martes, enero 18, 2022

José Miguel Marinas / De "Razón de duelo", 2




de "razón":

III
dar razón del duelo 
como quien canta el melisma más terrible
sin voz, entredientes,
y de vez en cuando se vuelve a la vida
y habla y negocia, o dice qué hermoso este edificio
o cómo me gustan las líneas de tu boca
o cuánto falta para el verano
pero sabe que el otro borde del umbral
la parte interior de esa zona sin aire
le convoca de continuo
para que diga de lo imposible algo


de "non nomina":

IX
un cuenco de manos
para capturar el agua de la lluvia
un pliegue de la hoja de la cardenca
donde se almacena el agua del cielo
como en un cuévano 
un peine pasando moroso
por la mata de pelo recién lavado
con el agua de lluvia de la cardenca
(no recuerdo el color de los ojos de mi madre)


XX
regiones de la pérdida:
no damos abasto a recorrer los paisajes derrotados
contamos flores nuevas, casas, catedrales, el aparato todo 
del mundo como es
y parece que los ajustes cuadran
las metas son casilleros en la planilla que se van tachando
como si estuvieran cumplidas, colmadas las ambiciones
todo va como va, vive la rueda de la culminación
los desperfectos en el núcleo de lo que hacemos parece
que son daños a lo más colaterales
devastadas regiones de la pérdida
tan dentro 
tan normalizadas
que no hay ojos ni caligrafía que las haga legibles
todo se resuelve en negar que haya otra vida
precisamente aquí y ahora

José Miguel Marinas (Vitoria, España, 1948-León, España, 2022), Razón de duelo, Traviesas de Poesía, segunda edición, León, España, 2014


lunes, enero 17, 2022

Julio Orione / Dos poemas



Mi balcón

Cada octubre en Buenos Aires escucho 
las torcazas en el mismo ritual amatorio
y en noviembre vienen en pareja a visitarme 
                                                                    Pero, 
donde antes anidaban, no más.. perché?, chi lo sa? 
A veces visítanme zorzales y brillantes colibríes. Y mariposas monarca y lagartijas
                                     Pero anoche tuve un huésped inesperado  
                                                                                      un aguacil
girando enceguecido alrededor de mi lámpara.
Voló, se quemo las delicadas alas
                                                     y abur

                                                                 Noviembre de 2021


sinos

sé que un sí requiere un no
cuando el no reclama un sí
y el sino del sí no es igual
sino inverso al sí del no
y del no al sí hay un solitario sol
que para el sí o para el no retorna
y que en su sino sí envuelve 
los no del sí, los del no, sí

                                        Agosto de 2021


Julio Orione (Buenos Aires, 1941)


Foto: Julio Orione en el café Puerto Rico, cerrado en 2021. Buenos Aires, 2019

domingo, enero 16, 2022

Juan Bautista Ritvo / De "Orfeo"




Epílogo

Aquí no hay polifonía,
tampoco se escuchan sonidos
que alcanzan, complejos e intrincados,
su punto crítico,

como si les alcanzara la sombra del rumor
de millones de años,
de eras sin fin,
las inciertas columnas de lo ancestral
anteriores a los balbuceos míticos.

No,
aquí
descansan las cosas
de su vértigo,
aunque nada nos garantice
que la rotación del planeta,
sus feroces accidentes,
el abismo de las razas y de las clases,
deje en paz
nuestro cuerpo,
abrumado.

¿Vamos perdiendo?
Si, vamos perdiendo.

La aguja de Norte-Dame
ardió muchos años más tarde
y junto con ella, todo el maderamen;
la piedra, ennegrecida, agrietada,
todavía está allí- el atrio
está vacío.

El planeta conserva, empero,
su núcleo ardiente
mientras el agua
trepa década a década,
año tras año.

¿Bajará, por fin, el Deus ex machina
y nos enseñará, nuevo Leonardo,
a construir alas
del hombre-pájaro, alas agitadas por el viento
del Paraíso, alas que trepan a los techos, a las cornisas,
que suben a los montes y caen en picada
para de nuevo remontar hasta perderse
en las límpidas alturas
junto a los cetáceos celestes de Meryon?
El hombre-pájaro flota sobre los campos,
sobre las ciudades, pequeñas y grandes,
sobre los pinares doblegados por la nieve,
sobre la tierra agostada por la sequía;
llega hasta lo alto de las bóvedas góticas
que resisten, silenciosamente resisten,
mejor que nosotros, la fatiga irreversible,
la estulticia de los sacerdotes,
el veneno de los que arden por el poder,
el rencor de los expulsados.
Atget llama, quizá inútilmente, a las maderas,
y a las sogas y a la tierra y a las piedras de la calle
que pueblan sus fotos; nunca más hermosas
que cuando los curadores alcanzan a reproducir
ese signo de lejanía próxima que causan
tanto la luz excesiva, indomeñada,
como el cálido color sepia, también signo,
pero de distancia, ante el cual, en silencio,
inclinamos la cabeza.

Juan Bautista Ritvo (Santa Fe, Argentina, 1940)

Orfeo o el nacimiento de la noche,
ensayo/poema
17g Editora, 
Buenos Aires-Bahía Blanca, 2021 












sábado, enero 15, 2022

Claudia Schvartz / De "Ávido don"




El pez en vértigo azul un ave
el poema sin lengua
la suma de inminencias en la torre que cae
como un presentimiento
es gravedad el vaivén de las estrellas
el teatro de la noche y la sorpresa
quieto existir de la extranjera
que pronuncia un paisaje en movimiento

*

   El cielo se desliza
Siempre este vaciarse del instante
Siempre soñar: la forma árbol y generaciones de árboles distintos
Otra vez singulares maneras del instante.

   El cielo se desliza. No sabe que es invierno
Y la que escribe es otra, la que observa del árbol la plegaria
y en la tierra en suspenso, un tiempo que genera.

*

de "Notas para un poema":

El río limpísimo después de la lluvia.
Nadie se ha atrevido a sentarse en el muelle a lavar
ollas.
Perfecto silencio que un trino espaciado profundiza.

Un habla tan bonita

Quiroga encallado en la selva como Conrad entre
mares

El último sol pone de bronce la casuarina.

Presa de la acción: hacer hacer

Para la confusión cada vez más grande, más arbitraria.
Más lejos de mí.
Pleno ataque compulsivo: el teléfono, las orillas
desbarrancadas, los fantasmas.
Se acerca fin de año.

(…)

Tanta luz
que la sombra se vuelve deslumbrante.

Jugando al golf con el machete con lógica perfectamente
inocente.

De lejos la casa flota.

Claudia Schvartz (Buenos Aires, 1952), Ávido don, primera edición 1999; Leviatán, Buenos Aires, 2009


viernes, enero 14, 2022

Philippe Jaccottet / La voz




¿Quién canta allí cuando toda voz se calla? ¿Quién canta
con esa voz sorda y pura tan bello canto?
¿Será fuera de la ciudad, en Robinson, en un
jardín cubierto de nieve? ¿O es aquí muy cerca,
alguien que no sospechaba se lo escuchara?
No estemos impacientes por saberlo
pues el día no es diferentemente precedido
por el invisible pájaro. Pero hagamos solamente
silencio. Una voz sube, y como un viento de marzo
sin llanto, más bien sonriente ante la muerte.
¿Quién cantaba allí cuando nuestra lámpara se apagó?
Nadie lo sabe. Pero sólo puede oír el corazón
que no busca la posesión ni la victoria.

L’ignorant. Poèmes 1952-1956

Philippe Jaccottet (Moudon, Suiza, 1925 – Grignan, Francia, 2021), "La poesía de Philippe Jaccottet", Op. Cit., abril 12, 2021
Versones de Carolina Massola


Foto: Laie

jueves, enero 13, 2022

María Mascheroni / De "Blues de las almas inquietas"


manos a la obra 
es esta noche   hay cosas que enmendar
camina a oscuras tanteando
haber cumplido ocho años ayuda   hará el altar
un paso el candelabro las cerillas
la imagen del santito cubierto en celofán brilla en la niebla del cuarto 
otro paso   el corazón como tambor de la tierra profunda
veloz   dicen que se lo puede llamar quedo por su nombre largo
que suena como un canto y envuelve todo el sur
dicen que ha curado mujer
un paso
la niña teme a su pie firme 
      Namuncurá Namuncurá
el otro pie avanza
pedirá
pedirá que su madre despierte y la mire cuando se zambulle 
en el peligro del dique

es ésta la noche
con sus tesoros bajo el brazo despertará a su hermana mayor
decidieron subir de la mano la noche hacia el lugar sagrado
al Pan de Azúcar
otro paso 
Namuncurá y golpea
      Namuncurá 
Namuncurá y se apoya
hay cosas que enmendar
-antes de que la noche sea tan larga y las horas de sueño predominen
y yo no pare más de beberme el peligro del río, la tentación de la 
roca más alta, mientras espero que ella se sacuda la tristeza y venga
antes que 

es esta noche
Namuncurá
alarga con cuidado su brazo roza con los dedos el hombro desnudo
susurra al oído el nombre de su hermana y despierta un grito en 
medio de la estridencia de la noche iluminada sólo por la imagen 
estridente de la noche silenciosa
Namuncurá   Ceferino   implora
tapa la boca de la hermana   susurra: Ceferino! el altar!
 
los ojos inmensos recuerdan y cierran el grito justo antes de que 
los pasos cansados de la madre alcen la voz y ¿qué pasa?
¿qué ha pasado?
la pequeña como un rayo ha simulado el sueño
la sonrisa despunta y se oculta rauda en el río
de su corazón

ahora late como un altar resplandeciente

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958)

Blues de las almas inquietas
,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2021









---
Foto: María Mascheroni/Facebook

miércoles, enero 12, 2022

Roberta Iannamico / De "Rosa"



La vaca 

La vaca se acuesta sola en el medio de la pampa 
sobre la letra P de la provincia de buenos aires 
mira las estrellas 
el cuerpo lleno de lagunas 
por ahí navegan sabores 
sol que rumia para que se le haga amarillo 
entre los dientes 
en la noche larga la teta se le enciende como un 
farolito 
la luz mala 
como un planeta de cinco puntas. 

Tendal, 2000


Las cosas 

Siempre con las cosas 
la ropa 
los platos 
los huevos duros 
el agua de la canilla 
los juguetes tirados 
lo caliente 
lo frío 
lo suave 
lo pesado 
las cosas que entran 
en una mano 
eso es lo que tengo 
para armar un mundo. 

Muchos poemas, 2008


Prosa 

Voy a empezar a escribir en este cuaderno. Es como si el cuaderno me lo pidiera. Llename de letras, Roberta. Y yo voy haciendo crecer las palabras como pasto, renglón por renglón, página tras página, como esos campos rayados va a ser mi cuaderno, pero de papel y letras. Pasan cuatro perros amigos. Un collie, uno negrito, uno rengo y un setter. Todos siguen al setter, porque parece ser el más alegre, el más joven, con su pelo rojizo brillante, encendido. Y además tiene el entusiasmo del extranjero. Es un perro escapado que gana la calle por primera vez. 

Muchos poemas


está oscuro 
y son las tres de la tarde 
llueve 
y adentro hay fuego 
no puede 
ser más perfecto 
salgo afuera 
porque muero por vivir 
adentro de un poema 
la lluvia con su música 
su rítmico sonar 
estoy 
adentro del tambor 
que las gotas tocan 
como locas 
devotas 

Nomeolvides, 2015

Roberta Iannamico (Bahía Blanca, Argentina, 1972)

Rosa 
(Poemas 1997-2021)
Gog y Magog, 
Buenos Aires, 2021










martes, enero 11, 2022

Ricardo Montiel / De "El rezo de los chatarreros"




Mi padre de espaldas

Una vez vi a mi padre de espaldas
caminar entre espaldas porteñas.
Enseguida supe que era él.
Se distinguía por sus hombros caídos,
redondeados como lomas de arena,
y por la fuerte asimetría de sus codos:
el izquierdo más abajo que el derecho
cuando guarda sus manos por el frío
en los bolsillos de su chaqueta marrón.
Quise buscar un teléfono…
comprobar que él estuviera
todavía con vida. 
Sin embargo, desistí.
No quería perder de vista
su paso ligero y vacilante,
levemente desfasado del resto,
como de recién llegado a mí. 


El rezo de los chatarreros

Sólo creo
en el rezo universal de los chatarreros.
Esa voz distorsionada, balbuceante
resonando entre los mudos edificios,
que pide de milagro el desecho,
la cosa sin cabida por vieja,
averiada o juzgada incompatible.

Es el único
rezo universal en que creo,
el que lento se desplaza sobre una
desvencijada y distópica pick up,
que va cargando en su lomo peregrino 
lo que otros destinan al infierno.

Ricardo Montiel (Maracaibo, Venezuela, 1982. Vive en Buenos Aires) 

El rezo de los chatarreros
El Ángel Editor, 
Quito, 2021 











lunes, enero 10, 2022

Yannis Yfantís / L' antichissima luce

              


                                                  poco antes de que se apague
                                                 la antiquísima luz
                                                                   Pier Paolo Pasolini

No conocí al rey del rebaño, el hijo del sol.
Solamente vi su vellón una vez colgado de un antiguo árbol
mientras el anochecer
se ovillaba en la raíz del árbol como una serpiente.
Oh sagrada raza de los antiguos, oh luz.
Alcancé la antiquísima luz, la respiré.
Monté desnudo a caballo bajo los árboles del Gran Día,
comí moras, tomé leche, bailé,
jugue con el tranquilo, ágil, rizado, temible
príncipe de nuestras ovejas. Y he aquí
que se secaron todos los ríos, han huido
hacia el mar, y detrás
quedan sus guijarros, las montañas --
para que habiten cíclopes y soles.

Yannis Yfantís (Raīna, Grecia, 1949), El Placard, junio 24 de 2012
Versión de Horacio Castillo


Foto: Politeia

domingo, enero 09, 2022

Renato Mazzini / Aquí empieza la Antártida



Este dolor está basado en un piano Fender Rhodes.
A propósito del tiempo y de ciertas propiedades
convenientes al olvido solamente recuerdo
dos o tres circunstancias: una puerta
trabada por montones de cuentas a pagar y catálogos
que se acumulaban como aglomeraciones de polvo con algo
que decir; iluminación diagonal de la sala de ensayos
que tanto se parecía a un estudio de revelado
fotográfico; la visión de casa a diez metros de
distancia y su impresión desolada y bidimensional.
Ahora el piano necesita cinco personas para
que se lo lleven. Antes: una franela, alcohol
o detergente. Este es el sitio al que
siempre vuelvo: posición cabizbaja, un reloj de pulsera.

Renato Mazzini (Santa Fé do Sul, Brasil, 1981), Kriller 71, 12 de diciembre de 2010
Versión de Aníbal Cristobo


sábado, enero 08, 2022

Gary Snyder / Tres poemas de "Selección poética"



A mediados de agosto en la torre vigía del Monte Sourdough
 
Abajo en el valle el agua evaporada forma una neblina 
tres días de calor, después de cinco días de lluvia
la resina brilla en las piñas de los abetos
Sobre rocas y prados
nubes de moscas nuevas.

No puedo recordar cosas que leí alguna vez
tengo unos pocos amigos, pero están en las ciudades.
Tomo agua de deshielo en un jarro de lata
veo millas abajo
a través del alto aire quieto. 


Sólo una vez  

casi en el ecuador
casi en el equinoccio
  exactamente a la medianoche
       desde un barco
            la luna
           
            llena

en el centro del cielo.
  
         Sappa Creek cerca de Singapur, marzo de 1958



Para John Chappell  
                          1964

Sobre el Mar de Arafura, el Mar de la China,
el Mar de Coral, el Océano Pacífico
sus cadenas de volcanes en la oscuridad---
vos en Sydney donde es verano;
imagino ese último viaje a las afueras
de noche, tarde.
Nueva caja de velocidad, dura, motor sin ablandar 
subiendo una autopista que nunca había visto
demasiado rápido---demasiado rápido---
como te dije en Tango* 
y te caíste --- dos veces –sobre la grava —

¿Tuviste tiempo de pensar
uh mierda ahora la cagué?
choque instantáneo vuelo y muerte inmediata---

Malaya, Indonesia
Taiwan, las Filipinas, Okinawa
familias durmiendo ---llegando---
a millones de humanos
mundo de cuerpos respirando.

Yo en Kyoto. Vos en Australia
borracho en la noche.
barba negra, risa loca, y frente triste y seria.
amante de la tierra; fabricabas dabas forma.
horneabas, alfarero,

ahora sos arcilla en el suelo.

* Península de Tango-hanto frente al Mar de Japón. [N. de los T.]

Gary Snyder (San Francisco, Estados Unidos, 1930)
Selección y versiones de Patricia Ogan Rivadavia y Esteban Moore *



Selección poética.
Selected Poems,
Alción Editora,
Córdoba, Argentina, 2021









* Patricia Ogan Rivadavia  (Buenos Aires, 1955) es traductora y correctora. Ha traducido a Dianne Di Prima, Tess Gallagher, Anne Waldman y Andrei Codrescu. Asimismo ha colaborado en diversos proyectos de traducción.
Esteban Moore (Buenos Aires, 1952) es poeta, traductor y ensayista. Sus últimos títulos publicados por Alción son: Las promesas del día  y otros poemas (2019); Reunión de Extraños: Borges, Buenos Aires. El café, Jack Kerouac y otras cuestiones , ensayo (2020)
El libro aquí presentado es bilingüe (Nota del Ad.)


Foto: Gary Snyder en Madrid, 2011 Ángel de Antonio/ABC

viernes, enero 07, 2022

Blanca Varela / Casa de cuervos



porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo

tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombra tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas posado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes

ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
como tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme —nada infinita—
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos

porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños

hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculos que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
adonde no has de volver

[Ejercicios materiales, 1993]

Blanca Varela (Lima, 1926-2009), Degollado Resplandor. Poesía Selecta (1949-2000). Prólogo y selección de Miguel Ángel Zapata, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2019. Buenos Aires Poetry, nov. 21, 2021


jueves, enero 06, 2022

William Stafford / Ascendiendo junto al rio


Ascendiendo junto al río

Los sauces nunca olvidan qué se siente
al ser joven.

¿Recuerdas el lugar del que viniste?
La grava lo recuerda.

Hasta el extremo superior del río
cree en el océano.

Exactamente a medianoche
el día de ayer se aleja con un suspiro.

Lo que creo es que
todos los animales tienen un alma.

Sobre la tierra que aman
se entrecruzan desde siempre.

William Stafford (Hutchinson, Kansas, Estados Unidos, 1914 - Lake Oswego, Oregon, Estados Unidos, 1993), Ask Me, Graywolf Press, Minneapolis, 2014
Versión de Jonio González



CLIMBING ALONG THE RIVER

Willows never forget how it feels
to be young.

Do you remember where you came from?
Gravel remembers.

Even the upper end of the river
believes in the ocean.

Exactly at midnight
yesterday sighs away.

What I believe is,
all animals have one soul.

Over the land they love
they crisscross forever.
---
Foto: BBC

miércoles, enero 05, 2022

Anahí Mallol / De "Historias de amor no"



4. una mujer más joven, otra más grande (¿podría ser su madre? ¿acaso importa? es su amiga). se encuentran una noche en un bar. las dos toman whisky con ganas con esperanza y con olvido. descubren que ambas aman la poesía. la conversación deriva de los libros hacia la vida misma. alguna vez la más joven oficia de alumna de la otra, maestra en varias lenguas. dejan de verse o se reúnen, la vida tiene esas cosas y ellas lo saben. hay hijos, separaciones, más poesía. hasta que se reúnen otra vez, casi al final de una vida. la más grande fue siempre para la otra una voz oracular. la que dice y dictamina, y dice con verdad y dice con justeza. como ponerle título a un libro de poesía. lo que la joven fue para la voz oracular, es algo que se ignora. y que palpita. como la vida misma. 


37. puede ser que un grupo de jóvenes mujeres se extienda sobre la playa como un ramillete de flores silvestres o un racimo de uvas frescas. puede ser que un joven pase y elija al azar a una de ellas. puede hacerla su amiga, novia, amante o confidente. puede ser que ella deje que él se lo crea. pero vuelta a la fuente de su encanto, será a ellas, sus amigas, y no al intruso que las separa, a quien el corazón entregue. y puede ser que él descubra entonces que el estado de gracia más perfecto, al vago deseo difuso, a un amor de grupo, a un rumor de playa, y no a otra cosa, se deba.

Anahí Mallol (La Plata, Argentina, 1968)

Historias de amor no
Bajo la Luna,
Buenos Aires, 2021










Foto: Anahí Mallol por Mariano Cocozzella

martes, enero 04, 2022

Raymond Queneau / De "Ejercicios de estilo"




Ampuloso

A la hora en que comienzan a resquebrajarse los dedos rosas de la
aurora, subí yo cual dardo veloz a la poderosa estatura y los ojos de vaca
de un autobús de la línea S, la de sinuoso trayecto. Reparé, con la
precisión y agudeza del indio que va camino a la guerra, en la presencia
de un joven cuyo cuello era más largo que aquel de la jirafa de pies
veloces, y cuyo fláccido sombrero de fieltro ornábase de una trenza, cual
héroe de un ejercicio de estilo. La funesta Discordia de senos de hollín
vino con su boca infecta por la privación de dentífrico, la Discordia,
digo, vino a soplar su virus ruin entre este joven de cuello de jirafa y
trenza en torno al sombrero y un viajero de aspecto indeciso y farináceo.
Aquél se dirigió en estos términos a éste: “A ver, usted, ¡diríase que me
pisa adrede!” Habiendo dicho estas palabras, el joven de cuello de jirafa
y trenza en torno al sombrero acudió raudo a sentarse.
Más tarde, en las majestuosas proporciones de Cour de Rome, divisé
nuevamente al joven de cuello de jirafa y trenza en torno al sombrero
acompañado por un amigo árbitro de la elegancia que profería esta
crítica que alcancé a oír con oído ágil, crítica dirigida a la prenda más
externa del joven de cuello de jirafa y trenza en torno al sombrero:
“Deberías reducir el escote por medio del añadido o la elevación de un
botón en la periferia circular”.


Verso libre

el autobús
lleno
el corazón
vacío
el cuello
largo
la cinta
trenzada
los pies
planos
planos y aplastados
el asiento
vacío
y el inesperado encuentro cerca de la estación con mil
luces apagadas
de ese corazón de ese cuello de esa cinta de esos pies
de ese asiento vacío

Raymond Queneau (El Havre, Francia, 1903 – París, Francia, 1976), Exercices de style, 1947. Op. Cit., noviembre 28, 2021
Versiones de Mariano Fiszman y Martín Abadía


Foto: Raymond Queneau, Cannes, 1952 Corbis/Getty Images

lunes, enero 03, 2022

Mercedes Alvarez / "Del deterioro", 2




La claridad del día dibuja una selva imaginaria
ojos que inventan verdades a medias
árboles salvajes que no están.
Te adentraste en una sabana sin leones
monos aulladores hablaron en código 
de la herida mortal del nacimiento.
De noche se oyó el hacha quebrando
madera o huesos (imposible saber)
las láminas de los libros era fuente
interminable de recursos.
Por debajo de las placas tectónicas se abre el suelo a los estratos.
La tierra no engulló las ideas:
domesticamos hasta el último árbol de la selva.   

Mercedes Alvarez (Tandil, Argentina, 1979), Del deterioro, Ediciones del Dock, 2019

domingo, enero 02, 2022

Cesare Pavese / Tolerancia




Llueve sin ruido sobre el prado del mar.
Por las sucias calles no pasa nadie.
Ha descendido del tren una hembra sola:
entre el abrigo se vio la clara enagua
y las piernas desaparecer en la puerta ennegrecida.

Se diría un pueblo sumergido. La noche
gotea fría sobre todos los umbrales, y las casas
esparcen humo azulado en la sombra. Rojizas,
las ventanas se encienden. Se enciende una luz
entre los postigos arrimados en la casa ennegrecida.

Al día siguiente hace frío y está el sol sobre el mar.
Una mujer en enagua se cepilla la boca
en la fuente, y la espuma es rosada. Tiene cabellos
rubio-áspero, como las cáscaras de naranja
esparcidas por el suelo. Protegida por la fuente,
atisba a un mocoso negruzco que la mira encantado.
Mujeres oscuras abren los postigos sobre la plaza
-los maridos dormitan todavía, en la oscuridad.

Cuando vuelve la noche, recomienza la lluvia
crepitante sobre muchos braseros. Las esposas,
aventando el carbón, echan miradas a la casa
ennegrecida y a la fuente desierta. La casa
tiene los postigos cerrados, pero adentro hay una cama
y sobre la cama una rubia se gana la vida.
Todo el pueblo reposa a la noche,
todo, menos la rubia, que se lava a la mañana.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950)

"Lavorare stanca" (1936, 1943), 
Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, 
Buenos Aires, 2018
Versiones de Jorge Aulicino









Ilustración: Retrato de Cesare Pavese (detalle) en la portada de Poesie, Mondadori, Milán, 1960. Sin mención del ilustrador


Tolleranza

Piove senza rumore sul prato del mare.
Per le luride strade non passa nessuno.
È discesa dal treno una femmina sola:
tra il capoto si è vista la chiara sottana
e le gambe sparire nella porta annerita.

Si direbbe un paese sommerso. La sera
stilla fredda su tutte le soglie, e le case
spandon fumo azzurrino nell'ombra. Rossastre
le finestre s'accendono. S'accende una luce
tra le imposte accostate nella casa annerita.

L'indomani fa freddo e c'è il sole sul mare.
Una donna in sottana si strofina la bocca
alla fonte, e la schiuma è rosata. Ha capelli
biondo-ruvido, simili alle bucce d'arancia
sparse in terra. Protesa alla fonte, sogguarda
un monello nerastro che la fissa incantato.
Donne fosche spalancano imposte alla piazza
- i mariti sonnechiano ancora, nel buio.

Quando torna la sera, riprende la pioggia
scoppiettante sui molti bracieri. Le spose
ventilando i carboni, dànno occhiate alla casa
annerita e alla fonte deserta. La casa
ha le imposte accecate, ma dentro c'è un letto,
e sul letto una bionda si guadagna la vita.
Tutto quanto il paese riposa la notte,
tutto, tranne la bionda, che si lava al matino.

Poesie, Mondadori, 1969

sábado, enero 01, 2022

Jorge Aulicino / Fin de año




¿será el único que se entusiasme
con los restos de las fiesta?
botellas vacías en las veredas
pedazos de papel, bolsas de plástico derramadas
bajo el sol batiente junto a los árboles

¿será el único que sabe dónde está la fiesta?

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), "La caída de los cuerpos", 1983, Poesía reunida, Ediciones en Danza, 2020


Foto: Jorge Aulicino por Daniel Mordzinski, Buenos Aires, 2008