miércoles, enero 21, 2015

José lezama Lima / Poner el dedo




La cabeza que nos aprieta
incesantemente el cuello
hasta verla jugando
sobre una escoba dominical.
La cabeza impide la limpidez
de la casa, vuelan y zumban las alfombras,
después cae escalón tras escalón.
El teléfono aúlla al lado de un plato
sucio de frituras,
el timbre rompe la cerámica,
cada pedazo una oreja frente
al teléfono y el vejete
con su bata de verano va apuntando
en la tendedera de una pizarra.
Oye las pisadas nocturnas del caballo
en su aterciopelado teléfono de extensión.
El caballerizo real anota el minué
en la libreta de teléfonos.
De nuevo el dedo sobre la lámina.
Delicadamente la mesa
se hiende en dos planisferios.
El que se va hundiendo
hasta el centro de la tierra.
El otro es un hueco
por donde pasa una carreta
llevando un feto, con las guirnaldas de Baco.
El anillo en la punta del pañuelo
asegura las bodas imposibles.
El dragón babeando con una mantilla
y la cierva que espera el sueño
con cintajos de colores
y su baba placentaria.
Los reyes comienzan a galopar,
había mucha nieve
y las persianas hundían sus pestañas.
Dormido trabajaba en la escaramuza
donde el viento se hinchaba
como un almohadón, como una cuchara
gigante que explorara un vientre.
De allí sacaba un agua tornasolada
que yo llenaba a salivazos.
Era aquel humor espeso
un caldo para el regreso
que esputaba estrellas de ébano
que yo recogía para el sábado.
Una serpiente con cabeza de pez
al teléfono.
Puse el dedo en la lámina
y lentas explosiones
convidaban a dibujar al cabrito negro.
Comenzaban los sacrificios.

Enero y 1976

José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976), Fragmentos a su imán, 1977, en La Jiribilla de Papel, n° 60, mayo del 2006, La Habana

martes, enero 20, 2015

Gerardo Jorge / Un idioma lejano














Como quien dice "no, no me molesta..."
contestando al pasar una pregunta
como si se tratara de algo más
cuando la cuestión es, en realidad,
exactamente lo que lo perturba,
otra vez la tarde se va frente a sus ojos
y le ofrece postales, información visual
conocida que él mezcla con imágenes extrañas
y frases sin poder formar un todo.

Asistido por máquinas domésticas,
se paseó toda la tarde pensativo
asomándose al paisaje por momentos
y observando su hormigueo.

El hecho pesado, inevitable
de que cada día algo empieza,
sube el sol y clarea un área
que así queda definida
como contexto, brillante,
no resulta indiferente ese anillo
ni se tacha como un mero teatro
de ficción, aunque parece
pertenecer a la economía ajena,
como los niveles de un hacer
muy específico o los hechos
cruciales en la vida de los otros.

O, cuando está más optimista,
es como un idioma lejano el día,
destellante y hostil a la vez,
dormido en la promesa de aprenderlo.

Gerardo Jorge (Buenos Aires, 1980), Visión de las ciudades, Mansalva, Buenos Aires, 2014
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Foto: Gerardo Jorge / Facebook

lunes, enero 19, 2015

Natalia Litvinova / El milagro de la comunidad















Lavo el piso en cuclillas. Paso el trapo mojado.
Trazo mi camino humilde.
Afuere sucede el milagro de la comunidad:
un coro de niños canta, los hombres cortan trigo,
las mujeres se bañan en el río.
Me arqueo contra el espejo, la soledad excita.
Pronto se derrumbará esta casa y la alta hierba
cubrirá las ruinas.
Mi hombre huyó ante el peligro.
En la poesía encuentro la oración para soportar
cada corte abrupto.

Natalia Litvinova (Gómel, Bielorrusia, 1986; vive en la Argentina), en la web Natalia Litvinova
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Foto: FB

domingo, enero 18, 2015

Ales Steger / Dos poemas



Vela

Cuando muere alguien pero no es de día ni de noche.
Y ni tú ni él están presentes. Ni aquí ni allí.
Empieza a llamear tenue sobre la cocina a gas.
Sin prestigio. Y no vive, y no ha muerto
Lo que proteges oculto bajo la mano.
No pregunta, no da respuestas.
No está del lado del bien. No está del lado del mal.
No conoce la mentira, ni la verdad, ni el sentido y sinsentido.
No es futuro y no es pasado.
Es y a la vez no existe. No es que sea o que no fuera a ser tú.
No es que no fuera sólo algo o algo distinto.
Ni aire ni fuego. Ni luz ni llama.
Ni abismo ni esperanza. Ni sí ni no.
Cuando muere alguien, alguien todavía no ha muerto.
Bajando por el pabilo trepó dentro de sí.
Extiendes la mano tras él y lo apagas.


Muro

No pasa un día sin que pienses
Que también a ti te han amurallado fuera del mundo.
Te han quitado perspectivas. Expulsado.
No pasa una mañana sin que te jures
Que hoy destruirás ese muro, ni una noche
Sin que vuelvas destruido. Tú rebelión no tiene sentido.
No hay nadie que te brinde la seguridad de la oposición.
Los ladrillos se abren solos, suavemente como las horas.
Te dejan pasar aun antes de que los toque tu mano.
Aunque no hay ningún otro lado, ningún otro lugar.
No llegas a ninguna parte y nada te retiene.
No tienes un muro donde todo eso tenga fin.
Y tu muro es nunca nadie en ningún lugar.

Ales Steger (Ptuj, Eslovenia, 1973), Regreso a casa, ed. Beletrina, Ljubljana, 2001
Traducción de Pablo J. Fajdiga
Envío de Jonio González

sábado, enero 17, 2015

Louise Glück / La rama dorada









Incluso la diosa del amor
lucha por sus hijos, pese
a su vanidad; Eneas prosperó
más que otros héroes; incluso el ascendente camino de vuelta
del infierno se le hizo sencillo. Y el sacrificio del amor,
menos doloroso que para los otros héroes.
Tenía la mente clara; mientras soportaba el sacrificio,
veía sus efectos prácticos. Tenía la mente clara,
y esa claridad lo hizo inasequible a la desesperación,
mientras el dolor volvía más humano un corazón
que, de otro modo, podría haber parecido inmutable. Y la belleza
corría por sus venas: no necesitaba
más. Dejó para otras visiones
los mundos del arte y la ciencia, esos caminos que sólo
al sufrimiento conducen, y en cambio congregó
a las diversas poblaciones de la tierra
en un imperio, una concepción
de la justicia mediante la sumisión, una intención de "perdonar  a los humildes
y aplastar a los orgullosos"; subjetivo,
necesariamente, como lo son necesariamente los juicios.
La belleza corría por sus venas; no necesitaba más.
Eso y su gusto por los imperios:
eso es lo que puede comprobarse.

Louise Glück (Nueva York, 1943), Vita Nova, Pre-textos, Valencia, 2014
Traducción de Mariano Peyrou


The Golden Bough

Even the goddess of love
fights for the children, her vanity
notwithstanding: more than other heroes,
Aeneas flourished; even the road back upward from hell
was simplified. And the sacrifice of love
less painful than for the other heroes.
His mind was clear: even as he endured sacrifice,
hi saw it practical purpose. His mind was clear,
and in its clarity, fortified against despair,
even as grief made more human a heart
that might otherwise have seemed innmutable. And beauty
ran in his veins: he had no need
for more it. He conceded to other visions
the worlds of arte and science, those paths that lead
only to torment, and instead gathered
the diverse populations of earth
into an empire, a conception
of justice through submision, an intention "to spare the humble
and to crush the proud": subjetive,
necessarily, as judgments necessarily are.
Beauty ran in his veins; he had no need for morte of it.
That and his taste for empire:
that much can be verified.

viernes, enero 16, 2015

Mercedes Alvarez / Por mi manía de remendar siempre la ropa















Por mi manía de remendar siempre la ropa
me abandonaron muchos hombres
por coser los agujeros de las medias
por pegar coderas en mi pulóver
y no desprenderme de mis atuendos
-a veces casi harapos-.
Querían comprarme blusas, faldas
un vestido nuevo pero yo desconfiaba
pensaba
que querían sorprenderme
a medio vestir
en el probador de una tienda
o calzarme el zapato como a Cenicienta
y yo quería ser Santa Clara
y aferrarme al orden natural de las cosas.
Tardé años en entender.
Pero nunca dejé que me vistieran.

Mercedes Alvarez (Tandil, 1979), Saigón, inédito
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Foto: Mercedes Alvarez en FB

jueves, enero 15, 2015

Milan Richter / Callando con Rilke















Duino se queda con sus ángeles, invisible,
el señor conde ha volado a Londres,
la audiencia no tiene lugar...
En cambio la baronesa... quiere recordar,
en la mesa está el libro de Marie von Thurn und Taxis,
una escritura bella y misteriosa
igual que esa época, esa época...
“En esta propiedad encontraron al huir
escondite y refugio los hijos del rey de Francia...”
Seguro que Rilke venía a tomar el té
cuando en Duino se aburría. Intuimos por qué.
Callamos a la par que su aliento invisible.
El señor barón rememora esos tiempos.
En los tres idiomas de Austria-Hungría.
“Los eslovacos eran magníficos súbditos.”
Y nos da, no obstante, su mano en retirada
para despedirse.
..............................................................
El encuentro de dos mundos puede ser
un encuentro en la tercera fase.

Milan Richter (Bratislava, 1948), El silencio de los árboles en Hyde Park, La Poesía, Señor Hidalgo, Barcelona, 2007
Trad. de Alejandro Hermida de Blas
Envío de Jonio González

miércoles, enero 14, 2015

Jorge Rivelli / torero recto


















el vapor de la tintorería
refriega los bronquios
es un placer
visitar a los japoneses
tintorería japón
tintorería tokio
tintorería sapporo
tintorería kiotto
pienso en tintoretto
que no tenía tintorería
y se llamaba
jacopo comin
y fue un gran pintor
italiano del siglo 16
el último renacentista
que nació y murió
en venecia
fuera de todo arte
la verdad
que me acerqué
sospechando que atrás
de las grandes planchas
y del torero recto
se escondía una licorería

Jorge Rivelli (Buenos Aires, 1954-2020), manhattan gandhi, La Porteña, Buenos Aires, 2014

Foto: Jorge Rivelli en FB

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actualizado jun. 2020

martes, enero 13, 2015

Erich Fried / Fundación de una dinastía










Quien cree
que hoy
existe algo
que no puede decirse
es el padre
de quienes
creerán
que mañana
habrá algo
que no pueda decirse
Y estos a su vez
serán los padres
de aquellos que creerán
que también pasado mañana
habrá algo
que no pueda decirse

Erich Fried (Viena, 1921-Baden-Baden, Alemania, 1988) Zur Zeit und zur Unzeit, Wagenbach, Berlín, 2001. Cuba Literaria, 21.5.2014
Trad. de Olga Sánchez Guevara
Envío de Jonio González

domingo, enero 11, 2015

Circe Maia / No habrá



Construyendo los días uno a uno
bien puede ocurrir que nos falte una hora
-tal vez sólo una hora-
o más, muchas más, pero raro es que nos sobren.

Siempre faltan, nos faltan.
Quisiéramos robarlas a la noche
pero estamos cansados
nos pesan ya los párpados.

Nos dormimos así y la final imagen
-antes de zambullirnos en el sueño-
es para un día nuevo, de anchas horas
como llano estirado, como viento.

Lastimosa mentira.

No habrá días-burbuja imprevistos
sorprendentes, abiertos.

El zumo de este día transcurrido
se filtra por el borde de la madrugada
y ya la está royendo.

Circe Maia (Montevideo, 1932), "Cambios, permanencias", 1978, La pesadora de perlas. Obra poética. Conversaciones con María Teresa Andruetto, Viento de Fondo, Córdoba, Argentina, 2013
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Hamutal Bar Yosef / Dos poemas













He olvidado cómo se grita

He olvidado cómo se grita y en qué idioma.
Eterna sospechosa de anunciar falsos lobos
silbo acostada de espaldas en multitud de flautas
una misma canción hueca
y con ojos vidriosos de sabiduría contemplo
cómo las ovejas se devoran entre sí.

La pluma y el pincel

La pluma de la ofensa es mucho más potente
que el pincel del placer.
Su roce agudo hiende el mapa
con los punzantes ángulos del recuerdo.
El pincel del placer navega en un lago interminable
entre islas que cantan con voz de alto y soprano,
se mueve con la liviandad de un niño corriendo en cubierta,
extiende redondeadas capas de acuarela
casi transparentes que han de desteñirse mañana.
Dibuja el mapa de otro país.

Hamutal Bar Yosef (Galilea, Israel, 1940), El lugar donde duele, Vaso Roto, Madrid-México D.F., 2012
Trad. de Mario Wainstein y Florinda Goldberg
Envío de Jonio González
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Foto: Hamutal Bar-Yosef  Dan Porges/ Cosmpoética/M'Sur

sábado, enero 10, 2015

Verónica Zondek / De "Nomeolvides: flores para nombrar la ignominia"














¿Y yo?


¿Y qué me que'a ahora?
                ¿El dolor al cual los patriarcas me destinaron?
                ¿El ensordecedor aroma rojo rojo rojo?
                ¿Mi espanto agridulce?
                ¿Este va
                                   cí
                                      o grande
                    enorme/que me expande
                     que me chupa/que me deja en ablande?

Na', no entiendo na'
na' 'e na'
y caigo sin voz ni voto
tan negra
tan vértigo
tan susto
tan/tan
que ya no sé ni cómo me llamo
ni cuál
cuál es el juego que ahora juego.
Y entonces respiro profundo y pregunto

¿por qué a mí si no entiendo na'?

Veronica Zondek (Santiago de Chile, 1953), Nomeolvides: flores para nombrar la ignominia, Lom, Santiago de Chile, 2014

viernes, enero 09, 2015

Kobayashi Issa / Tres poemas











Mientras rezo a Buda
nube de mosquitos
mueren bajo mi mano


Cuidado no la mates
la mosca ora por ti
estrujando patas y manos


No os preocupéis
araña doméstica
solo soy huésped de paso

Kobayashi Issa (Kashiwabara, Shinano, 1763-1827), Una taza de té, Interzona, Buenos Aires, 2014
Trad. de Miguel Angel Flores



Ilustración: Kobayashi Issa en el único retrato que de él se conoce, realizado por Muramatsu Shunpo, contemporáneo del poeta (detalle) Wikipedia Free Encyclopedia

jueves, enero 08, 2015

Angel Faretta / Sueño con Murena









…totalmente loco en el sueño.
Sentado en una suerte de jardín en ruinas,
ruinas de lo que fuera un parque
umbroso y de mucho arraigo.
Sentado en un banco de piedra.
Habla solo y alguien me dice
como fondo coral que está loco.
Con la lógica errátil del sueño
camino junto a él que está vestido
con los restos de un traje.
Cruzamos una enramada
y al llegar a un puente
tendido sobre un foso
no muy profundo,
veo que las maderas que lo forman
están podridas, hechas pedazos;
él cruza, cae, yo me detengo
y retomo mi camino.
Ahí el sueño se hace otra cosa
y se funde a otra dimensión
o, tal vez, a otra necesidad onírica.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Donde hay una adivinanza, inédito

Foto: Angel Faretta en FB

miércoles, enero 07, 2015

Anne Sexton / De "Angeles del amorío"














6. Angel de las casas de playa y los picnics

Angel de las casas de playa y los picnics, ¿sabes jugar solitario?
Cincuenta y dos rojos y negros, y solo yo misma a quien culpar.
Mi sangre zumba como nido de avispones. Estoy sentada en una silla de cocina
ante una mesa puesta para uno. La cuchillería es la misma
y el vaso y el azucarero. Escucho mis pulmones llenarse y expirar
como en una operación. Pero no me queda nadie a quien contarle.

Una vez fui pareja. Era mi propio rey y reina
con queso y pan y rosé en las rocas de Rockport.
Una vez tomé el sol en pelotas, toda tostada y delgada,
mirando los barquitos de juguete pasar, esperando
a buses llenos de turistas. Una vez nombré al desayuno la comida
más sensual del día. Una vez coqueteé con el arresto
durante una marcha por la paz en Washington. Una vez fui joven y osada
y abandoné a cientos de personas sin pareja afuera en el frío.

Anne Sexton (Newton, Massachusetts, Estados Unidos, 1928-Weston, Massachusetts, Estados Unidos, 1974), "El libro de los disparates", 1972, El bebé de la muerte y otros poemas, versión de Verónica Zondek, La Calabaza del Diablo, Santiago de Chile, 2014
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Foto: Anne Sexton Ian Cook/El País/Time Life /Getty Images

martes, enero 06, 2015

Philip Larkin / Dinero















Cada tres meses, el dinero me reprocha:
¿Por que me rabajás a lo inservible?
"Yo soy el sexo y las cosas buenas que podrías tener.
Estás a tiempo de remediarlo, firmando algunos cheques".

Entonces me comparo con los otros:
No lo descuidan ni locos.
Tienen casas, coche y esposa:
evidentemente lo aprovechan mejor que yo.

Sin duda el dinero y la vida tienen relación,
no podés mantenerte joven hasta jubilarte
y por más que ahorres en el banco
al final no te alcanzará ni para afeitarte.

Escucho el canto del dinero. Es como
mirar a la distancia un pueblo de provincia:
barrios, canales, iglesias lujosas y locas
bajo el sol de la tarde. Triste, muy triste.

Philip Larkin (Coventry, Inglaterra, 1922- Hull, Inglaterra, 1985), Las bodas de Pentecostés y otros poemas, traducción de Santiago Espel, La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2014
---
Foto: BBC

lunes, enero 05, 2015

Javier Galarza / Tu otra /Muñeca II/











Muñeca abaja los ojos.

Vas con redes, con mentiras, con encajes,
con ademanes mínimos,

vas con sedas, con los modos de tu día,
yaciente, susurrada, adormilada,

en la hospitalidad de lo que desaparece,
con rouge y rimel para los espejos,

salta el mundo en tendederos,
faros de otra ¿en quién?

temblada de un jardín que ya no es,
la otra que viene, desujeta,
preparas su vuelta, su retorno,
desecha como nada en nadie más.

Javier Galaraza (Buenos Aires, 1968-2022), Lo atenuado, Audisea, Buenos Aires, 2014

act. 2022

domingo, enero 04, 2015

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 19













Análisis tardío

Ya sé, ya sé que estoy en el fondo del hoyo,
que todo lo que toco ya lo he tocado;
que soy el prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo sabe a viejo;
que incluso el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento siquiera reconocer quién soy;
que he perdido incluso la antigua paciencia del orfebre;
que la vejez muestra, por impaciencia, solo las miserias;
que no saldré de aquí por más sonrisas que haga;
que voy de arriba abajo por la tierra como bestia en una jaula;
que de tantas sogas que tengo termino por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz solamente si es sin esperanza.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Appendice a Trasumanar e organizzar", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino


Analisi tardiva

So bene, so bene che sono in fondo alla fossa;
che tutto quello che tocco l'ho già toccato;
che sono prigionero di un indecente interesse;
ehc ogni convalescenza è una ricaduta;
che le acque sono stagnanti e tutto sa di vecchio;
che anche l'umorismo fa parte del blocco inamovibili;
che non faccio altro che ridurre all'antico il nuovo;
che non intento ancora riconoscere chi sono;
che ho perso perfino l'antica pazienza di orefice;
che la vecchiaia mette in mostra per impazienza solo le miserie;
che non uscirò mai di qui per quanti sorrisi faccia;
che giro su e giù per la terra come una bestia in gabbia;
che di tante corde che ho finisco col tirarne una sola;
che mi piace infangarmi perché il fango è materia povera e perciò pura;
che adoro la luce soltanto se è senza speranza.

Foto: s/d

sábado, enero 03, 2015

Allen Ginsberg / Catulo / Malest Cornifici tuo Catullo












Soy feliz, Kerouac, tu alocado Allen
por fin lo ha hecho: ha descubierto a otro jovencito
y mi fantasía de un chico eterno
camina por las calles de San Francisco,
hermoso, y me encuentra en cafeterías
y me ama. Ah, no pienses que soy un asco.
Estás enojado conmigo. ¿Debido a todos mis amantes?
Es duro comer mierda sin tener visiones;
cuando ponen sus ojos en mí es como
el Paraíso.

S.F, 1955

Allen Ginsberg (Newark, 1926-Nueva York, 1997), Reality Sandwiches, City Lights, San Francisco, 1961.
Versión de Jonio González

MALEST CORNIFICI TUO CATULLO

I'm happy, Kerouac, your madman Allen's
finally made it: discovered a new young cat,
and my imagination of an eternal boy
walks on the streets of San Francisco,
handsome, and meets me in cafeterias
and loves me. Ah don't think I'm sickening.
You're angry at me. For all of my lovers?
It's hard to eat shit, without having visions;
when they have eyes for me it's like
Heaven.

SF 1955












XXXVIII

Mal le va, Cornificio, a tu Catulo;
le va mal, ¡por Hércules!, y a trancas y barrancas,
y más y más de día en día y de hora en hora.
Y tú (¡con lo poquito y lo fácil que es!),
¿con qué palabras lo estás consolando?
Estoy enfadado contigo. ¿Así tratas mi cariño?
Poco te cuesta cualquier palabra,
más triste que las lágrimas de Simónides.

Cayo Valerio Catulo (Verona, 84 a.C-Roma, 54 a.C), Catulli Carmina, Babab.com, vol. 7, Madrid, marzo de 2002, edición revisada. Texto, traducción y notas de Rosario González Galicia.
Envío de Jonio González

XXXVIII

Malest, Cornifici, tuo Catullo,
malest, me Hercule, et laboriose,
et magis magis in dies et horas.
Quem tu – quod minimum facillimumque est
qua solatus es allocutione?
Irascor tibi. Sic meos amores?
Paulum quid lubet allocutionis,
maestius lacrimis Simonideis. 


Foto: Busto de Catulo en Sirmione, Brescia

viernes, enero 02, 2015

Carlos Drummond de Andrade / La máquina del mundo

Y como yo recorriera lentamente
un camino de Minas, pedregoso,
y al cierre de la tarde una ronca campana

se mezclara al son de mis zapatos
que era pausado y seco; y las aves planearan
en el cielo de plomo, y sus formas prietas

lentamente se fueran diluyendo
en la oscuridad mayor, venida de los montes
y de mi propio ser desengañado,

la máquina del mundo se entreabrió
para quien de penetrarla se esquivaba
y sólo de pensarlo se plañía.

Se abrió majestuosa y circunspecta,
sin emitir un son que fuera impuro
ni un destello mayor al tolerable

por las pupilas gastadas en la observación
continua y dolorosa del desierto,
y por la mente exhausta de especular

toda una realidad que excede
su propia imagen delineada
en el rostro del misterio, en los abismos.

Se abrió en calma pura, y convocando
cuantos sentidos e intuiciones restaban
a quien por haberlos usado los perdiera

y tampoco desearía recobrarlos,
si en vano y para siempre repetimos
los mismos periplos tristes y sin derrotero,

convocándolos a todos, en cohorte,
a aplicarse sobre el pasto inédito
de la naturaleza mítica de las cosas,

así me dijo, aunque ninguna voz
o soplo o eco o simple percusión
atestiguara que alguien, sobre la montaña,

a otro alguien, nocturno y miserable,
en coloquio se estaba dirigiendo:
“Lo que buscaste en ti o fuera de

tu ser restricto y nunca se ha mostrado,
aun afectando darse o rindiéndose,
y a cada instante retrayéndose más,

mira, repara, ausculta: esa riqueza
sobrante en toda perla, esa ciencia
sublime y formidable, pero hermética,

esa total explicación de la vida,
ese nexo primero y singular,
que no concibes más, pues tan esquivo

se reveló ante la busca ardiente
en que te consumiste… ve, contempla,
abre tu pecho para abrigarlo.”

Los más soberbios puentes y edificios,
lo que en los talleres se elabora,
lo que pensado fue y enseguida alcanza

una distancia superior al pensamiento,
los recursos de la tierra dominados,
y pasiones e impulsos y tormentos

y todo lo que define al ser terreno
o se prolonga hasta en los animales
y llega a las plantas para embeberse

en el sueño rencoroso de los minerales,
da vuelta al mundo y se vuelve a abismar
en el extraño orden geométrico de todo,

y el absurdo original y sus enigmas,
sus verdades altas más que todos
los monumentos erigidos a la verdad;

y la memoria de los dioses, y el solemne
sentimiento de muerte, que florece
en el tallo de la existencia más gloriosa,

todo se presentó en esa mirada furtiva
y me llamó para su reino augusto,
por fin sometido a vista humana.

Mas, como yo resistiera en responder
a ese reclamo tan prodigioso,
pues la fe declinara, lo mismo el ansia,

la esperanza más mínima – ese anhelo
de ver desvanecida la tiniebla espesa
que entre los rayos del sol aún se filtra;

como difuntas creencias convocadas
presto y vehemente no se produjeran
para de nuevo teñir la neutra faz

que voy por los caminos demostrando,
y como si otro ser, ya no aquel
habitante de mí hace tantos años,

pasara a comandar mi voluntad
que, ya de sí voluble, se cerraba
semejante a esas flores reticentes

en sí mismas abiertas y cerradas;
como si un don tardío ya no fuera
apetecible, despreciando más bien,

bajé los ojos, incurioso, laso,
desdeñando recoger la cosa ofrendada
que se abría gratuita a mi ingenio.

La más estricta tiniebla ya se había posado
sobre el camino de Minas, pedregoso,
y la máquina del mundo, repelida,

se fue recomponiendo poco a poco,
mientras yo, aquilatando lo que había perdido,
seguía vagaroso, con las manos pendientes.

de Claro enigma, 1951

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902-Río de Janeiro, 1987), El País, Montevideo, 26 de diciembre de 2014
Versión de Alfredo Fressia. Vía Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

Nota del traductor (precede al poema y su versión en la edición de El País):

En el Canto X de Os Lusíadas, Luis Vaz de Camões (Lisboa, aprox. 1524-1580) inicia el relato del retorno a Portugal de su héroe, Vasco da Gama. En el camino, Venus premia al héroe y a sus marineros por su triunfo en las Indias con una “isla del amor” habitada por ninfas. Una de ellas, Tetis, lleva a Gama a una cumbre donde le muestra la platónica, prístina “Máquina del Mundo”. Es un globo, “Uniforme, perfecto, en sí sostenido”, brilla desde el centro hasta la superficie y reproduce toda la mecánica celeste, lo que fue y lo que será. El héroe ve entonces “lo que no puede [ver] la vana ciencia/ de los errados y míseros mortales”.
Es uno de los momentos altos (y lo de altos va en varios sentidos) del poema de Camões. Si para muestra basta un botón, sirvan estas estancias (79 y 80) que traduzco, situadas en el comienzo del discurso de Tetis:

                   (…)
                   Dice la Diosa: “El modelo, reducido
                   en pequeño volumen, aquí te doy
                   del Mundo a tus ojos para que veas
                   por dónde vas e irás y qué deseas.

                   Ves aquí la gran Máquina del Mundo,
                   etérea y elemental, que fabricada
                   así fue del Saber, alto y profundo,
                   que es sin principio y meta limitada.
                   Quien cerca alrededor este rotundo
                   globo y su superficie tan limada
                   es Dios: mas lo que es Dios nadie lo entiende,
                   que a tanto el genio humano no se extiende.”

En 1951 Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, 1902- Río de Janeiro, 1987) publica el libro Claro enigma, un grupo de poemas en explícita sintonía con los clásicos (Camões entre otros), bajo el epígrafe de Paul Valéry “Les événements m’ennuient” (“los acontecimientos me aburren”). En este libro aparecerá el poema “La máquina del mundo” (así, con minúscula), que establece inmediatamente un diálogo con la Máquina del Mundo de Camões y sin duda con la Divina Comedia, de la que reproduce la estructura en tercetos, con la métrica de las terzas de Dante (lo que la prosodia española llama “endecasílabos” y la portuguesa llama “decasílabos”).
Pero si Vasco da Gama y Dante conocían durante su marcha una revelación y llegaban al Paraíso y a Lisboa, el hombre que anda por este camino de Minas Gerais -la tierra natal de Drummond-, también en viaje inhóspito (el camino pedregoso, como la selva oscura o las tormentas promovidas por los dioses enemigos), es más bien el hombre laico, que en medio del siglo XX resulta incapaz de aceptar la revelación de la máquina del mundo, la que sin embargo se presenta en medio del camino y enseña “la naturaleza mítica de las cosas”.
El poema guarda en buena medida el lenguaje clásico. El hombre cansado está “laso”, e, indiferente, es “incurioso”. Pero la marcha del hombre de Drummond, en estos endecasílabos blancos, acaba en un fracaso, o en una caminata sin sentido conocido ni “derrotero” por el sendero pedregoso de Minas Gerais.
Se trata de un poema difícil y, sin embargo, tan claro como el oxímoron del Claro Enigma que es el nombre del libro que lo contiene. Exige bastante del lector, como suele hacerlo la poesía, y tal vez se acceda realmente a él después de varias lecturas. Esos días en que los lectores estamos “lasos” e “incuriosos”, es mejor que nos abstengamos de la lectura. Va recomendada en cambio para quien quiera penetrar en lo mejor de la lírica en idioma portugués, y entrever, quizás, la “máquina del mundo”.
Obra canónica, si las hay, el poema conoció otras traducciones al español, pero esta que ofrece El País Cultural, además de intentar superar algunos posibles errores, tiende a la literalidad justamente porque se presenta junto al original, con la intención de oír al otro y, dentro de lo posible, de invitar al lector a aventurarse en él y con él. El camino puede ser arduo, pero éste no resultará “pedregoso”.


A MÁQUINA DO MUNDO

E como eu palmilhasse vagamente
uma estrada de Minas, pedregosa,
e no fecho da tarde um sino rouco

se misturasse ao som de meus sapatos
que era pausado e seco; e aves pairassem
no céu de chumbo, e suas formas pretas

lentamente se fossem diluindo
na escuridão maior, vinda dos montes
e de meu próprio ser desenganado,

a máquina do mundo se entreabriu
para quem de a romper já se esquivava
e só de o ter pensado se carpia.

Abriu–se majestosa e circunspecta,
sem emitir um som que fosse impuro
nem um clarão maior que o tolerável

pelas pupilas gastas na inspeção
contínua e dolorosa do deserto,
e pela mente exausta de mentar

toda uma realidade que transcende
a própria imagem sua debuxada
no rosto do mistério, nos abismos.

Abriu–se em calma pura, e convidando
quantos sentidos e intuições restavam
a quem de os ter usado os já perdera

e nem desejaria recobrá–los,
se em vão e para sempre repetimos
os mesmos sem roteiro tristes périplos,

convidando–os a todos, em coorte,
a se aplicarem sobre o pasto inédito
da natureza mítica das coisas,

assim me disse, embora voz alguma
ou sopro ou eco ou simples percussão
atestasse que alguém, sobre a montanha,

a outro alguém, noturno e miserável,
em colóquio se estava dirigindo:
“ O que procuraste em ti ou fora de

teu ser restrito e nunca se mostrou,
mesmo afetando dar–se ou se rendendo,
e a cada instante mais se retraindo,

olha, repara, ausculta: essa riqueza
sobrante a toda pérola, essa ciência
sublime e formidável, mas hermética,

essa total explicação da vida,
esse nexo primeiro e singular,
que nem concebes mais, pois tão esquivo

se revelou ante a pesquisa ardente
em que te consumiste ... vê, contempla,
abre teu peito para agasalhá–lo.”

As mais soberbas pontes e edifícios,
o que nas oficinas se elabora,
o que pensado foi e logo atinge

distância superior ao pensamento,
os recursos da terra dominados,
e as paixões e os impulsos e os tormentos

e tudo que define o ser terrestre
ou se prolonga até nos animais
e chega às plantas para se embeber

no sono rancoroso dos minérios,
dá volta ao mundo e torna a se engolfar
na estranha ordem geométrica de tudo,

e o absurdo original e seus enigmas,
suas verdades altas mais que todos
monumentos erguidos à verdade;

e a memória dos deuses, e o solene
sentimento de morte, que floresce
no caule da existência mais gloriosa,

tudo se apresentou nesse relance
e me chamou para seu reino augusto,
afinal submetido à vista humana.

Mas, como eu relutasse em responder
a tal apelo assim maravilhoso,
pois a fé se abrandara, e mesmo o anseio,

a esperança mais mínima — esse anelo
de ver desvanecida a treva espessa
que entre os raios do sol ainda se filtra;

como defuntas crenças convocadas
presto e fremente não se produzissem
a de novo tingir a neutra face

que vou pelos caminhos demonstrando,
e como se outro ser, não mais aquele
habitante de mim há tantos anos,

passasse a comandar minha vontade
que, já de si volúvel, se cerrava
semelhante a essas flores retincentes

em si mesmas abertas e fechadas;
como se um dom tardio já não fora
apetecível, antes despiciendo,

baixei os olhos, incurioso, lasso,
desdenhando colher a coisa oferta
que se abria gratuita a meu engenho.

A treva mais estrita já pousara
sobre a estrada de Minas, pedregosa,
e a máquina do mundo, repelida,

se foi miudamente recompondo,
enquanto eu, avaliando o que perdera,
seguia vagaroso, de mãos pensas.
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jueves, enero 01, 2015

Umberto Saba / Nieve





















Nieve que te arremolinas en lo alto y envuelves
las cosas en un callado manto,
una criatura de llanto
veo sonreír por ti; relámpago
de gozo que el triste rostro
ilumina y ante mis ojos como un tesoro descubres.

Nieve que cae desde lo alto y nos cubres,
cúbrenos aún, hasta el infinito. Blanquea
la ciudad, con casas y con iglesias,
el puerto con las naves; las extensiones
de prados, los mares congela; de la tierra haz
-augusta tú y púdica- un astro apagado,
una gran paz de muerte. Y que ella
se mantenga un tiempo ilimitado,
un largo girar de las edades.
                                                  El despertar,
piensa en el despertar, nosotros dos solos, en
tanta desolación.
                             En el cielo
los ángeles con las trompetas, en el corazón agudas
lacerantes nostalgias, avivas
vagos recuerdos y llanto de amor.

Umberto Saba (Trieste, 1883-Gorizia, 1957), "Parole", 1933-1934, Il canzoniere, Einaudi, Turín, 2004
Versión de Jorge Aulicino


Neve

Neve che turbini in alto ed avvolgi
le cose di un tacito manto,
una creatura di pianto
vedo per te sorridere; un baleno
d'allegrezza che il mesto viso illumini,
e agli occhi miei come un tesoro scopri.

Nevi che cadi dall'alto e noi copri,
coprici ancora, all infinito. Imbianca
la città con le case e con le chiese,
il porto con le navi; le distese
dei prati, i mari agghiaccia; della terra
fa' -tu augusta e pudica- un astro spento,
una gran pace di morte. E che tale
essa rimanga un tempo interminato,
un lungo volgere d'evi.
                                        Il risveglio,
pensa il risveglio, noi due soli, in tanto
squallore.
                 In cielo
gli angeli con le trombe, in cuore acute
dilaceranti nostalgie, ridesti
vaghi ricordi, e piangere d'amore.