domingo, junio 28, 2015

José Hernández / De "La vuelta de Martín Fierro", 2









30
(Fragmento)

MARTÍN FIERRO
¡Ah!, negro, si sos tan sabio
no tengás ningun recelo;
pero has tragao el anzuelo,
y al compás del estrumento -
has de decirme al momento
cuál es el canto del cielo.

EL MORENO
Cuentan que de mi color
Dios hizo al hombre primero -
mas los blancos altaneros,
los mesmos que lo convidan,
hasta de nombrarlo olvidan
y sólo lo llaman negro.

Pinta el blanco negro al diablo,
y el negro, blanco lo pinta -
blanca la cara o retinta
no habla en contra ni en favor -
de los hombres el Criador
no hizo dos clases distintas.

Y después de esta alvertencia
que al presente viene a pelo -
veré, señores, si puedo,
sigún mi escaso saber,
con claridá responder
cuál es el canto del cielo.

Los cielos lloran y cantan
hasta en el mayor silencio -
lloran al cair el rocío
cantan al silbar los vientos -
lloran cuando cain las aguas,
cantan cuando brama el trueno.

MARTÍN FIERRO
Dios hizo al blanco y al negro
sin declarar los mejores-
les mandó iguales dolores
bajo de una mesma cruz;
mas también hizo la luz
pa distinguir los colores.

Ansí ninguno se agravie;
no se trata de ofender -
a todo se ha de poner
el nombre con que se llama -
y a naides le quita fama
lo que recibió al nacer.

Y ansí me gusta un cantor
que no se turba ni yerra;
y si en tu saber se encierra
el de los sabios projundos,
decíme cuál en el mundo
es el canto de la Tierra.

EL MORENO
Es pobre mi pensamiento,
es escasa mi razón -
mas pa dar contestación
mi inorancia no se arredra -
también da chispas la piedra
si la golpea el eslabón.

Y le daré una respuesta
sigún mis pocos alcances -
forman un canto en la tierra
el dolor de tanta madre,
el gemir de los que mueren
y el llorar de los que nacen.

MARTÍN FIERRO
Moreno, alvierto que trais
bien dispuesta la garganta -
sos varón, y no me espanta
verte hacer esos primores;
en los pájaros cantores
sólo el macho es el que canta.

Y ya que al mundo vinistes
con el sino de cantar,
no te vayas a turbar,
no te agrandes ni te achiques -
es preciso que me expliques
cuál es el canto del Mar.

EL MORENO
A los pájaros cantores
ninguno imitar pretende -
de un don que de otro depende
naides se debe alabar -
pues la urraca apriende a hablar,
pero sólo la hembra apriende.

Y ayúdame, ingenio mío
para ganar esta apuesta -
mucho el contestar me cuesta -
pero debo contestar -
voy a decir en respuesta
cuál es el canto del Mar.

Cuando la tormenta brama,
el Mar, que todo lo encierra,
canta de un modo que aterra,
como si el mundo temblara -
parece que se quejara
de que lo estreche la Tierra.

MARTÍN FIERRO
Toda tu sabiduría
has de mostrar esta vez -
ganarás sólo que estés
en vaca con algún santo -
la noche tiene su canto,
y me has de decir cuál es.

EL MORENO
No galope, que hay aujeros,
le dijo a un guapo un prudente -
Le contesto humildemente:
la noche por canto tiene
esos ruidos que uno siente
sin saber por dónde vienen.

Son los secretos misterios
que las tinieblas esconden -
son los ecos que responden
a la voz del que da un grito,
como un lamento infinito
que viene no sé de dónde.

A las sombras sólo el sol
las penetra y las impone -
en distintas direcciones
se oyen rumores inciertos:
son almas de los que han muerto
que nos piden oraciones.

MARTÍN FIERRO
Moreno, por tus respuestas
yo te aplico el cartabón -
pues tenés disposición
y sos estruido, de yapa -
ni las sombras se te escapan
para dar esplicación.

José Hernández (Chacras de Perdriel, Argentina, 1834-Buenos Aires, 1886), Martín Fierro (1872 y 1879), "La vuelta de Martín Fierro", Martín Fierro, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1991


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