, pero tiene un camino
donde el único obstáculo es el aire. Suerte
que de este lado no hay mar, porque el borracho,
caminando tranquilo, entraría en el mar
y, desaparecido, seguiría en el fondo el mismo camino.
Afuera, la luz sería la misma, siempre.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969
Versión de J. Aulicino


Indisciplina

L'ubriaco si lascia alle spalle le case stupite.
Mica tutti alla luce del sole si azzardano
a passare ubriachi. Traversa tranquilo la strada,
e potrebbe infilarsi nei muri, ché i muri ci stanno.
Solo un cane trascorre a quel modo, ma un cane si ferma
ogni volta che sente la cagna e la fiuta con cura.
L'ubriaco non guarda nessuno, nemmeno le donne.

Per la strada la gente, stravolta a guardarlo, non ride
e non vuole che sia l'ubriaco, ma i molti che inciampano
per seguirlo con gli occhi, riguardano innanzi
imprecando. Passati che c'è l'ubriaco,
tutta quanta la strada si muove più lenta
nella luce del sole. Qualcuno che corre
come prima, è qualcuno che non sarà mai l'ubriaco.
Gli altri fissano, senza distinguere, il cielo e le case
que continuano a esserci, se anche nessuno li vede.

L'ubriaco non vede né case né cielo,
ma li sa, perché a passo malfermo percorre uno spazio
netto como le striscie di cielo. La gente impacciata
non comprende più a cosa ci stiano le case, 
e le donne non guardano gli uomini. Tutti
hanno come paura a un tratto la voce
rauca scoppi a cantare e li segua nell'aria.

Ogni casa ha una porta, me è inutile entrarci.
L'ubriaco non canta, ma tiene una strada
dove l'unico ostacolo è l'aria. Fortuna
che di là non c'è il mare, perché l'ubriaco
camminando tranquillo entrerebbe anche il mare
e, scomparso, terrebbe sul fondo lo stesso cammino.
Fuori, sempre, la luce sarebbe la stessa.

Ilustración: Passage du Commerce Saint-André, 1954, Balthasar Klossowski de Rola, Balthus

martes, febrero 14, 2012

Fabio Morábito / Piazza Gimma



Piazza Gimma

Espío en el edificio
que tengo más a mano
el movimiento que comienza en los balcones,
cómo reaflora
en las tareas primeras del amanecer
con gestos sin estilo aún, de repertorio,
la rutina,
y yo que me enamoro sólo en esta hora
en que la gente es más repetitiva,
más inconexa interiormente,
más llena de depósitos antiguos,
observo a la mujer que siempre sale en bata
en el octavo piso con su taza de café,
rubia matrona amante de la vida
que echa una ojeada al mundo mientras toma
dos o tres sorbos breves
y después, con gesto erótico,
sacude la tacita para remover
el fondo azucarado que le ofrece
el mejor sorbo, el último, el más dulce,
antes de despertar del todo.
Antes de despertar del todo
tú, rubia del amanecer,
te atienes a tu rito de degustación,
de intimidad contigo
y desde tu balcón,
salida ya del sueño,
entras de veras a tu casa
con tus gestos,
no con los que heredaste de los tuyos.

Fabio Morábito (Alejandría, 1955, radicado en México), Un náufrago jamás se seca, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Donna al balcone, 1920, Carlo Carrà

lunes, febrero 13, 2012

Vanina Colagiovanni / Azul pálido




Azul pálido

es el color del oxígeno en estado sólido

y el de un día de duelo que comienza cuando el sol
enceguece, apuntando directo a los ojos
y la caravana de pensamientos sobre el pasado
arruga el ceño

no va del presente al pasado la memoria
es al revés
siempre que se llega al día de hoy
es porque se atravesó una bruma de días
que resuenan en un pasillo vacío
antes de que los objetos traigan otra acústica

mudarse es cambiar de sonidos

habito otro espacio
después de haber recorrido una hilera de recuerdos
que no tienen sentido
pero que de un modo u otro
llegan hasta hoy

a este azul
irrespirable.

Vanina Colagiovanni (Buenos Aires, 1976), Lo último que se esfuma, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2011

Foto: Vanina Colagiovanni Ciudad Emergente

domingo, febrero 12, 2012

Eduardo Jonquières / Dos poemas




Al pie de la noche

La nuit est ma nudité
Georges Bataille

Echado al pie de la noche
como un perro peludo delante de una puerta
viendo el fuego adiestrarse entre ramas
viendo lo oscuro en equilibrio como una gota antes de caer
burlarse de la burla astutamente
con la cara sudándole miradas y el labio
azuzándole rumor a la palabra
estiraba sus tristezas panza arriba
se iba a secar sus soplos a la nada.

de Zona árida, 1965


Otoño

De perfil de hoja parda
recostado en el polvo
voz de barro y de la paja húmeda
labio de la nube redonda en escondrijos

Vamos siendo tu ala
tu pluma mojada
tu sombrero de musgo y desvarío
tu zapato sin huella comedor de tristezas
tu cielo angosto tu litoral por años
el dejado cansador chillido de pájaros yéndose
las grandes migraciones del olor y de la fruta.

¿Has venido ya
han vuelto los que te perdieron la fe, los pétreos los ardidos
los rendidos de saciarse entre zarzas
a buscarte en el agujero del árbol, en la vena del agua,
en el lejano cerca del más tarde?

¿La miel estuvo parada entre las orejas
del oso? ¿Hubo un purgatorio de la lluvia,
los pájaros se hicieron vuelo
antes de salir hacia el rincón del día
donde ocurre la caída del ángel?

De perfil te escuchas en tu oreja
enferma. Intermedio hacia lo oscuro,
te internas por un largo túnel
hasta las centinas viejas
que huelen a pescado y a uniformes.
Los pájaros se fueron, los barcos cargados de verano,
y nacen las criaturas de la lluvia y del plomo.

de Zona árida, 1965

Eduardo Jonquières (Buenos Aires, 1918-París, 2000), Alfredo Veiravé, Los poetas del 40, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968

Foto: Julio Cortázar y Eduardo Jonquières Alberto Jonquières / Primera Página

sábado, febrero 11, 2012

Antonella Anedda / Dos poemas



IV

Corría hacia un refugio, se protegía la cabeza.
Pertenecía a una imagen cansada
no distinta a la de una mujer cualquiera
que la lluvia sorprende.

No quería yo hablar de la guerra
sino de la tregua
meditar sobre el espacio y sobre los detalles
la mano que prueba el muro, la vela por un instante encendida
y -afuera- las hojas refulgentes.
Incluso de un recinto con espinas confusas y otras espinas
espinas de tierra que queman los talones.

Esto es que se extiende el peso del antes
y el precipitarse del después:
a esto llamo tregua
medida que da medida al espanto
metro que no protege.

Cercano a tregua es tránsito
de un lugar ir a otro lugar
sin una meta verdadera
sin que nada de ese modo pueda llamarse viaje
distracción de rostros
mientras bate la llluvia.

La tregua, como el tren, necesita la llanura
un sueño de horizonte
con árboles que se elevan al cielo
únicas lanzas, solitarios centinelas.

de Notti di pace occidentale, Donzelli, Roma, 1999


Una noche de invierno en la ciudad

Ahora ha dejado de llover. Desde la ventana el mundo es en gotas:
un rostro sin nariz, ojos, labios. Sólo esas diminutas lágrimas
sobre las casas y los árboles. Una en particular destella
donde alguien llora en su sillón,
cincunspecto, firme solo incierto si la casa se parece
a aquellas que habitó en el pasado y confunde.

No es de nostalgia que llora, sino por el peso entero
de la lluvia, como si él fuese el techo
que aguanta y se descascara.
Como si el edificio entero, hinchado de agua y piedra,
revelara una ofensa.

Una criatura puede afligirse por esto, pasar la noche en vela
o repetir en el sueño la desolación. Ser en un despeñadero.
Permanecer allí en la tierra, bajo la lluvia que llega.

de Il catalogo della gioia, Donzelli, Roma, 2003

Antonella Anedda (Roma, 1958), en Poetry International
Versiones de Jorge Aulicino


IV

Correva verso un rifugio, si proteggeva la testa. 
Apparteneva a un’immagine stanca
non diversa da una donna qualsiasi
che la pioggia sorprende.

Non volevo dire della guerra
ma della tregua
meditare sullo spazio e dunque sui dettagli
la mano che saggia il muro, la candela per un attimo accesa 
e – fuori – le fulgide foglie. 
Ancora un recinto con spine confuse ad altre spine
spine di terra che bruciano i talloni. 

Ciò che si stende il peso del prima
e il precipitare del poi: 
questo io chiamo tregua
misura che rende misura lo spavento
metro che non protegge. 

Vicino a tregua è transito
da un luogo andare a un altro luogo
senza una vera meta
senza che nulla di quel moto possa chiamarsi viaggio
distrazione di volti
mentre batte la pioggia. 

Alla tregua come al treno occorre la pianura
un sogno di orizzonte
con alberi levati verso il cielo
uniche lance, sentinelle sole.


Una sera d'inverno in città

Ora ha smesso di piovere. Dalla finestra il mondo è a gocce: 
un viso senza naso, occhi, labbra. Solo queste minute lacrime
sugli alberi e le case. Una in particolare si rischiara
dove qualcuno piange sulla sua poltrona
composto, fermo solo incerto se la casa somigli 
a quelle che abitò in passato e che confonde. 

Non è di nostalgia che piange, ma per il peso intero 
della pioggia, come se lui fosse il tetto 
che sopporta e si scrosta. 
Come se l’intero palazzo, gonfio di acqua e  pietra
rivelasse un’offesa. 

Una creatura può crucciarsi per questo, passare sveglia la notte
o replicare nel sogno la desolazione. Essere in un burrone. 
Stare lì tra la terra, nella pioggia che viene.

Ilustración: Pluie à Etretat, 1884, Claude Monet

viernes, febrero 10, 2012

Jonio González / Poemas




24

en mitad del festín
llaman a los muertos les piden
que sucumban al sueño de la infancia
que dirijan la mirada hacia el frío
de los campanarios y recuerden

que junto a la ventana avara de luz
abran los libros de la lluvia

la cabeza inclinada hacia el agua que cae

hacia la espera
donde crecen las piedras

28

la elocuencia es un estuario

también la máscara de la piedad lo es
y la prisa por burlar
la inteligencia del que acecha

la urgencia de matar
y ser amado

36

sobrevives entre los pensamientos
que pueblan la casa
entre las briznas de la hierba
arrancada a conciencia
tienes un lugar en la tierra yerma
debajo de la escarcha
en la obcecación de los insectos

un puerto aguarda

pero la nave
ah la nave

Jonio González (Buenos Aires, 1954), inéditos

Ilustración: Die Lebensstufen (las etapas de la vida), c.1835, Caspar David Friedrich

jueves, febrero 09, 2012

Giacomo Leopardi / Las remembranzas, 2




La primera parte de este poema, aquí


Las remembranzas
de Leopardi

Versión y notas de Angel Faretta

(Segunda parte)

Ni el corazón diría que la verde edad
Estaba condenado a extinguir en este
Nativo burgo salvaje entre una gente
Zafia, vil: a quienes palabras raras
Son causa de risas y de burlas como
doctrina y saber; que me odia y huye
No ya por envidia, que no me tiene
Mucha, sino porque imagina que tal              
valor tenga para mí, si bien de fuera
A nadie jamás siquiera lo señalo.
Paso los años, desahuciado, solo,
Sin amor ni vida; y áspero por fuerza    
Entre todos ellos malo me vuelvo,
Me despojo de piedad y de virtud
Y me hago despreciador de hombres
Entre este rebaño, en tanto vuela
El caro tiempo juvenil, más querido
Que la fama y el lauro, más que la pura  
Luz del día y el respirar: te pierdo
Sin un deleite, inútilmente, en este
Morar inhumano, entre los afanes,
Oh de la yerma vida única flor.
         
Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837)


Nè mi diceva il cor che l'età verde
Sarei dannato a consumare in questo
Natio borgo selvaggio, intra una gente
Zotica, vil; cui nomi strani, e spesso
Argomento di riso e di trastullo,
Son dottrina e saper; che m'odia e fugge,
Per invidia non già, che non mi tiene
Maggior di se, ma perchè tale estima
Ch'io mi tenga in cor mio, sebben di fuori
A persona giammai non ne fo segno.
Qui passo gli anni, abbandonato, occulto,
Senz'amor, senza vita; ed aspro a forza
Tra lo stuol de' malevoli divengo:
Qui di pietà mi spoglio e di virtudi,
E sprezzator degli uomini mi rendo,
Per la greggia ch'ho appresso: e intanto vola
Il caro tempo giovanil; più caro
Che la fama e l'allor, più che la pura
Luce del giorno, e lo spirar: ti perdo
Senza un diletto, inutilmente, in questo
Soggiorno disumano, intra gli affanni,
O dell'arida vita unico fiore.


 “La verde edad...” Aquí reaparece o se reconfigura el topos de la “fanciulezza” como mitologema efébico y paradisíaco. Veamos este pensamiento de Leopardi (el 102 según las ediciones) y su perfecta continuidad con lo pensado un siglo antes por Vico.
  “Gli anni della fanciullezza sono, nella memoria di ciascheduno, quasi i tempi favolosi della sua vita, come, nella memoria delle nazioni, i tempi favolosi sono quelli della fanciullezza delle medesime.”
 “Los años de la juventud son, en la memoria de cada quién, casi tiempos fabulosos de su vida, como en la memoria de las naciones los tiempos fabulosos son aquellos de la juventud de las mismas.”
 Vico:
 “Ne’ fanciulli é vigorosísima la memoria, quindi vivida all exceso la fantasia ch’altro non é che memoria o dilatatta o composta”.
Quella Degnitá e il Principio dell’ evidenza delle Imagini Poetiche, che dovete formare il primo Mondo fanciullo”.
 “En los niños es vigorosísima la memoria, por ello mismo su fantasía es vívida en exceso, pues ésta no es otra cosa que memoria dilatada compuesta”.
 También:
“Este axioma (*) es el Principio de la evidencia de las Imágenes Poéticas, que debieron formar el primer Mundo en su infancia.” Ciencia Nueva, Tercera edición –1744. I-L

*: Vico –claro está- escribe y piensa en “Dignidad” en vez de “axioma” como se traduce y lo hago aquí sumada esta nota al pie. Téngase presente que Vico es antes que nada jurista.
  Esta “fanciulleza” que debería volcarse como “muchachez” no es la infancia en cuanto a estado sinónimo de primitivo o de salvaje. Si no del primer curso providencial en los pueblos que da lugar al lenguaje mitopoético.
 Como puede notarse aquí se da, y una vez más, el doble vínculo casi inmemorial que tiene el pensar y poetizar italianos con respecto a la vida agreste y campesina. Por un lado tales loci son emblemas de la paz, el sosiego y el retiro lejos de los afanes mundanos y citadinos -es decir ya burgueses- y por el otro síntoma del abandono e incuria en que se ha caído en tales sitios aislados luego de haber participado o intentado participar de los negotii del mundo urbano.
 Lo tenemos ya en Horacio con su topos del “Beatus Ille” y su quinta sabina opuesta a la Urbs. Luego en Boccaccio y sus tránsfugas citadinos huyendo de la peste hacia un retiro campesino.
 Tenemos más adelante un ejemplo contundente de ello en la célebre carta de Maquiavelo a su amigo Francesco Vettori del 10 de diciembre de 1513, durante su ostracismo en su propiedad de San Casciano y donde le anuncia entre otras cosas que ha compuesto un tratado con el título De Principatibus.
 “Trasferiscomi poi in su la strada nel l’hosteria, parlo con quelli che passono, domando delle nueve de’ paesi loro (...) Venuta la sera, mi ritorno in casa, et entro nel mio scrittoio; et in su l’uscio mi spoglio quella vesta cotidiana piena di fango et di loto, et mi metto pan reali et curiali (...)”
  “Me traslado luego a la posada que está sobre el camino, charlo con aquellos que pasan, les demando nuevas de sus pagos(...) Al caer la tarde, regreso a casa, y entro en mi escritorio, y allí me despojo de las ropas cotidianas llenas de barro y lodo y me pongo paños reales y curiales (...)”
 Tras un extenso hiato barroco, tenemos este doble vínculo nuevamente en Leopardi, escritor bisagra si los hay; luego ya en prosa en “I promessi spossi” –siempre mal traducida como “Los novios”- y a su manera en el epos siciliano de Giovanni Verga. En poesía será retomado en el eglogismo ya nostálgico sumado a un cristianismo tolstoiano algo imbuido de sentimentalismo en Giovanni Pascoli y su figura del fanciullo a quien dedica todo un tratado filosófico.
 El también siciliano Pirandello desde luego que no falta a la cita y en una de sus primeras obras dialectales Lumíe di Sicilia -Limas de Sicilia- eleva en drama de oposición absoluto entre campo-ciudad. El primer topos manifestación de lo fértil y de lo fructífero, y la ciudad adonde se ha ido -o caído la novia de juventud del protagonista, lugar de perdición, falsedad e hipocresía, remarcado esto por el trabajo de actriz que ha tomado la que ha huido del campo a la ciudad.
 El topos de la “fanciulezza” será vuelto a reconfigurar por Pavese y Pasolini pero ya en pugna total con el mundo moderno industrial. Donde esa condición representa al mundo agrario y campesino contra la “adultez industrial”. O  también de su corrupción cuando la fanciulezza se traslada del “paese” a la “cittá”.
 ¿Hemos los argentinos debido a esta presencia italiana ya más que centenaria en nuestra configuración como nación, cultura y espíritu, traído desde allí hasta aquí buena parte de este doble sentimiento y vínculo con el campo, la vida rural y lo agrario en general?

Ilustración: Due fanciulli che disegnano, 1835, Giacomo Trecourt


miércoles, febrero 08, 2012

Jacques Darras / Carta a Elena




Carta a Elena (1)

La belleza es la realidad.
Lo inverso ya no es seguro.
La belleza no es reversible.
Ella es el tema absoluto.
Sólo nos tolera a ti o a mí.
Que somos sus servidores.
Sometiéndonos a nosotros mismos.
La belleza nos libera.
La belleza del amor es más
hermosa que la muerte.
La belleza del amor nos libera de la muerte.
*
Hace un instante estabas ante mí.
Tengo tu imagen ante mis ojos.
Cuando la convoco viene dócilmente.
No eres pasivamente pasiva.
Estás desnuda, eres la realidad.
Más allá de ti no hay nada.
Me lo susurro en voz baja.
Eres la oración unida a la adoración.
*
No hay otra religión.
No hay más vínculo que el de tus brazos.
Tus manos se posan en mis hombros.
Me mides con tus ojos risueños.
Que ríen desde sí mismos.
Tu boca está seria, tu boca se acerca.
Tomas mi boca, me das la tuya.
No hay otra religión del intercambio que el amor.
Las religiones son amor desnaturalizado.
Las religiones son una imitación del amor.
*
Coloco en mi frase tu desnudez.
Mira cómo tiembla, no puede ubicarse.
Tiembla la totalidad del mobiliario de mi frase.
Ya no hay pronombres que aguanten.
Se han alejado y nuestros cuerpos los borran.
Ya no eres tú, ya no soy yo.
Necesitaremos una gramática gigante.
Acoplaremos la frase de otra manera.
*
Mi frase habla sola.
Escucha, no dice gran cosa.
Resulta muy pobre de nombres, en sustantivos.
Es muy rica de entonación.
Es muy rica de entonación.
No, no lo entiendes, no puedes entenderlo.
La entonación es música.
Yo canto una musiquilla de desnudez.
*
Do la sol la, es inútil.
No resulta balbucear el solfeo.
Es una música que empieza en la respiración.
Es un lenguaje secreto un canturreo.
No, tampoco es eso.
Es una música de antes de las palabras.
Es una música de pequeñas y breves palabras.
Que se alargan, que se acortan.
Los suspiros se enuncian al tiempo que las notas.
Tampoco lleva pentagrama.
La música no se escribe se dice.
*
Para el ojo de la memoria es más fácil.
La seda del pincel acaricia y no se equivoca.
Coloca las sombras donde están las sombras.
Acoge la luz en los colores lisos.
El ojo junto al tacto son dos memorias unidas.
*
El ojo junto a la mano son el relieve de la memoria.
Te veo, te toco, me hago tu pintor.
Imagen y realidad están contiguas, las aproximo.
La belleza es la realidad más cercana a su imagen.
La belleza es el amor de la imagen por la realidad.
Se necesita delicadeza en el tocar, el ver.
Se necesita decisión en la belleza, cercanía.

Jacques Darras (Bernay-en-Ponthieu, Somme, 1939), Arqueología del agua (Antología 1988-2001), Libros del Aire, Madrid, 2011
Traducción de Miguel Veyrat
Envío de Jonio González, Barcelona

Lettre À Hélène (1)

La beauté est la réalité.
L’inverse n’est pas sûr.
La beauté n’est pas réversible.
Elle est le sujet absolu.
Elle ne tolère que vous, que moi.
Qui sommes ses serviteurs
Qui nous asservissons à nous-mêmes.
La beauté nous libère.
La beauté de l’amour est plus belle que la mort.
La beauté de l’amour nous libère de la mort.
*
Vous étiez devant moi à l’instant.
J’ai votre image devant les yeux.
Je la convoque elle vient docilement.
Vous n’êtes pas passivement passive.
Vous êtes nue, vous êtes la réalité.
Il n’y a plus rien au-delà de vous.
Je me le murmure à voix basse.
Vous êtes la prière avec l’adoration.
*
Il n’y a pas d’autre religion.
Il n’y a pas d’autre lien que celui de vos bras.
Vos mains se posent sur mes épaules.
Vous me mesurez avec les yeux, ils rient.
Ils rient à l’intérieur d’eux-mêmes.
Votre bouche est sérieuse, votre bouche s’approche.
Vous me prenez la bouche, vous donnez la vôtre.
Il n’y a pas de religion de l’échange comme l’amour.
Les religions sont de l’amour dénaturé.
Les religions sont une imitation de l’amour.
*
Votre nudité, je la pose dans ma phrase.
Voyez elle ne tient pas, elle tremble.
L’ensemble du mobilier de ma phrase tremble.
Il n’y a plus de pronoms qui tiennent.
Ils sont dans la distance, nos corps les effacent.
Ce n’est plus vous ce n’est plus moi.
Nous aurons besoin d’une grammaire géante.
La phrase nous l’accouplerons autrement.
*
Ma phrase parle toute seule.
Elle ne dit pas grand chose, écoutez.
Elle est très pauvre en noms, en substantifs.
Elle est très riche en intonation.
Elle est très riche en intonation.
Non, vous ne l’entendez pas, vous ne pouvez pas.
L’intonation est de la musique.
Je chante une petite musique de nudité.
*
Do la sol la, inutile.
Balbutier le solfège ne convient pas.
C’est une musique qui commence dans la respiration.
C’est un langage secret un chantonnement.
Non, ce n’est pas cela.
C’est une musique d’avant les mots.
C’est une musique de petits mots brefs.
Qu’on allonge, qu’on retarde.
Les soupirs s’énoncent en même temps que les notes.
Il n’y a pas non plus de portée. 
La musique ne s’écrit pas elle se dit.
*
Pour l’oeil de la mémoire c’est plus facile.
La brosse du pinceau caresse, ne se trompe pas.
Dépose les ombres où sont les ombres.
Accueille la lumière sur les à-plats.
L’oeil avec le toucher sont deux mémoires ensemble.
*
L’oeil avec la main sont le relief de la mémoire.
Je vous vois, je vous touche, je me fais votre peintre.
L’image la réalité sont contiguës, je les rapproche.
La beauté est la réalité la plus proche de son image.
La beauté est l’amour de l’image pour la réalité.
Il faut de la délicatesse dans le toucher, le voir.
Il faut de la décision dans la beauté, le rapprochement.

Foto: Jacques Darras Babelio

martes, febrero 07, 2012

Ramón Andrés / Soltura




Soltura
 
En no ser recordado estará mi recuerdo,
en el sol que contrae la teja y en la avispa
que aprovecha la casa donde vivió la alondra,
en la niebla que falta para que el horizonte
imante lejanías y curve sus laderas.
La cereza robada, el rastro del hurón,
los árboles que forman emblemas de un bestiario,
el rebaño y el viento rodando como un huso
para bajar la lana al frío de los pueblos,
cabrán en cualquier mano.
                                      No seré recordado.
Bienhallado el olvido. Se juntará la estrella
con el rincón del liquen, así crecieron frondas,
en todo habrá cimiento, y yo tendré los rasgos
de otra raza, la edad jamás dada a los hombres.
Se perderán galaxias como yerba arrancada
por el corzo nevado, y el trébol vivirá
con la estela pisada, se astillará la lluvia,
la cresta de los gallos cortará en su vaivén
los haces de la aurora, el eco desgajado
del nogal y el enebro, la camisa tendida
con los puños del cierzo.
                                   No seré recordado.
Me suplirán los techos, la silla, la leñera,
el remolino de hojas que asciende sus caminos
buscándose en los troncos. Y yo no existiré,
porque nunca fui más que el huésped de las garzas,
el salitre en la cruz de una ermita costera,
la pala acostumbrada a franquear el fuego
para obtener el pan. No seré recordado,
me abrirá paso el águila festejando la nada,
nadie preguntará quién podó los frutales,
quién viene tropezando en la inmortalidad.

Ramón Andrés (Pamplona, 1955), La amplitud del límite, DVD Ediciones, Barcelona, 2000

Foto: Ramón Andrés Consuelo Bautista / El País, Madrid

lunes, febrero 06, 2012

Oscar Hermes Villordo / Historia, 7, 8




Historia

7

Aquí, desde la cama blanca del hospital,
vería la ventana y los árboles... tal vez
un pájaro cantase... porque todo está igual:
sus zapatos, su libro para leer después,

y hay pájaros que cantan... Tal vez la muerte
iría diciéndole palabras, y era el contorno lucio
de las nubes en él, ¡no esta penumbra fría
con su friso deshecho de nubes de humo sucio!

8

Dentro del colectivo tiemblan las ventanillas.
La vida es esto, dicen: buenos y malos ratos.
Oigo en silencio y miro, sobre mis dos rodillas,
el paquete en que van tu libro y tus zapatos.

Oscar Hermes Villordo (Machagai, Chaco, 1928-Buenos Aires, 1994), Poemas de la calle, Editorial Tres + Uno, Buenos Aires, 1993 (primera edición: 1953)

Foto: Villordo Radar Libros

domingo, febrero 05, 2012

Guido Cavalcanti / Viste, según creo...



XXXVII *

Viste, según creo, todo valor
y la dicha y el bien que el hombre siente,
puesto delante del señor valiente
que señorea en el mundo del honor,

pues vive donde muere mal color **
y ha la razón y alcázar en la mente;
tan suave llega al sueño de la gente
que el corazón se lleva sin dolor.

De ti el corazón se lo llevó, viendo
que a tu dama la muerte requería:
la nutría del corazón, temiendo.

Cuando a ti llegó y se marchó doliendo,
el dulce sueño allí se deshacía,
pues su contrario venía venciendo.

Guido Cavalcanti (Florencia,1250-1300), Rime, Biblioteca Universale Rizzoli, Milán, 1978
Versión de Jorge Aulicino


* Escrito en respuesta al soneto de Dante Alighieri A ciascun'alma presa, que abajo se reproduce, y traduce con escasa gracia. Dante incluyó esas rimas en el capítulo III de Vita nuova, e intentó explicar el significado del sueño que narra. Dice enseguida que recibió muchas respuestas al enigma y la primera fue la de "aquel que llamo mi primer amigo, quien escribió el soneto que comienza Vedeste, al mio parere, onne valore, y casi fue este el comienzo de nuestra amistad". El soneto alude a Beatriz Portinari, la dama platónica de Alighieri, muerta en plena juventud.

** Noia no puede traducirse de modo que mantenga rima. En el sentido fuerte en que Cavalcanti parece usar la palabra, cabe la elipsis elegida, creo, en tanto dicha traducción debe moverse entre malestar y pena, más que dentro de la primera acepción de tedio: ma tu perché ritorni a tanta noia? (Dante). Sobre este lugar donde noia more se interroga Marcello Ciccutto, curador de la edición Rizzoli a nuestro alcance: "¿La corte del Amor? ¿El intelecto posible destinado a la especulación sobre la verdad y por lo tanto privado de toda turbación?". La noción de intelecto posible, y de las formas diversas del intelecto, fueron parte de la discusión escolástica en el medioevo, comentadas por Alighieri y Cavalcanti de distintos modos. En todo caso, para la tendencia de Cavalcanti al averroísmo, el intelecto posible no pertenece al orden individual, sino que es de orden universal y único, y allí toma Amor la forma sensible (Ver Donna mi prega)

XXXVII

Vedeste, al mio parere, onne valore
e tutto gioco e quanto bene om sente,
se foste in prova del segnor valente
che segnoreggia il mondo de l’onore,

poi vive in parte dove noia more,
e tien ragion nel cassar de la mente;
sì va soave per sonno a la gente,
che ’l cor ne porta senza far dolore.

Di voi lo core ne portò, veggendo
che vostra donna la morte chedea:
nodriala dello cor, di ciò temendo.

Quando v’apparve che se ’n gia dolendo,
fu ’l dolce sonno ch’allor si compiea,
ché ’l su’ contraro lo venìa vincendo.

En respuesta a:

A ciascun'alma presa, e gentil core,
nel cui cospetto ven lo dir presente,
in ciò che mi rescrivan suo parvente
salute in lor segnor, cioè Amore.

Già eran quasi che atterzate l'ore
del tempo che onne stella n'è lucente,
quando m'apparve Amor subitamente
cui essenza membrar mi dà orrore.

Allegro mi sembrava Amor tenendo
meo core in mano, e ne le braccia avea
madonna involta in un drappo dormendo.

Poi la svegliava, e d'esto core ardendo
lei paventosa umilmente pascea:
appresso gir lo ne vedea piangendo.

Dante Alighieri

(A toda alma cautiva y gentil corazón,
a cuya atención llegue el decir presente,
y sobre esto me escriban gentilmente,
salud en nombre de su dueño, Amor.

Casi eran ya tercias las horas
del tiempo en que toda estrella está luciente,
que se me apareció Amor, súbitamente,
y su aspecto recordar me causa horror.

Alegre me parecía Amor, teniendo
mi corazón en la mano, y en sus brazos
dama envuelta en paño, durmiendo.

La despertaba, y del corazón ardiendo
ella espantada comía humildemente:
después, irse lo vi, llorando.)


Ilustración: Paolo e Francesca, 1877, Mosè Bianchi

sábado, febrero 04, 2012

Rafael Bielsa / Una estatua, coloreada al uso etrusco




Una estatua, coloreada al uso etrusco

Pero si esta misma mañana..., tan lejos está
                el tiempo
en que todo era criado unidamente, mechón
                de pelo de muchacho
(allí donde están las casas, enrojecidos tienen sus
                 muros),
carne de color chartreuse, huesos pegados al declive
                 de la sien,
y escudos quebrados, y hay hachones que arden todavía.
... antes de esta mañana. (Postigos
                 de la infancia,
calles en las que el vapor brotaba
                 del pavimento,
y los niños se hamacaban en las escaleras
                 de incendio,
et bulla aureast, pater quam dedit mihi natali die).
El muchacho tiene los ojos tiesos, ojos que miran
                  cosas que no existen,
en mitad del retículo de la ciudad hecha escombros,
iluminada apenas por el amarillo químico
                   de la luna porosa.
Estoy junto a semejanzas de muertos y depósitos
                   de los muertos,
respirando un mismo aire entre los dientes separados,
con la cara llena de bultos, y hacia donde
                    vaya mi vista distingo
figuras de furias, brazos arrancados que enarbolan
                    cofias,
escenas de un estrafalario revolcarse,
de las que ya no me habré de librar.

Rafael Bielsa (Rosario, 1953), Explendor, Ediciones El Lagrimal Trifurca, Rosario, 1994  

Ilustración: De la serie Carlos Alonso en el Infierno, 2004, Carlos Alonso

viernes, febrero 03, 2012

Vilborg Dagbjartsdóttir / Sueño




Sueño

Soñé que me encontraba en un arenal o un promontorio. Había un camino desde la punta del arenal que seguía la costa y en lo alto se veía un cinturón de rocas. (Jamás había visto ni en sueños ni despierta un paisaje más desolado.) Caminé hacia el norte a lo largo de la lengua de arena, con el mar a un lado y el acantilado al otro. Vi algo lejos a una persona que venía hacia mí. Al acercarse vi que era un hombre fornido, con una zamarra gris y un sombrero oscuro con un ala baja que le tapaba media cara.

La senda era tan estrecha que nos rozamos al cruzarnos y en ese momento tuve la intuición repentina de quién era. Lo llamé entonces, porque me pareció que tenía muchas cosas que decirle.

Se detuvo rápidamente, volvió la cabeza, y bajo el sombrero vi brillar sus ojos ardientes de deseo.

Se me ocurrió entonces que hasta el mismo Odín sólo piensa en una cosa cuando se trata de mujeres. Y yo creí que era poeta... logré espantar el sueño y despertar... con el alma llena de rabia.

Vilborg Dagbjartsdóttir (Vestdalseyri, Islandia,1930), en Islandia país de lectores
Versión José Antonio Fernández Rom

Draumur

Mér þótti ég stödd á eyri eða nesi. Lá vegur af eyraroddanum austanverðu á ströndinni en efra tóku við klettabelti. (Aldrei hef ég hvorki í svefni né vöku séð útyflislegra landslag.) Gekk ég sem leið lá norður tangann með hafið á aðra hönd en hamravegginn á hina. Sá ég þá hvar maður kom á móti mér í nokkurri fjarlægð. Þegar hann nálgaðist sá ég að þetta var karlmaður, mikill vexti, klæddur stuttum, gráum stakki með dökkan hatt, slútti annað barðið svo það huldi nær hálft andlitið.
   
Svo þröngt var á einstiginu að ég straukst við hann þegar við mættumst og um leið laust því í hug mér sem eldingu hver hann var. Kallaði ég þá til hans, því ég þóttist eiga við hann margt vantalað.
   
Hann snögg stansaði, vatt til höfðinu, og undan hattbarðinu glitti í auga logandi af girnd.  

Rann þá upp fyrir mér að jafnvel Óðinn sjálfur á ekki nema eitt erindi við konur. Og ég sem hélt ég væri skáld  mér tókst að hrista af mér svefninn og komst yfir í vöku – í sál minni brann reiðin.

en Vilborg Dagbjartsdóttir, con versión al inglés


Foto: Vilborg Dagbjartsdóttir en Spivan

jueves, febrero 02, 2012

Attilio Bertolucci / Retrato de un hombre enfermo





Retrato de hombre enfermo

Éste que ven aquí pintado a la sanguina y en negro
y ocupa enteramente el espacioso cuadro
soy yo cuando tenía cuarenta y nueve años, envuelto
en una bata amplia que cubre la mitad de las manos

como si fuesen flores, no deja ver si el cuerpo
está sentado o acostado: como el enfermo crónico
que es puesto ante ventanas donde se enmarca el día,
un día más otorgado a los ojos que se fatigan pronto.

Si pregunto al artista, mi hijo quinceañero,
a quién quiso pintar, me dice de inmediato:
“a uno de esos poetas chinos que tú me hiciste
leer, mientras mira hacia fuera, en sus horas finales”.

Es verdad, recuerdo ahora haberle regalado ese libro
que alegra el corazón de riberas celestes
y pardas hojas otoñales; en él sabios, o falsos sabios, poetas
graciosamente dejan la vida levantando la copa.

Y yo, perteneciente a un siglo que cree
no mentir, me reconozco en aquel hombre enfermo
mintiéndome a mí mismo: y de él escribo
para exorcizar un mal en el que creo y no creo.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), Antología de poesía italiana contemporánea, prólogo, selección y traducción de Horacio Armani, Losada-Ediciones Unesco, 1997.

Ritratto di uomo malato

Questo che vedete qui dipinto in sanguigna e nero
e che occupa intero il quadro spazioso
sono io all'età di quarantanove anni, ravvolto
in un'ampia vestaglia che mozza a metà le mani

come fossero fiori, non lascia vedere se il corpo
sia coricato o seduto: così è degli infermi
posti davanti a finestre che incorniciano il giorno,
un altro giorno concesso agli occhi stancatisi presto.

Ma se chiedo al pittore, mio figlio quattordicenne,
chi ha voluto ritrarre, egli subito dice
"uno di quei poeti cinesi che mi hai fatto
leggere, mentre guarda fuori, una delle sue ultime ore."

E' sincero, ora ricordo d'avergli donato quel libro
che rallegra il cuore di riviere celesti
e brune foglie autunnali; in esso saggi, o finti saggi, poeti
graziosamente lasciano la vita alzando il bicchiere.

Sono io appartenente a un secolo che crede
di non mentire, a ravvisarmi in quell'uomo malato
mentendo a me stesso: e ne scrivo
per esorcizzare un male in cui credo e non credo.

Ilustración: Santa Francesca Romana guarisce un uomo malato ad una gamba, 1468, Antoniazzo Romano Roma Virtuale