lunes, junio 21, 2021

Louis MacNeice / Despedida



















El verde no se atreven a mostrar…el verde no se atreven a mostrar…
Charlatanes y groseros. Las cabezas de las focas se balancean en el flujo de la marea
entre las islas, brillantes y negras e irrelevantes
no pueden explicar lógicamente lo que quieren:
muertas por disparos bajo estandartes prestados,
acechadas en los arbustos húmedos y apresadas por las aletas flácidas
y arrojadas a un pozo como una piel muerta, apaleadas
por campesinos de labios gruesos y la tos del bebedor de whisky.
Estaciona tu auto en la ciudad de Dublín, mira Sackville Street
sin las bolsas de arena de las fotos viejas, conoce
las estatuas de los patriotas, la historia nunca muere
en Irlanda, al fin y al cabo, incendio y asesinatos son legados,
como viejos anillos con el engarce vacío, sin sus piedras
talismanes mudos.
Mira Belfast, devota, profana y dura,
construida sobre barro recuperado, los martillos resonando en el astillero,
el tiempo agujereado como una lámina de acero, el tiempo
endureciendo los rostros, revistiendo con una escarcha gris y moteada
las caras debajo de los chales y las gorras:
esta fue mi ciudad natal, esas mis tetas.
País de lava callosa enfriada hasta ser piedra,
de mínimas parvas empapadas, de gemidos de sirenas de barco,
de entonaciones descendientes– te pediría que tomes nota,
te diría: Mira
-diría-, esto es lo que me has dado:
indiferencia y sentimentalismo,
una risita metálica, una mano torpe,
un corazón que salta al compás de una banda de flautines,
ponlos contra tus conductos de agua
de amatista y feldespato, las patas de los caballos como campanas de pelo
arrastrándose debajo de la carreta naranja, el manantial de color marrón cerveza
tragado entre los brezos, el verde torrente de la primavera irlandesa.
Maldito sea el que maldice a su madre. No puedo ser
ningún otro que el que esta tierra engendró:
en el fondo de mi mente hay pedazos de blanco, las velas
de los botes de pesca del Lough; las cuerdas de las campanas azotan sus colas
cuando hago repicar mis pensamientos, las campanas se sueltan.
Memoria en apostasía.
Sumaría mis factores
Pero, ¿quién puede interponerse en el camino de los tractores de su alma?
Puedo decir que Irlanda carece de sentido, que Irlanda es
una galería de tapices falsos,
pero no puedo negar el pasado al que estoy unido,
la figura tejida no puede deshacer su trama.
En una tapa de cartón que vi cuando tenía cuatro años
estaba la marca de un sabueso y una torre redonda,
y eso era glamour irlandés, y en el cementerio
las falsas cruces celtas afirmaban nuestra individualidad,
y mi padre hablaba del Oeste, donde años atrás
jugaba hurley en las arenas con una rama de algas.
Estaciona tu auto en Killarney, al lado de un souvenir
de mármol verde o de roble negro de pantano, corre hasta Clare,
trepa el acantilado de la postal, visita la ciudad de Galway,
fantasea sobre nuestra sangre española, deja el diez por ciento de piedad
debajo de tu plato para el emigrante,
atribúyete el mérito por nuestra santidad, nuestro heroísmo y nuestra deseo estéril.
Columba Kevin y el marino Brandan los nombres aceptados,
Wolfe Tone y Grattan y Michael Collins los nombres aceptados,
admira la afabilidad con la que el arquitecto
reconstruye la mansión quemada, recuerda
los días gloriosos de la Feria Equina, presume hasta cansarte,
pero toma el barco a Holyhead antes de pagar la cuenta;
antes de enfrentar la consecuencia
del alma endogámica y la maleficencia del clima,
y paga por la belleza tramposa de un prisma
en el fatalismo embotado por las drogas.
Voy a exorcizar mi sangre,
y para no tener mi ropa de bebé, mi mortaja,
voy a adquirir una actitud que no es tuya
y me convertiré en uno de tus turistas de vacaciones,
y por muy seguido que venga
adiós, país, y para siempre;
cualquier deseo que me sorprenda cuando tus vientos se restrieguen en mi cara
lo llevaré a casa y lo pondré en una vitrina
y me limitaré a mirar
cada nueva fantasía de insignia y de pistola.
La escarcha no tocará el seto de fucsias,
la tierra permanecerá inalterada,
pero ninguna dicha permanente puede surgir de estas mentes
aturdidas de sangre, siempre atrapadas por anteojeras;
Las anguilas remontan el Shannon por encima de la gran represa;
no puedes cambiar un reflejo dándole un nuevo nombre.
Fuente de verde y azul que se encrespa en el viento,
debo ir hacia el este y quedarme, sin mirar atrás,
sin saber en qué día la niebla es espesa como una manta
ni cuando el sol cobija el valle y veloces
sombras aladas de nubes blancas pasan
sobre las largas colinas como la frase de un violín.
Si fuera un halo de luz del sol iría
desde Phoenix Park hasta Achill Sound,
siguiendo el olor de un centenar de fugitivos
que han roto la red de vidas ordinarias,
pero siendo ordinario yo también debo, por supuesto, discutir
lo que significamos para Irlanda o Irlanda para nosotros;
tengo que cumplir con el hito y la curiosidad
el apisonado oro enterrado de la bravata de un viejo rey,
antigüedades falsas, tengo que gesticular,
participar o renunciar a cada impostura;
por eso renuncio, adiós a los cerros accidentados y silenciosos
al Atlántico de rayas estridentes, a los molinos de lino
que se tragan la fila de chales, al páramo negro donde la mitad
de un montón de turba se erige como un cenotafio en ruinas;
adiós a tus gallinas entrando y saliendo de la casa blanca
a tus cabras distraídas por el camino, a tus vacas negras
a tus galgos y tus sabuesos bellamente criados,
a tus tambores y a tus Vírgenes engalanadas y a tus muertos ignorantes.

Enero de 1934

Louis MacNeice (Belfast, Reino Unido, 1907-Londres, 1963), Collected Poems, Faber & Faber, 1979
Traducción de Jorge Fondebrider

 Foto: (Frederick) Louis MacNeice, 1942 Howard Coster /National Portrait Gallery, Londres

VALEDICTION

Their verdure dare not show… their verdure dare not show…/ Cant and randy — the seals' heads bobbing in the tide-flow/ Between the islands, sleek and black and irrelevant/ They cannot depose logically what they want:/ Died by gunshot under borrowed pennons,/ Sniped from the wet gorse and taken by the limp fins/ And slung like a dead seal in a boghole, beaten up/ By peasants with long lips and the whisky-drinker's cough./ Park your car in the city of Dublin, see Sackville Street/ Without the sandbags in the old photos, meet/ The statues of the patriots, history never dies,/ At any rate in Ireland, arson and murder are legacies/ Like old rings hollow-eyed without their stones/ Dumb talismans./ See Belfast, devout and profane and hard,/ Built on reclaimed mud, hammers playing in the shipyard,/ Time punched with holes like a steel sheet, time/ Hardening the faces, veneering with a grey and speckled rime/ The faces under the shawls and caps: This was my mother-city, these my paps./ Country of callous lava cooled to stone,/ Of minute sodden haycocks, of ship-siren's moan,/ Of falling intonations — I would call you to book/ I would say to you, Look;/ I would say, This is what you have given me/ Indifference and sentimentality/ A metallic giggle, a fumbling hand,/ A heart that leaps to a fife band:/ Set these against your water-shafted air/ Of amethist and moonstone, the horses' feet like bells of hair/ Shambling beneath the orange cart, the beer-brown spring/ Guzzling between the heather, the green gush of Irish spring./ Cursed be he that curses his mother. I cannot be/ Anyone else than what this land engendered me:/ In the back of my mind are snips of white, the sails/ Of the Lough's fishing-boats, the bellropes lash their tails/ When I would peal my thoughts, the bells pull free -/ Memory in apostasy./ I would tot up my factors/ But who can stand in the ways of his soul's steam-tractors?/ I can say Ireland is hooey, Ireland is/ A gallery of fake tapestries,/ But I cannot deny my past to which my self is wed,/ The woven figure cannot undo its thread./ On a cardboard lid I saw when I was four/ Was the trade-mark of a hound and a round tower,/ And that was Irish glamour, and in the cemetery/ Sham Celtic crosses claimed our individuality,/ And my father talked about the West where years back/ He played hurley on the sands with a stick of wrack./ Park your car in Killarney, by a souvenir/ Of green marble or black bog-oak, run up to Clare,/ Climb the cliff in the postcard, visit Galway city,/ Romanticize on our Spanish blood, leave ten per cent of pity/ Under your plate for the emigrant,/ Take credit for our sanctity, our heroism and our sterile want/ Columba Kevin and briny Brandan the accepted names,/ Wolfe Tone and Grattan and Michael Collins the accepted names, / Admire the suavity with which the architect/ Is rebuilding the burnt mansion, recollect/ The palmy days of the Horse show, swank your fill,/ But take the Holyhead boat before you pay the bill;/ Before you face the consequence/ Of inbred soul and climatic maleficence/ And pay for the trick beauty of a prism/ In drug-dull fatalism./ I will exorcise my blood/ And not to have my baby-clothes my shroud/ I will acquire an attitude not yours/ And becomeas one of your holiday visitors,/ And however often I may come/ Farewell, my country, and in perpetuum;/ Whatever desire I catch when your winds scours my face/ I will take home and put in a glass case/ And merely look on/ At each new fantasy of badge and gun./ Frost will not touch the hedge of fuchsias,/ The land will remains as it was,/ But no abiding content can grow out of these minds/ Fuddled with blood, always caught by blinds;/ The eels go up the Shannon over the great dam;/ You cannot change a response by giving it a new name./ Fountain of green and blue curling in the wind/ I must go east and stay, not looking behind,/ Not knowing on which day the mist is blanket-thick/ Nor when sun quilts the valley and quick/ Winging shadows of white clouds pass/ Over the long hills like a fiddle's phrase./ If I were a dog of sunlight I would bound/ From Phoenix Park to Achill Sound,/ Picking up the scent of a hundred fugitives/ That have broken the mesh of ordinary lives,/ But being ordinary too I must in course discuss/ What we mean to Ireland or Ireland to us;/ I have to observe milestone and curious/ The beaten buried gold of an old king's bravado,/ Falsetto antiquities, I have to gesture,/ Take part in, or renounce, each imposture;/ Therefore I resign, good-bye the chequered and the quiet hills/ The gaudily-striped Atlantic, the linen-mills/ That swallow the shawled file, the black moor where half/ A turf-stack stands like a ruined cenotaph;/ Good-bye your hens running in and out of the white house/ Your absent-minded goats along the road, your black cows/ Your greyhounds and your hunters beautifully bred/ Your drums and your dolled-up Virgins and your ignorant dead.

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