viernes, septiembre 02, 2016

John Ciardi / El regalo














En 1945, cuando los guardias gritaron Kaput,
Josef Stein, poeta, salió de Dachau,
en parte como una resurrección, mientras las ochenta libras
de la otra parte todavía están en su invisible sepultura.

Luego, lentamente, abrió la boca y primero
un caldo, después una medicina, después
una dieta y con el tiempo y la entretejida compasión
los huesos expuestos fueron sepultados de nuevo en la carne,

y el milagro tocó a su fin. Josef Stein,
hombre y poeta, se levantó, caminó e incluso pudo
engendrar, y lo hizo, y más tarde murió de otras causas,
sólo en parte atribuibles a su primera muerte.

Advirtió -con cierta sorpresa al principio-
que los extraños no podían decir que una vez había muerto.
Volvió a su puesto en la librería, bebió su cerveza,
publicó tres poemas en una revista francesa,

y fue muy bondadoso con el hijo que al fin y al cabo era de él.
En el transcurso de una noche escribió tres proposiciones:
que el infierno es la negación de lo corriente. Que nada perdura.
Que el limpio papel en blanco que espera debajo de una pluma

es el regalo más allá de la historia y el mal y el cielo.

John Ciardi (Boston, Estados Unidos, 1916-Edison, Estados Unidos, 1986), The Collected Poems of John Ciardi, University of Arkansas Press, 1997
Versión de Jonio González



THE GIFT

In 1945, when the keepers cried kaput
Josef Stein, poet, came out of Dachau
Like half a resurrection, his other half
eighty pounds still in their invisible grave.

Slowly then the mouth opened at first
a broth, and then a medication, and then
a diet, and all in time and the knitting mercies,
the showing bones were buried back in flesh,

and the miracle was finished. Josef Stein
man and poet, rose, walked, and could even
beget, and did, and later died of other causes
only partly traceable to his first death.

He noted - with some surprise at first -
that strangers could not tell he had died once.
He returned to his post in the library, drank his beer,
published three poems in a French magazine,

and was very kind to the son who at last was his.
In the spent of one night he wrote three propositions:
That Hell is the denial of the ordinary. That nothing lasts.
That clean white paper waiting under a pen

is the gift beyond history and hurt and heaven.





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